Recorriendo el camino para convertirme en escritora, voy practicando un poco cada día (lo que el tiempo libre me permite que nunca me es suficiente). Inauguro esta sección en donde mostraré mi #EjercicioLiterario. Os animo a participar, con sugerencias o lo que se os ocurra. Los rumores del bosque: Mayo 2018. Taller Móntame una escena de…Read more #EjercicioLiterario
Me refugié con los humanos. Observé que para subsistir, ellos tienen que olvidarse de sí. Su memoria es débil. Exigen, envidian y cultivan la soberbia. Alaban por alabar. Atropellan al cometa, al grillo y a ellos. Podrían competir a ser tristes, inauténticos e insensibles.
De regreso a casa, pensaba en mi manera de ser. Puedo ser tierna, compartida, asegurar que los pequeños detalles estén presentes, que son la vida. Es cierto, tengo mis tristezas, mis enojos, dolores que toda mujer tiene. Valoro una caricia en la mejilla, un roce de labios en la frente o un beso en la piel de mis senos. Atesoro caminar bajo un atardecer o refugiarme en los brazos de Antonio, al escuchar el retumbo de los truenos. En estos días ha pasado todo. Tengo que decir que el amor es mucho de lo que escribo, pero falta algo más, algo que no tiene nombre, que es inefable y que Antonio nunca tendrá.
El amor que tengo por mi difunto esposo es íntimo, intenso, nació de un cielo, cuando una estrella se desprendió y llegó a mis manos. Aquél baile de carnaval que danzamos, charlamos, reímos. Al despedirnos me quitó la careta, hice lo mismo, atraídos sin que nada nos importara, nos besamos, ese beso lo percibo como si fuese ahora, lo llevo siempre; nada lo borra. Toño es un buen hombre, mi esposo es una luz.
En el dormitorio la cama es ancha, blanda, con sábanas rojas, blondas almohadas. No tengo lámparas en el buró. Apagaremos la luz, encenderemos una bujía con aroma a jazmín. Como hace calor dormiremos sin frazadas. Bien, yo suelo dormir con una camiseta larga de algodón. Me quitaré la ropa, voltea hacia la ventana, mientras lo hago Acuéstate y descubre el lado donde me acostaré. Mis pies fríos los cobijaré con el calor de tus piernas ¿ no te enojas? Me recuesto en tu pecho y digo en voz baja a tu corazón: me encanta que estés en el lugar que sueño cada noche, es la primera vez, que un hombre se acuesta conmigo en este lecho. Es la primera vez. ¡No me defraudes!
EL BOLERO MEXICANO
Yucatán es la cuna del bolero mexicano, toda vez que la primera canción del género fue “Madrigal”, compuesta hace cien años en la hacienda de cacao, propiedad de la familia Ponce Cámara, por el trovador Enrique Galaz Chacón, El Curro.
“Se ha dicho que el primer bolero mexicano es ‘Morenita mía’, melodía escrita por Armando Villarreal Lozano. Es falso.
El Curro-Enrique Galaz Chacón- marzo de 1900 en Hunucmá.Tenía 18 años cuando compuso ‘Madrigal’, tomando los versos del periodista Carlos R. Menéndez. Es nuestro bolero más antiguo. en agosto de 1918, por lo cual este año festejamos en la Ciudad de México, Yucatán y Cuba los cien años del bolero ‘Madrigal’”.
La letra del madrigal:
Dicen que en la retina del que ha muerto, la última imagen retratada queda como el divino rostro de una hermosa, en la delgada cartulina tersa. Si eso es verdad, cuando me esté muriendo clava en mis ojos tus miradas tiernas para tener dos astros que me alumbren en mis noches debajo de la tierra.
Estos tres boleros, ‘Madrigal’, ‘Un ruiseñor’ y ‘Fondo Turquí’, llegan a la Ciudad de México en septiembre de 1921 con las voces y guitarras del grupo de trovadores.
Cien años del bolero, un vídeo de Agustín Cadena cantante joven que se enamoró del bolero, según cuenta que sus padres le regalaron un piano y dado que sus padres por su trabajo lo dejaban solo. Aprendió el instrumento. El bolero lo sedujo de tal manera que antes de conocer canciónes de los roqueros, conocía mucho mejor a Lara, Guti cárdenas. Todo un caso. Va el video dura cerca de los cuarenta minutos. No tiene desperdicio. La cantante Doris, es la primera vez que le escucho. Mi oído me dice que hay caricia. La orquesta que los acompaña es excelente.
Foto de Guti Cárdenas, que murió muy joven en un pleito de cantina, Sus composiciones son dignas de encabezar listas. Granito de sal, el caminante del mayab. De los primeros boleristas.
¿Dónde tendría el cerebro para aceptar a este bueno para nada?, ronca peor que cerdo? Hace dos años, estoy de bruta sintiendo mariposas en la barriga. Tan bien que estaba antes de conocerlo. Si comía bien, si no también. Si quería irme a bailar no tenía que pedirle permiso a nadie. Llegó este cabrón a calentarme la cabeza y me casé. Ahora tengo que lavar, planchar, hacer de comer, aparte de la joda que te dan en la fábrica de ropa; en la noche, quieras o no, si el marrano tiene ganas, tengo que complacerlo. ¡Ah…eso no es todo! Aparte de soportarlo a él, también tengo que tolerar a sus amigos. Me dice: “mi amor tráenos otra cerveza y, más botana para picar”. Después de que terminan briagos y dando traspiés, se van. hay que limpiar sus porquerías, poner todo en orden. ¡Escuchen como ronca! Ni la vida le corre al desgraciado. ¡Cómo él no tiene que levantarse temprano! Pero, ¿a quién madres le echo la culpa? Si mi madre viviera, tendría que darle la razón ¡Nunca se me va a quitar lo pendeja!
-Padre, padre necesito su ayuda. Me atormenta, me llena de imágenes, ya no puedo con mis demonios. Necesito uno, no,uno no, mejor dos y si puede hasta tres; bueno de tres para arriba. me dijo la beata Beatriz que usted es el incansable. ¿Usted es el padre Juan?
-No hija mía yo no soy el padre Juan. A él lo puedes encontrar dos cuadras adelante , en la siguiente capilla.
Me llevaste a un lugar muy alto, e indicaste mirar abajo. Apretaste mi mano porque tenía miedo.Mientras veía un río de agua transparente. me aferraba a tí.
Estábamos en una cabaña cercada de eucaliptos, rodeada por su aroma. Descalza. vestía una túnica transparente. Sentía tus ojos, mientras cantaba cocinando para ti. Por la noche, el viento abría las cortinas dejando ver una luna cobriza. Dormí recostada sobre tu pecho morocho, tus manos tibias en mi cintura.
Afuera los árboles crujían; lejos los gritos de las aves.
Desperté del sueño por los golpes que daba mi esposo en la puerta. Entró dando tumbos cayendo como regla pesada, atravesado sobre la cama. Dormité en el sofá.
Abría el día cuando iba rumbo a la terminal; tomaría el tren que me llevase a cualquier parte.