El amor vuela. Aparecen arcoiris. la palmera se dobla por los vientos del sur. Y un día… la flama es cotidiana. la luna. comentan sin énfasis, solo es una expresión cursi de la belleza nocturna. Un foco en el espacio. Se fue el asombro. la cotidianidad es monótona. los menos la escuchan respirar entre los pliegues del silencio No se dice… se oye y se va tan dentro como una mariposa aleteando entre tus pensamientos. Los días son la calca de otros, El mismo sudor, el mismo jadeo. odiosa rutina del mes, del año.Añoramos el arcoiris y dejamos que la vida escape.
Para los turcos, Dios no nos ha impuesto castigo más brutal que el trabajo. Por esa razón, cuando su hijo cumplió 14 años, un viejo turco, buscó al profesor de la comarca para que se ejercitara en la pereza. El profesor era conocido y respetado, pues en su vida sólo había escogido la senda del menor esfuerzo. El viejo fue a visitarlo y lo encontró en el jardín, tendido sobre cojines, a la sombra de una higuera. Lo observó un poco, antes de hablarle. Estaba quieto como un muerto, con los ojos cerrados, y sólo cuando escuchaba el ¡chas! que anunciaba la caída de un higo maduro a poca distancia, estiraba lánguidamente el brazo para cogerlo, llevárselo a la boca y tragárselo.
“Éste es, sin duda, el profesor que necesita mi hijo”, se dijo. Se acercó y le preguntó si estaba dispuesto enseñarle a su hijo la ciencia de la pereza.
—Hombre —le dijo el profesor con un hilo de vos—, no hables tanto que me canso de escucharte. Si quieres transformar a tu hijo en un auténtico turco, mándamelo y basta.
El viejo llevó a su hijo, con un cojín de plumas debajo del brazo, y le dijo:
—Imita al profesor en todo lo que no hace.
El muchacho, que sentía especial inclinación por esa ciencia, vio que el profesor, cada vez que caía un higo, estiraba el brazo para recogerlo y engullirlo. “¿Por qué esa fatiga de estirar el brazo?”, pensó, y se mantuvo recostado con la boca abierta. Le cayó un higo en la boca y él, lentamente, lo mandó al fondo. Luego volvió a abrir la boca. Cayó otro higo, esta vez un poco más lejos; el discípulo no se movió, sino que dijo, muy despacito:
—¿Por qué tan lejos? ¡Higo, cáeme en la boca!
El profesor, al advertir la sapiencia de su discípulo, le dijo:
—Vuelve a casa, que aquí nada tienes que aprender. Soy yo, más bien, quien debe aprender de ti.
Y el hijo volvió con el padre, que dio gracias al cielo por haberle dado un vástago tan ingenioso.
La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:
-Thaddeus, voy a matarte.
-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.
-¿Cuándo he bromeado yo?
– Nunca, es verdad.
-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?
-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.
-Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.
El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.
He comprobado las ligas y algunas desaparecen. Duele ya que si la suerte está de tu lado, los vídeos llegan, sino, hay que insistir en una búsqueda hasta lograr lo que se desea. Recordaba que tengo una página de youtube y estas canciones y otras más las he he puesto en una categoría que se llama INSTRUMENTALES MEXICANAS…
¿Qué castigo me darán, si dejo que los árboles sean sombras desdentadas, retorcidas osamentas donde no abreva un clarín? el camino es sembradío de ortiga y el arroyo transparente es una pisada árida. ¡Nada hice por detener a los jinetes de la oscuridad y carcoma!
Dejé que fluyeran las imágenes como un tren que arriba a la estación con las puertas abiertas. Hoy Encontré selvas con helechos que al moverse dispersan la luz, haciendo que ésta baile. Me vi correr en la pradera; restregando con mi espalda la hierba mojada, como una yegua estremecida por el placer del retozo.
Con el tejido en manos, me pregunto. ¿por qué no lo hice? Sigo siendo la mujer sin mancha que todas las tardes toma camino hacia la iglesia al repiqueteo de las campanas, mientras en el atrio los niños juegan con las palomas.
No era difícil que él descubriera mi culpa. Si me hubiese tocado se habría dado cuenta de mi piel enfebrecida, del calor que dejaron unos besos ajenos, el latido de mis senos. el rocío de mi intimidad. Me alejé, no quise que me rozara con sus manos y me despojara de las sensaciones que tú dejaste. Me quedé sola, con el pensamiento distante; pegando un botón que se derretía entre mis dedos. ¡Dios! Sólo las puntadas que atravesaron sus pequeños huecos saben mi secreto.
¡Ah si no fuera por Toñito!, ya estuviera en mi rancho, tiene quince años y cada día se parece más a su padre. Va a ser alto, con unos ojos que solitos platican; como los de su papá en aquella tarde. Estaba sentada en el escalón, secándome el pelo, el señor llegó con los ojos brillosos y me empezó a decir de cosas cerca de mis oídos, respiraba por mi cuello. Me hacía la tonta; sus palabras fueron acomodándose, estaba ansiosa de que siguiera, y él siguió. Sus brazos alrededor de mi cintura eran duros como ramas, su voz que me decía «si tienes un varón me harás el hombre más feliz». No recuerdo las veces que lo intentamos, pero todos los meses la regla llegaba como soldado a su guardia. La que se embarazó fue su mujer, pero a Toñito lo siento como mío. Si no fuera por él, no sé dónde andaría.
Agustín lara cantó a España sin conocerla. La elección de los interpretes ha sido responsabilidad mía. Cantantes de hace tiempo como Genaro Salinas ( cuya biografía duele, su muerte sin misericordia) Placido Domingo una voz excepcional. Me extraña no encontrar en la plataforma a mujeres que lo hagan. Encontré a Lola Flores y Sarita montiel.
Buena noche por allá. Abrazos a la madre patria.
En este enlance se agregan dos cantantes grandes, otras canciones, se vino ¿y que hago?