¡Ah si no fuera por Toñito!, ya estuviera en mi rancho, tiene quince años y cada día se parece más a su padre. Va a ser alto, con unos ojos que solitos platican; como los de su papá en aquella tarde. Estaba sentada en el escalón, secándome el pelo, el señor llegó con los ojos brillosos y me empezó a decir de cosas cerca de mis oídos, respiraba por mi cuello. Me hacía la tonta; sus palabras fueron acomodándose, estaba ansiosa de que siguiera, y él siguió. Sus brazos alrededor de mi cintura eran duros como ramas, su voz que me decía “si tienes un varón me harás el hombre más feliz”. No recuerdo las veces que lo intentamos, pero todos los meses la regla llegaba como soldado a su guardia. La que se embarazó fue su mujer, pero a Toñito lo siento como mío. Si no fuera por él, no sé dónde andaría.

mujer campesina Edvard-Munch-