Dormidos de David Lagmanovich

Hay poca gente en este bar. Cuatro camareros, en grupos de dos, hacen tiempo -¿para qué?- apoyados en el mostrador. El nuevo parroquiano trata de llamar la atención de alguno, pero no tiene éxito y decide concentrarse en la lectura de una novela. El tiempo comienza a pasar y él quiere un café, quizá con una aspirina para atenuar su permanente jaqueca. La novela se torna cada vez más complicada. Uno de los personajes se dirige a él, al lector, usando su nombre propio y en tono admonitorio: «Juan Esteban, no te metas con mi hermana o terminarás m al». Él mira en dirección a los camareros y sólo percibe un desinterés absoluto ante lo que está ocurriendo. Cierra el libro violentamente y lo deja sobre la mesa. Siente que algo salta de las páginas y se encuentra con el personaje que le ha hablado, ahora de carne y hueso, sentado frente a él. Intenta por última vez más llamar a un camarero, pero los cuatro están dormidos. No le queda más remedio que despertar.
Los cuatro elementos. 

borrachos de james Ensor

Sorpresa

En la mañana se metió un ladrón en la casa.
– !No jodas¡, y ¿qué se llevó?
Una santa madriza de mi mujer, pues ella pensó que era yo borracho.

ladroncuentos que circulan en la red

Al despertar

Despierto.
Mi yo abre
a tus murmullos.

La oscuridad de tu pelo
contrasta con la transparencia de tu mirada;
en el cántaro de tu vientre.
percibo aroma de frutos.

Beso tus brazos,
hombros;
la oscuridad de tus cabellos
serpea por el arroyo que desciende a la espalda.

Soñar contigo es fatigarme.
sentirte verde, líquida, afrutada
¡.mujer sen,

Sin que le temblara de Elpidio Freire

Sin que le temblara la mano le tendió el correo. Su mujer dejó caer la carta y ahogó un sollozo. Durante toda la tarde lloró por su madre muerta. Cuando logró que se acostara para descansar un poco, él abrió el cajón y, con una sonrisa, se probó la corbata de luto que guardaba desde hacía tanto tiempo.
Espido Freire
Cuentos malvados. Paginas de espuma. 2010

corbata

Hacia el oriente

 Desfalleciente, libro mi batalla. Miro la montaña, el viento que mueve la arboleda y el horizonte donde nado persiguiendo al sol. Volver la cabeza y mirarme jugando con la pandilla. Recorrer a pie las grandes avenidas y sentir el frío cortante que adormece. Los hijos son hombres, nadie me acompaña y el eco de mis tacones solo suena para mi. A veces llegan olores de jazmines y me deleito. Alegre vainilla que golpeas, intenso café que me hace latir. Caricias olvidadas, mujeres que sombrean la pared. Sigo en el camino apretando contra mi pecho la esperanza. Llueve y el horizonte cada vez mas cerca. Nadar cerca del sol será bello.

renoir atardecer

Renoir

Agua serenada de Emilio Abreu Gómez

Beber agua serenada es como beber agua de luceros. La gente tiene la costumbre de sacar por la noche una jarra de agua para que reciba el sereno. Al día siguiente muy de mañana, se recoge y se guarda. Para los enfermos del corazón no tiene precio. Unos se alivian y otros se mueren pero éstos llegan a la muerte con gran serenidad.

noche

 

Tomado de Antología virtual mexicana – Alebrije de palabras

Choca erótico

Se fue el transporte, 
se abrazaron, con ansia,
con beso y fiebre.
Bajo el árbol de cedro,
las piernas de ella;
compás acanelado
daban inmensidad.
amor

Nana

Será melón será sandía,
será la niña que llegó de día.
las mariposas llegan y se van.
y vuelan con miguitas de pan.
De su frente ella desprende
aromas de capulines
por eso la luna
la perfuma con jazmines.
Ella detiene el cielo,
pringando de luz
sonríe con las mariposas
que vuelan y se van.
mariposas.2

La trama de Penélope de Paula Cescón

Luego de dos largas décadas de ausencia, se le ocurre aparecer justo ahora cuando ella, rendida de soledad, se enamoró perdidamente de una de sus sirvientas, la dulce joven que con cuerpo seductor como canto de sirena, supo levantarle el velo y transformar en miel tanto infortunio. ¡Maldito el momento en que juró a Ulises fidelidad eterna!
Es hora de conjugar juramentos. Pero, ¿cómo? Si el deseo ya ancló en la más deliciosa y húmeda de las bahías. Y su bahía, se llama Agneta.
Ulises se encuentra con una esposa distante, la cual alegando un shock provocado por las circunstancias, implora tiempo para el encuentro carnal.
El tiempo preciso para terminar otro sudario que, con alevosía, cuatro suaves manos ya comenzaron a tejer.

penelope alex alemani

Alex Alemani

Las razones de San Pedro

La cola era interminable para entrar al cielo. Entre el gentío estaba el cura que la muerte sorprendió vestido con su sotana, a su lado un taxista con su gafete de la ciudad de México. Salió San pedro y tomó al taxista del brazo y lo llevó hacia las puertas del cielo. El cura no podía dar crédito de tamaña injusticia.
-¡Porqué te llevas a él, si yo dedique mi vida a serle fiel al señor, cuerpo, alma y oración!. ¡No es justo!
-No diga burradas padre, cuando estaba en el sermón, sus feligreses eran pasto del aburrimiento, su voz tranquilizante daba como resultado una gimnasia de cabeceos y profundos bostezos. En Cambio Andrés como excelente taxista de la ciudad de México, rebasaba a diestra y siniestra, pasaba altos, iba en doble sentido y sus pasajeros al escuchar el chirriar de las llanta entonaban un padre nuestro colmado de fervor y sinceridad.
Con Andrés, la feligrecía creció.

cola (1)

Un hombre de palabra

Antes de salir el sol, tomaba sus arreos y se presentaba con la cuadrilla, los separaban por parejas; observaba el mapa, identificaba su ruta. La ocupación era cargar una bomba con un químico que abatía el mosco en aquella zona palúdica. Rancherías alejadas, dispersas. Todo el día caminando, roseando las casas. Regresaba entrada la noche.
Cada día estás más flaco y pálido Celedonio.
Si, yo creo que me está haciendo mal el trabajo, pues, aunque no quiera respirarlo, el polvo se mete.
¿Qué polvo es?
En la caja de cartón duro con forma de botella dice D. D. T. y trae una calavera.
-Mejor salte, antes de que sea demasiado tarde.
La calle era un jolgorio de chamacos que jugaban en la calle, tras la pelota que iba de un lado para otro y el que pitaba era el buen Celedonio.
-Ya renuncié. Desde mañana estaré trabajando de vaquero. Había hecho buenos amigos con los compañeros del paludismo y gente que vive en los ranchos apreciaban el trabajo. No todos, otras se escondían.
-¿Esconderse? ¿por qué Celedonio?
-Dentro de la norma, todo aquel que haya presentado fiebre un mes antes o en el momento, se le tiene que pinchar con una lanceta y sacarle una gota de sangre que uno extiende en una laminilla de vidrio, según nos dijeron es para ver si la persona tiene o no paludismo. Se esconden para que no se les saque sangre. Unos por el dolor causado por la lanceta, otros dicen en que las gotas de sangre el gobierno las vende. ¿Usted cree?
Le desee suerte en su nuevo trabajo, seguramente tendríamos más tiempo para poder platicar, me parecía un buen amigo, lo saludaban con cariño y respeto. Un hombre de palabra, decían de él.
Movía la cabeza, y en un principio me reí de la burrada de los campesinos: “El gobierno quiere vender nuestra sangre” pero un segundo pensamiento me llevó a deducir que la desconfianza de ellos hacia las autoridades era inmensa. Después supe que veinte años antes había entrado el ejército y había masacrado a un pueblo vecino.

ranchería

La ausencia de Aurelia Esteves

Me dice que yo siempre tengo seis años porque es la edad en la que morí. No sabe que sólo existo porque ella me convoca cada noche, agarrada a la foto de un niño. Yo la visito para que sus lágrimas tengan nombre. Nunca le diré que no soy su muerto. Sé que me necesita más que mi propia familia, cuatro casas a la izquierda.

blanco y negro niño