Un hombre de palabra

Antes de salir el sol, tomaba sus arreos y se presentaba con la cuadrilla, los separaban por parejas; observaba el mapa, identificaba su ruta. La ocupación era cargar una bomba con un químico que abatía el mosco en aquella zona palúdica. Rancherías alejadas, dispersas. Todo el día caminando, roseando las casas. Regresaba entrada la noche.
Cada día estás más flaco y pálido Celedonio.
Si, yo creo que me está haciendo mal el trabajo, pues, aunque no quiera respirarlo, el polvo se mete.
¿Qué polvo es?
En la caja de cartón duro con forma de botella dice D. D. T. y trae una calavera.
-Mejor salte, antes de que sea demasiado tarde.
La calle era un jolgorio de chamacos que jugaban en la calle, tras la pelota que iba de un lado para otro y el que pitaba era el buen Celedonio.
-Ya renuncié. Desde mañana estaré trabajando de vaquero. Había hecho buenos amigos con los compañeros del paludismo y gente que vive en los ranchos apreciaban el trabajo. No todos, otras se escondían.
-¿Esconderse? ¿por qué Celedonio?
-Dentro de la norma, todo aquel que haya presentado fiebre un mes antes o en el momento, se le tiene que pinchar con una lanceta y sacarle una gota de sangre que uno extiende en una laminilla de vidrio, según nos dijeron es para ver si la persona tiene o no paludismo. Se esconden para que no se les saque sangre. Unos por el dolor causado por la lanceta, otros dicen en que las gotas de sangre el gobierno las vende. ¿Usted cree?
Le desee suerte en su nuevo trabajo, seguramente tendríamos más tiempo para poder platicar, me parecía un buen amigo, lo saludaban con cariño y respeto. Un hombre de palabra, decían de él.
Movía la cabeza, y en un principio me reí de la burrada de los campesinos: “El gobierno quiere vender nuestra sangre” pero un segundo pensamiento me llevó a deducir que la desconfianza de ellos hacia las autoridades era inmensa. Después supe que veinte años antes había entrado el ejército y había masacrado a un pueblo vecino.

ranchería

La ausencia de Aurelia Esteves

Me dice que yo siempre tengo seis años porque es la edad en la que morí. No sabe que sólo existo porque ella me convoca cada noche, agarrada a la foto de un niño. Yo la visito para que sus lágrimas tengan nombre. Nunca le diré que no soy su muerto. Sé que me necesita más que mi propia familia, cuatro casas a la izquierda.

blanco y negro niño

Intimidades del género

En la noche me dolieron las rodillas y prometí no hacer el amor como si rezara. Mi mujer no lo sabe, se fue a un retiro con las beatas del pueblo.

mujer desnuda

Sin título de odilon ortíz trujillo

-¡No adán; por ahí no!
-Entonces dale vuelta a la hoja.

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Salvador Viniegra.

Tomado del libro «alebrije de las palabras» Escritores mexicanos en breve.

compilación de José Manuel Ortíz  Soto

Fernández Sánchez Clelo

UAP

La prueba -chiste-

Dos ancianos se encuentran hablando sobre el envejecimiento:
Mira, la peor parte se la llevan nuestras lindas mujeres.
Además, ellas siempre se negarán a admitir que envejecen y tratan por cualquier medio de esconder sus achaques.
¡Sabes qué ! Tienes toda la razón.
Te cuento que he encontrado un buen truco para hacerles ver sus discapacidades por medio de un jueguito.
Si quieres saber si tu mujer se está empezando a quedar sorda, colócate a 10 metros de ella y hazle una pregunta.
Cuando veas que no te responde, acércate a 5 metros. Después a 2 metros y luego a 1 metro.
Ya no le quedará más remedio que darse cuenta que está sorda.
El viejito encuentra que la idea es buena y cuando llega a casa se coloca a 10 metros de su señora y pregunta levantando la voz:
«Cariño, ¿qué hay de cena?»
No recibe respuesta.
Entonces se acerca a 5 metros y le pregunta de nuevo: «Cariño ¿qué hay de cena?»
No recibe respuesta por lo que decide acercarse a 2 metros: «Mi amor ¿qué vamos a cenar?» y tampoco le responde.
Se acerca a 1 metro de ella y… «Mi vida ¿qué vamos a cenar?»
Y la señora enfurecida le contesta : Te he dicho 4 veces que Pollo con Papas Fritas; ¿Estás Sordo o estás Pendejo?»

ancianos

La espera

El agua fría del pozo corrió sobre su espalda, no pudo evitar un resoplo. Con el baño se fueron los restos de un sueño inquieto. La mañana no abría. El resplandor de la luna le daba luz a la recámara de su madre; le dejó una fruta, la intención de besarla y un recado.
Contempló el patio con sus frutales. Por un instante, se vio jugando con sus hermanos, mientras su madre daba de comer al cerdo. Se fue. Sólo llevó la esperanza. 
Habían pasado dos años y la madre seguía con la manutención de la prole, pidiéndole a la virgen Morena por el hijo ausente y llevándole, cada quince días, una veladora al templo.
Golpeaba la ropa con furia, deseando sacar la tristeza; sólo conseguía endurecer el dolor. No podía sacarlo del recuerdo. Lavaba, a pesar del desaliento, humedeciendo de lágrimas la manga de su camisa. En la noche, rendida, lo veía entre sueños.

Una mañana, al despertar, encontró sobre la mesa rústica –al lado del rosario- su taza con leche y una nota. Supo que él estaba, que había vuelto cobijado por la oscuridad de la madrugada y fluyó su llanto; en el regato corría el dolor de dos años. ¡Sus ruegos no habían sido en vano! El cansancio lloviznó en su interior y la piel se hizo fresca, dentro fluía una esperanza realizada. El sueño cobró lo que ella le debía, tanto, que no pudo abrir los ojos, pero eso ya no le importó. Su hijo estaba en su recámara durmiendo.

madre de Gauguin

Gauguin

 

Era demasiado bueno para durar… — té de café

Una cajetilla de cigarros y un poco de alcohol nos abrió la puerta a hablar de vivencias ajenas que hacemos propias y propias que decimos ser ajenas … ¡Vaya que la vida nos hace jugarretas! Me decía Ernesto que todos somos pescadores pero algunos de nosotros sin los conocimientos para ver la tormenta desde lejos, […]

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Corazón

Aletea.
Brinca.
¡Busca!
 ¡salta!
Que afuera atardece y los niños juegan gritándole a la lluvia.

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Tocando mi corazón de Oscar Galván

Maná de Ambroce Bierce

 Alimento dado milagrosamente a los israelitas en el desierto. Cuando no lo recibieron más, se afincaron y labraron la tierra, fertilizándola, por regla general, con los cadáveres de sus primitivos ocupantes.

Choca al marino

Viejo marino
cansino y encorvado,
que con brújula en mano
miras el mar,
rompiendo espuma y agua
para ser horizonte.
decepción y tristeza

LOS CLAVOS EN LA PUERTA — ME CUIDO

“ HABÍA UNA VEZ, UN JOVEN QUE TENIA MUY MAL CARÁCTER“. “Un día su padre le regaló una bolsa de clavos y le dijo, cada vez que pierdas la paciencia, clava uno de ellos detrás de la puerta. El primer día clavó muchos clavos”.

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Noticias de género

El hombre le pregunta a Dios Hombre:- «¿Por qué has hecho a la mujer tan bella?» Dios:- «Para que te enamores de ella» Hombre:- «Y entonces, ¿por qué la has hecho tan tonta?» Dios:- «Para que se enamore de ti»
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