Traspatio María Cristina Ramos Guzmán


Estoy sentada en el umbral esperando que vuelva mi madre. Siento esta larga sed. Pasa un hombre vendiendo naranjas y nadie compra una para mí. Estoy sentada en el umbral, soportando el peso de mis útiles y la tirantez del guardapolvo. He traído el patio de la escuela pegado en los zapatos. Estoy sentada en el patio de la escuela esperando que vuelva mi madre. Se oye chirriar el columpio y ha de ser el viento el que se hamaca. Pasa una niña sola con una naranja.Estoy sentada en la sombra de mi casa esperan- do que vuelva mi madre. El tiempo ha carcomido la memoria de los árboles. El viento de la escuela se ha llevado mis lápices. Hay unos zapatos casados con el silencio en el traspatio de la memoria. Estoy esperando que vuelva, y nadie pasa.

Foto de Casa Tlaquepaque Hotel-Galeria: Una niña indígena sentada ...

Ficciones argentinas, compilación de Clara Obligado.

 

Segundo tomo Ana María Mopty de Kiorcheff

Cuando vuelvas de tus aventuras o desventuras, te acudirán los amigos desconsolados. Son pocos. Fingirás la ilusión de salir a acometer de nuevo y, tras los golpes, regresarás a un lugar de La Mancha. La resignada pérdida de locura va quitándote la vida, aunque persistes en evocar un rostro, unos ca-bellos de mujer, un nombre, para pronunciarlo antes de que te alcancen la fatal cordura y la muerte.

Sancho Panza - Wikipedia, la enciclopedia libre

Micros argentinos. Selección de Clara Obligado

Una segunda oportunidad de Lydia Davis

Si tan solo tuviera la oportunidad de aprender de mis errores, lo haría, pero hay demasiadas cosas que no haces dos veces; de hecho, la mayor parte de las cosas importantes son cosas que no haces dos veces, así que no las puedes hacer mejor la segunda vez. Haces algo mal y luego ves lo que hubiera sido mejor hacer y estás preparada para hacerlo, de presentarse la oportunidad, pero la próxima experiencia es muy diferente y tu juicio de nuevo será erróneo y aunque luego estés preparada para esta experiencia si habría de repetirse, no estás preparada para la experiencia siguiente. Si, por ejemplo, pudieras casarte a los dieciocho años dos veces, la segunda vez podrías asegurarte de que no fueras tan joven para hacerlo, porque tendrías la perspectiva de ser mayor y sabrías que la persona que te aconseja casarte con este hombre te está dando un mal consejo pues sus razones son las mismas que te dio la última vez que te aconsejo casarte a los dieciocho. Si pudieras traer un hijo de un primer matrimonio a un segundo matrimonio por segunda vez, sabrías que la generosidad puede convertirse en resentimiento si no haces las cosas bien y el resentimiento en amabilidad si las haces, a menos que el hombre con el que te cases cuando te cases por segunda vez una segunda vez tuviera un temperamento muy diferente al del hombre con quien te casaste por segunda vez la primera vez, en ese caso tendrías que casarte con ese hombre dos veces para saber cuál sería el mejor camino que tomar al casarse con un hombre de su temperamento. Si pudieras ver a tu madre morirse por segunda vez podrías estar preparada para pelear por conseguir una habitación privada donde no hubiera nadie viendo la televisión mientras ella muere, pero si estuvieras preparada para pelear por eso, y lo hicieras, tendrías que perder a tu madre de nuevo para saber lo suficiente como para decirles que coloquen bien su dentadura y no mal como lo hicieron antes en su habitación y la vieron por última vez sonriendo tan extrañamente, y luego una vez más para asegurarte que sus cenizas no fueran  guardadas de nuevo en esa especie de contenedor de correos aéreos donde la mandaron al norte a un cementerio…

Lydia Davis: ni puedo ni quiero | La Torre de Montaigne

La suela y el cielo Diego Golombek

 

Llevo un insecto estampado en la suela de mi zapato. Se atravesó en mi camino, y lo sepultaron mis pasos. Vive aún: escucho sus latidos, sus aleteos. Piso toda la ciudad con mi insecto a cuestas, recorro las calles, entro en los mercados, camino por las azoteas y los zaguanes. A veces me parece que todo mi recorrido no es sino un largo mensaje. Tal vez pueda leerse mi escritura caminante, tal vez las nubes sean testigo de los periplos de mi insecto y yo. Tal vez desde lo alto pueda leerse: llevo una suela de za-
pato encima de mi cuerpo.

Imagenes Gratis, Hombre caminando en la ciudad, hombre, caminando ...

Microficción argentina. Antología,  responsable, Clara Obligado.

Gramática, apoyos para el escritor

La coma ese dolor de cabeza: https://wordpress.com/post/sendero.blog/18098

Diferencias entre cuento y narración: https://wordpress.com/post/sendero.blog/17996

diferencias entre cuento y relato: https://wordpress.com/post/sendero.blog/17916

La anáfora, como dice que se llama?:https://wordpress.com/post/sendero.blog/17817

La coma,lospuntossuspensivos:https://wordpress.com/post/sendero.blog/17734

El verbo, formas no personales: https://wordpress.com/post/sendero.blog/17536

Siete ejemplos de comas mal colocadas

De la puntuación

La coma antes y después de los adverbios

Vicios del lenguaje, para recordar

La coma criminal y su excepción

El posesivo «su rodilla»

Diferencias entre proposiciones y conjunciones

¿Qué es una elegía? de Crystal Harlan

Diferencia entre metáforas y símiles, de Crystal Harlan

La parábola

El punto y coma y su uso adecuado

Los tres párrafos

 

 

 

 

Cerradura Diego Golombek

 

Hubieran hecho una pareja perfecta. Ella tiene la llave que abre los cerrojos; él la que solo sirve para cerrar. Pero quedaron cada uno del lado equivoca-do de la puerta.

Mi cajón de Imágenes: abriendo la puerta

Ficciones argentinas compilación de Clara Obligado.

Ruptura de José Antonio Ayala

-¡Sinvergüenza! -me dijo.
Era un gran avance. Mi futuro suegro nunca me había dirigido la palabra hasta ese momento. Pero cuando entró en el salón de su casa y vio a su hija con la falda remangada casi por completo y con los dos pechos al aire, pensó lo peor y me lanzó el insulto antedicho. Yo, la verdad, no sabía lo que hacer ni lo que decir. No se me ocurría ninguna excusa, como que estaba revisándole un hematoma o algo parecido. Entonces dije lo primero que se me vino a la cabeza. Dije: «quiero a su hija y deseo casarme con ella y que sea mía».
Yo, en realidad, ni la quería ni la dejaba de querer, pero pensaba que le debía esta reparación aunque, al hacerla, hipotecara mi vida. Mi futura suegra, que entró en ese momento en la estancia, aprovechó la coyuntura y me dijo que contaba con su bendición si era formal y responsable con su hija. Pero, mi futuro suegro seguía sin apearse del burro. -¿Este formal y responsable? .dijo-. Éste lo que es es un indeseable.
Hubiera podido convencerlo; soy bastante persuasivo y la hija no tenía tantos pretendientes. Pero pensé en qué era lo que podía causarle más daño y creí que serían las recriminaciones de la madre y de la hija (no sé por cuanto tiempo) por no haberme cogido la palabra. Se imponía, pues, una ruptura sin paliativos.
-Es usted un hijo de puta que ha truncado mi futuro -dije-. Y salí orgullosamente de la casa para no volver más.

Pareja besándose en el sofá en casa Foto & Imagen De Stock ...

De Atelier de la palabra: Teruko Oda

¿Tía, qué están haciendo ustedes?
-esperando a que pase una libélula.
¿Para qué?
-porque mi amiga no las conoce y quiere ver una…
Yo tengo un libro que tiene el dibujo de una libélula.
-la libélula del libro no sirve.
¿Por qué?
-porque ella quiere escribir un haiku.
¿Qué es haiku?
-es esperar que pase una libélula.
Del muro de Nélida Cañas

Aprendiendo minificción,4, con Ana María Shua por Rosa Navarro*

 Para gustar de la minifición* requiere conocimientos previos y debe ser capaz de identificar las evocaciones de otras lecturas emitidas por el autor. El microrrelato no explica: sugiere, abriendo así una baraja de posibles interpretaciones. Brevedad e intertextualidad exigen un lector capaz de reflexionar después de la lectura, de actualizar las estructuras, de descifrar los códigos retóricos tales como las metáforas, de decodificar las interferencias; un lector consciente de que ningún texto se lee independientemente y de que la lectura continúa después de que esta ha ocurrido: “todo acto de lectura es una difícil transacción entre la competencia del lector (su conocimiento del mundo) y la clase de competencia que determinado texto postula con el fin de ser leído” (Eco, 1996: 45). La lectura es un proceso de interacción, y en la interacción receptora entran en juego las aportaciones del texto y las aportaciones del lector, que se necesitan y se condicionan. Un tipo de intertextualidad* consistiría en la relación del texto propiamente dicho con el paratexto, es decir, con los elementos que rodean al texto, tales como el título, prólogos, notas al pie, ilustraciones, etc. En el caso del microrrelato el paratexto es muy importante. Ya dijimos que el título, por ejemplo, suele formar parte del texto y completar su significado pero, además, puede tener una función intertextual. En el caso de nuestra autora, son numerosos los ejemplos en los que aprovecha versos, frases conocidas o títulos anteriores –del mismo modo que ocurre en la poesía– y los reescribe con diferentes intenciones: irónica, descontextualizadora, etc. En el siguiente ejemplo reconocemos un famoso verso de Bécquer:

Poesía eres tú

Tu presencia y tu voz lo invaden todo, constantemente, ya no te escucho pero aun así te oigo, ese sonido discordante convertido en la música de fondo de mi vida, esa masa compacta de ruidos de la que por momentos mi mente extrae algún sentido, en la que me muevo pesadamente, como un buzo agobiado por las muchas atmósferas que presionan su cuerpo contra el fondo del mar. Tal vez por eso, amor mío, me gustas cuando callas porque estás como ausente (Shua, 2009: 428).

Además, se cierra el texto con un verso de Neruda, al que da un nuevo significado y del que se sirve para dotar de humor e ironía al relato. 

5 *“Hablo de intertextualidad externa cuando el mecanismo intertextual afecta a textos de diferentes autores; a efectos prácticos hablaré de intertextualidad. Hablo de intertextualidad interna cuando el mecanismo intertextual afecta a textos del propio autor; a efectos prácticos le llamaré intratextualidad. La intertextualidad (externa) será endoliteraria o exoliteraria según la naturaleza del subtexto. La intertextualidad endoliteraria la reducimos a cita y alusión, que pueden ser explícitas (marcadas o no)” (Martínez Fernández, 2001: 81). 6

*En los archivos están los textos anteriores

Aprendiendo minificción,3, con Ana María Shua por Rosa Navarro

Aprendiendo de Ana María Shua dos de Rosa Navarro Romero

Aprendiendo de Ana María Shua* de Rosas navarra frag uno

*El inicio del texto, es una acotación mía

Ana María Shua: Argentine writer - Biography and Life

Siete ejemplos de comas mal colocadas

1. ANTES DE PUNTOS SUSPENSIVOS

Si has usado puntos suspensivos, puede que te surja la duda de si añadirla antes o después. Siempre debe ir detrás de los puntos:

Cuando termine con la ropa, las camas, la lavadora, los platos…, no voy a creérmelo.
Cuando termine con la ropa, las camas, la lavadora, los platos,… no voy a creérmelo.

2. ENTRE SUJETO Y PREDICADO

No tiene sentido separar el sujeto del predicado con una coma, a no ser que haya una aclaración en medio, porque el significado puede variar o se escribirá algo sin sentido.

Estas dos oraciones no son iguales aunque lo parezca.

María, dice que vengas ← vocativo. Le dicen a María que otra persona quiere que vaya.
María dice que vengas ← María es el sujeto y es quien dice que vayas tú.

Como ves, hay una clara diferencia. Esta confusión sucede a menudo por el mal uso de las comas en el vocativo, ya sea por la ausencia o la presencia injustificada. Puedes verlo con más claridad en este artículo más extenso sobre el vocativo.

En ocasiones, el sujeto es tan largo que no queda claro si hay que introducir una coma ya que da la sensación de que hay que hacer una pausa. Si no hay una aclaración, mantén todo el sujeto sea como sea, aunque se trate de algo eterno.

La chica que nos encontramos el otro día cuando fuimos a tomar algo me ha dicho que quiere quedar con nosotros.
La chica que nos encontramos el otro día cuando fuimos a tomar algo, me ha dicho que quiere quedar con nosotros. 

Y también tienes que tener muy claro si tienes intención de hacer un inciso para aclarar algo o si todo es parte del sujeto:

Los obreros que estuvieron trabajando duramente en la casa nueva han dicho que pronto podremos mudarnos ← en esta oración se especifica qué obreros son los que han dicho algo, por lo tanto no hace falta coma.
Los obreros, que estuvieron trabajando duramente en la casa nueva, han dicho que pronto podremos mudarnos ← en este caso las comas solo presentan una aclaración sobre cómo fue el trabajo de los obreros que podría eliminarse sin que afecte al sentido de la oración, ya que es un mero inciso.

3. ANTES DE «Y»

Casi siempre, la propia Y sirve como una coma más y cierra una enumeración, por lo que usar juntas las dos opciones hace que sea redundante. Así pues, este tipo de construcciones no está recomendada:

He llenado la maleta con ropa, zapatos, bolsa de aseo, y el secador.

Hay algunas veces en que se puede utilizar sin problemas, como cuando equivale a «pero», entre otras situaciones:

Le dije que no se lo contara y le faltó tiempo para decírselo
Le dije que no se lo contara, y (=pero) le faltó tiempo para decírselo

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4. DESPUÉS DE «PERO» O «AUNQUE»

«Pero» y «aunque» son conjunciones que introducen una subordinada. Esta segunda oración no puede estar separada de la conjunción, a no ser que detrás de ella haya un inciso (vocativo, interjección…):

Está todo preparado, aunque, María, necesito una última cosa
Ya sé que vamos tarde, pero, eh, no te quejes más

Menos en este tipo de oraciones, la coma va siempre antes de «pero» o «aunque»:

Iba a ir al cine pero, no me gustaba lo que ofrecía la cartelera
Iba a ir al cine, pero no me gustaba lo que ofrecía la cartelera

Hay un caso que genera dudas y he visto muchas veces mal escrito. No se debe usar coma en las construcciones en que «pero» introduce una pregunta o exclamación:

Pero ¿qué estás diciendo?
Pero, ¿qué estás diciendo?

5. EN CONFIRMACIONES

Cuando usamos una expresión en que estamos pidiendo una confirmación de quien nos escucha, por ejemplo, con una pequeña pregunta, se usa la coma antes de dicha pregunta. Al contrario que en el caso anterior, hay veces en que esta coma brilla por su ausencia. Nunca debes olvidarte de ella:

Vendrás a verme ¿no? 
Vendrás a verme, ¿no?

Estamos juntos en esto, ¿eh?

6. CON OTROS CONECTORES

Los conectores como: es más, de hecho, es decir, ahora bien, no obstante, dicho de otro modo, así pues, entonces, mejor dicho, así las cosas, por cierto, en definitiva, etc. podemos escribirlos entre comas o no.

Depende del efecto que queramos conseguir en nuestra novela: las comas provocan una lectura más lenta y fragmentada, mientras que la ausencia supone una mayor fluidez. Y también depende del sentido de la oración, ya que en algunos casos, según se use, puedes crear ambigüedad o confusión porque no estás dando el sentido que creías.

Lo que debe quedarte claro es que nunca debes usarlos con una sola coma:

Y sin embargo, viniste a verme
Y sin embargo viniste a verme
Y, sin embargo, viniste a verme

Sacarás mejor nota si además, presentas el trabajo
Sacarás mejor nota si, además, presentas el trabajo
Sacarás mejor nota si además presentas el trabajo

hacer trabajo_opt

7. EN COMPARACIONES

Usar la coma para separar una comparación es incorrecto, incluso si al hablar se hace una pequeña pausa. De hecho, las pausas respiratorias son incorrectas, ya que las comas deben usarse en el momento preciso y no para que el lector «tome aire»:

María es más alta, que su hermana
María es más alta que su hermana

La elección del nuevo candidato al puesto dependerá tanto de sus habilidades, como de su actitud
La elección del nuevo candidato al puesto dependerá tanto de sus habilidades como de su actitud

¿Cómo llevas las comas? ¿Te haces un lío cada vez que vas a usarlas?Cuéntamelo en los comentarios.

https://celiaariasfernandez.com/7-ejemplos-de-comas-mal-colocadas/

MicroDecamerón 11 Heladero Carmen de la Rosa

Todas deseamos dormir con Giacomo, abrigadas con sus largas rastas rubias. Todas deseamos derretirnos entre sus brazos, que nos bata las caderas y riegue nuestros pechos con sorbete de limón al cava. Que nos cubra la piel con besos de cereza, vainilla y maracuyá, que sus manos nos hagan crujir como barquillos y su lengua de sirope nos endulce la boca. Y mientras lo deseamos él nos refresca con el azul iceberg de sus ojos y sonríe con sus dientes blancos como la nata montada. Entonces le pedimos un par de helados de fruta de la pasión, otros de higos de leche, uno más, de papaya. Suspiramos cuando él entierra la cuchara en las tarrinas y rellena voluptuosamente los cucuruchos. Nos estremecemos al roce de sus dedos cuando nos devuelve el cambio. No nos importa que él también nos desee a nosotras, de una en una o a todas a la vez. Nunca le pedimos a Giacomo helado de celos.

Tomado de: MicroDecamerón
Setecientos años después

Coordinadora Paola Tena

Reencarnación del sábado noche por María Jesús Lavado Jimenez

La fiesta era tan loca, el ponche suministrado tan sublime y efectivo, que llegada cierta hora, nadie consiguió recordar si era ángel o demonio. No hubo forma de distinguir entre querubines ataviados con cuernos de plástico y rabos de fieltro, y súcubos envueltos en lino blanco con encantadoras alas de vulgar algodón. El caso es que, al ritmo de una desquiciante música ultramoderna, una legión de criaturas sobrenaturales danzó poseída la última canción del baile de máscaras, celebrado en algún punto intermedio entre el cielo y el infierno. Después de la monumental juerga, tras abundantes plegarias diabólicas y no pocas cópulas celestiales, todos partieron, ebrios e indecisos, sin tener muy claro a qué bando pertenecían ni hacia dónde dirigir sus pasos. No obstante, de una forma u otra casi todos encontraron un cálido vientre materno donde alojarse y nacer al día siguiente, sin saber muy bien quiénes eran, con una horrible resaca, pero con el propósito firme de empezar de cero.

Santos Arcángeles: 8 datos que tal vez no conocías