Ruptura de José Antonio Ayala

-¡Sinvergüenza! -me dijo.
Era un gran avance. Mi futuro suegro nunca me había dirigido la palabra hasta ese momento. Pero cuando entró en el salón de su casa y vio a su hija con la falda remangada casi por completo y con los dos pechos al aire, pensó lo peor y me lanzó el insulto antedicho. Yo, la verdad, no sabía lo que hacer ni lo que decir. No se me ocurría ninguna excusa, como que estaba revisándole un hematoma o algo parecido. Entonces dije lo primero que se me vino a la cabeza. Dije: “quiero a su hija y deseo casarme con ella y que sea mía”.
Yo, en realidad, ni la quería ni la dejaba de querer, pero pensaba que le debía esta reparación aunque, al hacerla, hipotecara mi vida. Mi futura suegra, que entró en ese momento en la estancia, aprovechó la coyuntura y me dijo que contaba con su bendición si era formal y responsable con su hija. Pero, mi futuro suegro seguía sin apearse del burro. -¿Este formal y responsable? .dijo-. Éste lo que es es un indeseable.
Hubiera podido convencerlo; soy bastante persuasivo y la hija no tenía tantos pretendientes. Pero pensé en qué era lo que podía causarle más daño y creí que serían las recriminaciones de la madre y de la hija (no sé por cuanto tiempo) por no haberme cogido la palabra. Se imponía, pues, una ruptura sin paliativos.
-Es usted un hijo de puta que ha truncado mi futuro -dije-. Y salí orgullosamente de la casa para no volver más.

Pareja besándose en el sofá en casa Foto & Imagen De Stock ...

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