El ocaso

 

 

Vendrá el ocaso.
Las nubes aúllan al sol.
Nada interrumpe
mi voluntad de tejer el recuerdo
como eficaz hilandera.
 
Hay dolores que revientan y no duelen
 o felicidades que no envanecen.
Alabo el sacerdote que nunca ha dejado de ser pobre y que ahora es viejo y amado.
Admiro a la mujer que es feliz,
así sean murmurados sus quehaceres.
A mi edad nada me asombra;
me perturban culpas que no puedo remediar y vivo con ellas.
 La mujer oscura duerme a mi lado y me acicala en la profundidad del sueño.
Me admiran las garzas que llegan, el croar de las ranas y los gritos de las chachalacas,
Me admira la hierba que siempre florece
Me entusiasma vivir, pero entiendo que todo lo que inicia termina y mi vida tiene aroma a barro.

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Alfajores

Tu boca de alfajor.
Lengua húmeda,
que degusto con mi lengua.
Lenguas abrasadas,
suspiros que gimen.
Boca de pan crujiente
con miel de azahares.
enfriemos el tiempo
que se quede inmovil
en su escondite de ambar.

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No me hables al oído

Me hablas al oído y no sé qué decirte.
La frase es chicle y resbala al desconcierto.
Las palabras que susurras parecen palomas que se ocultan entre la neblina.
Cuando hablas así, 
solo escucho el reverbero de tus labios.
No me cuchichees al oído;
porque respondo al silbido de tu aliento y después no sé que me da por despintar la luna de tus pezones.

 

 

 

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LLuvia

Hubo una mujer que te decía lluvia,
blanca, ardiente.
Por las tardes,
cuando los pájaros volaban en bandada
la buscabas con palabras suaves, almidonadas,
-pájaras de fuergo que danzaban en el escenario de su vientre;
acelerando su bradicardia de poeta.
Tardes inmensas, abrazadoras, piras forjadas de estrellas errantes y el humo a sándalo que envolvía con papel de china las sienes de la memoria.
Un día llegó el sol de nieve, se fue el agua, cayó la hoja dejando huecos donde antes había murmullos obscenos y húmedos.
Se fue la tarde, los patos, la rosa, el ardor de la pupila.
La mano callosa es un páramo de terrones que sueña con la espuma del mar,  donde el oído se recuesta seco como el esqueleto de las hojas que encontramos en los libros polvosos y ofertados.

trape,irene mala

Dos mundos

Te beso.
En otro sol descubro tus ojos
y la atmosfera de tus hombros.
No estés triste.
Recuerda que vivimos en dos mundos.
Soy el de la noche
que resbala por tus pestañas,
y siembra en el centro, asido de tus caderas.

pies

Felina

Recuerdo los saltos de mi corazón,
cuando el vaho de su boca hacía caminos sobre mi cuello.
Me recuerdo atrapado; 
y mi carne de gacela esperaba la inminencia de su embestida.

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Espejismo

Mis aguas ya no tienen el brío del felino;
mis árboles florean por la magia de la vida.
Tienes en tu mano un espejismo,
que el vuelo de un pájaro lo fragmentaría.
Mi árbol carente tiró la hoja
y mis retoños aparecen lerdos y frágiles.

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El sabor de boca de los muertos

Por el camino
brota entre la maleza
como si fueran
florecitas del campo
los insepultos;
los que nunca dijeron adiós.

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Margaritas

Nacieron en mi arca
Blancas como las mujeres que he amado.
Impolutas en mi memoria.
Si hubo sombras fue sólo entre nuestros besos.
La cofradía a diario me alimenta.
Tal vez viva yo en su recuerdo. Quizá no.
Ellas como las margaritas florecen altivas, radiantes y por siempre.

El trapecista

El trapecista
en las alturas
anhela ser un pájaro.
ya no baja a comer
silba como sinsonte
y de cuando en cuando
picotea su pinole-
El trapecista
cantando morirá.

trape,irene mala