Roja montaña;
lugar de roca y cabra,
de niebla, lluvia y frío.
Entre las piedras,
brota con esplendor,
el fuego de una rosa.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Roja montaña;
lugar de roca y cabra,
de niebla, lluvia y frío.
Entre las piedras,
brota con esplendor,
el fuego de una rosa.

Desde hace un tiempo se ha puesto de moda hablar de la soledad y de los beneficios que en ella se encuentran. En general, lo que he leído no es más que lo que habitualmente estamos obligados a ver y leer; es decir, ideas correctas, pero malinterpretadas por las nuevas generaciones; que son las que […]
a través de Tres visiones sobre la soledad — El Blog de Arena
¿A mí?, ¿por qué?
-me gusta el azahar-
y tú: ¡perdiste!

El viejo almendro
se ha quedado desnudo
y no es otoño…
El narrador en primera persona es uno de los más utilizados por escritores noveles.
Con el narrador en primera persona uno de los personajes de la historia (por lo general el protagonista, pero no siempre) actúa como narrador y los lectores siguen el desarrollo de la narración a través de los ojos de ese personaje.
Este narrador resulta fácil de identificar porque el personaje o narrador habla a los lectores en su propia voz, con frecuencia utilizando el pronombre «yo».
Había pasado la tarde tranquilamente leyendo en mi habitación. Ya casi era de noche y estaba a punto de levantarme para encender la luz cuando llamaron a la puerta. Extrañado, acudí a abrir.
Como hemos dicho, este es uno de los puntos de vista preferidos por los escritores noveles porque resulta sencillo de manejar.
Solo tienes que meterte en la piel del personaje y contar qué es lo que ve y piensa.
Sin embargo, el narrador en primera persona presenta sus complejidades y es frecuente caer en al menos cuatro errores al usarlo.
Vamos a ver esos errores y cómo manejar la narración para no caer en ellos.
A menos que tu personaje tenga el don de la ubicuidad, no puede estar en todas partes.
Además, recuerda que este tipo de narrador tampoco suele ser omnisciente.
Eso significa que tendrás que tener muy en cuenta qué información puede o no puede manejar.
Por ejemplo, no puede saber lo que piensan el resto de personajes a menos que estos se lo hayan dicho expresamente. Tampoco lo que han hecho.
Si quieres que narre con total conocimiento una escena, tendrá que haber participado en ella. Y a veces no es posible que tu personaje esté en determinados lugares.
¿Cómo puede saber Luis, tu narrador masculino, que Marta y Estela se han peleado en el vestuario de mujeres? De ninguna manera, a no ser que alguien que sí estuviera presente en el vestuario se lo cuente.
Pero contar algo de oídas, no porque el narrador lo ha experimentado en primera persona, le puede quitar bastante hierro a la escena. Tenlo en cuenta antes de decantarte por este tipo de narrador.
Además, ya hemos dicho que un personaje, aunque actúe como narrador, no puede saber lo que el resto de personajes piensan. Así que incluso aunque Luis hubiera logrado colarse en el vestuario de chicas, no podría saber lo que sienten y piensan Marta y Estela cuando se enzarzan en su pelea. Puede suponerlo, pero nada más.
De modo que nada de «Marta estaba asustada». Lo correcto sería «Marta parecía asustada».
Para que tu narrador en primera persona pudiera estar en todas partes y conocer lo que sucede en la cabeza del resto de personajes tendría que ser dios o tener algún tipo de superpoderes.
Así que si se trata tan solo de una persona normal, mucho ojo con estos detalles.
Por lo general, el narrador en primera persona narra su historia en tiempo pasado.
Es esa distancia lo que le permite tener todos los datos sobre los acontecimientos que cuenta. La historia ya ha concluido y el narrador, que sabe lo que ha pasado (comienzo, desarrollo y desenlace), puede narrarla.
Pero esa distancia elimina parte de la tensión de la narración. Si, por ejemplo, se trata de una novela de acción o suspense, el lector sabe que el narrador ha sobrevivido a todo lo narrado porque, a fin de cuentas, lo está contando.
Si estás escribiendo una novela de acción o suspense y te has decidido por un narrador en primera persona, tienes varias opciones para que la tensión se mantenga.
Como tu narrador en primera persona conoce la historia de principio a fin, jugar con la retención de información es algo más complicado.
¿Qué motivo podría tener el narrador para no revelar todo lo que sabe y andarse con misterios?
Pero tú necesitas el misterio y que tu narrador se guarde algún as en la manga para mantener la tensión narrativa y, con ella, el interés del lector.
La solución es sencilla.
Como hemos visto, el narrador en primera persona no es un narrador omnisciente. Así que se trata de ir revelando la información a medida que el personaje la averigua.
Para ello debes ceñirte muy bien al orden cronológico de la historia y hacer que el lector vaya conociendo lo que sucede a la par que el personaje narrador.
Esto te obligará a trabajar muy bien los tiempos de la novela, meditando cuándo es mejor que se revele un determinado hecho. Durante la revisión será el momento ideal para prestar especial atención a estos detalles.
En algún momento de tu novela el narrador tendrá que afrontar un momento de gran tensión dramática.
¿Cómo abordarlo?
En los momentos decisivos de nuestra vida es difícil pensar con claridad. Solo al cabo del tiempo podemos analizarlos con relativa frialdad y explicarlos de una forma razonable.
Manejar la narración de uno de estos momentos desde un punto de vista en primera persona presenta dos dificultades.
Si el narrador es demasiado emocional, los hechos pueden presentarse de manera confusa, desordenada, demasiado temperamental.
El que debería ser un momento culminante de la novela puede acabar siendo una escena caótica que saque al lector de la narración.
O puede suceder justo al contrario.
Para evitar caer en cierta confusión sentimental, el narrador analizará los acontecimientos de una forma demasiado fría y racional.
Y sacará también al lector de la novela porque este no entenderá cómo es posible ser tan frío ante hechos tan impactantes.
La solución pasa por alcanzar el equilibrio.
No es nada fácil, pero puedes intentarlo alternando la narración de los acontecimientos y la forma impactante en que el narrador los vivió, con sus reflexiones a posteriori tratando de comprender y asimilar los sucesos.
De este modo crearás un relato que sirva de contrapeso al otro, logrando así la armonía entre un desbordamiento de sentimientos y una excesiva frialdad o distanciamiento.
Los cuatro errores más comunes con tu narrador en primera persona
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copiar y pegar la dirección
Debo confesarlo: para mí, Alice Munro, era una total desconocida. Nunca
había escuchado de ella, nunca la había leído, ni siquiera sabía que es canadiense y
que lleva más de cuarenta años escribiendo, sobre todo, cuentos. Mi pobre acercamiento parte, por un lado, de mi desconocimiento de Canadá, de la rica y diversa literatura de ese gigantesco país, con el que, particularmente, guardamos alguna identidad latinoamericana con la provincia de Quebec, y que para mí ha llegado como un
reflejo, pasado por Estados Unidos, de un país helado, lejano, en el que se habla francés e inglés y que, según las recientes estadísticas, está entre uno de los diez países con mejor calidad de vida.
No en vano, gran parte de la migración reciente de nuestro país ha decidido irse a Canadá, pues es desde hace algunos años el nuevo sueño americano. Y es que ante una vasta región tanpoco habitada, las expectativas de obtener un trabajo, un espacio y la posibilidad de una mejor vida son inmediatas. Llegué a Canadá no como inmigrante, sino
como lector. Le debo el tiquete a la literatura de
Alice Munro. En esta visita, guiada por la delicada narrativa de la cuentista, descubrí algunas zonas inesperadas, sorprendentes. Entre estas sorpresas descritas en El amor de una mujer generosa, conjunto de cuentos, descubrí esa zona del Sur Oeste de Ontario llamada Southwest, espacio primordial en el que se desenvuelven muchas de las historias de Munro, también algo de la isla y la ciudad de Vancouver, lugares que Munro
conoció muy bien. En sus historias se reconoce con claridad la zona que rodea el Lago Hurón: las granjas, el lago y sus caminos fangosos, una ciudad al límite de ser pueblo, en el que la calma y el sosiego es natural; o la ciudad de Vancouver y la distancia, la lejanía de las preocupaciones delas urbes ruidosas. Más que los lugares geográficos, cuando me
acerqué a la narrativa de Munro, me encontré con una serie de personajes que revelaban una condición de anhelo persistente, una inconformidad. Acaso sea esa circunstancia tan pasiva de la vida canadiense expuesta por la autora, todo
tan seguro y tan fácil, lo que atosiga a sus mujeres protagonistas de las historias, quienes al en-contrarse en una situación extrema deben dar un salto mortal y ver si al caer pueden sobrevivir.
El libro contiene ocho cuentos. El primero, de casi 80 páginas, “El amor de una mujer
generosa”, del cual se ha tomado el título del libro1, trata el hallazgo de un automóvil en medio de un río, en el que se encuentra el cadáver del optometrista Willens, quien al parecer fue asesinado. Sin embargo, el eje central de la historia no radica fundamentalmente en el homicidio ni en los probables asesinos, sino en la culpa. La culpa de Enid, enfermera que ayuda a personas con enfermedades terminales; la culpa de la cómplice de asesinato, en este caso la señora Quinn, la enferma terminal y la posible culpa de Rupert, esposo de la señora Quinn y por quien Enid siente una fuerte atracción. A partir del asesinato y la posterior confesión de la señora Quinn en su lecho de muerte, Enid empezará a cuestionarse si es conveniente para su vida o no saber la verdad, si estaría bien que aquella mujer muriera y qué podría pasar si ella
misma delatara a Rupert. Sin embargo, resumido de esta forma, creo que no soy justo con la historia. El cuento es mucho más profundo. Recuérdese: estamos hablando de un cuento de ochenta páginas.
Quisiera señalar que en este primer cuento tenemos una compleja arquitectura en la estructura, tenemos una elaborada precisión en la creación de cada uno de los detalles, tenemos largas digresiones que aportan para entender las tremendas honduras de cada uno de los personajes; es decir, en esta pieza de filigrana narrativa, Munro es en extremo delicada. Sin duda, su detallado trabajo funciona a la perfección, pues la tensión del lector no se inclina hacia el asesinato, sino hacia los sentimientos y preocupaciones de la enfermera Enid. Desde mi punto de vista, es en estas aguas en las que Munro se mueve mejor: en la fina descripción de las angustias, sentimientos y preocupaciones
de una mujer, sabe cómo entrar en sus deseos, en sus inquietudes. Lo mejor es que no cae en sentimentalismos, ni en ideas románticas, al contrario, las protagonistas de sus historias generalmente viven una encrucijada en la que deben
reconocerse a sí mismas para salir de la monotonía, para quebrar ese mundo, a veces insulso, que han tenido que sufrir por años.
Este es el tema de “Yakarta”, la segunda historia del libro, allí que un par de amigas echadas de la biblioteca en la que trabajaban, en la década de los sesenta, cerca de Vancouver, viven de cerca la farsa de la sociedad de entonces y desean, a su vez, poder escapar de aquella farsa, a pesar de los hijos y la vida de amas de casa a la
que se han adaptado de manera natural.
“La isla de Cortés” es una narración en primera persona exquisita de una joven aspirante a escritora que empieza a vivir con su esposo en una nueva ciudad. El eje central no es la ciudad ni el drama de empezar de cero, sino la relación que la escritora establece con la señora y el señor Gorrie. La señora Gorrie es una vieja chismosa; el señor Gorrie es un paralítico. La historia se desenvuelve en la relación que establece la joven mujer con el señor Gorrie, quien una tarde le revela un secreto. En esta historia se ve una de las premisas de Munro: reconocerse en el otro. Se trata de reconocer que, algunas
veces, somos aquello que tanto odiamos. Por otra parte, es usual en las historias de
Munro que un secreto revele la posibilidad de que los personajes se desarrollen y así se encuentren. El secreto les permite entrar en contacto, descubrirse entre sí e iniciar nuevos caminos.
Quizás uno de los temas fundamentales de Munro en todas las historias es la complejidad en las relaciones familiares. En “Salvo el segador” encontramos este complejo dilema: entender que las relaciones con los hijos, a pesar de ser
tan estrechas, una vez ha pasado el tiempo, ya no serán las mismas. En esta historia, tenemos a una mujer mayor, Eve, una actriz, quien tuvo una relación muy cercana con su hija Sophie, pero con el paso del tiempo la propia hija empieza a distanciarse. Eve descubre que es incluso una molestia para su hija. Es una historia con un tono, al
principio, nostálgico, que luego se transformará en extraño, pues la trama se enreda hasta generar una situación de tensión al final, pues hay un giro inesperado que da una vitalidad enorme a la historia. Es una de mis favoritas.
“Las niñas se quedan” es otro enfrentamiento entre Pauline, una joven madre de dos niñas pequeñas, ante la decisión de continuar su vida monótona o encontrar una pasión que inflame su vida. Aquella pasión se encarna en Jeffrey, el director de teatro comunitario con quien Pauline empieza a relacionarse, pero sobre todo por la
oportunidad de actuar, pues Pauline se convertirá en actriz aficionada, y así podrá convertirse en otra mujer. La obra en la que la joven es protagonista, Eurídice de Jean Anouilh, se presenta como metáfora de la misma vida de Pauline: cala plenamente en la vida patética de esta madre que encuentra en su esposo y en sus hijas el infierno
del que tal vez un Orfeo la rescate.
“Asquerosamente rica” es la historia de una preadolescente, Karin, hija de divorciados,
quien vive un tiempo con su padre y otro con su madre. Karin visita a su mamá, Rosemary, una histérica correctora de texto, quien parecía empezar a formar una pareja con un escritor vecino y amigo, Derek. Sin embargo, la relación de los adultos no funciona y esto afecta a la chica, quien ya se había acostumbrado a Derek. El
tema es el divorcio y la importancia de reconfigurar la familia. Aún así, considero que la historia no alcanza el nivel de profundidad de las otras. Otros no estarán de acuerdo.
“Antes del cambio”, a diferencia de la anterior, para mí fue una de las historias más fuertes, profundas e intensas elaboradas por Munro. Se trata de una joven que regresa a casa de su padre, un médico que se descubrirá que ha ejercido como abortista, y cómo este secreto puesto al descubierto, cambiará la relación de la hija con el padre. Uno de los hechos más importantes es que no aborda el tema del aborto desde el discurso moralista, ni defensivo; el tratamiento es delicado, natural. Uno de los mejores cuentos.
“El sueño de mi madre” es una estupenda historia contada desde la voz de una joven mujer que relata cómo fue la relación de su madre
con ella antes y después de su propio nacimiento. Por supuesto, está focalizada en la madre, Jill, y se da un efecto muy interesante: una primera persona que narra como testigo de la vida de su propia mamá. El cuento reúne una gran cantidad de dificultades que debe afrontar Jill. La primera es que debe mudarse y vivir con sus cuñadas y
suegra, pues perdió a su esposo en la Segunda Guerra Mundial y ellas la obligan a dejar su mínimo apartamento para poderla ayudar y cuidar; por otra parte, ella necesita encontrar un espacio para tocar el violín, pero, ante todo, es la dificultad de tener una hija por primera vez. Esta jovencita, como muchas madres primerizas,
no tiene la más mínima idea de cómo cuidar a un bebé, cómo dormirlo y mucho menos cómo tratarlo. Una de sus cuñadas, Iona, asume el rol de madre, a tal punto que el día que debe dejar a su sobrina y su cuñada solas entra en shock. Hacia el final hay tal enredo de emociones, tal el nerviosismo, que Jill es capaz de llegar a
decisiones extremas para hacer que esa bebé, posterior narradora de la historia, pueda descansar y dejar a la propia madre en paz.
Vale la pena señalar que como lector de sexo masculino debo perderme mucho de las
sensaciones que estos personajes femeninos exhalan. Por ejemplo, en estos dos últimos cuentos, la historia está tan ligada a la mujer con su cuerpo, con sus sensaciones y relaciones con la maternidad que creo que es poco probable que yo pueda sentir la historia de la misma manera que una mujer que ha vivido un aborto o que ha
sido madre. Honestamente, no veo esto como una barrera, al contrario, me parece inquietante que la narrativa de Munro comunique estas sensaciones y que haya cosas en ella que pertenecen exclusivamente a la naturaleza y la realidad de la mujer.
Por otra parte, quisiera llamar la atención sobre las protagonistas de las historias: mujeres lectoras, músicas, actrices, escritoras; es decir, mujeres vinculadas con el arte o la cultura como alter ego de Munro. Pero esta misma condición hace que sus personajes crezcan, sean sensibles y reconsideren sus posibilidades como creadoras. Por esta misma condición, las protagonistas se preguntan sobre cuál camino tomar, sobre si
deben seguir su condición como madres o amas de casa o arriesgarlo todo para ser, ante todo, dueñas de sí mismas. Además, hay que señalar que los personajes de Munro están muy bien configurados. Algunos ejemplos de trabajo tan exquisito estarían en las otras mujeres que no necesariamente son protagonistas: la señora Quinn, la señora Gorrie, la tía Iona… personajes que sin duda dan contrapeso a las historias y
que ayudan a la construcción de cada una de los protagonistas.
Finalmente, quiero señalar que la propuesta estética de Munro me parece arriesgada y por lo mismo emocionante. Es poco común encontrar cuentos de 80 páginas. Y quiero remarcar que no estamos ante novelas cortas. No, la propuesta es escribir cuentos con un mínimo de personajes y con una trama específica. Munro apuesta a entrar en detalles sobre la vida cotidiana, sobre la naturaleza misma de los personajes, construirlos a profundidad y no limitarse a la anécdota, ni a una serie de acciones que sorprendan. Munro le apuesta al cuento, a darle un salto a las posibilidades orgánicas del género, sin
obligarlo a convertirse en novela y así le da una dimensión superior. El cuento acepta digresión, profundos saltos temporales, flujo de conciencia y una arquitectura compleja.
Vale la pena echarle una mirada atenta a la literatura de la autora canadiense, quien ya
cuenta con una obra extensa y quien puede ser candidata al premio Nobel de Literatura de este año. Cruzo los dedos.
Vino la muerte:
dijo, toqueteandome,
«sigues tiernito»
El HAYKÚ por Rubén García García
La palabra nos remite a la literatura japonesa. Ésta tiene más de mil años de vida. El japonés no gusta del poema extenso. Lo esencial no es decir, sino sugerir. O bien lo importante no es lo que se dice, sino lo que no se dice; lo que queda detrás de las palabras o después de ellas. Lo que sugieren las imágenes, pero no dicen.
Los temas son los mismos que se tratan en la poesía universal: el amor, la muerte, el paisaje, el tiempo, la eternidad Etc. Por razones idiomáticas, pensamiento y sensibilidad prefiere el poema corto, concentrado. No es exagerado decir que el japonés prefiere la captura del instante, del momento presente.
Un haiku es un poema corto, la métrica es de 5-7-5-. Habla de la naturaleza, del cambio de estación, de cosas cotidianas, de la emoción al captar el instante, no admite subjetivismos, ni lirismos, los poemas japoneses no llevan rima jamás. Tiene kigo que significa: estación del año, ya sea de manera directa ( invierno, primavera…) o indirecta (nevada, cerezos…) y kireji o corte de pensamiento, es decir, la tercera frase debe cortar a las dos segundas, hablando de otro tema.
El haiku es serenidad, paz, vivir el momento, dejando atrás el pasado y viviendo cada paso como algo único, hermoso, impoluto e irrepetible.
Las silabas son cinco en el primero y tercer verso y siete en el segundo. Esta métrica es la utilizada en otras formas poéticas como el senryu, choka, tanka hokku. Cada una de las formas tiene sus propios atributos. Cada ejecutante convoca la que más le guste. A mí me gusta el senryu, el hokku, el choka y el hay-ku y alguna vez el tanka.
El hay-ku y el senryu se conforman con tres versos (5-7-5) la diferencia se encuentra en que la senryu ataca solo una idea y habla del hombre y su alma, angustias y deseos, pero no habla de la naturaleza. el Hay-ku confronta, ataca o refiere a dos ideas, que se nombra Kireji o corte de pensamiento. El senryu da más libertades, admite subjetivismos. Ambas no deben de tener rimas y ejecutarlas en tiempo presente.
Autores refieren que para que sea hay-ku debe de tener las características mencionadas, otros admiten más libertades, por lo que todo lo que tenga tres versos ya con más de siete silabas o menos le nombran hay-ku. Pienso que la poesía se encuentra en lo clásico o en lo actual. Cuando ésta se asoma, se logra. es inefable verla en una u otra forma.
Finalizo con la opinión dura de Octavio Paz y una exaltación a esta forma poética de Héctor Daniel Guzmán Carrillo.
el haiku es “un organismo poético muy complejo. Su misma brevedad obliga al poeta a significar mucho diciendo lo mínimo. Desde un punto de vista formal, el haikú se divide en dos partes. Uno da la condición general y la ubicación temporal y espacial del poema (otoño o primavera, un ruiseñor); la otra, relampagueante, debe contener un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra, inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas. La índole misma del haikú es favorable a un humor seco, nada sentimental. El haikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente”.
«… el haiku demanda más que una ofrenda de sangre, demanda apertura de mente, una sensibilidad extraordinaria para convertir a la naturaleza en palabras y una claridad imprescindible, para de esa forma, dejar una enseñanza e invitar a la reflexión, que a fin de cuentas es el propósito del haiku». Hector Daniel Guzmán Carrillo.

Los autores japoneses escribían hokku, el haykú tal como lo conocemos es una idea poética de Masaoka Shiki (1867–1902)
AUTORES JAPONESES
¿Una flor caída
volviendo a la rama?
Era una mariposa.
Arakida Moritake (1473–1549)
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
Basho 1644-1694
En un jarrón roto
floreció frágil
la blanca flor de los pantanos
Uejima Onitsura.(1661-1738)
¡Luciérnagas!
En el río
las tinieblas pasan
Fukuda Chiyo-ni (1703–1775
Lluvias de mayo.
Y enfrente del gran río
un par de casas.
Yosa/Taganuchi Buson (1716–1783)
El ladrón se fue
olvidó solo una cosa –
la luna en la ventana.
Ryōkan Taigu (1758-1831)
“Cuando no estás,
el bosque me parece
interminable.”
Kobayashi Issa (1763–1827)
Al son de los insectos
sale la luna.
El jardín oscurece
Masaoka Shiki (1867–1902)
AUTORES MEXICANOS
José Juan Tablada
Tierno sauz
casi oro, casi ámbar.
casi luz…
Es mar la noche negra;
La nube es una concha,
La luna es una perla.
Coyoacán, al pasado muerto
el coyote de tu jeroglífico
lanza implacable lamento…
Octavio Paz(1914-1998)
Aguas petrificadas,
El viejo Tláloc duerme, dentro,
soñando temporales.
Hecho de aire
entre pinos y rocas
brota el poema.
Luna reloj de arena
la noche se vacía
la hora se ilumina.
Sobre la arena
escritura de pájaros
memorias del viento.
De José Rubén Romero(1890-1952, mexicano)
Sesión permanente,
los viejos del pueblo discuten
la honra de toda la gente.
Elías Nandino(1900-1993, mexicano)
Una gota de rocío
y dos pétalos de rosa
¡hacen una mariposa!
Luis Gabriel Vázquez: Niño tabasqueño y actual ganador del premio ‘Haikú para niños del mundo’ de la Fundación de Aerolíneas de Japón. Descrito como impecable.
Amo la lluvia
cuando besa la tierra
siembra su aroma
OTROS AUTORES
¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?
tiembla el rocío
y las hojas moradas
y un colibrí.
Una campana
tan sólo una campana
se opone al viento.
Mario Benedetti (1920-2009, uruguayo)
Encuentro lo que no busco:
las hojas del toronjil
huelen a limón maduro.
De Antonio Machado (1875-1939, español)
Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe
que te consuela.
De Jorge Luis Borges(1899-1986, argentino)
Rubén García García
La gota de agua
da música al silencio,
al cimbrar la hoja.
Cae la niebla,
y sobre la ciudad
se escucha un sax.
Afuera llueve;
rueda sobre el papayo
la gota fría.
En la montaña,
la niebla se transforma
en barcos de humo
Encajonado
por el muro rocoso;
el río pasa.
Gota tras gota
van cayendo los años;
en las iglesias.
¡El mar, el mar!
por mi barca, la luna
viste de espuma.
Por el camino,
una rama esquelética
me dice adiós.
El frío cruje,
y adentro de la choza
llora un bebé.
A ras del agua
van volando los pájaros.
Giran las hojas.
llegó el otoño
y ya en mi rosaleda…
hay flores muertas.
Bajo la luna,
y al compás de las olas;
marchan los cangrejos.
Es religioso,
contemplar las montañas
en procesión.
Ha entrado el tren
al túnel misterioso;
todo se oscurece
El mar, el mar;
se hunde el velero
en el ocaso.
Estas luciérnagas,
son pequeños cometas
entre los árboles.
Páginas consultadas
https://experienciakirei.com/blogs/mundo-kirei/10-haikus-para-san-valentin
http://destellosdehaijin.blogspot.com
Desde <http://amediavoz.com/buson.htm>
https://www.historiajaponesa.com/kobayashi-issa-motivos-recurrentes/>
Desde <http://destellosdehaijin.blogspot.com/2012/03/masaoka-shiki.html>
Desde <https://wsimag.com/es/cultura/23060-haikus-con-acento-mexicano>
http://institutoculturaldeleon.org.mx/icl/story/6702/Hakken-Haik-Mexicano#.XfL-TT3VKUk>
<https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/630806.los-grandes-del-haiku.html
<https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/630806.los-grandes-del-haiku.html>
Estaba sola,
danzaba con el viento
en la sabana.
No hay escapatoria: la teoría narrativa es imprescindible.
Sin ella eres como un carpintero sin herramientas.
Hoy veremos un ejemplo de esta teoría (y no uno cualquiera, sino el recurso dramático por excelencia).
Pero antes déjame advertirte de algo.
Algo que me ocurrió a mí y que me gustaría ahorrarte.
El caso es que de joven asistí, cómo alumno, a multitud de cursos de escritura.
Algunos de esos cursos eran muy buenos (otros no tanto), pero incluso en los mejores, por más teoría que me ensañaran, yo no conseguía asimilar casi ninguna.
¿Por qué?
No porqué fuera un mal alumno (siempre he sido un aprendiz bastante digno).
Ni porqué los profesores fueran malos (tuve la suerte de tener muy buenos profesores).
Sino porque me faltaba un marco conceptual sólido dónde colgar y ordenar toda esa teoría de un modo útil.
Sin él, todas aquellas herramientas, que me hubieran sido tan útiles, quedaban desordenadas en el baúl de mi memoria y, cuando llegaba el momento de utilizarlas, no me acordaba ni tan siquiera de que las tenía.
Organizar e interiorizar esa teoría me ha costado casi quince años.
Para que no pases por lo mismo te recomiendo dos cosas:
Cómo es natural, esto es lo que te doy en Palabras para tus ideas y en el resto de cursos y servicios.
En lugar de intentar explicártelo todo (algo imposible, por otra parte) he seleccionado y ordenado la teoría cuidadosamente para:
Para que lo tengas todo a mano y puedas centrarte en escribir.
Pero vayamos al ejemplo que te he prometido.
El recurso dramático por excelencia.
El que permite que tus lectores queden enganchados a tus palabras.
Uno que, lo confieso, he estado utilizando sin descanso en todos estos mensajes.
De hecho, ahora mismo lo estoy usando otra vez (soy incorregible…).
Es un truco tan simple como infalible.
Que vale tanto para la ficción como para la no-ficción.
Lo has visto mil veces.
¿Sabes qué es?
¿No?
Te lo cuento mañana.
—¡AHHHH!
Es broma…
Era solo para poner un ejemplo más.
El truco es este:
Plantea una pregunta y no la respondas.
Introduce una incógnita y no la desveles.
Promete una solución y no la des (aún).
Así de simple.
Hasta que no conozca la respuesta, el lector sentirá la necesidad de seguir leyendo.
Tan pronto cómo se la des, esta tensión desaparecerá y el interés caerá en picado.
Aunque eso no te ocurrirá a ti, claro.
¿Por qué?
Porque, siendo hábil cómo eres, antes de dar una respuesta ya te habrás ocupado de plantear un nuevo interrogante…
Hay muchas variantes del mismo truco (Intriga, misterio, suspense, tensión dramática…) pero son solo distintos sabores del mismo licor.
¿Conseguirá el chico seducir a la chica?
Y nos tragamos una comedia romántica que nos daría vergüenza decir que hemos visto.
¿Conseguirá el policía alcohólico desbaratar el plan del terrorista?
Y vemos, una vez más, La jungla de cristal.
¿Conseguirá Caperucita escapar de las fauces del lobo?
Y, mientras cuentas el cuento, los niños te miran con ojos como platos.
Siempre que tu texto tenga algún interrogante abierto, el lector querrá conocer la respuesta y se quedará contigo.
Para saber qué ocurre.
Para saber cómo acaba.
Hay quién ha ganado millones con poco más que esto (¿has leído El Código Da Vinci?)
Incluso la mejor literatura utiliza este mecanismo (el mismísimo Cervantes lo utiliza en El Quijote con un descaro bochornoso).
De todos modos, si buscas el mejor lugar donde observarlo, presta atención cuando vuelvas a ver tu serie preferida.
Verás que cada capítulo, que cada escena, es un continuo plantear interrogantes, los unos encabalgados en los otros.
Para que siempre estés pendiente de algo y no te levantes del sofá ni para ir al baño.
Un recurso atemporal que nunca falla.
Y un buen ejemplo de lo que la teoría puede hacer por ti.

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| Imagen extraída de Shirtoid |

Día nuboso
propicio para el beso,
y la sabana.

!
EL PROBLEMA
Introducir y dar vida a un personaje de piel negra no es fácil, pues continuamente caemos en el error de estereotipar, ya sea exagerando o inhibiendo, rasgos, actitudes y
comportamientos desconocidos para nosotros.
Hemos permitido que los medios de comunicación (novelas, películas, historietas) nos vendan una imagen errónea del personaje negro, y sobre esa imagen nos basamos para
darles vida en nuestras novelas. Usar estereotipos nos hace sentir seguros. A través de ellos dominamos la realidad para que ella no nos sorprenda. Este libro explica 7 de los más conocidos estereotipos, con el fin de que los evites o uses con mucho tacto.
1. EL ESCLAVO CONTENTO
Los partidarios de la esclavitud encontraron en este estereotipo una manera de justificarla. El «esclavo contento“ nos mostraba un negro tan perezosamente feliz con su suerte, que no veía ninguna razón para la lucha. El esclavo satisfecho siempre fue emparejado con el «buen maestro“ , un propietario blanco que trató al esclavo como una persona menor, pero con humanidad y respeto. Este estereotipo se utilizó hasta entrada la década de 1940, y con frecuencia se puede observar en la literatura de la década de 1930 y en películas como Lo que el viento se llevó y La pequeña coronel
2. EL LIBRE MISERABLE
El «hombre libre miserable» se creó como una contraparte al “esclavo contento”. Él era la excusa que argumentaban los que apoyaban la esclavitud. Sostenían en sus novelas que un esclavo nunca fue concebido para ser libre. Ansiaba la libertad, pero cuando la lograba, no se adaptaba a su nueva vida, por lo que no había nada que deseara más que regresar con su amo.
3. EL NEGRO CÓMICO
El «Negro Cómico» fue uno de los principales pilares durante más de un siglo. Este personaje era una ridícula caricatura, con sus características personales y físicas
exageradas por el bien del humor. El Negro cómico nunca fue un personaje protagonista, pero siempre actuó como fiel compañero o el alivio cómico de la novela. Siempre se rio de sí mismo al igual que todo el mundo se rio de él. Topsy, un personaje de La cabaña del tío Tom, puede ser considerado el negro cómico por excelencia.
4. EL MULATO TRÁGICO
Por lo general se le otorgó este papel al genero femenino. El personaje tenía tantos antepasados blancos que podía «pasar» por blanca. Peor aún fue la implicación de que la sangre blanca en sus venas era lo que le daba a esa esclava el impulso para escapar,
mientras que la sangre negra la ataba a la barbarie y la falta de control, estereotipo asociado con los negros. El problema radicaba cuando aquella mujer “blanca”
daba a luz un bebé negro.
5. EL NEGRO LOCAL
Estos personajes estereotipados se encontraban generalmente en grupos, como en un coro griego. La mayor parte del tiempo eran «esclavos satisfechos», «primitivos» y “exóticos”, residentes de África, Barbados, o cualquier lugar paradisiaco y salvaje. Estos
personajes fueron tratados como un paisaje, incluidos solo para dar sabor y color a la historia. Es posible verlo en una novela que incluya el vudú, donde los negros en
un ritual están ahí sólo para establecer la escena. Tal como vemos en la obra de Lovecraft.
6. EL NEGRO EXÓTICO PRIMITIVO
Este es tal vez el más ofensivo y persistente de los estereotipos literarios mencionados. Este personaje estereotipado encarna todos los clichés sobre el «primitivo africano“. La lujuria, la potencia sexual, el deseo incontrolado por beber y drogarse y, a menudo, un
estilo de vida marcado por la violencia salvaje. Sus orígenes se basaban en la «herencia salvaje» que los escritores blancos creían pertenecía a los descendientes de africanos
7. EL NEGRO BRUTO
A principios de la historia de la literatura americana, el “Negro bruto“ no existía, pues su brutalidad había sido domesticada por medio de la esclavitud. De hecho, este papel civilizador fue uno de los argumentos a favor de la esclavitud.
No fue hasta cuando los esclavos liberados compitieron con los blancos del sur, todavía en estado de choque por los cambios recientes, que el Negro bruto se convirtió en
la encarnación del mal en la literatura.
8 CONSEJOS PARA QUE EVITES CAER EN
ESTEREOTIPOS
1. Conoce las culturas antes de crear un personaje que se encasille como estereotipo. Todas tienen elementos extraños detrás de los cuales existen razones lógicas.
2. Intenta ser siempre racional, no te guíes sólo por tus emociones. Sé honrado
personal e intelectualmente. Tus lectores lo agradecerán.
3. Sé empático: ponte en el lugar del otro. Intentar saber y comprender cómo viven
los demás, dará mayor realismo al personaje.
4. Piensa que tus personajes, como los seres humanos, por el hecho de serlo, merecen
respeto y dignidad.
5. Sé autónomo, emplea tu propio criterio. No te dejes arrastrar siempre por un grupo. Nunca vayas contra tu conciencia.
6. Usa el sentido del humor. Ríete de las falsedades y exageraciones de los prejuicios.
7. No te dejes guiar por estereotipos. Tú eres una persona, los estereotipos son imágenes
falsas y simplificadas.
8. Todos somos diferentes y tenemos derecho a ser diferentes. Usar estereotipos puede hacerte ver como xenófobo o racista, por lo que, como expliqué inicialmente, debes tener cuidado al usarlos.
Tomado de antro narrativo: https://www.antronarrativo.com

¿Hasta cuándo debes seguir revisando tu borrador?
¿Cuánto tiempo debes dedicar a cada una de tus frases?
Frank Budgen, pintor y amigo del gran novelista James Joyce, relata haberse encontrado con el escritor y haberle preguntado por cómo avanzaba su libro (Ulises):
—He estado trabajando duro durante todo día—respondió Joyce.
—¿Significa esto que has escrito mucho? —pregunté.
—Dos frases —respondió.
Esto me hizo gracia, pero al darme cuenta de que no sonreía, me acordé de Flaubert.
—¿Has estado buscando le mot juste*?
—No —me dijo— las palabras ya las tengo. Lo que estoy buscando es el orden correcto de las palabras dentro de la frase.
Tal vez este empeño obsesivo por la perfección sea un privilegio de otros tiempos, pero no está de más recordarlo para comprender que, detrás de las maravillas de la literatura, hay siempre un esfuerzo titánico.
—
*Le mot juste es una expresión francesa que significa “la palabra exacta”. Gustave Flaubert popularizó la expresión. Según él, cada palabra del texto debía elegirse con sumo cuidado para asegurar que fuera justo la necesaria.
