El narrador en primera persona

El narrador en primera persona es uno de los más utilizados por escritores noveles.

Con el narrador en primera persona uno de los personajes de la historia (por lo general el protagonista, pero no siempre) actúa como narrador y los lectores siguen el desarrollo de la narración a través de los ojos de ese personaje.

Este narrador resulta fácil de identificar porque el personaje o narrador habla a los lectores en su propia voz, con frecuencia utilizando el pronombre «yo».

Había pasado la tarde tranquilamente leyendo en mi habitación. Ya casi era de noche y estaba a punto de levantarme para encender la luz cuando llamaron a la puerta. Extrañado, acudí a abrir.

Como hemos dicho, este es uno de los puntos de vista preferidos por los escritores noveles porque resulta sencillo de manejar.

Solo tienes que meterte en la piel del personaje y contar qué es lo que ve y piensa.

Sin embargo, el narrador en primera persona presenta sus complejidades y es frecuente caer en al menos cuatro errores al usarlo.

Vamos a ver esos errores y cómo manejar la narración para no caer en ellos.

1. El don de la ubicuidad

A menos que tu personaje tenga el don de la ubicuidad, no puede estar en todas partes.

Además, recuerda que este tipo de narrador tampoco suele ser omnisciente.

Eso significa que tendrás que tener muy en cuenta qué información puede o no puede manejar.

Por ejemplo, no puede saber lo que piensan el resto de personajes a menos que estos se lo hayan dicho expresamente. Tampoco lo que han hecho.

Si quieres que narre con total conocimiento una escena, tendrá que haber participado en ella. Y a veces no es posible que tu personaje esté en determinados lugares.

¿Cómo puede saber Luis, tu narrador masculino, que Marta y Estela se han peleado en el vestuario de mujeres? De ninguna manera, a no ser que alguien que sí estuviera presente en el vestuario se lo cuente.

Pero contar algo de oídas, no porque el narrador lo ha experimentado en primera persona, le puede quitar bastante hierro a la escena. Tenlo en cuenta antes de decantarte por este tipo de narrador.

Además, ya hemos dicho que un personaje, aunque actúe como narrador, no puede saber lo que el resto de personajes piensan. Así que incluso aunque Luis hubiera logrado colarse en el vestuario de chicas, no podría saber lo que sienten y piensan Marta y Estela cuando se enzarzan en su pelea. Puede suponerlo, pero nada más.

De modo que nada de «Marta estaba asustada». Lo correcto sería «Marta parecía asustada».

Para que tu narrador en primera persona pudiera estar en todas partes y conocer lo que sucede en la cabeza del resto de personajes tendría que ser dios o tener algún tipo de superpoderes.

Así que si se trata tan solo de una persona normal, mucho ojo con estos detalles.

2. El tiempo

Por lo general, el narrador en primera persona narra su historia en tiempo pasado.

Es esa distancia lo que le permite tener todos los datos sobre los acontecimientos que cuenta. La historia ya ha concluido y el narrador, que sabe lo que ha pasado (comienzo, desarrollo y desenlace), puede narrarla.

Pero esa distancia elimina parte de la tensión de la narración. Si, por ejemplo, se trata de una novela de acción o suspense, el lector sabe que el narrador ha sobrevivido a todo lo narrado porque, a fin de cuentas, lo está contando.

Si estás escribiendo una novela de acción o suspense y te has decidido por un narrador en primera persona, tienes varias opciones para que la tensión se mantenga.

  • Puedes usar el tiempo presente en tu narración. Resulta un poco chocante, pero Suzanne Collins lo ha hecho en Los juegos del hambre con el éxito que todos sabemos.
  • Puedes hacer que el narrador haya dejado su historia escrita (en primera persona, naturalmente) y sea una segunda persona quien la lee. De esta manera hasta el final no se sabe si el manuscrito se interrumpe porque algo le sucedió al escritor que le impidiera concluirlo, lo que te asegura poder jugar con la tensión.
  • O puedes hacer que tu narrador no corra riesgo de muerte. Aunque se trate de una novela de acción, hay otras cosas importantes que pueden estar en juego: la vida de un ser querido, la estabilidad mental del protagonista, su libertad… Se trata de pensar un poco.

3. La retención de información

Como tu narrador en primera persona conoce la historia de principio a fin, jugar con la retención de información es algo más complicado.

¿Qué motivo podría tener el narrador para no revelar todo lo que sabe y andarse con misterios?

Pero tú necesitas el misterio y que tu narrador se guarde algún as en la manga para mantener la tensión narrativa y, con ella, el interés del lector.

La solución es sencilla.

Como hemos visto, el narrador en primera persona no es un narrador omnisciente. Así que se trata de ir revelando la información a medida que el personaje la averigua.

Para ello debes ceñirte muy bien al orden cronológico de la historia y hacer que el lector vaya conociendo lo que sucede a la par que el personaje narrador.

Esto te obligará a trabajar muy bien los tiempos de la novela, meditando cuándo es mejor que se revele un determinado hecho. Durante la revisión será el momento ideal para prestar especial atención a estos detalles.

4. Situaciones dramáticas

En algún momento de tu novela el narrador tendrá que afrontar un momento de gran tensión dramática.

¿Cómo abordarlo?

En los momentos decisivos de nuestra vida es difícil pensar con claridad. Solo al cabo del tiempo podemos analizarlos con relativa frialdad y explicarlos de una forma razonable.

Manejar la narración de uno de estos momentos desde un punto de vista en primera persona presenta dos dificultades.

Si el narrador es demasiado emocional, los hechos pueden presentarse de manera confusa, desordenada, demasiado temperamental.

El que debería ser un momento culminante de la novela puede acabar siendo una escena caótica que saque al lector de la narración.

O puede suceder justo al contrario.

Para evitar caer en cierta confusión sentimental, el narrador analizará los acontecimientos de una forma demasiado fría y racional.

Y sacará también al lector de la novela porque este no entenderá cómo es posible ser tan frío ante hechos tan impactantes.

La solución pasa por alcanzar el equilibrio.

No es nada fácil, pero puedes intentarlo alternando la narración de los acontecimientos y la forma impactante en que el narrador los vivió, con sus reflexiones a posteriori tratando de comprender y asimilar los sucesos.

De este modo crearás un relato que sirva de contrapeso al otro, logrando así la armonía entre un desbordamiento de sentimientos y una excesiva frialdad o distanciamiento.

 

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Los cuatro errores más comunes con tu narrador en primera persona

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