La cena* de Rubén García García

Llegó la abuela a cenar. Ella de por si come poco. Mal comió dos tamales de mole, su taza de chocolate y pellizco su pan de muerto y terminó con su copita de anis del mono. Cruzamos miradas, al mismo tiempo nos levantamos y ya en la puerta, nadie se animaba a encaminarla, hasta que mi madre le dijo: abuela usted ya conoce el camino. Bien sabe que al final fe la calle comienza el cementerio.

Una abuela invitó por error a un adolescente a celebrar Acción de Gracias  en 2016 y se convirtió en una tradición - VIX

*intertextualidad

Se llama La Jument y es uno de los faros más espectaculares de la costa francesa.

La historia de la foto

Del muro de Don Lalo Ferral- Tomado del Fb

Ventana al mundo!!

«Se llama La Jument y es uno de los faros más espectaculares de la costa francesa. Está a dos kilómetros aguas adentro de la isla de Ouessant y fue construido entre1904 y 1911 para señalizar unos peligrosísimos bajos en los que se habían producido multitud de naufragios.¿Cómo se realizó la fotografía? Fue tomada el 21 de diciembre de 1989. El fotógrafo francés especializado en imágenes de faros Jean Guichard sobrevolaba en helicóptero La Jument un día de fuerte tormenta buscando la foto perfecta de esas gigantescas olas del Atlántico golpeando contra la estructura del faro. Dentro, el farero Theophile Malgorn, que por aquel entonces rondaba la treintena de años, escuchó las repetidas pasadas del helicóptero y pensó que algo raro podía ocurrir; quizá el piloto estaba tratando de ponerse en contacto con él por un naufragio o por algún accidente. Y en una maniobra a todas luces descabellada abrió la puerta para ver qué pasaba.La acción completa duró apenas unos segundos. Guichard vio a aquel hombre en la puerta y su instinto de fotógrafo le dijo que allí había una composición perfecta: el hombre y la fuerza de la naturaleza. Empezó a disparar en modo ráfaga su cámara casi a la vez que una nueva ola gigante empezaba a abrazar con toneladas de agua embravecida la estructura del faro. En ese mismo instante, el farero Malgorn –asomado al quicio de la puerta- escuchó un trueno seco, como una estampida brutal (el impacto de la ola contra el frente del faro) y supo que había cometido un tremendo error. Tan rápido como abrió volvió a cerrar la puerta, justo una milésima de segundo antes de que la ola lo arrasara todo. Estaba vivo de milagro. En el carrete de Guichard quedaron impresas 9 imágenes –las que al motor de la cámara le dio tiempo a disparar – que le harían famoso de por vida y con las que en 1990 obtendría el segundo premio en el World Press Photo (el primero fue para la célebre foto de un manifestante chino parando él solo una columna de carros de combate en Tianammen).El farero Theophile Malgorn sigue viviendo en esta isla de Ouessant y no quiere recordar el aprieto en que se vio por la manera irresponsable en que abrió la puerta del faro; él salió a ver qué pasaba por profesionalidad y casi le cuesta la vida. Pero que poco después Guichard lo visitó en su casa, le regaló una foto firmada de aquel “momento decisivo” -que diría Cartier Bresson- y se hicieron muy amigos.Desde julio de 1991 el faro es controlado automáticamente. Los fareros son (o eran) gente muy especial. Seres solitarios y poco habladores, artistas con todo el tiempo del mundo para escribir, pintar o esculpir. Filósofos de una vida que muy pocos hubieran sido capaces de soportar.

”Texto: Paco NadalEl País Tomado de Bellas Artes y Cultura.

Quintilla de minificciones tres: Shua, Gabriel Ramos, Villaurrutia, Gabo, Casero

El hermano serpiente AnaM Shua Arg.

En su lecho de muerte, el padre le entrega un cofre. Adentro del cofre vive una serpiente.
–Esta serpiente –dice el moribundo– es tu hermano, fruto de mis amores con una mujer demonio. Lo confío a tu cuidado.
El hijo consagra su vida a la caza de ranas y ratones para alimentar a la serpiente, creyendo que su padre sufre en la Gehena el castigo de los lujuriosos o los magos, sin saber que se cuece, en realidad, en el círculo destinado a los bromistas.

Tres minutos antes de Gabriel Ramos Mex

La bala sale del hígado del heredero; sigue su trayectoria al reloj, cuyos fragmentos se ensamblan y regresan a su estado original. El proyectil entra al cañón de la pistola y se guarda en el cargador junto con los cinco restantes. La pistola regresa a su funda, el hombre da nueve apresurados pasos hacia atrás, sube a su automóvil. Cuando Víctor pasa por el cruce anterior, ve a su medio hermano, que recibió la herencia del padre, y en unos minutos recibirá el disparo.

La caída de Xavier villaurrutia Mex

Susana tenía entonces las mejillas pecosas de una fruta, pero ¿y Aurora? La podía reconocer por la cicatriz que debe llevar en la pierna, de resueltas de una caída. Creo que fue en la huerta. Aurora había subido a un manzano y me prometía un fruto; en vez de dejar caer la manzana se dejó caer ella, distraída.

Fragmentos de «0jos de perro azul» de Gabriel García Márquez Col.

―No podía precisar cuánto tiempo estuvo así, entre esa noble superficie de sueños y realidades;
pero sí recordaba que bruscamente, como si le hubiera sido cortada la garganta por una
cuchillada, dio un salto en el lecho y sintió que su hermano gemelo, su hermano muerto,
estaba sentado al borde de la cama‖.

(La otra costilla de la muerte. P. 28).

Incomprensión Elena Casero Viana Esp.

Anoche me morí en tus brazos. Lo hice sin pensar, por cariño, como lo he hecho todo por ti. Pusiste cara de susto, pero te duró poco tiempo. Después, cuando yo ya había cerrado los ojos y creías que no te podía ver, te relajaste y sonreíste feliz. Me abandonaste en el sofá, tal como me había muerto, algo desmadejada. Entonces te escuché hablar con ella. Tu voz sonaba con un timbre pulido, tan diferente del que usas conmigo, que parece hecho de productos abrasivos, de los que arañan el corazón. Te cambiaste de ropa, te perfumaste y saliste de la habitación sin darme siquiera un triste beso. Esta mañana, he decidido no volver a morirme nunca más.

–

José Manuel Ortiz Soto de la Metámorfosis de Diana:

Semblanza

Se llama Gregorio S., pero nada tiene que ver con Franz Kafka. Gracias a oír las conversaciones de estudiantes e intelectuales que lo frecuentaban, supo de la vida y obra del célebre escritor checo. A través de la narración de un cineasta admirador de Orson Wells, acompañó al infortunado Josef K. en su viacrucis por la pantalla. En lo personal, su vida está lejos de ser la de un artista al que exhiben enjaulado; la de una cucaracha que añora su antigua condición humana; la de un hombre que busca con desesperación el reconocimiento de sí mismo. Pero si alguien le hubiera dado opción de elegir su propio destino, con toda seguridad habría sido otra cosa. Porque ser retrete y tener pesadillas, le parece terrible.


Ecuación imposible Mónica Cazón

De la antologíaa de Pequeficciones. Ant.: José Manuel Ortiz Soto y Chris Morales


Abuelita lloró durante toda la cena. Las lágrimas licuaron sus ojos
transparentes, mientras nosotros jugábamos en armonía, para que
sonriera. Tratamos de consolarla, pero fue en vano. Luego la
escuchamos hablar por celular:
—¡No entiendo para qué le confesé mi edad, solo números!
Estábamos tan enamorados.
El mundo de los grandes es extraño, ¿tendrá que ver la
matemática con el amor?

Vamos Viendo 11: Mónica Cazón y los zombies de la cultura urbana - Diario  Cuarto Poder

Mónica Cazón (Argentina). Escritora. Licenciada en Ciencias de la
Educación. Especialista en LIJ. Gestora cultural, docente en Plat. Se
desempeña en la UNT. Fundó y coordina #MicroLee, Asociación
Lagmanovich, Microsaurias, Cidelij, y el Ciclo de Lecturas de
Microficción de la BibVal en la Biblioteca del Congreso de la Nación.
Colabora en La Gaceta Literaria y en las revistas: La papa en la
literatura tucumana y otros. Fue traducida al francés, italiano e inglés.
Editó 15 libros.

Fatalidad de Gabriel Ramos y la fuerza de la costumbre

Del libro la fuerza de la costumbre

Fatalidad

Ella era María, él José, se casaron y tuvieron un hijo al que le pusieron Rafael. Rafita murió de una neumonía antes de cumplir tres años.

     Tuvieron dos hijas más seguidas de otro hijo. Les dijeron que repetir el nombre era de mala suerte.

    Ellos no atendieron la advertencia. Rafael II en su cumpleaños 19 asesinó a los dos.

La fuerza de la costumbre

La fuerza de la costumbre

Ayer fui al supermercado, tomé un carrito que fui llenando con todo aquello que hacía falta en casa. Siendo soltero, mis necesidades son pocas; fui a la sección de frutas y verduras, y al colocar en el carro el racimo de uvas me di cuenta que había un cuaderno para iluminar y unas crayolas; por supuesto que yo no necesitaba aquello, no tengo hijos. Pensé que alguien los había puesto ahí por equivocación. Llegué a la caja, pagué y salí del lugar, al llegar a mi auto y accionar el control remoto, la que abrió sus puertas fue la camioneta de al lado; subí y la eché a andar sin problema. Me dirigí a mi casa y la camioneta por alguna extraña razón tomó su propio camino. Me llevó hasta un edificio antiguo en donde automáticamente se detuvo. Sin pensarlo, subí en el elevador hasta el quinto piso, y con la llave que tenía en ese ajeno llavero, entré a un departamento en el que fui recibido por una bella pero extraña mujer que entusiasmada dijo: “Amor, qué bueno que llegaste”; y poco después con gritos de alegría, salió corriendo un niño que preguntó: “¿trajiste mi cuaderno?”.

Gabriel Ramos Zepeda - Mexico, 09, Mexico (23 books)

Pilar Galindo Salmerón Stilettos de la antología de Lilian Elphick:

» O dispara usted o disparo yo»


Éramos de la misma estatura, si hubiera calzado planta baja, no habría habido problema. Pero no, se encaramaba en los tacones para dejarme en ridículo. La última vez fue demasiado lejos, los stilettos miden doce centímetros. Cuando intentaba llevarla por encima del hombro, tenía que ir en puntas de pies y aún así, parecía que ella me apuntalaba. Se lo pedí, llegué a suplicar, pero no me escuchó. Se complacía en ridiculizarme, se atrevió a llamarme «mi pequeñajo». Le saqué un zapato y le aticé con él en la cabeza. Se le quedó bailando en todo lo alto. Me gritaba «¿qué haces, enano?» Entonces empuje el tacón hacía abajo hasta que se quedó callada.
El informe del forense dice que la herida en la cabeza, causa de la muerte, fue hecha con un clavo o algo similar ¿Cómo iba yo a saber que esos tacones llevaban dentro un fleje de acero? En cuanto al móvil del crimen, la policía carece de sensibilidad, nunca medirían el peso de la humillación.
El arma del crimen viaja, con su otro par, camino de Argentina, calzando a mi prima Rosarillo que vive allá.No tienen nada contra mí. Caso cerrado.

Pilar Galindo Salmerón.

Tengo 75 años, estoy jubilada de la Administración Local. Soy madre, abuela y escritora amateur, a
pesar de mis años. Me gusta el mar y la música. Escribir, leer, charlar. Tengo algunos premios: RTE la Caixa. Canal Literatura. Jirones de Azul. El Coloquio de los Perros. Abadía del Perfume.

La habitación 309

Circo para adultos RGG


En esta parte del planeta ven al sexo como un acto circense. Aplauden cuando hago sexo oral y retumban gritos de admiración y envidia cuando he despachado a media docena de ejemplares masculinos, bien dotados. Y es una locura cuando miran que uno de ellos se ha quedado emasculado. Por supuesto que lo que devoro es una copia perfecta de un pene hecho de almendras. solo el administrador del circo sabe que sí soy capaz de hacerlo.

El viejo de los globos Elena Casero, España

Del libro pequeficciones. Antología de Ortiz Soto José Manuel y Cris Morales


Asciende el hombre por la ladera de la montaña. Allá arriba el cielo, oscuro, denso. Pegada a la oscuridad, está la luna y millones de estrellas que guían su camino. El hombre lleva un puñado de globos de colores atados entre sí y sujetos a su cinturón. Globos verdes, rojos, amarillos y azules que mueve el viento y arrastra risas por toda la montaña. El hombre asciende ligero, sonriendo, silbando. Hace coro a las risas que escucha. Las estrellas titilan al compás, como si esperasen la visita. Al llegar a la cumbre desata los globos del cinturón que se escapan livianos hacia la luna. Las risas parecen ensancharse en la noche, libres y felices por fin.
—Abuelo, eso no puede ser cierto. Los niños tristes no viajan a las estrellas en globos de colores.
—¿Estás segura, hija?
—Nunca he escuchado ninguna risa por las noches.
—Hay que prestar atención, observar las estrellas y la cara de la luna.
—Tú sabes que eso es una leyenda, abuelo.
El viejo sonríe, acaricia la cabeza de su nieta y recoge unos hilos escapados de su cinturón.

Elena Casero (España). Técnico de Empresas Turísticas. Jubilada.
Ha publicado cinco novelas: Tango sin memoria, Demasiado Tarde,
Tribulaciones de un sicario, Donde nunca pasa nada y Las óperas
perdidas de Francesca Scotto. Un libro de relatos: Discordancias. Y
uno de microrrelatos: Luna de perigeo. Ha colaborado en distintos
libros de microrrelatos. Y es músico por afición. Toca el oboe y estudia
piano.

Pliegos volantes: La escritora Elena Casero

LAS HOJAS DEL CHOPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Como si fuera oroderretido en los caucesdel río que se alejarevuelan emocionesal paso de las horasson las hojas del chopoque caen en la miradade un tiempo que suspirasoledades…… laten los corazonesabrazadosel camino sonríejunto a la música del aguabajo el soplo del vientoque las deja en la orillamostrando en sus coloresla fuerza de la vidao el […]

LAS HOJAS DEL CHOPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Quintilla de minificciones dos: A.Santa Olaya, F. Sánchez clelo, Lorena Escudero, Lola Sanabria y Ildiko Nassr

Congruencia de Angélica Santa Olaya Mex.

Tras el anuncio de aislamiento total en casa durante la pandemia, la fama del
ermitaño decrecía. Calzó sus sandalias y salió a la solitaria calle para morir con
dignidad.

Fernando Sánchez Clelo Mex.

Cuando se te suba el muerto
—Se me sube el muerto en las noches. No he dormido bien en dos semanas —
me respondió Iker. Su semblante era de un despojo. Me preocupo.
—Tienes que respirar —le dije, porque yo sabía de qué hablaba—. Cuando no
puedas moverte, respira profundo con la nariz y la boca, llena de aire los pulmones y el
diafragma, y así despertarás.
Dos días después volví a verlo en la oficina. Aún tenía un aspecto algo
desmejorado, pero ya sonreía. «Funcionó», dijo y me agradeció el consejo.
Esa noche, en mi cama, me desperté al sentir que alguien se sentaba en el
colchón: era la silueta que años atrás me sujetaba las manos y se subía en mi pecho.
No podía moverme, pero no tuve miedo. «No reveles tu secreto», escuché por primera
vez su voz recóndita que luego se tornó melancólica: «Por favor, ya no lo hagas».
Después de esto, respiré profundo y desperté.
No sé si sea cierta mi idea, pero he pensado que esas siluetas son como niños
aferrados a la falda de su madre: están apegados a la casa en la que fueron felices, al
oro enterrado en ollas, a un amor, a la vida misma. Necesitan la energía de nuestro
miedo para subsistir y nos la roban cuando descansamos; por eso, el «por favor, ya no
lo hagas» que dijo, me hizo sentir compasión. Ya no se lo contaré a nadie, pero quizá
escribiré un minicuento sobre ello.

Buzon de Lorena escudero España

Hoy casi lo consigo, echar las cartas al buzón. Lo llevo intentando desde que
nos dejan salir de nuevo. Pero no es culpa mía que aún no lo haya logrado. Han
cambiado el buzón de sitio, está más lejos. Y no solo eso, las aceras son además más
estrechas, los coches pasan demasiado cerca, casi rozándote. El primer día no pude
pasar de mi calle, los edificios eran raros, parecían doblar sus paredes como juncos
sobre mí. Qué angustia. Pero hoy casi lo consigo. Llegué, de hecho, hasta el buzón.
Solo que al extender el brazo los sobres no parecían caber por la abertura. Mañana lo
intento de nuevo, a ver si el buzón abre sus fauces y se las traga de una vez.

Hoeeoe vacui de Lola Sanabria España

Me despertaba y ahí estaba el león rugiendo y mostrándome las fauces, a un palmo de mi cara, con su aliento a carne cruda. Hora de levantarme de la siesta. En cuanto me incorporaba, él se iba por donde había venido. Luego la tarde discurría plácida. Un paseo por la orilla del mar, la partida de cartas y de vuelta a casa. Pero hace días que me despierto de golpe, angustiado. Abro los ojos y escudriño la penumbra de la habitación. Nada.

Dientes de Ildiko Nassr Argentina

Guarda en una cajita de madera de cerezo todos los dientes. Piezas pequeñas blanco amarillentas que, para un observador distraído podrían pasar por cuentas de un collar roto. Atesora la caja (y su contenido). Le ayudan a llevar la cuenta de los asesinatos: dos dientes por víctima.

De la metamórfosis de Diana del escritor José Manuel Ortiz Soto

Contrareloj

Contrarreloj

Contrarreloj

Tras lenta y pesarosa marcha, la tortuga chef más famosa llegó al reino de Pensar.

—¿Por qué no se me había ocurrido? —La idea saltaba en su cabeza cual conejillo inquieto en la chistera del mago―. El único y verdadero culpable de mi lerdo paso es este incómodo caparazón que llevo a todas partes. ¡Pesa tanto el infame!

La tortuga se despojó de su cubierta y fue a unirse al grupo de cocineros que preparaban la sopa. —¡Dos minutos, cuarenta y siete segundos y veintiocho milésimas! —dijo a los invitados el eufórico Monarca de Pensar, reloj en mano—. ¡Algo nunca visto! —alcanzó a oír la tortuga, antes de que el último trozo de su carne desapareciera tras las fauces de los hambrientos comensales.

Cuentacuentos] Cocina rápida para tortugas 2 - Con peques en Zaragoza

LOS ASTROS LO SABÍAN / Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

¡Ah!, ya cerca de casa después de un día desastroso, hoy me sucedió de todo, nunca pensé que el destino me hiciera pasar por tantos malos ratos, todo me lo complicó, de haber sabido, me preparo o de plano, no voy a trabajar. Me quedé dormida por culpa del despertador que no sonó, como ya […]

LOS ASTROS LO SABÍAN / Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

¿Cómo se te ocurre? — El Blog de Arena

. . ¿Cómo se te ocurre? ¿Cómo se te ocurre escribir un poema? ¿Cómo crees que una palabra detrás de otra palabra puede siquiera llegar a tener algún significado?                              “Brilla en la noche                              el silencio magnífico de las estrellas                              y su luz, su cuña                                             su astilla                                                  filigrana                                 de plata […]

¿Cómo se te ocurre? — El Blog de Arena

TAN TON TIN — manologo

Hay quienes son y quienes se hacen. Los primeros porque padecen de un estado que puede ser congénito y los otros que intentan disimular, mirando al techo y poniendo cara de pregunta. Hay situaciones donde quienes se hacen, no es que sean muchos, pero sí son notorios. Haciéndose, obtienen notoriamente mucho y celebran su premio. […]

TAN TON TIN — manologo