Mayo llegó de invierno, gotas afiladas caen sobre el naranjo, que no sabe dónde guardó la gabardina; él esperaba un chubasco que lo limpiara del polvo cotidiano y no la insolencia de un gota fría y nebulosa que lo estremece.RGG

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Mayo llegó de invierno, gotas afiladas caen sobre el naranjo, que no sabe dónde guardó la gabardina; él esperaba un chubasco que lo limpiara del polvo cotidiano y no la insolencia de un gota fría y nebulosa que lo estremece.RGG

Llegaron al puesto de una comunidad, un anciano y dos jóvenes sin barba.
El viejo pidió tres cervezas.
—Mejor refrescos. Dijo uno de los chicos.
—Los invité y son tres cervezas. Si no hubiera sido por ustedes, la carreta y el caballo seguirían atascados en el lodo del pantano. ¡Salud! Ustedes me salvaron. ¡Salud! Otras tres cervezas.
—No, ya no. Dijo el más chaparro.
Tienen cara de niños, terceo el tendero.
—Claro que sí, dijo el anciano, pero también tienen cara de borrachos. Así que más vale que empiecen temprano para que terminen más pronto.
Salud, salud, salud.
También como Ulises escuché cantar a las sirenas.
Él, el gran capitán;
yo, esclavo remero de la nave.
Él pidió a sus hombres que lo ataran, yo desobedecí la orden de tapiarme los oídos con cera.
A los dos nos hipnotizó el canto de las sirenas.
Así,mientras él imploraba;
Yo remaba hacía su canto.
Él siguió vivo, cada vez más cerca de Itaca.
Tres días floté en el mar, sin cadenas, orlado de espuma y entregado a la delicia de sus voces.

Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

Ha causado mucha expectación la carrera de las montañas. Las apuestas favorecen al representante del Tibet, pero no descarte al Mula del medio oriente.Los momios para occidente están muy abajo; pero todo puede pasar… seguiremos informando.
La cochinilla es excelente para pintar de carmín alimentos veganos. Algunos veganos lo ignoran y cuando lo saben, sienten encontrarse en pecado. Lo expían: hincándose sobre las semillas del maíz y en cada mano una penca de nopal.

El aleteo de su corazón no lo llevó al cielo; lo ingresaron a urgencias.

El coche se detuvo a escasos kilómetros de su destino. Entre la neblina del anochecer visualizó una columna ruidosa que parecía festejar una fiesta de Halloween. Bajó del auto y se incorporó a la fila, que ya regresaba satisfecha de haber conmemorado su día.

Decían que su estilo era húmedo, tibio y colorido; el resultado de tener un cerebro de coral.

Los carpinteros la acarician con la mirada, la miden, la trazan, la cortan y una a una las colocan bajo el sol; las voltean para que se deshidraten; por la tarde, las acuestan una encima de otra, ubicando pequeñas calzas, para que el viento pueda ir y venir y las vacune contra el tiempo. Tiempo después con el ojo afinado la delinean y saben milimétricamente donde pasaran la garlopa, así las piezas medirán lo mismo tanto por el lomo como por la panza. El banco de trabajo despide olores. Huele a tiempo. Ese santo olor de cedro tan íntimo…, tan especial. Ellos transforman el vacío y la soledad, y cuando terminan, cierras la puerta y escuchas su respiración: la casa vive.

Hay soledad, bosques petrificados y solo un hombre con coronavirus.
Al resto, ¿los mató el virus?
No. Se mataron entre ellos.

Un escritor puede escribir lo que le de la gana siempre que sea capaz de hacerlo creer.
O sea tenemos los temas del mundo que son infinitos. El problema reside en la segunda parte «hacerlos creer»
Para llegar a esta segunda parte se requiere oficio y para lograrlo hay que leer, leer, analizar el cómo lo hizo el escritor y escribir y escribir, tallerear, escribir, dejar que el producto se añeje y luego volver a leer y leer y volverlo a escribir. Si quién me lee es un Cortázar, un Rulfo, seguro que lo hará en mucho menos tiempo.
Nosotros los de por acá, que somos muchos, tenemos que sudar el calzón por estar tanto tiempo «culiatornillados» como bien diría el maestro Renato Leduc.
Si es de culo ansioso y no le gusta leer, es mejor que se dedique a otro oficio.

Renato Leduc, en la siguiente entrada: un soneto donde emplea la palabra «culiatornillado».
Es tan cabrón el codiv-19 que ya se reportan brotes en algunos cementerios.

Un conjunto de coronavirus penetra en el tejido adiposo de una muestra recogida de un paciente estadounidense a finales de febrero. Cada virus puede llegar a crear de una sola vez entre 10.000 y 100.000 réplicas. Además, este tipo de virus pueden infectar células cercanas o desplazarse a través de pequeñas gotitas que escapan de los pulmones, de ahí la enorme capacidad de contagio de estos virus. En cada proceso de replicación el virus destruye la célula infectada, por lo que puede acabar causando estragos a los pacientes, que pueden desarrollar neumonía y llegar a morir.
Dañaste a reyes y aldeanos. la mayoría muertos, otros ciegos. En mi perversidad mezclaré tus ácidos para forjarte más letal; me excita saber que un descuido puede ser mi mortaja. Un día, cuando nadie te nombre y solo seas referente, en el mejor aeropuerto te dejaré olvidada. Quince días después renacerás en forma de vesículas hediondas de pus y fatalidad. en la hecatombe te preguntaré desde mi fosa: ¿estás satisfecha?RGG
*La viruela es una enfermedad aguda y contagiosa causada por el virus “variola”. Recibe su nombre del término en Latín que significa “moteado”, haciendo referencia a los bultos y pústulas que aparecen en el rostro y cuerpo de los afectados. Históricamente el virus ha matado al 30% de las personas que lo han contraído. Los que han sobrevivido a menudo quedaban ciegos, estériles, y con profundas cicatrices, o marcas de viruela, en la piel.
La OMS calcula que el virus de la viruela ha sido responsable de más de 300 millones de muertos… solo en el siglo XX.
Pocas gentes en el mundo están protegidas contra la viruela. Como ya no hay casos, ya no se vacuna.
Solo existen dos laboratorios del mundo que albergan partículas virales, pero ¿quién nos asegura que algún político o científico fuera de sus cabales no sea capaz de manipularla geneticamente y dejarla olvidada por ahí…?
Mucha tecnología pero pocos avances hay en el alma de los hombres.
https://www.nationalgeographic.es/ciencia/viruela
En alguna parte del bosque.
La última vez que la vi estuvimos en insana distancia. Me encuentro enfermo desde hace ocho días. Hace quince, le pregunté si le iba a dar gripe.
—No creo, tal vez sea el humo de la leña, me dijo.
Ahora, ella está en cuarentena y yo con dolor de garganta y sin deseos de no hacer nada. “como vivo en soledad no contagio a nadie”
Me hace saber que no puede salir de su casa y que su mamá es la que se encarga de todo. Que vea a su abuelita pero que no me la coma. Cómo le digo que llegaron los de salubridad y se la llevaron al hospital.
Me da vueltas la cabeza no saber porqué la mamá de Caperucita no se enfermó. Cerca de su casa está la tienda, donde va dos o tres veces al día a comprar víveres a la tendera, y de ella refieren, que fue el primer caso de la enfermedad que tiene en un “Jesús” a la comunidad. La buena señora es muy trabajadora; tiene un horno que funciona con leña y hace pan cada tercer día para vender.
El bosque está en silencio y eso no es habitual, aparte de la algarabía de los cotorros hace falta el toc-.toc del hacha del leñador. Sé que cada mes tiene que salir para promover su negocio de venta de leña, o bien para entregar pedidos. Negocio que ha extendido a otras comunidades. Hace más de un mes se fue, sin que lo vea, sé que es él quien camina. Esa manía que tiene de ir pegando con un palo a los árboles, lo delata. Desde esa fecha no he vuelto a saber de él. A quien he visto es a su esposa que sale con un machete a leñar las ramas secas. ¿estará enfermo?
No puedo dejar de pensar que hay gato encerrado, ¿Quién le pegó la enfermedad del coronavirus a Caperucita? La mamá no puede ser, puesto que no se enfermó. ¿Acaso, el leñador fue a visitarla? Sé que la tendera es su clienta y con seguridad pasó a la tienda y de ese lugar, a la casa de la mamá de Caperucita, solo media una cuadra. ¿estaría en insana distancia con el leñador? Eso no me lo contaría, bien sabe que entre el leñador y yo tenemos pleito de tiempo atrás.
Intenté una supuesta relación de los hechos: hace mes y medio se fue el leñador en viaje de negocios. Allá lo contagiaron de la enfermedad, entre el que va y viene transcurrieron ocho días y de regreso pasó a la miscelánea y platicó con la dueña (quizá, él ya empezaba con estornudos), después visitó a Caperucita, tal vez solo la saludo, pero me muerden los celos. ¿Y la abuela quién la enfermó?, ¿sería él?
No pude contenerme y fui a casa del leñador. Pregunté a su esposa y me dijo que él no estaba, que se había ido por el atajo.
—Supe que estuvo enfermo.
—¡Ah!, una gripe que con los remedios que le dio la abuelita se curó rápido. Ya solo de vez en cuando tose.
— ¿Y usted no se enfermó?
— No. Me he sentido muy bien.
Días después leí que algunos no enferman y son los portadores sanos.
Ya vino la niña de rojo, pasó de rápido, Fue a la casa de la abuela que ya la dieron de alta. No pude callarme y suavecito le comenté como no dando importancia.
—Supe que fue el leñador a verte.
—Así es, ¿y eso te pone de malas?
—Para nada… y ¿a qué vino?
—Me trajo una bufanda que tejió mi abuela. Había hecho unas galletas y se las mandé con él. y que aprovechara a preguntarle de un remedio contra la gripe, pues no deja de estornudar.
La acompañé por el atajo y cerca de la casa de la abuela me dio un beso y me dijo…Te quiero. Estaré con mi abue unos días.
