Sendero
Ella no ha dormido. A su lado, el príncipe no ronca, … croa.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Sendero
Ella no ha dormido. A su lado, el príncipe no ronca, … croa.

Sendero
Los truenos se oyen cada vez más cerca. La luz apenas se unta en los bordes y me aterra el relámpago que enciende el almendro y lo exhibe en su fragilidad. Asi veo la radiografía de mi papá, cuando el médico la pone en la pantalla y dice: «llévenlo a terapia intensiva»
Mamá y yo seguimos con la mirada la camilla donde va mi padre.

Sendero
Frente a mí, una bella mujer descruza las piernas y no puedo evitar verle su ropa interior. Ruborizada me dice » ¡ay ya lo retraté! » Una expresión usada en mis días de escolar, por el mismo motivo. Con picardía le contesté: sería mejor si nos tomáramos una de cuerpo entero.

Sendero
La luz traspasa los vidrios de la ventana y se tiende en una sábana color madera proyectando un tablero sobre la cama. Ella, es una reina blanca, él, un alfil negro, que, estremecidos, evocan la reciente victoria..

Sendero
Se sentó y tiró de las sábanas para cubrirse mientras miraba la habitación desconocida. Estaba decorada en ricos tonos joya y la cama era enorme. Se percató que tenía una mano sobre su cadera, por el anillo, reconoció que era la de Toño, el mejor amigo de su marido, que dormía a su lado. Con cuidado se quitó la mano. Fuera de la cama y ya vestida salió hacia la calle. Laura, laura escuchó que la llamaban. Era la voz de su marido.
Laura, laura despiértate que no tarda en llegar Toño.

Sendero
Abrí la cortina, y hubo luz y brisa. La cortina se movía al parejo del rechinido de la cama. Por tu aroma de manzana sabía que estábamos en el paraíso. Sí, también la mirada furiosa de Dios que volvió a expulsarnos.
Me desperté solo, con un dolor intenso en mis costillas. Todavía escuché la voz de la enfermera que gritaba: «¡Traigan el desfibrilador!».

sendero
No cantó el gallo, ni rascaron las gallinas en el patio. Es una mañana fría. El marido ronca como cerdo. La madre se truena los dedos. No hay huevos porque las aves las vendió su esposo para comprar cerveza. Un puñado de frijoles, un caldito de chayotes. ¡No hay nada!. Hizo una maleta, tomó a su hijo y salió a la calle sin rumbo…regresar con su madre, ni loca. Es mejor la providencia.

Rubén García García


Sendero
Por supuesto condesa, en breve, el niño debe de ser alimentado, pues lo que usted le da no será suficiente para su desarrollo. No, mi señora, se debe de ir poco a poco, así sabrá usted que le gusta, que podría hacerle daño. Sí, de preferencia cada tres o cuatro días se le debe de dar un líquido nuevo. Inicie con betabel, y deje a lo último la fresa. ¡Claro!, cuando le salgan los colmillitos, hay que cambiar de alimentación a líquidos complejos, empiece por los de ave que son sencillos de digerir. No condesa, no es recomendable, sería exponer al pequeño a una infección, yo le sugiero que mejor vaya a un banco de sangre. Los cuidados que profesa el banco a su producto es de la más alta calidad. Claro que sí, pida un O Rh positivo que es la fórmula más adecuada para él.

Sendero
Ella, aún te espera. Rubén García García
El camino es árido. Colmado de cansancio vago por encima de los hombros del cerro. Me dice la buena gente que por aquí te vieron por última vez. Ibas mochila al hombro en la búsqueda de escarabajos. Si a la vera aparecen florecillas silvestres diré que son tus ojos, si encuentro un nido de peloteros comprenderé; y si a mi lado una solitaria mariposa me acompaña, entenderé que te has transformado.
Tu madre aún te espera.

Sendero
La mano era fría, y se sentía pesada sobre su cadera. No era una mano humana, seguro que no. Era una pesadilla, eso era todo. Pero la mano seguía allí y ella no podía despertar. Intentó gritar, pero estaba bloqueada, atrapada en su sueño. La mano subió hasta llegar a su pecho, se cerró sobre su cuello, y empezó a apretar. El mundo se fue oscureciendo a medida que la mano la violentaba… intentó salirse de la pesadilla y lo logró: recordó en una brevedad su vida y como si subiera escalones llegó a la cima. Los aplausos de la sociedad, los abrazos de la familia y luego el disparo certero y fatal en su dormitorio; Así volvía a la paz de su muerte.

Sendero
Este hoy tiene silencio y ausencia. Comprendí que el carruaje en que nos instalamos era una calabaza. Permanecer en la montura de un viento que no existe, no tiene lógica ni futuro.
Quizá en el corredor de los sueños, en un día neblinoso, te pregunte ¿nos conocemos?

Sendero
Desperté sobresaltado y vi que la sala estaba llena de una luz brillante. Oía voces que decían que yo había regresado. Lo cierto es que estaba encerrado en una bolsa de plástico. ¿Cómo es que llegué hasta aquí? Fui a una fiesta loca y todos bebían. A punto de partir me tope con una mujer generosa que me puso en las manos una copa…¿me acompañas? y me condujo a un cuarto a media luz, donde un sujeto resoplaba un saxofón. Me dijo al oído: tengo frío, vamos a bailar. Estábamos pegados, muy pegados. Solo sentí un pinchazo en la nuca y minutos después me jalaba de la corbata hacia un lugar desconocido. He aceptado que estoy muerto, que habito dentro de una bolsa negra de plástico. No estoy solo, hay diez cabezas más en la bolsa.

Sendero
El olvido de su ama de recortar su plumaje y cerrar su jaula permitió que el cotorro de cabeza azul escapara hacia la copa del cielo. Se llenó de viento y voló hasta el bosque. Cuando iba hacía la montaña, sintió una mezcla de coraje e inquietud. Regresó como saeta a su casa. No podía aceptar que otro perico, le diese de besos a su ama y que ella rascara otra cabeza que no fuese la suya.

Sendero
Por la mañana, si mamá hablaba sola, había que levantarse. Su voz era una exigencia. De pie para ir por agua al pozo, asearle y darle de comer al chancho y barrer el patio. Se oía el barullo de los cotorros, era un griterío espantoso. Desesperada les tiraba piedras para que se fuesen. Era enérgica la voz de mi madre y hoy solo la escucho en mis recuerdos. La entiendo en su carencia y soledad. Qué no daría por traerla y ¿dónde se fue el escándalo de los cotorros? ¿O acaso los has visto pasar en este cielo sin nubes? me pregunta mi madre.
