No estás y me perturba. El barro desprende olores de tierra mojada y, luego, huye con el viento. Tus labios mudos de besos son guarida de lejanas palabras y mar de mis pensamientos; tengo indiferencia y duele.

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En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción

Siempre habrá un viento fastidiado que jugará haciendo trompos en la pradera hasta que se aburra. Años después, dos mangos adolescentes apuntarán con sus espigas al cielo, darán fruto al pájaro viajero y cobijo a la luna.



Vivió guarecida de la danza, de la gracia, la flauta. No admiró el verde de los helechos, ni los cielos de cobre y magenta. En el tórax tenía un corazón indiferente y jamás tuvo trópicos en la periferia del ombligo. Estaba sobre la mesa, envuelta en una sábana que tenía más vida que ella en vida.
Llegaron en silencio, volaban al capricho del viento que llegaba del mar.
Eran vellones de pelusa que arribaron en miríadas. Miles hacían piruetas columpiándose en un frenesí de saltos mortales.
Nómadas vegetales que sólo por hoy y ahora, Dios les dio la oportunidad de volverse pájaros.



Me mostró su casa – por si vienes una noche, te diré cómo entrar- la pileta, la cocina; rincones que solo ella conocía. Allí, como si fuese mono de plástico, me desinflaba y sonreía diciéndome: “no te muevas, te traeré de comer, debes estar hambriento”.
Hoy me quedé rumiando el recuerdo, el silencio duele, la plática quedó mocha, quieta, enterrada.

Sucede que caes en tristeza. Tuve una que me llevó a lugares sombríos, después a callejones sin salida. Debo admitir que era comedida. Me tomaba del brazo, acicalaba el alma. Una tarde lluviosa me visitó en sueños y untaba su cuerpo en mi pierna. Otra vez llegó a besarme las ingles y se dio cuenta de que había calor y dijo, “¿puedo? Le dije que sí y me hizo suyo; ahora.la tristeza es una alegría que camina por las calles buscando a otro que refleje más desolación.Se fue la lluvia. Las hojas del naranjo dejan pasar al viento. Los azahares del limón se macularon de amarillo pálido. La perra duerme enroscada y, a veces, saca su ojo y mueve la oreja. El cielo parece tablero de ajedrez. Este lunes, como todos los lunes, las gallinas no ponen. El obrero salió en la madrugada a trabajar en la compañía que jode al subsuelo. El sol amodorrado deja ver la luz entre un moteado de nubes. La flor se despertó y me ha mandado su promesa. Camino silbando y en el camino saludo a los vecinos.


