Olvidos

hombre preocupado.

Hace dos días, manejando sin prisa me di cuenta de que iba en sentido contrario. Un grito me detuvo a tiempo, pues a unos cien metros venía un camión de carga . Me orillé. Comprendí el riesgo y moví la cabeza, un escalofrío recorrió el cuerpo. Un mes atrás el médico recetó medicinas para controlar mi presión que alta, pensé que eso sería la causa. Fui a verlo y no encontró mi expediente. Recordé enseguida que cerca hay otro facultativo. Entraba a la sala de espera, me saludó efusivo, me preguntó ¿Ya se encuentra bien su señora? Mecánicamente le dije que sí que  solo pasaba a saludarlo y a decirle el estado de mi esposa. Le mentí y regresé al auto.

Un día con la mujer

paisaje rural

Escucho el aleteo de los murciélagos; hoy la noche ha sido fría y húmeda. ¡será difícil hacer fuego!; Hago café, más agua que café. Despierto al marido, busco un pedazo de pan. Qué se vaya con algo a la milpa.

Se levantan los chiquillos y piden, no saben si hay, pero piden. A las ocho de la mañana, voy corriendo a llevarle el almuerzo. Son tortillas untadas con frijoles y un poco de chile. Comemos, quitamos la hierba. Él se queda trabajando, yo me regreso a preparar un caldo de chayotes. Me llevo a los niños a la cañada para que ayuden a cargar el agua que servirá para cocer los , limpiar los platos. ¡Hay que hacerla rendir!, el doctorcito quiere que nos bañemos diario. No es malo lo que dice.  pero el agua casi nunca alcanza.

Hace mucho que no tengo un hato seco de leña y los que la traen a vender casi no se arriman por aquí, con eso de que el dinero está escaso y los chamacos piden, —ellos no saben si hay— pero piden.

La partida

puerTu silencio era el prólogo. Intuí tu partida, tu paso inexorable. Lo sabía y dejé la puerta entreabierta

Lo prohibido

 

 

que-descubrio-el-dueno-de-un-motel-que-espio-a-sus-clientes-durante-30-anos

Cada beso era para nosotros el último. Disfrutábamos. Recogíamos las prendas tiradas sobre la pelusa de la alfombra del motel. Vestido, recomponiendo la corbata y tomando tus hombros,  y con voz fatigada decía: «esto ya no sucederá», al mismo tiempo que te ofrecía un beso tierno en la redondez de tu pómulo; era uno, dos, pero bastaba para encendernos y terminábamos con las ropas desperdigadas. ¡Todo se resolvió por fin! Fue el día que decapitamos el arrepentimiento.

Una consulta diferente

mujer ancianaEl camino es monótono, crecen yuyos que duermen. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. La luz de la luna alumbra un árbol deshojado, un pájaro de ojos brillantes, canta:

¡Chipiripi! ¡Chipiripi!

En la madrugada, la vieja cubre mi cuerpo con hojas y raíces y el humo de aromas adormece. Cuando despierto mi cara tiene pellejos y en la mejilla nacieron hirsutos vellos. Ella me toma de la mano y juntos caminamos. El sol es intenso, pero mi alma está tan fresca como la menta.

Depresión

 

 

 

depresionGirl_Reading_by_Jean-Baptiste-Camille_Corot_c1868La La encontraron muerta. Bajo de ella; un charco de lágrimas. El médico forense anotó: deshidratación severa por tristeza esencial.

El médico

 

 

medico

fue autopsiado el médico anciano, salieron del corazón parvadas de secretos; unos volaron, otros reptaron hasta diluirse en las aguas del inframundo.

El gusano

 

 

 

orugaEl gusano abrió los ojos. Frente a él había una rosa, rodeada de brillantes hojas. Se arrastró y mirándola le dijo:

—Mamá.

La rosa no encontraba cómo decirle que ella no era su mamá.

El gusano la abrazó por todo el radio, qué linda eres. ¿Así seré de grande como tú?

tímida contestaba, «sí, serás como yo».

El tiempo pasó y la rosa iba deslustrándose, el gusano alimentaba de sus hojas. Luego de sus retoños. Mientras más la destruía, ella más apreciaba al hambriento gusano. Poco antes de caer, la rosa vio con tristeza que su hijo colgaba de una de sus ramas. Para esos días, Ella le llamaba tiernamente “hijo mío”.

—¡Estás enfermo!

Mortificada por no poder ayudarlo. A la mañana siguiente, la rosa escuchó la voz de él. “mamacita, mamacita, te quiero mucho”, abrió los ojos con esfuerzo. Encontró un ser alado, que batía sus alas de colores, dando un instante de arcoíris a pétalos que caían uno tras otro.

—¡Mamá, mamá…!

Ella sonreía satisfecha.

Despedida negra

pareja.
—¿Qué se puede hacer en 10 minutos, — preguntó a su examante
—Esto, dijo ella.
Abrió la blusa y dejo al aire sus pechos canela.
—¿Entonces serán sólo diez minutos…? Dando una entonación burlona.
Se acercó. Besó el sendero de sus montículos y la boca mordisqueo los pezones. Cuando la respiración se transformaba  en silbidos y la erección corría hacía el orgasmo, sintió el piquete de una aguja que penetraba su cuello y traspasaba la médula.
—¡ Esto es lo que se puede hacer!—exclamó ella, poco antes de que él dejase de escuchar.
Se retiró reacomodando su ropa. Miró por última vez el hilo bermellón que salía de la nuca y al mismo tiempo sintió derramarse otro flujo entre las piernas; pero éste provenía de una matriz insatisfecha.

sueños reales

tender-la-cama
—Por favor llévame a tu departamento.
Al despertar vio las sábanas revueltas, colillas, vasos y el recuerdo de una boca en su piel. Encaminó hacia el baño; el vapor apocaba la superficie del espejo, supuso que ella estaría en la tina. Corrió las cortinas con suavidad; no había nadie. Movió la cabeza y murmuró «Malditos sueños, cada vez son más reales».

Eres palabra

maderaEres palabra. Agua que al caminar desprendes olor y murmullo. Melodía de silencio que duerme a mi lado. Hoja que cobija, y cueva que complace. Te siento más que el recuerdo: viva, fresca, constante. Aromática como una tabla desnuda.

 

 

Anuncio de períodico

Renoir Auguste

Se ofrece recompensa a mujer hermosa, febril, sin inhibiciones que excite a marido en receso sexual…con la advertencia de que en el momento que se produzca el efecto, le tape los ojos y me deje su lugar. Puede quedarse si desea.

Pensé que fuiste mía

 

sueño

En el claroscuro se percibe al sol durmiendo la siesta. En ese silencio, el coraje se afila al reclamo de una tarde seducida por las aves. Nada es cierto, ni el sol, ni el silencio ni la tarde. Sólo el peso del mar con sus olas revueltas y bravas; mi palabra es un punto mudo flotando en el radio de una rendija.