Archivo de categoría: FICCIÓN BREVE
Soñando
Es muy noche, las lagartijas se han ido a su escondite. Escucho voces lejanas y el amanecer no tarda. A estas horas pienso en mi amada y me pregunto por los sueños que estará pasando.
Es ella, la veo a tras luz y en silencio. La veo hermosa y bien. Casi quiero acercarme y darle un beso en la mejilla, pero me detengo y solo me toco los labios. La noche brilla, el rio pasa de largo y despierto soñando.
Silencio
Tus ojos tenían instantes de barcos lejanos detenidos en el mediodía. Te dije en silencio, que los años nunca dejaron de existir. Abriste tu ventana y la luna descubrió el hemisferio de tus pechos. Esa noche, el tul de la cortina danzó al vaivén de tu pelo. Te busqué tantas veces, pero nadie dijo nada, sólo los barcos encallados pretendían la palabra, pero las olas furiosas sonantes, rumiaban.
Biografia
Un día nos encontramos en la corriente del río. Fuiste reina blanca, yo, alfil negro; decidimos ser viento para retozar en la tierra. Hubo flores y aromas. También llegaron tiempos amargos, mudos, y el silencio indeseable se hizo salitre.
Fertilizando el fuego
Abrazo tus hombros, beso tu cuello. Mi nariz respira pegado a tu oído. Deja que tus ojos se pierdan a través de la ventana y percibe como recorro tu cerviz. Tu espalda es mar, mis labios barca. Me atrae el canto de tu sirena cuando hincado te prodigo glosas que fertilizan el fuego.
La bimba
la garza hunde su pico en las entrañas. Una y cien mil veces lo hace, obsesa por el manto petrolero que yace en subsuelo. Nada le cansa, ni el sol abrazador; ni la tromba que en los huecos del cielo se gesta.
La garza inmóvil dejó su pico de tubos en el fondo del fondo. El manto aún huele a petróleo y a residuos de riqueza; quieta, presa del silencio basto
Entre los pinos hayku9
El ruiseñor
Silba desde los pinos
Rumora el agua
Makiu, el hada y el león
Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega, deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:
—¿Qué te sucede?
—Es que cuando cierro los ojos, sale un león y me persigue.
El Hada sonríe.
—Eso es fácil de resolver. duerme.
Al cerrar los ojos, Hay un enorme león y que la persigue. Ella abre los ojos y pregunta a la niña:
—¿El león es de melena negra?
—Si. -Dice la niña—a quien se le cierran los ojos.
La madrina se retira, sonríe satisfecha cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sabana y cierra sus ojos, divisando la floración de las azaleas. Entre los tallos y las flores blancas, irrumpe el color negro de una melena y el brillo afilado de unos ojos
Una lengua inflamada
Hay cosas para sopesar y nutrirse. Es un tormento ser capturado por la lengua de un monstruo. No lucharía contra él, lo escucharía pidiéndole que aplaque sus manías verbales. No puedo ni debo quitarle el teléfono. Quizá le regale un pincel y la paleta de colores. Mientras habla me instalo en la montaña que amplía la respiración del alpinista. Camino por la ladera, colmada de árboles callosos, o me voy por el campo de campanas que las mujeres del pueblo fertilizan.
” Aun estás allí” -me dice- Y sigue relatando, las aventuras del portero, con la vecina del diez. y la mujer que llega a las doce y en carros diferentes,
El viento despeina y embellece a una mujer que me piensa.
Las flores de limonaria
Qué lejos se ven los años en el tiempo, que cerca en el recuerdo. De nuevo veo la sonrisa de Noemí, cuando acostados bajo la sombra jugábamos a percibir la nieve con un sol de treinta y ocho grados; los copos eran las flores de limonaria.
Dónde te metes condenada muchacha le gritaba su abuela desde la choza.
Lo que besa la memoria

Jugué con canicas, trompo, balero y carritos de madera. Me gustaba caminar bajo la lluvia y brincar sobre los charcos; ver las mariposas que iban revoloteando y otras marchaban como soldaditos sobre las flores que abrían después de la lluvia. Lo mejor lo daba mamá: besos, abrazos sin ton ni son; café con leche por la mañana y pedacitos de harina que cocía en su estufa de petróleo. Ella decía que eran gatitos y yo me abrazaba a sus piernas.
Día para recordar
Puede ser de gota fina y fría o gruesa y golpeadora. El sol quemante, mediodía, domingo. Guayabera azul, manga larga, pantalón negro a la medida. Llevaba dos cuadras y todo cambio; el cielo se hizo negro y empezó el agua; sólo faltó que cayera un pez. Regresé a casa encabronado y con los zapatos de tela hechos mierda. Ha salido de nuevo el sol, es esplendoroso y falso.
Las pulgas y la peste

Por Asia llegamos a Europa montando a las ratas. Nuestro paso dejó huellas por el número de vidas que segamos. Qué grandes nos sentíamos al conducir a millones de roedores. La sangre de la rata era amarga y la del humano dulce. Por cada familia, sólo quedaban dos para contarlo. Si Atila fue el azote de Dios, nosotros lo fuimos de los hombres.
Sin olvido


No es de extrañar que cruce de árbol en árbol dejando en cada rama evidencias que seducen a la caracola más exigente.





