pareja-Portraits8
Eran las cuatro de la mañana de una madrugada fría. Cerré los ojos, escuché mi pulso acelerado al recostar de lado mi cabeza. Respiré hondo,Volvió mi sueño: corría con todo mi aliento. Una grieta abierta en la tierra me perseguía. En la lejanía un coro cantaba. Cuando desperté, la cabeza de mi esposa y la mía rodaban por la pendiente hacia la fisura. Me incorporé, tomé a mi mujer y corrí; segundos después el temblor desmoronó la construcción. Dos cachetadas me volvieron a la realidad. La voz aguda resonó: “Deja dormir, con una chingada, ya van dos veces que me traes a la sala”.