Consejos para escribir. E. A. Poe (1) Así lo interpreto, RGG

Conoce de antemano el final

Se breve

Tienes que saber de antemano el efecto que quieres conseguir

 

Cuando Edgar nos dice que seamos breves, tampoco nos dice que seamos lacónicos. Brevedad de ninguna manera quiere decir síntesis. Si a un cuento de mil palabras le restamos doscientas palabras y no altera la belleza y función de la prosa, nos habla de que dichas palabras estaban sobrando.

Tome un párrafo y trabaje con sustantivos, pode todo adjetivo y adverbio y si funciona que mejor, pero si no es así, piense muy bien que adjetivo o adverbio puede insertarse. De tal manera que al leerlo se distinga por claridad, sencillez y un aroma que su estilo le de.

Cuando Edgar Allan nos refiere que debemos de  conocer  de antemano el final. Algunos escritores, así lo hacen. Yo, no siempre conozco el final, algunas veces sí, pero no es seguro que lo escriba tal cual lo imaginé.

cuando Po  refiere que hay que saber de antemano el efecto que quieres conseguir, inmagino que se refiere a lo que dice David Olier:

«…Una vez que ya tienes tu tema, conviene que pienses en el efecto que quieres transmitir. No me estoy refiriendo a que pienses en su género (aunque conviene que tengas claro por dónde vas a ir), sino a que te preguntes si quieres asustar a tu lector, si quieres que se ría, hacer una crítica social que haga reflexionar a tu lector… O si quieres que se pregunte todo el rato qué es lo que pasa y mantenerle en vilo hasta el final.»

https://cabaltc.com/como-escribir-relato-corto

Su comentario es valioso, seguramente lo agradecerán los que se inician en el placer de escribir y escribir bien.

Resultado de imagen de cuadro de mujer escribiendo

Del Chōka al Haiku: Una muy breve incursión en la poesía japonesa por Arquímedes Ruiz Columbié

Quién pudiera ser poeta”
J.L. Borges
Todo para indicar que los especialistas en literatura japonesa disfrutan de una suerte sólo
reservada a muy pocos expertos: ellos conocen muy bien los años de sus primeras
publicaciones. Como ha ocurrido siempre, dicha literatura fue precedida por una oralitura
cuyos orígenes se pierden en el tiempo, pero hoy se puede asegurar que la primera
antología de poemas japoneses, el Manyōshū, fue publicada en el año 759 ne. Sólo dos
publicaciones precedieron a dicha antología: el Kojiki (712 ne), un compendio de
mitología, y un libro de crónicas llamado Nihon Shoki (720 ne). Pareciera que con la
publicación relativamente tardía de versos, aquella lejana literatura marcaba una
anticipada diferencia con la aún por descubrir literatura occidental.
Otro de los grandes contrastes entre la literatura occidental y su homóloga japonesa es la
presencia temprana en esta última de mujeres creadoras, pues como ya ha sido señalado
por diferentes autores (1)
, a pesar de la presencia en el Manyōshū de un número mayor de
hombres y un consecuente tono masculino, a lo largo de la historia posterior las autoras
lograron recuperarse de esa desventaja inicial y establecieron una fuerte impronta,
especialmente entre los siglos VIII y XII. Vale apuntar también que los hombres
2
presentes en la mencionada antología escribieron principalmente chōkas o poemas largos,
de cincuenta a cien versos, los cuales destacan por un tono externo, sin lugar para las
emociones y los asuntos íntimos. Por oposición, las poetisas mostraron poco interés por
el chōka, y preferíeron el tanka, un poema breve de cinco versos con métrica 5-7-5-7-7,
donde desplegaron su sensibilidad femenina. Los primeros tres versos del tanka, el
kaminoku o frase alta, evolucionaron eventualmente hacia lo que sería el haiku.
Por si fuera poco, un accidente de carácter socio-lingüístico parece haber producido aún
mayor extraneza en la evolución literaria del Nihon. Si bien la introducción del kanji o
caracteres de escritura china hizo posible el surgimiento en Japón de las obras escritas,
esto implicó también que muchos autores decidieran escribir en lengua china, lo cual fue
entonces considerado de buen gusto (algo semejante pasaba casi al unísono en Europa
con el uso del latín en detrimento de las lenguas “vulgares”). La alta sociedad nipona
decidió competir con la vecina civilización continental, algo que aún ocurre en nuestros
días aunque a la inversa, e impuso como norma y condición de ascenso la composición
literaria en lengua china. Todos sabemos que ese tipo de imposición tiende a empobrecer
al arte y a la literatura, los cuales sólo florecen en un ambiente de auténtica libertad. Los
autores que se ciñeron a dichas normas terminaron escribiendo obras eruditas aunque sin
energía, mientras que las mujeres, a las que entonces no se les exigía ninguna aspiración
social, se mantuvieron escribiendo en la lengua vernácula y lograron expresar con
naturalidad y belleza sus emociones y experiencias. Mientras los hombres insistían en
escribir en chino, las mujeres incluso aceptaron al kana (escritura silábica introducida en
el siglo IX), y salvaron a la literatura nacional de una decadencia irreversible a la que la
supeditación foránea irremediablemente hubiera llevado. Es el caso de las literaturas
coreana y vietnamita, donde lo vernáculo fue desplazado por la invasión cultural china (2)
.
Hay una grandeza y un caracter único en esa hazana cultural realizada por las escritoras
japonesas. Una hazana al parecer sin paralelos en la literatura occidental. En particular,
puede hablarse de una época de oro para las poetisa de la corte Heian, en el ya
mencionado período (siglos VIII al XII), cuando impusieron al tanka como la expresión
poética clásica genuinamente nacional, relegando el chōka al olvido. Está claro que la
brevedad intrínsica del tanka no permitía espacio para la elaboración de temas muy
profundos, y para esos menesteros los escritores parecieron preferir la prosa, pero en ese terreno también destacaron las novelistas, y como consecuencia la posición de las
mujeres alcanzó niveles sólo superados en años recientes. El régimen feudal japonés
(shogunato, finales del siglo XII hasta 1868) cerró el período Heian, y no es hasta la
Constitución de 1947, bajo la ocupación aliada, que a las mujeres se les restaura la
igualdad de derechos. No obstante, los ya mencionados siglos dorados marcaron para
siempre a sus obras con un sello femenino indiscutible donde la melancolía devino la
emoción primordial (al parecer en cinco versos de muy corta métrica no hay espacio para emociones más dolorosas). Un ejemplo extraído del Manyōshū pudiera ilustrar aún
mejor cuanto hasta ahora he intentado resumir (traducción al español del autor):
Kimi matsu to Esperándote
waga koioreba con enorme anhelo
waga yado no esas persianas
3
sudare ugokashi de mi ventana vibran
aki no kaze fuku. con el viento de otoño.
(autora: Princesa Nukada, 630- 690, “Pensando en el Emperador Tenji”)
Se puede descubrir de inmediato la ausencia de rima en los versos de este tanka, aunque
sí un respeto por la norma métrica (5-7-5-7-7); sólo la anáfora en los versos segundo y
tercero (repetición de la palabra waga al inicio de dichos versos) pudiera semejar a lo que en lenguas romances entendemos como parte del ejercicio poético. La clave a semejante problema la ofreció Jorge Luis Borges cuando declaró:
…Cuando yo era joven todos sentíamos la gravitación de Lugones.
Lugones había dicho que la metáfora era un ingrediente esencial
de la poesía. Ultimamente, se ha estudiado, a través del inglés y
el alemán, la poesía japonesa. No hay una sola metáfora, como
si sintieran que cada cosa es única, que no puede ser transformada
en otra…es la ausencia de la metáfora…Creo que lo esencial en el
verso es la cadencia. El verso tiene que tener, esencialmente, música,
música verbal. El verso tiene que ser grato al oído. Para los chinos
y japoneses, el verso tiene que ser grato a la vista…(3)

La no existencia de rima tiene que ver con el hecho claro de que todos los versos
terminan en vocal. Tanto el tanka como el derivado haiku son siempre poemas muy
breves donde deben confluir, para ser eficaces, la sencillez del lenguaje impuesta por la
brevedad con la complejidad de lo sugerido a través de la imagen “visual”. Estas
características parecen estar vinculadas a aspectos muy profundos de la relación
pensamiento- lenguaje y como ésta se realiza en la cultura que aquí nos ocupa. Sin la
intención de profundizar demasiado en este asunto, podría enunciarse que la lengua
japonesa posee un sistema ideofónico mucho más amplio que las lenguas occidentales, y
usa palabras de origen onomatopéyico con mucha más extensión y trascendencia en la
escritura (4)
. Incluso, las vocales aisladas y en combinación pueden formar palabras y
frases enteras. Tales recursos resultan ajenos al hacer poético occidental (5)
.
El haiku crece entonces en un contexto muy peculiar. El año de 1868 fue muy
importante para la historia y la literatura del Sol Naciente. El emperador Meiji asume el
poder absoluto y promete acabar con la ignorancia y modernizar el país al mejor estilo
occidental. Ya antes de ese año, los poetas que reaccionaban con el entonces agotado
tanka escogían entre dos formas fundamentales de expresión: el haiku, y la escritura en
lengua china. La primera alternativa era auténticamente nacional, la segunda estaba
finalmente condenada a desaparecer ante los embates de la cultura occidental. Al inicio
hubo imitación, mientras los poetas japoneses se adaptaban a las nuevas influencias, mas el gusto tradicional por la alternancia de versos de 5 y 7 sílabas sobrevivió, mientras
abrían el espectro temático en reacción contra los agotados asuntos medievales. Llama la
atención que fue el simbolismo francés la corriente literaria de mayor impacto en la
4
nueva poesía, tal vez por el encanto parisino de aquella época, pero sobre todo por las
excelentes traducciones de los poemas irrepetibles de Baudelaire, Mallarmé y Verlaine.
Francia era entonces el sueño dorado de todos los poetas alrededor del mundo. Habría
que apuntar también que existía cierta semejanza entre los cánones estéticos del
simbolismo francés y el entonces ascendente haiku: ambos pretendían empujar al lector a un estado emocional similar al que había tenido el autor de los versos: la explicación del poema resultaba intrascendente, lo que importaba era el estado emocional que el poema generaba. Ambas escuelas basaban sus expectativas en la ambigüedad del habla y de sus símbolos. La lección aún está vigente en nuestros días.
Desde de un punto de vista formal el haiku tradicional es definido como un poema de tres versos con métrica 5-7-5 para totalizar 17 sílabas. Es importante destacar que ya aquí hay una ligera simplificación occidental, pues la sílaba como la entendemos nosotros es mucho más larga de pronunciar que el análogo onji japonés. Los japoneses pronuncian sus vocales mucho más rápido que nosotros las nuestras, y las traducciones en promedio son casi sistemáticamente más largas al recitarse. Se estima que para equiparar los tiempos de lectura, el haiku occidental debería tener de 10 a 12 sílabas. Tal brevedad impondría mayores retos a la composición, y lo que la mayoría de nosotros vería como una limitación podría convertirse en mayor espacio creativo para el lector. El haiku tradicional tiene además otro ingrediente formal que es a menudo ignorado. Se trata del kireji, una palabra que sirve como pausa para dividir el haiku en dos partes, una de 12 onjis y otra de 5. Junto al kigo, la palabra que marca la estación del año, el kireji es una remembranza del renga, un tipo de poema largo de composición colectiva y franco caracter lúdico que precedió al haiku. Una pequeña muestra de tres autores de haiku tradicional servirá para ilustrar lo antes expuesto (7):
Furike ya Vieja fuente…
kawazu tobikomu una rana salta hacia
mizu no oto tu acuoso ruido
(Bashō)
Fuji hitotsu Fuji en soledad
uzumi nokoshite alta presencia imponen:
wakaba kana ¡las hojas nuevas!
(Buson)
Kumo o fumi ¡Andan las nubes
kasumi o sūya robando toda niebla!
agehibari la alondra asciende
(Shiki)

En las tres traducciones, los signos de puntuación al final de los versos simulan el kireji.
El lector debe notar también como una imagen visual es fácil de extraer, y esas imagenes
visuales ofrecen la pista sobre el kigo o estación del año.
5
Es imposible agotar en pocas cuartillas toda la diversidad que el haiku posee. Baste decir
que éste ha sido cultivado con fruición en Occidente, con variaciones ocasionales de
métrica, pero siempre intentando evocar a los sentidos, crear esa imagen visual apelativa
que exige la tradición, y con intención inconfesa de arrastrar al lector a completar los
versos. Como cultivadores en español merecen mención especial Jorge Luis Borges y
Mario Benedetti (6)
, quienes parecieron jugar cuando lo incursionaron. Entre nuestros
contemporáneos existen aproximaciones por parte de aquellos que exploran el ripio
literario y el epigrama, en los cuales se pretende también la colaboración del lector para
recrear el poema. Sin embargo, por su naturaleza el epigrama suele ser mucho más
tendencioso que el haiku, con más espacio para la subjetividad y sin una métrica estricta,
en tanto que el ripio literario se toma aún mayores libertades (8)
.
Cierro esta muy breve exploración del haiku con uno de mi propia cosecha, a la espera de
que los lectores lo disfruten y puedan identificar los elementos formales antes descritos,
pero sobre todo la imagen visual que le antecedió. Es tiempo para ustedes.
Un viento leve
arrulla a la hojarasca,
bendito sueño.
Arquímedes Ruiz Columbié, San Angelo, Texas, Agosto- Septiembre del 2009
Referencias y Notas
(1) Donald Keene: La Literatura Japonesa entre Oriente y Occidente, El Colegio de
México, Guanajuato, 1969, 154 páginas. En particular, el capítulo 3, página 36
(2) Donald Keene, ibid, página 41
(3) Jorge Luis Borges, 1985: Literatura/ Sueño/ Realidad, La última conferencia de
Borges, Colegio Ward, Gran Buenos Aires, Septiembre 5 de 1985;

Haz clic para acceder a 210109_0043.pdf

(4) (5) En 1985, Dr. Tadanoku Tsunoda publicó un polémico libro titulado “El cerebro
japonés: su unicidad y universalidad” en el que planteó el papel primordial que juega
el lenguaje en la activación de los hemisferios cerebrales. En su teoría, basada en
experimentos realizados con sujetos de diferentes culturas, Tsunoda sostiene que en las
respuestas a los sonidos en los hemisferios cerebrales japoneses difieren claramente de
las respuestas observadas en sujetos occidentales. El hemisferio cerebral izquierdo
japonés procesa un amplio rango de sonidos, tanto lingüísticos (vocales y consonantes)
como no lingüísticos (expresiones emocionales, sonidos naturales), mientras el rango de
sonidos recibidos por su homólogo occidental resulta ser mucho más estrecho, limitado
6
fundamentalmente a lo lingüístico, dándole más oportunidades al hemisferio derecho para
trabajar en los otros tipos. En promedio, el hemisferio cerebral derecho en los japoneses
resulta ser muy poco usado. La actividad cerebral en ellos parece asemejar a la de los
estudiantes en vísperas de un examen difícil: el hemisferio izquierdo sufre sobrecargas.
(6)http://www.terebess.hu/english/haiku/borges.html;
http://www.terebess.hu/english/haiku/benedetti.html
(7) Harold G. Henderson: An Introduction to Haiku, Doubleday Anchor Books, NY,
1958, 179 páginas. Matsuo Bashō (1644 – November 28, 1694) fue el poeta japonés más
famoso del período Edo (1600- 1868). Es reconocido hoy como un maestro del haiku
tradicional; Taniguchi Buson (1716-1784), fue poeta y pintor, solo segundo de Bashō en
el arte del haiku; Masaoka Shiki (1867- 1902) lidereó la renovación de la poesía
japonesa a finales del siglo XIX. Otra referencia importante para aquellos que se inician
en estos menesteres es William J. Higginson: Haiku Handbook, Between Two Rivers,
NY, 1985, 331 páginas.
(8) Le debo a los lectores un análisis más profundo de ese comentario final sobre los
puntos de contactos entre el haiku y otras formas más occidentales. Considero que
aquellos que cultivan la poesía breve intentan resaltar la existencia de un diálogo autorlector, el cual insiste en el carácter cuasi-colectivo de la creación literaria. La poesía
breve, el textículo y el miniensayo parecen ser elementos de una tendencia de algunos
escritores contemporáneos por escribir pensando en el lector y el poco tiempo que éste
tiene para los “ladrillos literarios”. Hace unos años llamé a esta tendencia extremo
minimalismo, pero Rosa María Muiña acuñó lo que creo es un mejor término: miniminimalismo. Eventualmente algo tendremos sobre el tema.

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Vicios del lenguaje, para recordar

Los tipos de vicios de la lengua ya los hemos sugerido en la propia definición, unos son de construcción sintáctica… y los demás de léxico (aparte de los orales).

 

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Los vicios de construcción son errores manifiestos en la sintaxis, la concordancia, la conjugación de los verbos, los relativos, el uso de preposiciones, etc. Vamos a ver los más comunes y conocidos:

SOLECISMO: HACE REFERENCIA EN GENERAL A LA FALTA DE SINTAXIS, O AL USO INCORRECTO DE EXPRESIONES IDIOMÁTICAS.

  • Cuando faltan o sobran letras, por ejemplo en “dijistes”  (lo correcto es dijiste),  “a grosso modo” (lo correcto es grosso modo)
  • Uso indebido de unas palabras por otras: Habemos más vecinos que autos (lo correcto es «somos«).
  • Dequeísmo, cuando se usa el “de que” incorrectamente; ejemplos:

Dijo de que vendría mañana [el “de” sobra].

Opino de que es imposible olvidarlo [la preposición sobra].

  • Queísmo, cuando se trata del fenómeno contrario, en el que falta la preposición:

No te olvides sacar el perro [falta la preposición “de”, puesto que el verbo la exige].

  • Cosismo, cuando se usa el vocablo “cosa” constantemente en el texto.
  • Verbos comodines, cuando se los usa en exceso: hacer, poder, lograr, etc.
  • Monotonía es la falta de léxico rico y variado en un texto, por pereza o desconocimiento.
  • Pleonasmo, que consiste en el empleo de palabras innecesarias; ejemplos:

Persona humana [sobra “humana”, por definición de persona].

Volar por el aire [sobra “por el aire”, por definición].

Me parece a mí que… [sobra “a mí”, ya que está contenido en el “me” inicial].

 

El cadáver fue encontrado muerto dentro de su automóvil [sobra “muerto”].

Mas sin embargo [“mas” y “sin embargo” representan lo mismo].

No obstante lo dicho anteriormente, existen excepciones, por ejemplo la frase: ¡Lo vi con mis propios ojos!, que podría considerarse un pleonasmo, las Academias de la Lengua Española la aceptan como una licencia literaria para darle más fuerza a la expresión. Por tanto, los vicios de la lengua son relativos en parte.

  • Anfibología, doble sentido, mala construcción de la oración (cuando no es intencionada):

Me voy a lavar => la oración es correcta, pero da lugar a anfibología, porque tanto puede significar “voy a lavarme” (a mí mismo) como “voy a lavar [“el coche”, por ejemplo].

Pero la anfibología también es una figura retórica usada por los escritores precisamente para dar una sensación de ambigüedad, en ese caso no pertenece a la sección «vicios de la lengua».

  • Cacofonía, cuando se repiten las mismas sílabas o letras:

La atroz zozobra del barco…

  • Redundancia: repetición innecesaria y errónea, por ejemplo “sube arriba” o “baja abajo”.

BARBARISMO: SE REFIERE AL MAL USO DEL LÉXICO EN GENERAL. HAY MUCHOS TIPOS DE ESTA CLASE DE VICIOS DE LA LENGUA:

  • Arcaísmo: uso de términos poco habituales, o casi sin uso:

Depende mucho del lugar: “platicar” está completamente en desuso en España, pero sigue vigente en México. Es un arcaísmo en España, pero no en México. El abuso de arcaísmos en un texto se considera incorrecto.

Algunos otros arcaísmos: conseja (por cuento), asaz (por bastante), yantar (por comer), aguamanil  (hoy inexistente, especie de palangana para limpieza de manos), etc.

  • Extranjerismo, uso de términos propios de lenguas extranjeras:

Barman, best-seller, number one, backup, consulting, etc. Todos ellos tienen equivalentes en español, como camarero ( o mesero en ciertas partes de América), superventasnúmero uno, copia de seguridadconsultoría, etc.

Otra cosa son aquellos extranjerismos sin equivalente o traducción, como “software” o “jazz”, que simplemente se resaltan con comillas o cursiva, para dar a entender que no son propios de nuestra lengua.

  • Neologismo: son palabras nuevas, generalmente compuestas y poco asentadas. Su abuso también se considera inadecuado. Por ejemplo… dialogismo, gestáltica, resemantización, etc.

Muchos neologismos se utilizan en especialidades científicas, como psicología, físico-química, lingüística, etc. En ese ámbito, su uso es normal y adecuado.

**************

En fin, este artículo sobre los vicios de la lengua ha sido un resumen apretado y no exhaustivo de los principales errores que cometemos al escribir. Sólo es cuestión de pensar un poco y de tener muy claros los conceptos gramaticales, que iremos desarrollando en distintos artículos.

Si te ha gustado el «post» (entrecomillado y en cursiva, además de negrita, para dar a entender que es una expresión foránea), no te olvides comentarlo abajo, o bien de compartirlo en tus redes sociales favoritas. Gracias.

Lo que no se debe de hacer de José Luis Borges

La enumeración caótica.

Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.

El antropomorfismo.

La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.

Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.

Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.

En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.

Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etcétera.

Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.

La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.

En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.

En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.

Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.

Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.

(Buenos Aires, 1899 – Ginebra, Suiza, 1986) Escritor argentino considerado una de las grandes figuras de la literatura en lengua española del siglo XX. Cultivador de variados géneros, que a menudo fusionó deliberadamente, Jorge Luis Borges ocupa un puesto excepcional en la historia de la literatura por sus relatos breves.

JAunque las ficciones de Borges recorren el conocimiento humano, en ellas está casi ausente la condición humana de carne y hueso; su mundo narrativo proviene de su biblioteca personal, de su lectura de los libros, y a ese mundo libresco e intelectual lo equilibran los argumentos bellamente construidos, simétricos y especulares, así como una prosa de aparente desnudez, pero cargada de sentido y de enorme capacidad de sugerencia.

Recurriendo a inversiones y tergiversaciones, Borges llevó la ficción al rango de fantasía filosófica y degradó la metafísica y la teología a mera ficción. Los temas y motivos de sus textos son recurrentes y obsesivos: el tiempo (circular, ilusorio o inconcebible), los espejos, los libros imaginarios, los laberintos o la búsqueda del nombre de los nombres. Lo fantástico en sus ficciones siempre se vincula con una alegoría mental, mediante una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico.

Ficciones (1944), El Aleph (1949) y El Hacedor (1960) constituyen sus tres colecciones de relatos de mayor proyección. A pesar de que su obra va dirigida a un público comprometido con la aventura literaria, su fama es universal y es definido como el maestro de la ficción contemporánea. Sólo su ideario político pudo impedir que le fuera concedido el Nobel de Literatura.

Biografía

Jorge Luis Borges procedía de una familia de próceres que contribuyeron a la independencia del país. Un antepasado suyo, el coronel Isidro Suárez, había guiado a sus tropas a la victoria en la mítica batalla de Junín; su abuelo Francisco Borges también había alcanzado el rango de coronel. Pero fue su padre, Jorge Borges Haslam, quien rompiendo con la tradición familiar se empleó como profesor de psicología e inglés. Estaba casado con la delicada Leonor Acevedo Suárez, y con ella y el resto de su familia abandonó la casa de los abuelos donde había nacido Jorge Luis y se trasladó al barrio de Palermo, a la calle Serrano 2135, donde creció el aprendiz de escritor teniendo como compañera de juegos a su hermana Norah.

En aquella casa ajardinada aprendió Borges a leer inglés con su abuela Fanny Haslam y, como se refleja en tantos versos, los recuerdos de aquella dorada infancia lo acompañarían durante toda su vida. Con apenas seis años confesó a sus padres su vocación de escritor, e inspirándose en un pasaje de Don Quijote de la Mancha redactó su primera fábula cuando corría el año 1907: la tituló La visera fatal. A los diez años comenzó ya a publicar, pero esta vez no una composición propia, sino una brillante traducción al castellano de El príncipe feliz de Oscar Wilde.

En el mismo año en que se inició la Primera Guerra Mundial, la familia Borges recorrió los inminentes escenarios bélicos europeos, guiados esta vez no por un admirable coronel, sino por un ex profesor de psicología e inglés, ciego y pobre, que se había visto obligado a renunciar a su trabajo y que arrastró a los suyos a París, a Milán y a Venecia hasta radicarse definitivamente en la neutral Ginebra cuando estalló el conflicto.

Borges era entonces un adolescente que devoraba incansablemente la obra de los escritores franceses, desde los clásicos como Voltaire o Víctor Hugo hasta los simbolistas (BaudelaireVerlaineRimbaudMallarmé), y que descubría maravillado el expresionismo alemán, por lo que se decidió a aprender el idioma descifrando por su cuenta la inquietante novela de Gustav Meyrink El golem.


Borges a los 21 años

Hacia 1918 lee asimismo a autores en lengua española como José HernándezLeopoldo Lugones y Evaristo Carriego, y al año siguiente la familia pasa a residir en España, primero en Barcelona y luego en Mallorca, donde al parecer compuso unos versos, nunca publicados, en los que se exaltaba la revolución soviética y que tituló Salmos rojos.

En Madrid trabará amistad con un notable políglota y traductor español, Rafael Cansinos Assens, a quien extrañamente, a pesar de la enorme diferencia de estilos, proclamó como su maestro. Conoció también a Valle-Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Ortega y Gasset, a Ramón Gómez de la Serna, a Gerardo Diego… Por su influencia, y gracias a sus traducciones, fueron descubiertos en España los poetas expresionistas alemanes, aunque había llegado ya el momento de regresar a la patria convertido, irreversiblemente, en un escritor.

La juventud ultraísta

De regreso en Buenos Aires, en 1921 fundó con otros jóvenes la revista Prismas y, más tarde, la revista Proa; firmó el primer manifiesto ultraísta argentino, y, tras un segundo viaje a Europa, entregó a la imprenta su primer libro de versos: Fervor de Buenos Aires (1923). Seguirán entonces numerosas publicaciones, algunos felices libros de poemas, como Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929), y otros de ensayos, como InquisicionesEl tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, que desde entonces se negaría a reeditar.

Durante los años treinta su fama creció en Argentina y su actividad intelectual se vinculó a Victoria Ocampo y Silvina Ocampo; las hermanas Ocampo le presentaron a su vez a Adolfo Bioy Casares, pero su consagración internacional no llegaría hasta muchos años después. De momento ejerce asiduamente la crítica literaria, traduce con minuciosidad a Virginia Woolf, a Henri Michaux y a William Faulkner y publica antologías con sus amigos; frecuenta a su maestro Macedonio Fernández y colabora con Victoria Ocampo en la fundación de la emblemática revista Sur (1931), en torno a la cual se moverá lo mejor de las letras argentinas de entonces (Oliverio GirondoEnrique Anderson Imbert y el mismo Bioy Casares, entre otros).

 

En 1938 fallece su padre y comienza a trabajar como bibliotecario en las afueras de Buenos Aires; durante las navidades de ese mismo año sufre un grave accidente, provocado por su progresiva falta de visión, que a punto está de costarle la vida. Al agudizarse su ceguera, Borges deberá resignarse a dictar sus cuentos fantásticos, y desde entonces requerirá permanentemente de la solicitud de su madre y de su amigos para poder escribir, colaboración que resultará muy fructífera. Así, en 1940, el mismo año en que asiste como testigo a la boda de Silvina Ocampo y Bioy Casares, publica con ellos una espléndida Antología de la literatura fantástica, y al año siguiente una Antología poética argentina.

En 1942, Borges y Bioy se esconden bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq y entregan a la imprenta unos graciosos cuentos policiales que titulan Seis problemas para don Isidro Parodi. Sin embargo, su creación narrativa no obtiene por el momento el éxito deseado, e incluso fracasa al presentarse al Premio Nacional de Literatura con sus cuentos recogidos en el volumen El jardín de senderos que se bifurcan (1941), los cuales se incorporarán luego a uno de sus más célebres libros, Ficciones (1944), obra con que se inicia su madurez literaria y el pleno reconocimiento en su país.

Charles Bukowski, si deseas ser escritor

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

Escritor americano, Charles Bukowski fue uno de los autores más influyentes en la literatura americana del siglo XX gracias a su estilo personal, transgresor y cargado de sentimientos en estado puro.

Nacido en Alemania y criado en la ciudad de Los Ángeles, Bukowski estudió periodismo sin llegar a terminar sus estudios. Tras esta etapa comenzó a escribir al tiempo que viajaba por los Estados Unidos realizando todo tipo de trabajos.  Fue después de sufrir un colapso debido a una úlcera sangrante que comenzó a escribir poesía. La mayor parte de esta época (años 50) fue descrita por Bukowski en varios de sus relatos autobiográficos.

Durante la década de los 60, Bukowski trabajó como cartero y comenzó a publicar sus escritos en revistas como The Outsider y a colaborar para medios independientes como Open City Los Ángeles Free Press.

En 1969 decidió dedicarse en exclusiva a la escritura gracias a la confianza mostrada por su editor John Martin. Su primera obra, El Cartero, fue publicada ese mismo año. A esa novela seguirían otras tan famosas como FactótumHollywood Pulp, además de numerosas antologías como La máquina de follar Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones; también hay que destacar las recopilaciones de sus artículos en prensa como Lo que más me gusta es rascarme los sobacos.

La obra de Bukowski influyó tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo y su obra fue traducida a más de doce idiomas. Su vida inspiró la película Ordinaria locura y también Barfly, cuyo guión fue escrito por el propio autor.

Charles Bukowski murió en San Pedro el 9 de marzo de 1994.

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La coma criminal y su excepción

Normalmente, cuando hablamos de puntuación, se suele decir que el castellano goza de una cierta libertad. Es cierto, pero no hay que olvidar que, a pesar de esto, existen las llamadas comas obligatorias y las comas prohibidas. Hoy vamos con una coma prohibidísima (de hecho, también se la llama coma criminal): la que se suele colocar entre sujeto y verbo.

Esto se resume de manera muy sencilla: entre el sujeto y el verbo no se pone coma. Sí se puede meter algún inciso entre ambos (y los incisos van siempre entre dos comas), pero nada más. No se escribe coma entre sujeto y verbo. Así de tajante.

María y Carmen, van de compras todos los días. ×
María y Carmen van de compras todos los días. 

Ahora metemos un inciso; en este ejemplo, primero una aposición y luego una subordinada concesiva (las de aunque). Como veréis, los incisos llevan coma antes y después para delimitarlos. Si no llevaran dos, sería incorrecto.

María y Carmen, las hijas de Juan, van de compras todos los días. 
María y Carmen, aunque no tienen dinero, van de compras todos los días. 

Como veis, hay incisos entre sujeto y verbo y aparecen comas. Pero las comas pertenecen al inciso. Y, ahora, vamos a darle la vuelta al último ejemplo: vamos a poner la subordinada concesiva al comienzo de la frase…

Aunque no tienen dinero, María y Carmen van de compras todos los días. → Como se «juntan» de nuevo sujeto y verbo, no hay coma.

¿Hay alguna excepción en que sí se pueda poner esta coma prohibida entre sujeto y verbo? Sí. La excepción que confirma la regla es el etcétera (o su abreviatura etc.). Cuando el sujeto es una enumeración que acaba en un etcétera, después del etcétera se coloca la coma.

María, Carmen, Marta, Julia, Silvia, etc., van de compras todos los días. 

En ejemplos tan cortitos, esto parece una tontería. Pero no os imagináis las dudas que pueden llegar a surgir en frases más largas, con sujetos más elaborados. Aunque no lo parezca, es una coma prohibida que aparece muchísimo y que da algún que otro quebradero de cabeza.

Si tenéis alguna duda sobre puntuación, ya sabéis que podéis dejarlas en los comentarios e intentaré resolverlas poco a poco.

http://mobas.es/blog/category/correccion/morfosintaxis/

Mónica Basterrechea

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El posesivo «su rodilla»

Leo hace unos días este titular en la prensa: «Muniain será operado el 7 de mayo de su rodilla». Y pienso automáticamente: «Menos mal que le van a operar de su rodilla y no de la de Aduriz, Susaeta o Beñat». ¿No os chirría el titular? Está pésimamente redactado (solo se salva que han puesto la fecha correctamente, con el mes en minúscula; bonita fecha, por cierto). E incurre en un error de estilo cada vez más frecuente, un anglicismo que está implantadísimo en todo tipo de textos y que deberíamos eliminar a la voz de ya.

Se ha puesto muy de moda utilizar el posesivo para referirse a las partes del cuerpo, al igual que se hace en inglés. Pero en castellano lo «normal» es utilizar el artículo. Y, además, no hacerlo lleva a frases ambiguas como el titular sobre Muniain… Os pongo ejemplos (ojo, igual a vosotros no os parece ambiguo ni habríais reparado en ello, puede que sea porque os habéis habituado; pero quedaos con que es un calco del inglés poco elegante e innecesario: el castellano tiene sus propias formas de expresión).

Llevaba un libro en su mano × → Llevaba un libro en la mano √

Para que su nieto no pasara frío, la abuela tapó sus piernas con una manta × → Para que su nieto no pasara frío, la abuela le tapó las piernas con una manta √

Como se ve en el último ejemplo, el complemento indirecto es nuestro gran aliado para marcar la «propiedad» de la parte del cuerpo (y no hay posibilidad de ambigüedad, cosa que sí ocurre con el posesivo: aunque se da por hecho que la abuela le tapa las piernas al nieto, igual es una bruja que se tapa a sí misma y deja a la pobre criatura temblando de frío; en el ejemplo del le, esa opción no existe).

Hay miles de frases en que el posesivo sí es lícito, pero en muchas otras se emplea sin razón. Mi única intención con esta entrada es poneros sobre la pista de este anglicismo para que, siempre que sea evitable, lo evitéis. Por supuesto, quienes corrijáis estilo debéis tenerlo siempre en consideración.

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20 cuentos de terror de Alberto Chimal

Me gusta sentir miedo en la noche, ¿podría darme una lista de relatos para leer en la noche?

Por supuesto, la respuesta debía ser una lista de relatos de miedo. He hecho una selección de veinte.

Como con cualquier vertiente de la literatura popular, a la hora de hablar de este tipo de narraciones se han hecho distinciones y subdivisiones incontables. Para evitarlas aquí, no menciono ninguna. La mayoría de los textos que seleccioné podrían describirse como de horror sobrenatural, tal como lo entendía H. P. Lovecraft –el que logra sus efectos a la hora de describirnos un encuentro inquietante con lo desconocido, lo indescriptible, lo que está más allá de la experiencia humana común–, pero no todos. Lo que los une es simplemente su carácter perturbador: varios de ellos asustaron enormemente a un lector joven y de mucha imaginación –yo mismo– que no los ha olvidado pese a haberlos leído hace muchos años, y todos se proponen afectar a sus lectores de manera sutil, insidiosa. Más que describir horrores evidentes, como el cine gore con sus imágenes de vísceras, los cuentos quieren dejar imágenes, ideas, anécdotas inquietantes que sobrevivan a su primera lectura. Con frecuencia, al leer es posible preguntarse qué se sentiría tener las experiencias espantosas que viven los personajes: esa cercanía de la imaginación es parte de lo que los hace memorables, así como un requisito para disfrutarlos (para lograr el «estremecimiento agradable» del horror, como decía Edgar Allan Poe).

La lista está ordenada por los apellidos de sus autores. Los incisos traen enlaces a versiones en línea de los cuentos cuando he podido encontrarlas. No pongo resúmenes de las historias: lo que hay que hacer es leerlas.

Por supuesto, esta lista no pretende ser la de «los veinte mejores cuentos» ni mucho menos la de «los únicos veinte». Son veinte, son los que están, son todos excelentes, y nada más. En una lista semejante que hice –hace unos años– de libros de ciencia ficción, hubo muchas sugerencias de más textos por parte de lectores y visitantes del sitio. Ojalá aquí suceda lo mismo.

  1. “Autrui” de Juan José Arreola.
  2. “El fumador de pipa” de Martin Armstrong.
  3. “La casa vacía” de Algernon Blackwood
  4. “El testamento de Magdalen Blair” de Aleister Crowley (el enlace lo incluye dentro del libro del mismo título)
  5. “El guardavía” de Charles Dickens.
  6. “Último día en el diario del señor X” de Emiliano González.
  7. “El calor de agosto” de W. F. Harvey.
  8. “El mejor cuento de terror” de Joe Hill
  9. “El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann
  10. “Superviviente” de Stephen King
  11. “La voz maligna” de Vernon Lee
  12. “El Tsalal” de Thomas Ligotti
  13. “El que susurra en la oscuridad” de H. P. Lovecraft
  14. “El pueblo blanco” de Arthur Machen
  15. “El horla” de Guy de Maupassant
  16. “El tapiz amarillo” de Charlotte Perkins Gilman
  17. “Manuscrito hallado en una botella” de Edgar Allan Poe
  18. “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga
  19. “La mano de Goetz von Berlichingen” de Jean Ray
  20. “Donde su fuego nunca se apaga” de May Sinclair…….Alberto Chimal nació en Toluca, México, el 12 de septiembre de 1970. Estudió en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus Toluca, donde cursó la carrera de Ingeniería en Sistemas Computacionales. En 1987 ganó la beca del Centro Toluqueño de Escritores. En 1995 se trasladó a vivir a DF, donde se diplomó en la Escuela de Escritores en la SOGEM y obtuvo una maestría en literatura comparada en la FFyL de la UNAM. Imparte cursos y talleres literarios en la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Claustro de Sor Juana, y es maestro en Literatura Comparada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Forma parte de las antologías: Grandes Hits, vol. 1, compilada por Tryno Maldonado; Generación del 2000 (2000); Nuevas voces de la narrativa mexicana (2003) y Novísimos cuentos de la República Mexicana (2005).
    En 2007, Chimal fue aceptado en el Sistema Nacional de Creadores de Arte, programa de financiamiento que se propone apoyar a artistas mexicanos con sólida trayectoria.
    De 2007 a 2010, fue miembro del jurado del concurso literario Caza de letras, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México. En 2011, organizó una serie de conferencias sobre literatura e internet para el Instituto Nacional de Bellas Artes de México.

    Recopiló minificciones creadas en la red social Twitter en el libro 83 novelas.
    Ha publicado las novelas: Los esclavos, en 2009 y La torre y el jardín, de 2012.
    En 2011 publicó El viajero del tiempo, compuesta de minificciones.
    En 2015 publicó El gato del Viajero del Tiempo.

  21. Resultado de imagen de Alberto chimal  bio

Al ver como rugen las flores

Llevaba un tiempo con la idea de escribir sobre una no-tilde en la cabeza. Y escuchando cierta canción (que alguno, sobre todo uno, habrá identificado por el título de la entrada) encontré el ejemplo perfecto para explicar ese como al que, me juego lo que sea, muchos estaréis pensando que le falta la tilde. ¿Me equivoco? Escribo el verso entero:

Callarán todos los miedos al ver como rugen las flores.

¿Le ponemos la tilde al como o no? Ya os imaginaréis que no, que ese como no lleva tilde. Pero ¿por qué, si siempre lo hemos escrito con tilde? Porque el cómo (con tilde) es adverbio y este como es una conjunción (disfrazada, eso sí, de adverbio, porque se pronuncia tónico). No obstante, como solo lleva un disfraz, vamos a desenmascararlo con un par de trucos que nos van a servir para reconocerlo fácilmente.

1) El como conjunción aparece con verbos de percepción (ver, oír y sus sinónimos). Con otro tipo de verbos (que no sean de percepción), nos podemos olvidar de él. En nuestro ejemplo, se cumple el requisito, porque se emplea el verbo ver.

2) El como conjunción puede sustituirse por otra conjunción: que. ¿Podemos hacer aquí la conversión? Si funciona y la frase sigue teniendo sentido… debemos ir olvidándonos de la tilde. En el verso de la canción, la sustitución encaja perfectamente:

Callarán todos los miedos al ver como rugen las flores

Callarán todos los miedos al ver que rugen las flores.

Básicamente, si se cumplen estos dos requisitos, estamos ante el como conjunción (sin tilde). Para no liarlo más, creo que es mejor quedarnos con esto. Como en estos temas dos y dos no siempre son cuatro, sí que hay alguna excepción en que podríamos buscar diferencias de significado, pero no merece la pena. Identificando estas dos cosillas, sabemos que no lleva tilde y listo. (Si alguien quiere profundizar más y quiere una explicación más gramatical, que me lo diga).

Nada más por hoy. ¿Erais conscientes de este uso? Lo corrijo muchísimo al trabajar. Espero que os quede claro y lo empleéis bien a partir de ahora. Y escuchad la canción («Rugen las flores», de McEnroe), que es una verdadera preciosidad (¡gracias por recomendármela, ya-sabes-tú-quién-eres!). Tenéis los comentarios para lo que queráis…

http://mobas.es/blog/category/correccion/morfosintaxis/

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La metaficción como estrategia narrativa

En el artículo «El arte de contar historias» di unas pinceladas apresuradas en torno a algunas claves sobre la escritura. Hoy hablaré de la metaficción. La palabra puede sonar muy rara, pero básicamente quiere dar a entender la relación del autor con su obra, con su oficio, es decir, para ser claros del todo: se habla de metaficción cuando un escritor se refiere a sí mismo en una obra o en un conjunto de obras; en el campo de la literatura, lo llamaremos metaliteratura. Sin embargo, para hacer el término más general y poder incluir ejemplos de todo tipo, usamos el término inclusivo de metaficción, que puede referirse a cualquier arte.

Por ejemplo, cuando Velázquez se pinta a sí mismo y a diversas circunstancias adyacentes al arte de pintar, en el cuadro de «Las meninas», se refleja a sí mismo mientras practica su oficio, lo que no deja de ser una autorreferencia y, por tanto, podemos considerarlo una forma de metaficción.

Metaficción

La metaficción en literatura se remonta a siglos atrás. Por ejemplo, cuando Cervantes, en la segunda parte del Quijote, se refiere a una segunda obra de un tal Avellaneda con el mismo título que la suya, sin salir de la ficción de la trama, está realizando una reflexión sobre su arte y el plagio que ha descubierto en otro autor.

En la imagen que he seleccionado vemos a Jorge Luis Borges, un escritor contemporáneo que llegó a incorporar la metaficción en algunos de sus relatos de un modo habitual. Otros muchos autores lo han hecho en los últimos tiempos, e incluso la característica de la metaficción se la asocia últimamente con el fenómeno cultural del posmodernismo. Sin embargo, ni Cervantes ni Borges eran posmodernistas, ni siquiera había nacido esa filosofía mientras ellos estaban vivos.

La metaficción ha utilizado múltiples variedades, desde el homenaje a otras obras hasta la aparición continua del escritor en la trama de las ficciones que elabora. Por ejemplo, Emmanuel Carrère, un escritor francés, es en la actualidad uno de los mayores exponentes del fenómeno de la metaficción. En su última novela, «El reino», hace continuas referencias a sí mismo y a qué es lo que le llevó a escribir la novela, y por ello nos cuenta sus tribulaciones respecto a la fe cristiana, su alejamiento… y su último acercamiento en forma de reflexión general sobre esos cambios sobre sí mismo que luego amplía en la ficción a sus personajes. Es un modelo perfecto de metaficción.

LA METAFICCIÓN COMO ESTRATEGIA NARRATIVA

Tenemos que pensar, de forma amplia, que la ficción tiene muchas caras; así, cuando un escritor inventa una trama, unos personajes, etc., de ficción… lo que hace es aparcar por un momento la realidad cotidiana para introducirnos en un mundo paralelo, ficticio. Pero si el autor, en un determinado momento, decide, de pronto, entrar en ese mundo como una ficción más a través de su realidad concreta de ser de carne y hueso, implicándose de alguna manera en la narración, ¿qué podemos reprocharle?

Tendremos que convenir, a la postre, que la metaficción no es más que otra estrategia narrativa adicional, que podrá emplearse mejor o peor según el talento y la originalidad de cada autor, como cualquier otra técnica de carácter literario. La base será siempre que el lector participe en la ficción, de una forma u otra. Si el escritor lo consigue, ¿no nos dará igual el método que haya empleado?

LA METAFICCIÓN COMO AUTOCONCIENCIA

Hay quien dice que la metaficción no es más que la autoconciencia del escritor respecto a su función social, preguntándose sobre sí mismo y los límites de su arte u oficio, incluso sobre su papel en ese gran artefacto moderno llamado «entretenimiento». Sea como sea, corresponde al lector valorar si las estrategias elaboradas por un autor, o más en general, si su autoconciencia respecto a su valor y misión en el ejercicio de su arte, son adecuadas o no.

El lector, quiera o no quiera, siempre realiza una labor de descodificación de los textos autorales. Si acaba convencido de la excelencia o de la pertinencia del propósito, será más que suficiente para que podamos decir que un proyecto literario ha conseguido su propósito inicial. Mucho habría que hablar sobre la metaficción en este terreno resbaladizo de la autoconciencia, pero por hoy lo dejaremos aquí.

OTRAS ESTRATEGIAS DE LA METAFICCIÓN

La metaficción puede adoptar muchísimas manifestaciones distintas. Veamos algunas de tipo clásico:

  • Un personaje pregunta o busca al autor.
  • El autor se encara con un personaje y le pide explicaciones.
  • El autor se incluye como personaje en la ficción y actúa como tal.
  • El autor se pregunta por la realidad de la ficción y por la de él mismo.
  • El autor se refiere en ocasiones a la ficción de la realidad, un sueño inacabable…
  • Los personajes se rebelan contra la trama del autor y salen de la misma.
  • El autor rompe la lógica de la ficción para introducir píldoras de cruda realidad.
  • El autor se vuelca, en el curso de la trama, sobre el proceso de creación de la obra.
  • El autor recurre a los juegos de palabras para saltar de la ficción a la realidad.

La lista de estrategias de la metaficción podría continuarse indefinidamente; la anterior solo es un ejemplo nimio de las características técnicas, formales, existenciales, lingüísticas… por las que un autor puede realizar una labor de metaficción en cualquiera de sus obras, incluso en su conjunto.

Metaficción en la literatura contemporánea

Diferencias entre proposiciones y conjunciones

Quizás este tema debí de aprenderlo en mi formación básica. Para que lo metía en mi cabeza si mi propósito era la biología. Hoy tampoco lo sé como debiese. He tomado de aquí y de allá lo que me da «san google» mi deseo es sembrar la inquietud, si los confundo, les pido mil disculpas. «mono viejo no aprende maromas nuevas» Abrazo grande queridos amigos del blog.

1.-La preposición es una palabra invariable que sirve para unir o relacionar palabras de manera que una pasa a ser complemento de la otra.

2.- A, ANTE, BAJO, CON, CONTRA, DE, DESDE, EN, ENTRE, HACIA, HASTA, PARA, POR, SEGÚN, SIN, SOBRE, TRAS

3.- Preposiciones nuevas:

– DURANTE, MEDIANTE

Ejemplos: durante el partido (en el partido); mediante sus consejos (con sus consejos).

Otras:

– PRO es un cultimo de uso restringido.

Ejemplos: manifestación pro zonas verdes; asociación pro derechos humanos; cupón pro ciegos, jornadas por amnistía.

– VÍA se usa en lenguaje jurídico, administrativo, institucional o político.

Ejemplos: El tren va a Murcia vía Alicante; El encuentro se transmite vía satélite.

– DONDE, CUANDO y COMO cuando introducen sustantivos (y adjetivos en el caso de como en vez de por). Como con valor de preposición introduciendo sustantivos equivale a en calidad de.

Ejemplos: Vive donde tu amigo; Cuando la guerra se comía poco y mal;

Trabaja como médico; Me tienen como tonto.

Agrupación de preposiciones

A veces un complemento formado por una preposición más un sustantivo recibe delante otra preposición que suma su sentido al de la que ya estaba, haciendo más precisa la expresión: DE ENTRE, POR ENTRE, PARA CON, DE POR, TRAS DE… Ejemplos:

-Resucitó de entre los muertos.

-Vamos a por el premio.

-Compramos cuatro de a dos euros.

Locuciones prepositivas

Una locución prepositiva es una expresión constituida por varias palabras, con forma fija, que se utiliza en el habla como una pieza única y presenta el comportamiento de una preposición. A continuación, algunos ejemplos, pero la lista completa es muchísimo más amplia:

antes de, delante de (=ante) conforme a, rumbo a en compañía de después de encima de (=sobre) cara a a ambos lados de por parte de encima de debajo de (=bajo) camino de a expensas de al pie de, debajo de, detrás de (=tras) esquina a a causa de al lado de detrás de junto a frente a a cargo de del otro lado de dentro de con arreglo a gracias a a costa de a la vista de, fuera de en virtud de merced a de regreso a en lo alto de cerca de, en cuanto a orilla de a ras de fuera de lejos de, debido a, riberas de, a hombros de, a pesar de, en medio de. referente a, rostro a, a juicio de…

Algunas preposiciones pueden combinarse con la conjunción que, por lo que introducen subordinadas sustantivas o adverbiales (en este caso constituyen locuciones conjuntivas.

Una locución es, en gramática, el grupo estable de dos o más palabras que funciona como una unidad léxica con significado propio

– a, con, de, en, por, según + que: introducen subordinadas sustantivas normalmente con la función de suplemento o complemento de un nombre, adverbio o adjetivo:

a: Se negó a que viniera Juan.

con: Nos conformamos con que termine la carrera.

de: Se preocupó de que estuviéramos contentos.

en: Confío en que pronto vendrán.

por: Tiene interés por que apruebes todo en junio

a, con, desde, hasta, para y sin + que

forman plenas locuciones conjuntivas introduciendo una subordinada adverbial:

a que (valor final): He ido al taller a que me revisen el coche.

con que (valor condicional): Con que estés a las nueve, es suficiente.

desde que (valor temporal): Desde que está con nosotros, parece más feliz.

hasta que (valor temporal): Estará allí hasta que aparezca.

para que(valor final): Te llamó para que vinieras a la fiesta con nosotros.

según que (valor condicional): Según que quieran o no organizaremos un viaje.

sin que (valor modal): Se marchó sin que nos diéramos cuenta.

CONJUNCIÓN

Las conjunciones establecen relaciones entre palabras u oraciones. Pueden ser coordinantes, si unen dos elementos de igual valor, o subordinantes. Ejemplo de conjunciones:

Algunos tipos de conjunciones

Conjunciones coordinantes. Unen dos suboraciones de la misma jerarquía.

Conjuntivas. Por ejemplo: y, e, ni, no solo… sino también, ni siquiera.

Adversativas. Por ejemplo: pero, aunque, al contrario, en cambio, sin embargo, a pesar de.

Disyuntivas. Por ejemplo: o, o bien.

Explicativas. Por ejemplo: o sea, es decir, esto es.

Ver articulo sobre ellas https://espanol.lingolia.com/es/gramatica/estructura-de-la-oracion/conjunciones

ALGUNAS DIFERENCIAS ENTRE PREPOSICIONES Y CONJUNCIONES

  • La preposición se utiliza para unir otras palabras dentro de una oración y que se relacionan entre si.
  • La conjunción se utiliza para establecer uniones entre palabras o grupos de palabras, que no tienen ninguna relación entre sí.
  • Las preposiciones se usan para relacionar y enlazar palabras y grupos, de modo que uno complemente a otro (distinto nivel sintáctico). Las preposiciones no pueden introducir una subordinada con un verbo en forma personal sin la ayuda de una conjunción o pronombre relativo; las conjunciones sí.
  • Las conjunciones hacen lo mismo: enlazar partes de la oración. Pero a diferencia de las preposiciones, estas pueden enlazar o coordinar dos elementos sin relación de dependencia alguna, e introducir subordinadas con verbos en forma personal
  • La preposición subordina a su término, lo convierte en modificador del elemento inicial: libro de gramática -Dentro de las conjunciones solo un grupo, las subordinantes, ejercen este papel. El resto de las conjunciones son coordinantes. -Las conjunciones solo relacionan elementos análogos: el perro y el gato.-Las preposiciones pueden relacionar elementos análogos: pero en muchísimas oportunidades ponen en conexión a elementos sintácticamente diferentes, es decir, no equivalentes, desde este punto de vista: Casa de María; cerca de nosotros.-Las preposiciones solamente pueden relacionar elementos de una misma oración: Compramos un ramo de flores.-Las conjunciones relacionan elementos dentro de una oración; pero también relacionan dos o más oraciones entre sí: compramos flores y perfumes. Iré al cine y después estudiaré. -Las conjunciones son un medio expresivo más intelectual que las preposiciones, pues precisan más la idea; dan un mayor número de matices que aquellas: ejemplos: Si llueve, no iremos (condición) Porque llueve, no iremos (causa) Llueve, pero iremos(contrariedad) Llueve, por tanto no iremos (consecuencia) Por más que llueva, iremos(objeción que se puede vencer

https://es.scribd.com/document/168880163/Cual-es-la-diferencia-entre-la-preposicion-y-la-conjuncion

Fuente: https://www.ejemplos.co/lista-de-conjunciones-con-ejemplos/#ixzz6FMDLJ76R

https://www.ejemplos.co/lista-de-conjunciones-con-ejemplos/

http://delenguayliteratura.com/La_preposicion_en_espanol_definicion_concepto_ejemplos_lista_completa_y_locuciones_prepositivas.html

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El senryu y el Hayku

Maramín-Ricardo Linares

En nada se manifiesta con más claridad la diferencia entre el senryu y el haiku que en su relación con el tema del sexo. Para el haiku, el sexo casi no existe; para el senryu es algo omnipresente. Hay, en verdad, algunos versos semi-amorosos de Kikaku, Ransetsu, Buson, Kyoshi, pero su monto no es significativo. El senryu se preocupa, sobre todas las cosas, por la relación esencial del hombre con el hombre y del hombre con la mujer. Un gran número de versos tratar el tema de Yoshiwara, no puede obviarse este asunto.

En primer lugar, debido a la influencia del confucianismo, la vida familiar japonesa se había vuelto extremadamente rígida y formal. Entre los jóvenes de sexos opuestos, incluso entre marido y mujer,  la relación intelectual o emocional era escasa o no existía en absoluto. A las parejas casadas nunca se les veía juntas, mucho menos en la calle. El único sitio donde un hombre podía conocer a una mujer libremente era en las casas de prostitución. Estos lugares eran de todo tipo, pero muchas de las mujeres empleadas allí eran  inteligentes, con dotes artísticas, que habían adquirido, por diversas vías, una educación a la que no tenían acceso sus hermanas más virtuosas.

Además, desde el punto de vista de senryu, Yoshiwara era un lugar donde el sentimiento humano se disimulaba menos que en otras partes. Para el estudio de la psicología humana, ningún sitio podría ser mejor. Esto, claro está, no fomenta una visión muy enaltecedora de la naturaleza humana, pero hay que recordar que las personas no son tan diferentes en uno u otro lugar.

¿Qué será Yosihuara? lo imagino, pero lo investigaré.

Diez sugerencias para elegir el título A.Chimal (2)

1. El título puede (e idealmente debería) cumplir al mismo tiempo todos los objetivos que puede tener: en particular, sí es posible que incite interpretaciones sin llegar a forzarlas, que resulte atractivo y que, pasada una primera lectura, sea memorable. Por otra parte, qué tan en equilibrio pueden estar esos tres fines –qué tanto pesa más uno u otro– depende del texto. Un ensayo académico tendrá que ser más formal y seco que uno literario, por ejemplo, pues tendrá que declarar su tema de manera explícita y clara; una novela policiaca que quiera entrar sin muchos problemas en un mercado bien establecido tendrá que ajustar su título a lo que ese mercado espera, lo que probablemente incluirá referencias a armas, crímenes y cosas parecidas. (Una excepción notable es la versión en español del título de una novela hermosa y terrible de Horace McCoy: ¿Acaso no matan a los caballos?, que traducida más literalmente del inglés hubiera sido A los caballos les disparan, ¿no?)

2. Incluso en los proyectos menos ambiciosos, el título es invariablemente una clave de interpretación, como dice Eco, y podrá sugerir ideas, asociaciones, referencias a todo posible lector. Esto es inevitable; por lo tanto, conviene lograr que al menos las referencias más evidentes queden bajo el control de quien escribe y vayan a donde él o ella desea. Un caso ejemplar de una referencia fuera de control –es decir, un ejemplo ridículo– es la novela Dildo Cay de Nelson Hayes, sobre la que puede leerse aquí.

3. Algo más para considerar, por otro lado, es que no todos los sentidos de un título serán captados por todos los posibles lectores. Un título difícil o impenetrable puede ser también muy rico en sugerencias y proponer muchas lecturas pero, si no se tiene cuidado, puede resultar incomprensible para todos salvo unas pocas personas.

4. Los títulos más llamativos en un momento dado no lo son necesariamente siempre. Un título que se refiera a un acontecimiento de actualidad, por ejemplo, puede ser útil mientras ese hecho sigue siendo recordado y comentado, pero más tarde puede resultar no sólo torpe sino indescifrable. (Habrá, claro, quien considere que esto no es un problema si su aspiración es solamente aprovechar una coyuntura, como por ejemplo hacen muchos autores de reportaje político.)

5. Hay que evitar los títulos que se refieran demasiado directamente a una obra previa, pues pueden subordinar el texto nuevo al preexistente y forzarlo a una lectura condicionada o incluso errónea. Un libro que se salva apenas de este problema (y hay quienes creen que no se salva) es Ulises, de James Joyce, que por supuesto hace referencia a la Odisea de Homero pero también se distancia de ese texto de muchas maneras. Varios de los peores títulos que he encontrado, porque además anteceden a textos realmente malos, son los de las parodias más ingenuas: «La verdadera historia de Romeo y Julieta» y otros por el estilo.

6. Sobre todo en un texto narrativo, hay que evitar referencias demasiado explícitas a su argumento, y no sólo para no «vender» el final sino porque lo que cuenta no suele ser qué pasa sino cómo: por ejemplo, el título de la novela El marino que perdió la gracia del mar de Yukio Mishima resulta sugerir, al menos, bastante de lo que sucede en sus páginas, pero desde luego no lo hace de manera directa: es necesario leer para averiguar qué significa exactamente «perder la gracia del mar» y entender hasta dónde es figurado el sentido de la frase.

7. Un truco habitual con los títulos es que el sentido literal esconda, como en el caso anterior, otro más oculto pero más importante. También es común que un solo sentido de un título pueda entenderse de dos o más maneras. (Por ejemplo, el cuento «Los muertos», también de Joyce, podría referirse a todos los muertos, a ciertos muertos cercanos a los personajes o a algunos personajes vivos que no lo parecen.) Esta también es una estrategia válida, aunque más complicada de lo que parece.

8. No es cierto que los títulos más sencillos y cortos vayan mejor con los textos simples ni, al contrario, que los textos complejos requieran títulos largos, intrincados o con mucho trabajo verbal. Ejemplos: Lolita de Vladimir Nabokov, novela sumamente compleja, y Donde viven los monstruos de Maurice Sendak (es mejor el título original: Where the Wild Things Are, «Donde están las cosas salvajes» o «Dónde están las criaturas salvajes», porque omite decir directamente la palabra monstruos), un cuento para niños que no pasa de un puñado de oraciones.

9. Hay que evitar los títulos excesivamente abstractos, en especial cuando la abstracción es una imagen poética que intenta explicar o resumir un estado de ánimo o una situación, pues es muy difícil evitar que el título se convierta en una imagen torpe y a la vez opaca, que no diga nada al lector. (Es el mismo problema que tienen muchos textos narrativos cuando no ofrecen un asidero a nada visible, es decir, perceptible u objetivamente real dentro del mundo narrado que proponen.)

10. Para terminar, una propuesta práctica: a la hora de elegir un título, y sobre todo uno para un texto extenso como una novela, sirve probar con varios y no decidirse deprisa por uno solo. Se puede hacer una lista, por ejemplo, partiendo de las alternativas más obvias como la conclusión –velada– de una trama, su incidente central, el nombre del protagonista, el objeto u objetivo central de la acción, y continuar luego con metáforas y otras alternativas más alejadas de lo literal. Un criterio que casi siempre es útil es que el título, por sí mismo, debe ser expresivo, es decir, no sólo sonar buen sino buscar deliberadamente esas asociaciones de las que he escrito, y que van más allá lo obvio.

Esto no es todo lo que hay que decir sobre el tema, por supuesto. Pero quizá pueda servir a alguien.

Alberto Chimal nació en Toluca, México, el 12 de septiembre de 1970. Estudió en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus Toluca, donde cursó la carrera de Ingeniería en Sistemas Computacionales. En 1987 ganó la beca del Centro Toluqueño de Escritores. En 1995 se trasladó a vivir a DF, donde se diplomó en la Escuela de Escritores en la SOGEM y obtuvo una maestría en literatura comparada en la FFyL de la UNAM. Imparte cursos y talleres literarios en la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Claustro de Sor Juana, y es maestro en Literatura Comparada por la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Forma parte de las antologías: Grandes Hits, vol. 1, compilada por Tryno Maldonado; Generación del 2000 (2000); Nuevas voces de la narrativa mexicana (2003) y Novísimos cuentos de la República Mexicana (2005).
En 2007, Chimal fue aceptado en el Sistema Nacional de Creadores de Arte, programa de financiamiento que se propone apoyar a artistas mexicanos con sólida trayectoria.
De 2007 a 2010, fue miembro del jurado del concurso literario Caza de letras, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México. En 2011, organizó una serie de conferencias sobre literatura e internet para el Instituto Nacional de Bellas Artes de México.

Recopiló minificciones creadas en la red social Twitter en el libro 83 novelas.
Ha publicado las novelas: Los esclavos, en 2009 y La torre y el jardín, de 2012.
En 2011 publicó El viajero del tiempo, compuesta de minificciones.
En 2015 publicó El gato del Viajero del Tiempo.

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La hoja en blanco GABO y yo.

Durante mucho tiempo me aterró la página en blanco. La veía y vomitaba. Pero un día leí lo mejor que se escribió sobre ese síndrome. Su autor fue Hemingway. Dice que hay que empezar, y escribir, y escribir, hasta que de pronto uno siente que las cosas salen solas, como si alguien te las dictara al oído, o como si el que las escribe fuera otro. Tiene razón: es un momento sublime. GABO

Cuando me jode la pagina en blanco recurro a la descripción. Veo a través de la ventana y empiezo a narrar lo que la mirada abarca, primero lo que está lejos hasta llegar el foco central de mis ojos. No, no tiene nigún chiste, ni saldra cuento alguno, bueno ni la osamenta de una idea, pero no dejo que se me paralice ni la mente, ni los dedos. Es posible que tiempo después le encuentre algún hilo que me lleve a un poema o una ficción.

En otras leo, leo, y leo y para distraerme tomo alguna parte de la mitología y la escribo.  Esa es mi experiencia…Tal vez sirva.

¿Y usted como se enfrenta a la página en blanco?

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Diez sugerencias para elegir títulos de Alberto Chimal (1)

El nombre de la rosa
En un taller reciente me preguntaron por sugerencias para poner títulos a los textos: alguna orientación sobre cómo elegirlos. Tengo varias ideas al respecto y he hecho, en efecto, una lista. Pero antes de la lista vale la pena reproducir el siguiente pasaje, que me parece ejemplar, de Apostillas a El nombre de la rosa (1985), un pequeño ensayo que Umberto Eco escribió para «explicar» aquella novela suya, de título tan intrigante:

 

El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones? Sin embargo, uno de los principales obstáculos para respetar ese sano principio reside en el hecho mismo de que toda novela debe llevar un título.
      Por desgracia, un título ya es una clave interpretativa. Es imposible sustraerse a las sugerencias que generan Rojo y negro o Guerra y paz. Los títulos que más respetan al lector son aquellos que se reducen al nombre del héroe epónimo, como David Copperfield o Robinson Crusoe, pero incluso esa mención puede constituir una injerencia indebida por parte del autor. Le Pére Goriot centra la atención del lector en la figura del viejo padre, mientras que la novela también es la epopeya de Rastignac o de Vautrin, alias Collin. Quizás habría que ser honestamente deshonestos, como Dumas, porque es evidente que Los tres mosqueteros es, de hecho, la historia del cuarto. Pero son lujos raros, que quizás el autor sólo puede permitirse por distracción.
      Mi novela tenía otro título provisional: La abadía del crimen. Lo descarté porque fija la atención del lector exclusivamente en la intriga policíaca, y podía engañar al infortunado comprador ávido de historias de acción, induciéndolo a arrojarse sobre un libro que lo hubiera decepcionado. Mi sueño era titularlo Adso de Melk. Un título muy neutro, porque Adso no pasaba de ser el narrador. Pero nuestros editores aborrecen los nombres propios (…)
      La idea de El nombre de la rosa se me ocurrió casi por casualidad, y me gustó porque la rosa es una figura simbólica tan densa que, por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos: rosa mística, y como rosa ha vivido lo que viven las rosas, la guerra de las dos rosas, una rosa es una rosa es una rosa es una rosa, los rosacruces, gracias por las espléndidas rosas, rosa fresca toda fragancia. Así, el lector quedaba con razón desorientado, no podía escoger tal o cual interpretación; y, aunque hubiese captado las posibles lecturas nominalistas del verso final, sólo sería a último momento, después de haber escogido vaya a saber qué otras posibilidades. El título debe confundir las ideas, no regimentarlas.

Eco no dice, porque en el contexto de su ensayo no hace falta, que las ideas que confundirá un título como los que le gustan son las ideas engendradas por el propio texto. Conviene aclararlo porque muchas personas piensan que la única función del título es servir de reclamo, de incitación «a comprar el libro» sin importar lo que realmente diga; por mi parte creo que, incluso sin ignorar el propósito de incitar a la gente a que lea –es lícito a fin de cuentas–, hay bastante más que se puede considerar, incluyendo la posibilidad de que el título, que identifica al texto, le ayude a ser recordado: a sobrevivir a su primera lectura, y no sólo a ser consumido en ella.
Mi lista tiene que ver con todo esto. Dos advertencias: 1) como todo en esta bitácora, las sugerencias se refieren sobre todo a textos narrativos, y 2) todas las recomendaciones podrían comenzar con las palabras «en general» pues siempre, en cualquier aproximación a una serie de «reglas» de escritura, habrá excepciones. continúará….
El nombre de la rosa