¿El amor no tiene nada que ver con el sexo? de Alejandra Díaz Ortiz

Que el amor no tiene nada que ver con el sexo, me lo dijo Aute demasiado tarde…
Cuando llegué a la parada 66 del metropolitano para volver a casa, donde me esperaban mi mujer y los niños, fue imposible no fijarse en su cara llena de tristeza. Era tal el dolor que reflejaba que no pude evitar rodearle con mis brazos, como queriendo asegurarle que «todo está bien». Lejos de rechazar mi gesto, me apretó muy fuerte y comenzó a llorar amargamente. Hipaba, gemía e iba dejando mi camisa empapada sin que yo aflojase el abrazo.
Tras quince minutos de llanto y tres autobuses perdidos, cogí su mano hasta una cafetería cercana. Sin preguntarle nada, pedí una tila (he escuchado que es buena para calmar a las personas) y, para mí, un café. Le indiqué al camarero que en ambas tazas echara un buen chorro de coñac.
Busqué una mesa en el rincón. Nos sentamos. Nos miramos por primera vez a los ojos. Una lánguida mueca apareció en su rostro. Acaricié su mano con dulzura, con mucha calma. Me estremecí. Entonces, una especie de sonrisa desdibujó el rigor de sus labios.
Encendí un cigarro, que coloqué suavemente entre sus dedos. Todo fue instinto: yo no sabía si bebía o fumaba; si deseaba infusiones o abrazos; si quería hablar o seguir llorando, pero seguí haciéndolo con la certeza de que a nada dijo que no.
Durante una eternidad nos estudiamos en silencio.
Las tazas quedaron vacías.
Entre el sexto cigarrillo y un suspiro irremediablemente enamorado, susurré: -Me llamo Luis, ¿y tú? -Pablo…

mujer en violeta 84

Manuel  Martin Morgado

Ficción Tomada del fb

Cuando los patos tiran a las escopetas de Abrham Nuncio

La insinuación de que los patos le puedan tirar a las escopetas, fue una idea urdida por las propias escopetas para hacer ver a los patos como agresores y pasar ellas por blancos inermes. Ante el hecho cada vez más frecuente de que los patos escaparan a sus perdigones, quienes más se empeñan en difundirla fueron los de doble cañón. Era una manera astuta —alardeaban— de matar dos pájaros de un tiro: seguir participando en el viril deporte de perforar patos sin riesgo de desprestigio y, en caso de conflicto, emplear el recurso de culparlas por trastocar las reglas del juego.

escopetas

 

Tomado del cuento revista de imaginación

El pastor Jeremías

El pastor Jeremías Steepek se disfrazó de mendigo y fue a la iglesia de 10 mil miembros donde iba a ser presentado como pastor principal por la mañana. Caminó alrededor de la iglesia por 30 minutos en cuanto ella se llenaba de personas para el culto. Solamente 3 de cada 7 de las 10.000 personas decían «hola» para el mendigo. Para algunas personas, Él les pidió monedas para comprar comida. Nadie en la Iglesia le dio algo. Entró en el templo e intentó sentarse en la parte de adelante, pero los diáconos le pidieron que se sentase en la parte de atrás del templo. Él saludaba a las personas que le devolvían miradas llenas de asco y de desprecio al mirarlo de la cabeza a los pies.
En cuanto estaba sentado en la parte de atrás del templo, escuchó los anuncios del culto y luego en seguida un líder subió al altar y anuncio que se sentía emocionado en presentar al nuevo pastor de la congregación: «Nos gustaría presentarles a ustedes al Pastor Jeremías Steepek». Las personas miraron alrededor aplaudiendo con alegría y ansiedad. Fue cuando el hombre sin hogar, el mendigo que se sentaba en los últimos bancos, se colocó en pie y comenzó a caminar por el corredor. Los aplausos pararon. Y todos lo observaban. Él se aproximó al altar y agarró el micrófono. Se contuvo por un momento y dijo:
“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.»
Después de haber leído el texto de Mateo 25:34-40, Miró a la congregación y les contó todo lo que había pasado aquella mañana. Muchos comenzaron a llorar, muchas cabezas se inclinaron por la vergüenza. El pastor dijo entonces: «Hoy veo una reunión de personas, y no a la Iglesia de Jesucristo. El mundo tiene suficientes personas, pero no hay suficientes discípulos. ¿Cuándo ustedes se convertirán en discípulos?», pregunto. Luego de una pausa, cerró el culto y se despidió: » ¡hasta la semana que viene»!
Ser cristiano es más que algo que usted defiende. Es algo que se vive y comparte con otras personas.

Mendigo

Tomado de Fb Radio esperanza

Hay una balanza… de María Mateos Galán

Hay una balanza que se inclina a la margen izquierda de mi latido.
Hay instantes tatuados en la piel que cubren mis heridas.
Hay ausencias que gritan la presencia en ese brindis a la vida.
Me acurruco en el verso, en mi cuerpo revestido de primavera sin puertas, sin bruma, con la asonancia a este año, la consonancia a quienes han estado tan cerca, tan lejos, con frontera, sin horizonte… y me encuentro con una mirada que rompe la luz del silencio, que quiebra la memoria de la tristeza, que nombra cada uno de esos pliegues que han arrullado un segundo de su vida en mí.
Somos verbo efímero, estación que culmina en un tañido de esperanza.
¡Feliz Año. Feliz Vida Nueva!

 

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Cuatro soldados de Nellie Campobello

Y pasaba todos los dí­as, flaco, mal vestido, era un soldado. Se hizo mi amigo porque un dí­a nuestras sonrisas fueron iguales. Le enseñaba mis muecas, él sonreía, había hambre en su risa, yo pensaba que si le regalaba unas gorditas de harina haría muy bien. Al otro día, cuando el pasaba al cerro, le ofrecía­ las gordas; su cuerpo flaco sonrió y sus labios pálidos se elasticaron con un “yo me llamo Rafael, soy trompeta del cerro de La Iguana”. Apretó la servilleta contra su estómago helado y se fue; parecía por detrás un espantapájaros; me dio risa y pensé que llevaba los pantalones de un muerto.
Hubo un combate de tres días en Parral; se combatía mucho.
“Traen un muerto de tres días -dijeron-, el único que hubo en el cerro de La Iguana.” En una camilla de ramas de álamo pasó frente a mi casa; lo llevaban cuatro soldados. Me quedé sin voz, con los ojos abiertos abiertos, sufrí­ tanto, se lo llevaban, tenía unos balazos, vi su pantalón, hoy sí era el de un muerto.

Nellie compobello

Nellie Campobello Luna (Durango, 7 de noviembre de 1900 – 9 de julio de 1986) fue una escritora, bailarina, coreografa y poeta mexicana, reconocida como creadora del Ballet de la Ciudad de México, sus estudios de las danzas autoctonas y su perspectiva narrativa de la Revolución Mexicana.

La navidad y la hija del usurero de Óscar Martínez Molina

Oscar martínez Molina
Nunca me hubiera imaginado que yo, el Ricky, como me conocían en la cuadra, tuviese en esta vida o en cualquier otra, la maravillosa oportunidad de ser el feliz amante de Teresa, la hija del usurero, avecindados en el barrio la esperanza, del puerto de Altamira. Ricos y recontra ricos de cepa, como jamás los he visto ni los volveré a ver en mi vida. 
La conocí el día de navidad porque me tocó llevar a su residencia, los vinos y licores encargados a mis patrones. La vi en un cruce fugaz cuando colocaba las botellas en una alacena de la inmensa cocina. Tosió discreta llamando mi atención.
-Cómo te llamas. Preguntó 
!Ricky¡ respondí enseguida.
¿Me puedo aprovechar de ti Ricky? Dijo ella. Necesito que me ayudes con la gaveta trabada de un cajón, en mi recamara.
Y subí tras ella. 
Teresa era en ese entonces, una mujer de treinta o treinta y cinco y yo, muy apenas rondaba los veinte. Destrabé sin mucho esfuerzo la gaveta aquella y al volver mi vista, hallé ante mí, la más hermosa de las mujeres, desnuda. 
Llevándose el dedo índice a los labios hizo la seña de silencio. Lo que pasó después se los platico como se platica la receta de un guiso navideño. Desplumamos el pavo, preparamos el relleno, marinamos las piernas, sazonamos pechuga y rabadilla, y los pusimos a calentar al horno. 
Teresa irradiaba una inmensa luz en sus ojos.
Me despidió aquella mañana, sin una sola palabra de por medio.
Por la noche me reuní con mis amigos para cenar bolillos y tortas de pierna y pavo, y ya después de tres o cuatro copas de vino, me atreví a decir unas palabras, a modo de brindis.
-!Amigos¡ dije 
No me gustaría caer en el lugar común y decir que, la navidad, llene sus corazones de paz y felicidad y que la prosperidad, la salud y el bienestar hagan nido en sus hogares en el año que viene.
Tampoco quisiera decir lo que tan trillado se dice : que se cumplan sus sueños y sus fantasías 
Pero qué chingados, ya lo dije.
Después de aquella mañana y de lo que pasó con Teresa, la vida se convierte en un infierno, por muy navidades que pasen. La oscuridad se mete en el alma y la llena de malas pasiones y peores remordimientos. Así fue que, muy a pesar mío y muy en contra de los ruegos de mis amigos, pasadas apenas las once de la noche, me presenté a la casa y grité el nombre de Teresa, desde la calle ¡Reclamando mi condición de amante! 
Lo menos que se dijo de mí era que, todo aquello, no era otra cosa que el efecto de los alcoholes. 
Al final de aquella noche, los ánimos se fueron apaciguando. Los amigos siguieron la parranda a costilla de mis ingratas fantasías, la navidad y la hija del usurero tuvieron su cena espléndida y yo, a manera de no verme envuelto en otros líos, fui remitido con el mayor de los cuidados, a los separos de la policía.
El veinticinco de diciembre suele ser un día muerto y de profundo silencio. Todos duermen y reposan las alegrías y angustias de la noche buena. El sonido de pasos, el tintineo de llaves, el susurro de voces. Allí está de nuevo ella, Teresa, llevándose el dedo índice a los labios para pedirme silencio. 
Después ya solos, me pide directamente. 
-Discreción, prudencia, silencio. 
!Exactamente¡ Le digo, pero, cómo putas le digo a mi conciencia y a mi alma y a mi corazón que callen. 
Veinte años han pasado de aquello, los tiempos han cambiado. Mi mujer y mis hijos, la cena de navidad en casa. Los primos, cuñados y amigos de aquella época. 
-Ricky platícale a los primos lo del desaguisado aquel de navidad y la hija del usurero. Dijo mi mujer. 
Y yo, como aquel viejo consejo, reí y guardé silencio. 
Teresa y yo con discreción y prudencia, cumplíamos también la veintena de años como amantes.

 

Complemento

Es de Yahalon chiapas y es su alias en la página de los cuentos (Loscuentos.net) donde virtualmente nos leíamos. Un día  de hace muchos años nos conocimos en alguna parte de la ciudad de México, era una reunión de cuenteros con el que compartí algunos tragos y carne asada. Se sucedierón muchos años, tanto correr me jodió las rodillas, según recordaba el era ortopedista y me puse en comunicación con él , tanto que viaje a la capital y volví a verlo en su consultorio, ahora como paciente. Meses después  entraba al quirófano, pero por cuestiones administrativas de mi institución no me intervino.  Su actividad de médico, cirujano ortopedista del cuarto nivel no le restó fuerzas para amar a la literatura. Este cuento de navidad es algo de las muchas cosas que ha escrito y que son todo una delicia en su prosa.

Sendero

 

©2018 by Oscar Mtz. Molina 
Autorretrato en Altamira, con victoria. Dic, 2018

 

La singular historia de las hermanas Brontë de Leticia Darriba Diez

las hermanas Brontë

¿Quién no ha oído hablar de novelas como Cumbres borrascosas o Jane Eyre ? Quien no haya leído las novelas tal vez haya visto las películas que se rodaron con sus argumentos. Pero en esta ocasión, la historia que vamos a relatar no está sacada de una novela, sino que es la verdadera historia de las personas que escribieron las novelas; en este caso, tres mujeres. Tres mujeres marcadas por una vida peculiar.

El mundo está rodeado de poesía, belleza y seres humanos que llevan en su interior la mágica impronta que busca dentro del alma humana el conectar con algo más grande que nosotros mismos.

Algunos de esos seres desaparecen como gotas en la lluvia y nunca llegamos a saber quiénes fueron, ni qué huella dejaron. Pero otros dejan un rastro que no desaparece totalmente. Las hermanas Brontë constituyen uno de esos maravillosos casos.

En medio de un terreno agreste de la campiña inglesa, concretamente en Haworth, Yorkshire, vivía en 1820 el pastor Patrick Brontë, hombre de fe. Un hombre hecho a sí mismo y que dio una educación exquisita y muy ecléctica a todos sus retoños, lo cual, teniendo en cuenta que cinco de sus hijos fueron mujeres, no deja de sorprender.

La muerte asomó desde bien temprano al hogar de los Brontë, y pronto la familia quedó reducida al patriarca y cuatro de sus seis hijos, tres chicas y un chico.

A pesar de los apuros y dificultades económicas, el reverendo Brontë se encargó de que sus cuatro hijos supervivientes fueran instruidos en idiomas, pintura, etc., y les dio acceso permanente a su propia biblioteca, en la que no solo había libros de teología, sino de gran variedad de filósofos y escritores, como Platón, Tucídides, Thackeray, Byron, Sand, Dante…

hermanas bronte

Una educación ciertamente peculiar para la época, encorsetada en ciertas normas y que, desde luego, no veía con buenos ojos ese despliegue ecléctico de sabiduría y esa aparente manga ancha del reverendo, que permitía ese tipo de estudios no solo a su hijo varón, sino a sus tres hijas. Incluso permitió a una de ellas, Emily, no asistir a la iglesia.

Estos maravillosos seres, las tres hermanas, crecieron como juncos salvajes y plenamente integradas con el ambiente natural y agreste que las rodeaba, conectadas plenamente con la naturaleza y el sentido de lo sagrado de un modo que debió de ser sorprendente para la época.

Desde bien temprana edad, la vocación de las tres hermanas despuntó hacia las letras. La poesía y la novela eran parte de su mundo, de un modo tan natural como respirar.

Encerradas en su casa, las tres juntas se dedicaban a escribir fantásticas aventuras desarrolladas en los mundos de Gondal y Angria, mundos que ellas mismas crearon en compañía de su malogrado hermano.

A pesar de que debieron ausentarse para ganarse el sustento como institutrices, volvían una y otra vez a su hogar, incapaces de permanecer mucho tiempo separadas y atrapadas en unas convenciones sociales que las ahogaban y marchitaban.

Las hermanas Brontë eran unas « raras avis » salvajes y delicadas que enfermaban, como nos indican sus cartas, cuando debían enfrentarse a un mundo que no solo no las entendía, sino que, de algún modo, repudiaba su necesidad de escribir, de sacar la belleza de su interior a través de la pluma y la tinta.

Conjugando su necesidad de permanecer juntas y poder ganarse el sustento, intentaron crear una pequeña escuela que les permitiría ambos objetivos, pero el proyecto acabó en fracaso, y decidieron probar fortuna publicando sus poemas bajo pseudónimo masculino (los hermanos Bell); quizá el destino no quiso privarnos de su voz…

Los tres hermanos Bell tuvieron una acogida escasa, pero este primer paso les dio alas para lanzarse a la publicación de sus primeras novelas, auténticas joyas de la literatura: Jane Eyre , de Charlotte , Cumbres borrascosas , de Emily, y Agnes Grey , de Anne, ven la luz bajo el seudónimo de los hermanos Bell.

the bronte sisters

La fama que pronto encumbra a Charlotte, la mayor de las Brontë, gracias a su Jane Eyre , no puede mitigar la pérdida a la que se ve sometida, ya que Emily y, unos meses después, Anne, mueren de tuberculosis.
Charlotte edita de nuevo las novelas con sus verdaderos nombres e intenta por todos los medios mantener los nombres de sus hermanas «libres de barro», debido a lo escandalosas que resultaron sus novelas para ciertos sectores de la sociedad. Charlotte continúa escribiendo durante seis años más, pero finalmente, ella también muere.

Patrick Brontë sobrevive a su último vástago seis años más, y después los Brontë desaparecen de la tierra como si nunca hubieran existido.

Quizá si estas maravillosas mujeres no hubieran tenido la osadía de desafiar las leyes de los hombres y seguir una ley que les hacía dar voz a sus pensamientos, dar alas a la belleza que atesoraban como su bien más preciado, no habríamos recibido sus obras, pruebas de su genio, de su luz.

Seguro que el mundo sería mucho más gris si sus textos no hubieran llegado hasta nosotros.

Emily, Charlotte y Anne merecen nuestra gratitud por ser valientes y dejarnos compartir parte de esa maravillosa vida interior que ardía como un fuego inconmensurable en los fríos y aparentemente desolados parajes de Yorkshire.

« ¿Cree usted que puedo quedarme, sabiendo que no significo nada para usted? ¿Me toma por un autómata, por una máquina que ni siente ni padece, por alguien capaz de soportar sin más ni más que le arranquen de la boca su pedazo de pan, y le birlen del vaso unas gotas de agua vivificadora? ¿Cree que por ser pobre, insignificante, vulgar y pequeña carezco de alma y de corazón? Pues se equivoca. Tengo un alma y un corazón tan grande como los suyos; y si Dios hubiera tenido a bien dotarme de belleza y fortuna, le aseguro que le habría puesto tan difícil separarse de mí como lo es para mí dejar Thornfield » ( Jane Eyre , Charlotte Brontë).

https://www.revistaesfinge.com/arte/literatura/item/1705-la-singular-historia-de-las-hermanas-bronte

El pajarito de los domingo de María de Montserrat

Mi mejor amiga es Pepita, la hija de los carboneros. Tuve que dar muchas explicaciones a mi familia por esta preferencia y probar que tal amistad no me convierte en una chica sucia y desprolija, que no pierdo mis buenos modales ni nada de lo superior que se esfuerzan por canario-amarillo-by-www_viajar24h_com2inculcarme.
El lugar más limpio que conozco, y el más cómodo, es la trastienda donde viven los carboneros. Antes hay que pasar por la negrura y el tizne. Pero creo que no debe ser sólo por el contraste que allá lo blanco es más blanco que en cualquier otro sitio.
Y cuando Pepita está enferma, admiro sus sábanas dóciles y crujientes, según como ella se revuelve parecen rodearla de países fragantes y soleados. La cama esmaltada no tiene ninguna salta¬dura y el mosquitero que se frunce en lo alto, dentro de una corona de bronce, está arreglado como un velo de novia.
Yo me quedaría para siempre en esta casa, por los cromos de las paredes, por las ventanas y sus cortinas recogidas con moños de cinta desde donde se ve un patiecito lleno de plantas. Aquí se está bien, por frío que esté afuera y siempre hay agua pronta para el té sobre el calorífico de cisco. Se habla poco, las personas son amables y reposadas, no se les nota que les falte por completo la educación como aseguran en casa.
¡Estamos tan contentas! Hoy es sábado y ya hicimos los de¬beres del lunes. Pepita me ayudó en una redacción y yo la ayudé en los ejercicios de aritmética. Mañana iremos, como todos los domingos, a la feria grande con mí tía Melita y a más de curiosear, de comer bizcochos y comprar calcomanías, elegiremos un lindo pajarito.
Una mañana fría pero hermosa; tenemos los cachetes colo¬rados, los pies calientes, las manos algo paspadas. Mi tía Melita nos ha comprado bizcochos y un bastón de caramelo a cada una. Nosotras cargamos con la cesta llena de naranjas y ella se oculta de los piropeadores con un gran ramo de dalias matizadas. Ahora vamos al puesto de los pájaros. El hombre nos conoce pero nunca es muy amable. Se pone hosco y pregunta: ¿Van a llevar lo mismo? Yo propongo que esta vez llevemos un cardenal. ¡Son tan vistosos! Sobre todo los de penacho rojo. Se lo ruego. Pero mi tía Melita levanta los hombros como hace cuando no vale la pena contestar. Los mistos parecen recién cazados, chocan continua¬mente contra los alambres. Hay pájaros menos chucaros y más bonitos. No digo comprar un canario, sería pedir mucho, pero tal vez un gargantillo. ¿Por qué no un gargantillo? Mi tía levanta los hombros por segunda vez y ya no me atrevo a proponer nada más. «Será como siempre -le susurro a Pepita- no tienen un poco de imaginación». Aquí está. Un misto ruin y descolorido. Lo ponen dentro de una bolsa de papel que tiene un agujerito para la respiración. Se la cedo a Pepita; con su mano libre la lleva con muchísimo cuidado. En la puerta nos despedimos para vernos más tarde. Pero ahora Pepita pide algo. «¿No me dejaría ver la pajarera de los mistos, señora?» Mi tía Melita va a contestar con alguna palabra cor¬tante, lo piensa mejor y dice: «¿Quieres verla? Pasa, pasa».
Pepita camina entre nosotras, admirada. Le gustan los sillones de mimbre, tan blancos y floridos, las palmas en sus soportes de mayólica, y más que nada el vitral del techo por el que bajan todos los colores que existen. Estoy contenta. Creo que ya la admitirán de vez en cuando. Llegamos al segundo patio. Le murmuro a mi amiga: «Ahora vas a conocer a toda la familia». Mi madre sale de la cocina secándose las manos, mi tío se levanta con su libro bajo el brazo, mi abuela sale de su cuarto apoyada en el bastón. Todos nos acercamos a la jaula. Tía Melita arrebata a mi amiga la bolsa de papel. Ella se sobresalta y la mira asombrada, aún sin entender.
¡Aquí tienes el pajarito de los domingos, mi goloso! Con su habilidad de siempre, tía Melita abre la puerta de la jaula al mismo tiempo que rasga el papel. El misto entra. ¡Tan feito él! Después de un loco revoloteo le viene el chucho como a los otros. El caburé lo mira. Hincha su pechera blanca, levanta su cola rayada. ¡Es tan gracioso! Giro hacia Pepita y veo a una desconocida. ¿Pero qué le pasa? Retrocede alocada. ¡Casi hace caer a mi abuela! Ahora corre atropelladamente. ¡Pepita! ¡Pepita! Quiero ir tras ella pero me lo impiden.
Se ha ido gritándonos algo horrible. ¡Dios mío! El primer día que entraba en esta casa y que le dejábamos ver todo, hasta el precioso caburé en su momento más interesante. «¿Qué te decíamos, eh? Ya sucedió. La carbonerita ha mostrado su hilacha.»
Ahora cada uno vuelve a lo que estaba haciendo antes. No puedo menos que averngozarme. A causa de Pepita se han perdido la mayor distracción del domingo. El caburé ya se ha zampado la cabecita del misto. Y lo demás no vale tanto la pena.

CON AMOR ELENA DE STELLA MANTRANA

Un cuento de Stella. hay que disfrutarlo.» Privilegiada sudamericana, nacida en el país de los Pájaros Pintados, amante de la hermosa costa uruguaya, y orgullosa de pertenecer a la ciudad más arbolada y austral de América del Sur.

 

Avatar de Rubén Garcia García - SenderoPUROCUENTO

Cuando la señora Adela  atendió el llamado de la puerta, un cadete le entregó un ramo de flores, y le dijo que era para ella. Le hizo firmar un recibo, y  comenzó esta pequeña historia.

Cerró, la puerta, con un gran ramo de flores, envuelto, en plástico, que asemejaba a un papel, de celofán, y al abrirlo fué inmensa  su sorpresa, era un ramo grande alargado, que consistía en claveles, a su alrededor, y en el centro dos orquídeas, y todo ello adornado con espárrago. Sujetaba, todo ese conjunto, unas cintas finas blancas, que formaban una pequeña moña.

Buscó la tarjeta, y no la encontró, fué cuando empezó su pesquisa.  No había ningún aniversario, que ameritara, tal atención, no estaba cerca, navidad, ni su cumpleaños, y  lo fundamental, no tenía admirador alguno, porque si existiera,  era como para decir “Locas pasiones a los 70 años” ,o “Conseguir lo imposible sin…

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Los pinches tiranos de Carlos Castaneda

…-¿Usted encontró a un pinche tirano, don Juan?
-Tuve suerte. Un verdadero ogro me encontró a mí. Sin embargo, en aquel entonces, yo me sentía como tú, no podía considerarme afortunado, aunque mi benefactor me decía lo contrario.
Don Juan dijo que su penosa experiencia comenzó unas semanas antes de conocer a su benefactor. Apenas tenia veinte años de edad en aquel entonces. Había conseguido un empleo como jornalero en un molino de azúcar. Siempre había sido muy fuerte, y por eso le era fácil conseguir trabajos para los que se requerían músculos. Un día, mientras movía unos pesados costales de azúcar llegó una señora. Estaba muy bien vestida y parecía ser mujer rica y de autoridad. Dijo don Juan que la señora quizá tenía unos cincuenta años de edad, y que se le quedó viendo, luego habló con el capataz y partió.
El capataz se acercó a don Juan, diciéndole que si le pagaba, él lo recomendaría para un trabajo en la casa del patrón. Don Juan le respondió que no tenía un centavo. El capataz sonrió y le dijo que no se preocupara, que el día de pago tendría bastante. Palmeó la espalda de don Juan y le aseguró que era un gran honor trabajar para el patrón.
Don Juan dijo que, puesto que él era un humilde indio ignorante que vivía al día, no solo se creyó hasta la ultima palabra, sino que hasta creyó que una hada benévola le había hecho un regalo. Prometió pagarle al capataz lo que quisiera. El capataz mencionó una considerable suma, que tenia que pagarse en abonos.
De inmediato, el capataz llevó a don Juan a la casa del patrón que quedaba bastante lejos del pueblo, y ahí lo dejó con otro capataz, un hombre enorme, sombrío y de físico horrible que le hizo muchas preguntas. Quería saber acerca de la familia de don Juan. Don Juan le contestó que no tenía familia alguna. Eso agradó tanto al hombre que llegó a sonreír, mostrando sus dientes carcomidos.
Le prometió a don Juan que le pagarían mucho, y que incluso estaría en posición de ahorrar dinero, porque no tendría que gastarlo ya que iba a vivir y comer en la casa.
La manera como el hombre se rió aterró tanto a don Juan que de inmediato trató de salir corriendo. Llegó hasta la entrada, pero el hombre le cortó el camino con un revólver en la mano. Lo amartilló y lo empujó con fuerza contra el estómago de don Juan.
-Estás aquí para trabajar como burro -dijo-. Que no se te olvide.
Con mucha fuerza empujó a don Juan, y le pegó con un garrote. Lo arrastró a un costado de la casa y después de comentar que él hacía trabajar a sus hombres de sol a sol y sin descanso, puso a trabajar a don Juan, desenterrando dos enormes troncos de árbol cortados. También le dijo a don Juan que si otra vez intentaba escapar o acudir a las autoridades lo mataría a balazos.
-Trabajarás aquí hasta que te mueras -le dijo-. Y después otro indio tomará tu puesto, así como tú estás tomando el puesto de un indio muerto.
Don Juan dijo que la casa parecía una fortaleza inexpugnable, con hombres armados con machetes por doquier. Así que hizo lo único sensato que podía hacer: ponerse a trabajar y tratar de no pensar en sus cuitas. Al final de la jornada, el hombre regresó y, porque no le gustó la mirada desafiante en los ojos de don Juan, se lo llevó a patadas hasta la cocina. Amenazó a don Juan con cortarle los tendones de los brazos si no le obedecía.
En la cocina una vieja le sirvió comida, pero don Juan estaba tan perturbado que no podía comer. La vieja le aconsejó que comiera todo porque tenía que fortalecerse ya que su trabajo jamás terminaría. Le advirtió que el hombre que ocupaba su lugar había muerto el día anterior. Estaba demasiado débil y se cayó de una ventana del segundo piso.
Don Juan dijo que trabajó en la casa del patrón por tres semanas, y que el hombre abusó de él a cada instante. Bajo la amenaza constante de su cuchillo, pistola o garrote, el capataz lo hizo trabajar en las más peligrosas condiciones, haciendo los trabajos más pesados que es posible imaginar. Cada día lo mandaba a los establos a limpiar los pesebres mientras seguían en ellos los nerviosos garañones. Al comenzar el día, don Juan tenia siempre la certeza de que no iba a sobrevivirlo. Y sobrevivir sólo significaba que tendría que pasar otra vez por el mismo infierno al día siguiente.
Lo que precipitó la escena final fue la petición que don Juan hizo en un día feriado. Pidió unas horas para ir al pueblo a pagarle el dinero que le debía al capataz del molino de azúcar. Era un pretexto. El capataz se dio cuenta y repuso que don Juan no podía dejar de trabajar, ni siquiera un minuto, porque estaba endeudado hasta las orejas por el solo privilegio de trabajar allí.
Don Juan tuvo la certeza de que ahora si estaba perdido. Entendió las maniobras de los dos capataces: estaban de acuerdo para hacerse de indios pobres del molino, trabajarlos hasta la muerte y dividirse sus salarios. Al darse cabal cuenta de todo esto don Juan explotó. Comenzó a dar gritos histéricos; gritando atravesó la cocina y entró a la casa principal. Sorprendió tan por completo al capataz y a los otros trabajadores que pudo salir corriendo por la puerta delantera. Casi logró huir, pero el capataz lo alcanzó y en medio del camino le pegó un tiro en el pecho y lo dio por muerto.
Don Juan dijo que su destino no fue morir; ahí mismo lo encontró su benefactor y lo cuidó hasta que se repuso.
-Cuando le conté toda la historia a mi benefactor -prosiguió don Juan-, apenas logró contener su emoción. “Ese capataz es un verdadero tesoro” dijo mi benefactor. “Es algo demasiado raro para ser desperdiciado. Algún día tienes que volver a esa casa”.
“Se deshacía en elogiar a mi suerte de encontrar un pinche tirano, único en su género, con un poder casi ilimitado. Pensé que el señor estaba loco. Me tomó años entender cabalmente lo que me dijo en ese entonces.
-Este es uno de los relatos más horribles que he escuchado en mi vida -dije-. ¿Realmente volvió usted a esa casa?
-Claro que volví, tres años después. Mi benefactor tenia razón. Un pinche tirano como aquel era único en su género y no podía desperdiciarse.
-¿Cómo logró usted regresar?
-Mi benefactor ideó una estrategia utilizando los cuatro atributos del ser guerrero: control, disciplina, refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno.
Don Juan dijo que su benefactor, al explicarle lo que él tenía que hacer en la casa del patrón para enfrentar a aquel ogro de hombre, también le reveló que los nuevos videntes consideraban que habían cuatro pasos en el camino del conocimiento. El primero es el paso que dan los seres humanos comunes y corrientes al convertirse en aprendices. Al momento que los aprendices cambian sus ideas acerca de sí mismos y acerca del mundo, dan el segundo paso y se convierten en guerreros, es decir, en seres capaces de la máxima disciplina y control sobre si mismos. El tercer paso, que dan los guerreros, después de adquirir refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno, es convertirse en hombres de conocimiento. Cuando los hombres de conocimiento aprenden a ver, han dado el cuarto paso y se han convertido en videntes.
Su benefactor recalcó el hecho de que don Juan ya había recorrido el camino del conocimiento lo suficiente para haber adquirido un mínimo de los dos primeros atributos: control y disciplina.
-En aquel entonces, me estaban vedados los otros dos atributos -prosiguió don Juan-. El refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno quedan en el ámbito del hombre de conocimiento. Mi benefactor me permitió el acceso a ellos a través de su estrategia…
…-Ese señor no era nada en comparación con los verdaderos monstruos que los nuevos videntes enfrentaron durante la Colonia. Todo parece indicar que aquellos videntes se quedaron bizcos de tanta diversión. Probaron que hasta los peores pinches tiranos son un encanto, claro esta, siempre y cuando uno sea guerrero.
Don Juan explicó que el error de cualquier persona que se enfrenta a un pinche tirano es no tener una estrategia en la cual apoyarse; el defecto fatal es tomar demasiado en serio los sentimientos propios, así como las acciones de los pinches tiranos. Los guerreros por otra parte, no solo tienen una estrategia bien pensada, sino que están también libres de la importancia personal. Lo que acaba con su importancia personal es haber comprendido que la realidad es una interpretación que hacemos. Ese conocimiento fue la ventaja definitiva que los nuevos videntes tuvieron sobre los españoles.
Dijo que estaba convencido de que podía derrotar al capataz usando solamente la convicción de que los pinches tiranos se toman mortalmente en serio, mientras que los guerreros no.
Siguiendo el plan estratégico de su benefactor, don Juan volvió a conseguir trabajo en el mismo molino de azúcar. Nadie recordó que él trabajó allí; los peones trabajaban en el molino de azúcar por temporadas.
La estrategia de su benefactor especificaba que don Juan tenia que ser esmerado y circunspecto con quien fuera que llegara buscando otra víctima. Resultó que la misma señora llegó, como lo había hecho años antes y se fijó inmediatamente en don Juan, quien tenía aún más fuerza física que la vez anterior.
Tuvo lugar la misma rutina con el capataz. Sin embargo, la estrategia requería que don Juan, desde el principio, rehusara pago alguno al capataz. Al hombre jamás se le había hecho eso, y quedó asombrado. Amenazó con despedir a don Juan del trabajo. Don Juan lo amenazó por su parte, diciendo que iría directamente a la casa de la señora a verla. Le dijo al capataz que él sabía donde vivía ella, porque trabajaba en los campos aledaños cortando caña de azúcar. El hombre comenzó a regatear, y don Juan le exigió dinero antes de aceptar ir a casa de la señora. El capataz cedió y le entregó algunos billetes. Don Juan se dio perfecta cuenta de que el capataz accedía sólo como ardid para conseguir que aceptara el trabajo.
El mismo me llevó de nuevo a la casa -dijo don Juan-. Era una vieja hacienda propiedad de la gente del molino de azúcar; hombres ricos que o bien sabían lo que pasaba y no les importaba, o eran demasiado indiferentes para darse cuenta.
“En cuanto llegamos ahí, corrí a buscar a la señora. La encontré, caí de rodillas y besé su mano para darle las gracias. Los dos capataces estaban lívidos.
“El capataz de la casa me hizo lo mismo que antes. Pero yo estaba preparadísimo para tratar con él; tenía yo control y disciplina. Todo resultó tal como lo planeó mi benefactor. Mi control me hizo cumplir con las más absurdas necedades del tipo. Lo que generalmente nos agota en una situación como ésa es el deterioro que sufre nuestra importancia personal. Cualquier hombre que tiene una pizca de orgullo se despedaza cuando lo hacen sentir inútil y estúpido.
“Con gusto hacía yo todo lo que el capataz me pedía. Yo estaba feliz y lleno de fuerza. Y no me importaban un comino mi orgullo o mi terror. Yo estaba ahí como guerrero impecable. El afinar el espíritu cuando alguien te pisotea se llama control.”
Don Juan explicó que la estrategia de su benefactor requería de que en lugar de sentir compasión por sí mismo, como lo había hecho antes, se dedicara de inmediato a explorar el carácter del capataz, sus debilidades, sus peculiaridades.
Encontró que los puntos más fuertes del capataz eran su osadía y su violencia. Había balaceado a don Juan a plena luz del día y ante veintenas de espectadores. Su gran debilidad era que le gustaba su trabajo y que no quería ponerlo en peligro. Bajo ninguna circunstancia intentaría matar a don Juan dentro de la propiedad, durante el día. Su otra gran debilidad consistía en que era hombre de familia. Tenia una esposa e hijos que vivían en una casucha cerca de la casa.
-Reunir toda esta información mientras te golpean se llama disciplina -dijo don Juan-. El hombre era un demonio. No tenia ninguna gracia que lo salvara. Según los nuevos videntes, el perfecto pinche tirano no tiene ninguna característica redentora.
Don Juan dijo que los dos últimos atributos del ser guerrero, que él aún no tenia en aquel entonces, habían quedado automáticamente incluidos en la estrategia de su benefactor. El refrenamiento es esperar con paciencia, sin prisas, sin angustia; es una sencilla y gozosa retención del pago que tiene que llegar.
-Mi vida era una humillación diaria -prosiguió don Juan-, a veces hasta lloraba cuando el hombre me pegaba con su látigo, y sin embargo, yo era feliz. La estrategia de mi benefactor fue lo que me hizo aguantar de un día a otro sin odiar a nadie. Yo era un guerrero. Sabía que estaba esperando y sabía qué era lo que esperaba. Precisamente en eso radica el gran regocijo del ser guerrero.
Agregó que la estrategia de su benefactor incluía acosar sistemáticamente al hombre, escudándose siempre tras un orden superior, así como habían hecho los videntes del nuevo ciclo, durante la Colonia, al escudarse con la iglesia católica. Un humilde sacerdote era a veces más poderoso que un noble.
El escudo de don Juan era la señora dueña de la casa. Cada vez que la veía se hincaba ante ella y la llamaba santa. Le rogaba que le diera la medalla de su santo patrón para que él pudiera rezarle por su salud y bienestar.
-Me dio una medalla de la virgen -prosiguió don Juan-, y eso casi aniquiló al capataz. Y cuando conseguí que las cocineras se reunieran a rezar por la salud de la patrona casi sufrió un ataque al corazón. Creo que entonces decidió matarme. No le convenía dejarme seguir adelante.
“A manera de contramedida organicé un rosario entre todos los sirvientes de la casa. La señora creía que yo tenia todas las características de un santo.
“Después de aquello ya no dormía profundamente, ni dormía en mi cama. Cada noche me subía al techo de la casa. Desde allí vi dos veces al hombre llegar a mi cama con un cuchillo.
“Todos los días me empujaba a los pesebres de los garañones con la esperanza de que me mataran a patadas, pero yo tenia una plancha de tablas pesadas que apoyaba en una de las esquinas. Yo me escondía detrás de ella y me protegía de las patadas de caballo. El hombre nunca lo supo porque los caballos le daban náuseas; era otra de sus debilidades, la más mortal de todas, como resultó al fin.
Don Juan dijo que la habilidad de escoger el momento oportuno es una cualidad abstracta que pone en libertad todo lo que está retenido. Control, disciplina y refrenamiento son como un dique detrás del cual todo está estancado. La habilidad de escoger el momento oportuno es la compuerta del dique.
El capataz sólo conocía la violencia, con la cual aterrorizaba. Si se neutralizaba su violencia quedaba casi indefenso. Don Juan sabía que el hombre no se atrevería a matarlo a la vista de la gente de la casa, así. que un día, en presencia de otros trabajadores y también de la señora, don Juan insultó al hombre. Le dijo que era un cobarde y un asesino que se amparaba con el puesto de capataz.
La estrategia de su benefactor exigía que don Juan estuviera alerta para escoger y aprovechar el momento oportuno y voltearle las cartas al pinche tirano. Cosas inesperadas siempre suceden así. De repente, el más bajo de los esclavos se burla del déspota, lo vitupera, lo hace sentirse ridículo frente a testigos importantes, y luego se escabulle sin darle tiempo de tomar represalias.
-Un momento después -prosiguió don Juan-, el hombre enloqueció de rabia, pero yo ya estaba piadosamente hincado frente a la patrona.
Don Juan dijo que cuando la señora entró a su recamara, el capataz y sus amigos lo llamaron a la parte trasera de la casa, supuestamente para hacer un trabajo.
El hombre estaba muy pálido, blanco de ira. Por el tono de su voz don Juan supo lo que el hombre pensaba hacer con él. Don Juan fingió obedecer, pero en vez de dirigirse adonde el capataz le ordenaba corrió hacia los establos. Confiaba en que los caballos harían tanto ruido que los dueños de la casa saldrían a ver lo que pasaba. Sabía quo el hombre no se atrevería a dispararle, y que tampoco se acercaría adonde estaban los caballos. Esa suposición no se cumplió. Don Juan había empujado al hombre más allá de sus límites.
-Salté al pesebre del más salvaje de los caballos -dijo don Juan-, y el pinche tirano, cegado por la rabia, sacó su cuchillo y se metió tras de mí. Al instante, me escondí detrás de mis tablas. El caballo le dio una sola patada y todo acabó.
“Yo había pasado seis meses en esa casa,. y durante ese periodo ejercí los cuatro atributos de ser guerrero. Gracias a ellos había triunfado. Ni una sola vez. sentí compasión por mí mismo, ni lloré de impotencia. Sólo sentí regocijo y serenidad. Mi control y mi disciplina estuvieron afilados como nunca lo estuvieron. Además, experimenté directamente, aunque no los tenía, lo que siente el guerrero impecable cuando usa el refrenamiento y la habilidad de escoger el momento oportuno.”
“Mi benefactor explicó algo muy interesante. Refrenamiento significa retener con el espíritu algo que el guerrero sabe que justamente debe cumplirse. No significa que el guerrero ande por ahí pensando en hacerle mal a alguien, o planeando cómo vengarse y saldar cuentas. El refrenamiento es algo independiente. Mientras el guerrero tenga control, disciplina y la habilidad de escoger el momento oportuno, el refrenamiento asegura que recibirá su completo merecido quienquiera que se lo haya ganado.”
-¿Triunfan alguna vez los pinches tiranos, y destruyen al guerrero que se les enfrenta? -pregunté.
-Desde luego. Durante la Conquista y la Colonia los guerreros murieron como moscas. Sus filas se vieron diezmadas. Los pinches tiranos podían condenar a muerte a cualquiera, por un simple capricho. Bajo ese tipo de presión, los videntes alcanzaron estados sublimes.
Aseguró don Juan que, en esa época, los videntes que sobrevivieron tuvieron que forzarse hasta el límite para encontrar nuevos caminos.

 

tirano

(Carlos Castaneda : El fuego interno) 

El arte de escuchar de Henning Mankell

«La manera más simple de entender lo que aprendí en África es a través de una parábola sobre por qué los seres humanos tenemos dos orejas y una lengua. ¿Por qué? Probablemente porque deberíamos escuchar dos veces más de lo que hablamos.

En África, escuchar es un principio guía. Ese principio se fue perdiendo con la continua cháchara del mundo occidental, donde nadie parece tener ganas o tiempo para escuchar al otro. Por mi propia experiencia, he notado que tengo que responder más rápidamente en las entrevistas televisivas en comparación con el tiempo que tenía hace diez años, o cinco. Es como si se hubiese perdido la habilidad de escuchar. Hablamos, hablamos, hablamos, y terminamos asustados por el silencio, el refugio de quienes no tienen una respuesta.

Recuerdo cuando la literatura de América del Sur se instaló en la conciencia popular y cambió para siempre nuestra visión de la condición humana y lo que significa «el ser». Ahora pienso que es el turno de Africa.

En todas partes, los africanos escriben y cuentan historias.

Estoy convencido de que muy pronto la literatura africana irrumpirá en el mundo, de manera similar a lo que ocurrió con la literatura Sudamericana años atrás, cuando Gabriel Garcia Marquez y otros grandes escritores lideraron una revuelta tumultuosa y emocional contra la “verdad fosilizada”.

Pronto la literatura Africana ofrecerá una nueva perspectiva sobre la condición humana. El escritor de Mozambique: Mia Couto, por ejemplo, ha creado un nuevo «realismo mágico» que mezcla el lenguaje escrito con lo más importante de la tradición oral de Africa.

Si somos capaces de escuchar, descubriremos que muchas narraciones africanas tienen estructuras completamente distintas a las que estamos acostumbrados. La literatura occidental generalmente es lineal, va desde el principio al fin sin mayores digresiones, en tiempo y espacio.

Este no es el caso en Africa. Aquí, en lugar de una narrativa lineal, existe una narrativa desmedida y exuberante, que salta hacia adelante y hacia atrás en el tiempo y mezcla el pasado y el presente de manera conjunta. Alguien que murió hace mucho tiempo, por ejemplo, puede intervenir con toda “naturalidad” en una conversación entre dos personas que están vivas.

Los nómades, que todavía habitan el desierto de Kalahari, se cuentan historias unos a otros cuando caminan, durante días, para recolectar raíces comestibles y cazar animales. A menudo se cuentan más de una historia simultáneamente. A veces narran tres o cuatro historias aparentemente independientes pero, antes de volver al lugar donde pasarán la noche, se las arreglan para entretejer las historias  o bien dividirlas definitivamente: darles un final diferente cada uno.

Hace unos años me senté en un banco de plaza, en Maputo. Dos viejos africanos, que estaban sentados antes de mi llegada, me hicieron un lugar. En Africa no solo se comparte el agua, los africanos son también generosos con la sombra.

Escuchaba a los dos hombres hablar acerca de un tercero que había muerto recientemente. Uno de ellos dijo, “Estaba visitándolo en su casa. El me contó una historia fascinante sobre algo que le había pasado cuando era joven. Era una larga historia. Se hizo de noche y la historia no había terminado. Quedamos en que yo regresaría al día siguiente para escuchar el resto.

Cuando volví, ansioso por escuchar el final del relato, él estaba muerto”.

El hombre calló. Decidí no dejar el banco hasta escuchar la respuesta del otro hombre. Tuve el presentimiento de que iba a ser algo muy importante.

Finalmente, el otro hombre habló:

“Esa no es una buena manera de morir. No hay que morirse antes de contar el final de la historia”

Mientras escuchaba a estos dos hombres se me ocurrió que una mejor definición de “Homo Sapiens” debía ser “Homo Narrans”, hombre que cuenta, que narra.

Lo que nos diferencia de los animales es la posibilidad de escuchar los sueños, los miedos, las alegrías, las tristezas, los deseos, los fracasos de los otros, y que ellos pueden escuchar los nuestros.

Mucha gente comete el error de confundir información con “conocimiento” o “sabiduría”. No es lo mismo.  El conocimiento acarrea la interpretación de la información. El conocimiento demanda escucha.

Por eso, si estoy en lo cierto respecto a que somos “criaturas narrantes”, y mientras nos permitamos quedarnos callados un rato de vez en cuendo, la narración continuará para siempre. 

Muchas palabras serán escritas en el viento y en la arena, o terminarán en algún oscuro medio digital. Pero el contar historias continuará mientras haya, al menos, un ser humano que pueda contar.

En ese momento, ese ser humano debería enviar la gran crónica de la humanidad hacia el espacio eterno. 

Quién sabe. Quizás haya alguien allí afuera, deseando escuchar.»

 

Extraído de un texto de Henning Mankell, publicado en “The New York Times” (10-12-11).

 

Maputo, Mozambique.

 

Henning Mankell es sueco.

Eligió ir a África porque el boleto de avión era más barato que uno para Sudamérica o para Asia. Se quedó en Mozambique un tiempo y fue viviendo un tiempo en África, un tiempo en Suecia, alternadamente durante veinticinco años. El motivo de vivir en dos países, en dos continentes, tuvo que ver con su deseo de “poder ver más claramente, comprender”.

 

 

 

Traducción: María Copeiro.

Adaptación: Humberto Guido Meoli.

Tomado del Fb

El día del niño perdido por Arturo Mendoza Rangel

El siete de diciembre, en la baja huasteca* veracruzana, se encienden miles de velas en las aceras, balcones y salientes de casas y edificios públicos, para conmemorar la tradición del niño perdido, que en estos tiempos, se realiza más en la creencia católica de magnificar el pasaje bíblico en que se habla del encuentro del niño Jesús con sacerdotes en el templo de Jerusalén.
Aproximadamente a las 19 horas, las familias se congregan en el frente de sus casas, los trabajadores y estudiantes en los edificios públicos, para encender centenares de velas que arderán hasta su consumo final, brindando al paseante, espectador o simple curioso, un espectáculo lleno de colorido.
Por años, esta tradición se ha desarrollado principalmente en los municipios de Álamo. Tihuatlán Poza Rica y Tuxpan, en este último, se realiza también (aun que cada vez en menor escala) un desfile de carritos manufacturados artesanalmente.
Las principales arterias de estos lugares, lucen su encanto luminoso en hileras que adornan las aceras y los moradores se congregan para iniciar la charla o la tertulia donde no falta un café o la guitarra y en ocasiones, hasta un trío de huapangueros que recorren tocando de casa en casa sones tradicionales o de “costumbre”.
Sin embargo, aunque hasta ahora domina la idea de que el ritual se lleva a cabo en honor del pequeño hijo de San José y María, existe entre los viejos huastecos una leyenda que pudiera realmente ser el origen de tan hermosa tradición: 
Cuentan estos ancianos que en la época prehispánica, la afluencia de los ríos y sus caudales era muy codiciada, por lo que todas las etnias buscaban asentarse en sus riveras, lo que provocaba un sin número de enfrentamientos, guerras que por la supremacía y la supervivencia, arrojaban su cuota de muerte y destrucción a pobladores, guerreros, niños y ancianos.
En conciliábulo de dioses, estos acordaron imponer un castigo a los rijosos y recorriendo el sol hacia el oriente, dejaron la región sumida entre las sombras.
Los jefes y caciques se reunieron para buscar remedio a su castigo, y acudiendo entre todos a implorar a los dioses, recibieron respuesta en vos del trueno, (Tajín) que les impuso la tarea de construir un escudo con oro, plata y piedras preciosas y tan pulido que fuera capas de reflejar el sol hacia la zona que se encontraba a oscuras.
Para tal efecto, desposarían antes a la más agraciada de las doncellas de todas la etnias con el más noble y valeroso guerrero, tan valiente y osado, que fuera capaz de remontar el espacio y colocarse frente al sol para iluminar con su reflejo, la tierra castigada por los dioses.
Aquél audaz guerrero, solo disfrutaría los amores y trato de su esposa durante los tres meses que durara la elaboración del escudo en ciernes; es el caso que cuando ya había partido al infinito, la esposa se da cuenta de su embarazo y a sabiendas que el guerrero ya no volverá a pisar la tierra, sale en su persecución para enterarlo de su concepción, travesía que al ser demasiado accidentada y penosa para ella, le provoca la muerte y fallece dando a luz en el firmamento.
Avisados por los dioses del suceso, en toda la región de la baja Huasteca se encienden miles de hogueras para guiar el regreso del recién nacido, instituyéndose así la tradición del DÍA DEL NIÑO PERDIDO.

niño perdido

*Huasteca región de méxico habitada por la etnia de los Huastecos. Ubicada en la parte norte del Golfo de México y la sierra madre oriental. Actualmente conformada por los estados de Veracruz, Tamaulipas. Hidalgo, San luis Potosí, Querétaro. 

huasteca

 

 

 

Los Caníbales y exploradores de AnaM.Shua

Los caníbales bailan alrededor de los exploradores. Los caníbales encienden el fuego. Los caníbales tienen la cara pintada de tres colores. Los caníbales están interesados en el corazón y el cerebro, desprecian la carne tierna de los muslos, el resto de las vísceras. Los caníbales ingieren aquellas partes del cuerpo que consideran capaces de infundir en ellos las virtudes que admiran en sus víctimas. Los caníbales se ensañan sin goce en su banquete ritual. Los caníbales visten las prendas de los exploradores. Los caníbales, una vez en Londres, pronuncian documentadas conferencias sobre los caníbales.

anibales

 

Tomado Fb

 

La pérdida del amor de Luisa Valenzuela*

Mi antiguo enamorado me tenía entre algodones de azúcar y siempre repetía que yo era la más dulce; era su bombón de chocolate, su caramelo masticable. Por desgracia una creciente diabetes lo obligó a apartarse de mi lado.
La separación me agrió a tal punto el carácter que a mi nuevo pretendiente le produje acidez. Ahora a ninguno le resulto apetecible. Muy a mi pesar tendré que alejarme de esta secta de caníbales entre los cuales me sentía muy querida si bien algo diezmada.

mujer de rojo

*Periodista y novelista argentina, Luisa Valenzuela ha trabajado para numerosos medios de comunicación, como el diario La Nación, y a lo largo de su carrera ha disfrutado de becas como la Guggenheim o la Fullbright en apoyo a su obra literaria.

Valenzuela ha sido homenajeada por la Casa de las Américas y, además de seguir con su producción de cuentos y novelas, sigue escribiendo columnas de tipo periodístico. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios y galardones, como el Konex, la Medalla Machado de Asís o el Astralba. De entre sus títulos habría que destacar algunos como El gato eficaz, La travesía, Cola de lagartija o El mañana, entre otros.