Rancisca, el tren de la tarde y la muerte

patagonia chacabuco

Casiopea

Ornelio Jorge Cardozo

-Santos y buenos días- dijo la Muerte, y ninguno la pudo reconocer porque venía con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla en el bolsillo.

-Quisiera saber donde vive la señora Francisca.

-Allá arriba- le respondieron, señalándole el camino.

Andando, la Muerte vio que eran las siete de la mañana. “Para la una y cuarto está anotada Francisca: menos mal, poco trabajo, un sólo caso”, se dijo satisfecha de no fatigarse. Y llegó a casa de Francisca:
– Por favor con Panchita- dijo adulona la Muerte.
-Abuela salió temprano- contestó una nieta.

-¿Y a qué hora regresa?- preguntó.

-¡Quién lo sabe!- dijo la madre de la niña-. Depende de los quehaceres que tenga en el campo.

-Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí?

-Si, pero puede que regrese hasta el anochecer.

“¡Chin! -pensó la Muerte-, se me irá el tren de las cinco. Mejor voy…

Ver la entrada original 341 palabras más