Oscar martínez Molina
Nunca me hubiera imaginado que yo, el Ricky, como me conocían en la cuadra, tuviese en esta vida o en cualquier otra, la maravillosa oportunidad de ser el feliz amante de Teresa, la hija del usurero, avecindados en el barrio la esperanza, del puerto de Altamira. Ricos y recontra ricos de cepa, como jamás los he visto ni los volveré a ver en mi vida. 
La conocí el día de navidad porque me tocó llevar a su residencia, los vinos y licores encargados a mis patrones. La vi en un cruce fugaz cuando colocaba las botellas en una alacena de la inmensa cocina. Tosió discreta llamando mi atención.
-Cómo te llamas. Preguntó 
!Ricky¡ respondí enseguida.
¿Me puedo aprovechar de ti Ricky? Dijo ella. Necesito que me ayudes con la gaveta trabada de un cajón, en mi recamara.
Y subí tras ella. 
Teresa era en ese entonces, una mujer de treinta o treinta y cinco y yo, muy apenas rondaba los veinte. Destrabé sin mucho esfuerzo la gaveta aquella y al volver mi vista, hallé ante mí, la más hermosa de las mujeres, desnuda. 
Llevándose el dedo índice a los labios hizo la seña de silencio. Lo que pasó después se los platico como se platica la receta de un guiso navideño. Desplumamos el pavo, preparamos el relleno, marinamos las piernas, sazonamos pechuga y rabadilla, y los pusimos a calentar al horno. 
Teresa irradiaba una inmensa luz en sus ojos.
Me despidió aquella mañana, sin una sola palabra de por medio.
Por la noche me reuní con mis amigos para cenar bolillos y tortas de pierna y pavo, y ya después de tres o cuatro copas de vino, me atreví a decir unas palabras, a modo de brindis.
-!Amigos¡ dije 
No me gustaría caer en el lugar común y decir que, la navidad, llene sus corazones de paz y felicidad y que la prosperidad, la salud y el bienestar hagan nido en sus hogares en el año que viene.
Tampoco quisiera decir lo que tan trillado se dice : que se cumplan sus sueños y sus fantasías 
Pero qué chingados, ya lo dije.
Después de aquella mañana y de lo que pasó con Teresa, la vida se convierte en un infierno, por muy navidades que pasen. La oscuridad se mete en el alma y la llena de malas pasiones y peores remordimientos. Así fue que, muy a pesar mío y muy en contra de los ruegos de mis amigos, pasadas apenas las once de la noche, me presenté a la casa y grité el nombre de Teresa, desde la calle ¡Reclamando mi condición de amante! 
Lo menos que se dijo de mí era que, todo aquello, no era otra cosa que el efecto de los alcoholes. 
Al final de aquella noche, los ánimos se fueron apaciguando. Los amigos siguieron la parranda a costilla de mis ingratas fantasías, la navidad y la hija del usurero tuvieron su cena espléndida y yo, a manera de no verme envuelto en otros líos, fui remitido con el mayor de los cuidados, a los separos de la policía.
El veinticinco de diciembre suele ser un día muerto y de profundo silencio. Todos duermen y reposan las alegrías y angustias de la noche buena. El sonido de pasos, el tintineo de llaves, el susurro de voces. Allí está de nuevo ella, Teresa, llevándose el dedo índice a los labios para pedirme silencio. 
Después ya solos, me pide directamente. 
-Discreción, prudencia, silencio. 
!Exactamente¡ Le digo, pero, cómo putas le digo a mi conciencia y a mi alma y a mi corazón que callen. 
Veinte años han pasado de aquello, los tiempos han cambiado. Mi mujer y mis hijos, la cena de navidad en casa. Los primos, cuñados y amigos de aquella época. 
-Ricky platícale a los primos lo del desaguisado aquel de navidad y la hija del usurero. Dijo mi mujer. 
Y yo, como aquel viejo consejo, reí y guardé silencio. 
Teresa y yo con discreción y prudencia, cumplíamos también la veintena de años como amantes.

 

Complemento

Es de Yahalon chiapas y es su alias en la página de los cuentos (Loscuentos.net) donde virtualmente nos leíamos. Un día  de hace muchos años nos conocimos en alguna parte de la ciudad de México, era una reunión de cuenteros con el que compartí algunos tragos y carne asada. Se sucedierón muchos años, tanto correr me jodió las rodillas, según recordaba el era ortopedista y me puse en comunicación con él , tanto que viaje a la capital y volví a verlo en su consultorio, ahora como paciente. Meses después  entraba al quirófano, pero por cuestiones administrativas de mi institución no me intervino.  Su actividad de médico, cirujano ortopedista del cuarto nivel no le restó fuerzas para amar a la literatura. Este cuento de navidad es algo de las muchas cosas que ha escrito y que son todo una delicia en su prosa.

Sendero

 

©2018 by Oscar Mtz. Molina 
Autorretrato en Altamira, con victoria. Dic, 2018