Hay una balanza que se inclina a la margen izquierda de mi latido.
Hay instantes tatuados en la piel que cubren mis heridas.
Hay ausencias que gritan la presencia en ese brindis a la vida.
Me acurruco en el verso, en mi cuerpo revestido de primavera sin puertas, sin bruma, con la asonancia a este año, la consonancia a quienes han estado tan cerca, tan lejos, con frontera, sin horizonte… y me encuentro con una mirada que rompe la luz del silencio, que quiebra la memoria de la tristeza, que nombra cada uno de esos pliegues que han arrullado un segundo de su vida en mí.
Somos verbo efímero, estación que culmina en un tañido de esperanza.
¡Feliz Año. Feliz Vida Nueva!

 

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