El siete de diciembre, en la baja huasteca* veracruzana, se encienden miles de velas en las aceras, balcones y salientes de casas y edificios públicos, para conmemorar la tradición del niño perdido, que en estos tiempos, se realiza más en la creencia católica de magnificar el pasaje bíblico en que se habla del encuentro del niño Jesús con sacerdotes en el templo de Jerusalén.
Aproximadamente a las 19 horas, las familias se congregan en el frente de sus casas, los trabajadores y estudiantes en los edificios públicos, para encender centenares de velas que arderán hasta su consumo final, brindando al paseante, espectador o simple curioso, un espectáculo lleno de colorido.
Por años, esta tradición se ha desarrollado principalmente en los municipios de Álamo. Tihuatlán Poza Rica y Tuxpan, en este último, se realiza también (aun que cada vez en menor escala) un desfile de carritos manufacturados artesanalmente.
Las principales arterias de estos lugares, lucen su encanto luminoso en hileras que adornan las aceras y los moradores se congregan para iniciar la charla o la tertulia donde no falta un café o la guitarra y en ocasiones, hasta un trío de huapangueros que recorren tocando de casa en casa sones tradicionales o de “costumbre”.
Sin embargo, aunque hasta ahora domina la idea de que el ritual se lleva a cabo en honor del pequeño hijo de San José y María, existe entre los viejos huastecos una leyenda que pudiera realmente ser el origen de tan hermosa tradición: 
Cuentan estos ancianos que en la época prehispánica, la afluencia de los ríos y sus caudales era muy codiciada, por lo que todas las etnias buscaban asentarse en sus riveras, lo que provocaba un sin número de enfrentamientos, guerras que por la supremacía y la supervivencia, arrojaban su cuota de muerte y destrucción a pobladores, guerreros, niños y ancianos.
En conciliábulo de dioses, estos acordaron imponer un castigo a los rijosos y recorriendo el sol hacia el oriente, dejaron la región sumida entre las sombras.
Los jefes y caciques se reunieron para buscar remedio a su castigo, y acudiendo entre todos a implorar a los dioses, recibieron respuesta en vos del trueno, (Tajín) que les impuso la tarea de construir un escudo con oro, plata y piedras preciosas y tan pulido que fuera capas de reflejar el sol hacia la zona que se encontraba a oscuras.
Para tal efecto, desposarían antes a la más agraciada de las doncellas de todas la etnias con el más noble y valeroso guerrero, tan valiente y osado, que fuera capaz de remontar el espacio y colocarse frente al sol para iluminar con su reflejo, la tierra castigada por los dioses.
Aquél audaz guerrero, solo disfrutaría los amores y trato de su esposa durante los tres meses que durara la elaboración del escudo en ciernes; es el caso que cuando ya había partido al infinito, la esposa se da cuenta de su embarazo y a sabiendas que el guerrero ya no volverá a pisar la tierra, sale en su persecución para enterarlo de su concepción, travesía que al ser demasiado accidentada y penosa para ella, le provoca la muerte y fallece dando a luz en el firmamento.
Avisados por los dioses del suceso, en toda la región de la baja Huasteca se encienden miles de hogueras para guiar el regreso del recién nacido, instituyéndose así la tradición del DÍA DEL NIÑO PERDIDO.

niño perdido

*Huasteca región de méxico habitada por la etnia de los Huastecos. Ubicada en la parte norte del Golfo de México y la sierra madre oriental. Actualmente conformada por los estados de Veracruz, Tamaulipas. Hidalgo, San luis Potosí, Querétaro. 

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