Ella quería lo que en otras partes sobra de Rubén García García

Sendero

La vieja pretensión se hizo presente. Fue el día de su cumpleaños, cuando partía el pastel y pensó en el deseo. Había simpatía en sus ojos y al caminar su cuerpo ondulaba con gracia. Amada por sus dos hijos y su esposo, llevaba la vida de su alta clase social. Entre los susurros del aire acondicionado, le llegaba el anhelo de lo que en otras familias había mucho. Deseaba una oveja negra.

Aunque tenía confianza con su esposo, guardó el secreto. Poco a poco el deseo adquirió una cuenta de susurros que cuchicheaban en los sueños. Se vestía menos formal, dejó de asistir a las tertulias y canastas para asistir a conciertos de jazz. Su esposo, fiel compañero, se extrañaba de los cambios, y los atribuyó a los ciclos que toda mujer tiene.

Ella seguía siendo transparente, apasionada. El cónyuge se daba cuenta de su transformación, y ella lo realizaba con la naturalidad de haberlo hecho miles de veces. Así la amaba, el disfrute de ella era también de él y optó por dejarla hacer.

Su tez blanca contrastaba con los tonos ciegos de sus vestidos amplios que le daban a su cadera el bamboleo de la flor de caña cuando el viento la mueve.

Una madrugada, llegó una ambulancia hasta su domicilio. En el servicio de urgencia no dudaron en intervenirla. Su marido se quedó sorprendido. Veía al lado de ella un vástago, ella, hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.

RAÍZ DE LA CULTURA / Maricarmen Delfín Delgado — Portal Cultural Los escribas

California, palabra que al escucharla nos traslada mentalmente a una hermosa península de nuestro país, lugar que alberga a dos estados de exótica belleza; de sonido suave y armónico por el engarce de sus sílabas, su origen hasta el día de hoy es dudoso, envuelto en cierta fantasía, un tanto romántico. En 1535 Hernán Cortés […]

RAÍZ DE LA CULTURA / Maricarmen Delfín Delgado — Portal Cultural Los escribas

La risa de Rubén garcía García

sendero

Lo llevé a casa y lo presenté a mis padres como mi novio. Aceptamos que en el hogar había que tratarnos con mesura y respeto.  Al anochecer pasaba a verme. Decía:

—¡Hola!, ¿qué tal, ¿cómo te ha ido? —Sonreía.

Yo contestaba:

—¡Muy bien!

Íbamos a la sala y mamá le traía un vaso con agua de frutas. Las palabras se nos hacían bolas en la boca. Mirábamos hacia todos lados y reíamos sin motivo. Pasó un mes y mamá me decía:

—Qué serio es tu novio, siempre tan callado, ¿así es?

Uno de esos días en que todo parecía ser la calca de los ayeres y viendo que mis padres estaban mirando hacia el jardín, pasé mi mano sobre su muslo. «Nos van a ver», y se retiraba. Me enojó que tuviese gelatina en las venas. Volví sobre su pierna, subí mis yemas hasta el pubis y sobé de arriba abajo y de abajo hacia arriba… hasta que obtuve respuesta.

Él no sabía qué hacer… y me agradaba verlo perturbado. Yo sonreía ante su cara de asombro. En la noche, lo esperaba emocionada, pues, los días habían dejado de ser monótonos. Siempre estaba con un ojo al gato y el otro al garabato.

«Por favor estate quieta», y lo dejaba un momento, para después volver. Tenía la cara enrojecida, sudorosa y su respiración acelerada.

Un día mis padres salieron y él preguntó por ellos, «luego vienen» le dije y empecé mi juego de sobarle la entrepierna. Mi osadía se convirtió en preocupación, cuando sentí que sus manos me tomaban de las caderas y limpiamente ajusté sobre él. Ahora soy yo la que se retira. Mi mamá me ve con otros ojos.

Tanto va el cántaro al agua, hasta que lo derrama de Rubén García García

Sendero

Nepomuceno daba por terminada la discusión con su sentencia favorita » a mí nadie me va a convencer y la calaca me pela los dientes»

Cliente consuetudinario del bar, me extrañó no verlo en dos días y fui a su casa donde vivía solo. Lucía un color céreo con las uñas azules. Sobre la mesita de noche, un vaso con agua y, dentro su dentadura postiza que sarcástica le sonreía…

CUANDO SEA MAYOR — Eltiempohabitado’s Weblog

Si a mis nubes le añado dosme sobran sueñosuna resta y seis pares suman ochoel ceroes para jugar al tréboly el unoes filosofía pura¿y si tuviera que contar ovejas?me ayudarían las hadaspara no dormiry contemplar las arrugas del tiempopero sínecesito un resultado exactoporque me gusta ser puntualy dibujar a la madre del corderopara no perder […]

CUANDO SEA MAYOR — Eltiempohabitado’s Weblog

Los mafiosos también lloran de Rubén García García

Sendero


Aún no me repongo de haberte perdido. ¡Cómo olvidarte! Tu cabello tus saltos armónicos de felina al viento te hacía verte sensual. Te sorprendí cuando regresabas del colegio y te llevé a mi refugio donde te traté como a una reina. Por el lado oscuro de la red, recibí contestación a la oferta: me daban diez mil dolares por tu virginidad. Me esperé a que mejoraran la apuesta. Ese fue mi error. Tus ojos de gata visualizaron una salida y escapaste. Aún no me repongo, y ya mi retrato lo encuentro hasta en la sopa. Quién me iba a decir que la niña tiene una memoria fotográfica.

Tus pasos son alas — Letrologias

Christian E Castilblanco. Llegaste a mi encuentro como un ave sin pasos, desplegamos nuestras alas y aferrados a los cuerpos alzamos vuelo… con el miedo latente de caer le dimos la mano al cielo. Volamos acariciando el viento, mirando tus grandes luceros que brillaban al ver la inmensidad de los pasos andados en este viaje […]

Tus pasos son alas — Letrologias

Una apócrifa historia de Rubén García García

Sendero

Soy el mascarón de proa. En los días del diluvio, Noé no me permitió ir con el resto de los animales, adujo que sería alterar la conducta de los felinos. Recuerdo que su mirada me recorrió como si me ungiera poco a poco mirra y sándalo. Cuando me iba, me detuvo y me convirtió en mascarón, situándome en la proa de la nave.

El huerto — El Blog de Joaquín Sarabia

El huerto. El huerto Da sus frutos…………… La tierra La semilla Y el agua Junto con el trabajo Del hombre y la mujer……………. El huerto Nos da alimento……………… El huerto Es compañero. Joaquín Sarabia

El huerto — El Blog de Joaquín Sarabia

Hastiados de la vida de Rubén García García

Acordamos disparar al mismo tiempo. Ella metió el cañón en mi boca, y el mío lo puse entre sus cejas. Por mi mente pasó su actitud apresurada y cuando quise jalar el gatillo, fue demasiado tarde.

la gastritis de Rubén García García

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En tres días no habría luz. La mañana abrió con un sol atormentado. Había terminado la consulta y pronto darían las dos de la tarde y me urgía algo frío. Recordé que el comercio que tenía ese producto era la cervecería de Pancho, pues disponía de un refrigerador de petróleo que aún daba pelea. Pensaba decirle a Filemón que me acompañara, pero en la mañana salió con sus mulas. Así que repasaba qué amigos podrían estar dispuestos, y todos estaban en labores. Poco antes de terminar mi horario de trabajo, llegó un paciente. Sudoroso le comuniqué que tenía una gastritis y que debería de tomar su medicina con apego al horario; que tuviese cuidado de no ingerir irritantes: «nada de chile, nada de grasa, nada de caña y dentro de quince días, viene».

Cerré el consultorio y fui a dar vueltas al centro del pueblito, con la esperanza de encontrar a un conocido, pues me desagrada estar en una mesa en silencio. No hay nada como algo frío en la mano y una buena plática. Encontré lagartijas, señoras comprando a última hora, pero ningún amigo. Estaba enfadado, cuando pasó el enfermo de gastritis. No le dejé decir nada. Lo abracé, y pronto charlé como si no lo hubiese visto en años. Él me miraba sorprendido, no dando crédito.

—Sígueme, aquí hace un calor que no se aguanta. —Y a empujones lo metí en la cantina; ya sentados pedí dos cervezas, venían chorreando de agua helada y le digo: «¡salud!»

—Yo tengo gastritis, no puedo tomar.

—¿Quién dice que no?

—Pues usted.

—Yo no me acuerdo.

— Me lo dijo hace como una hora.

—¡Qué memoria tengo ¿Y qué te dije?

— Que no podía comer ni chile ni grasa.

—¡Ah! pero la cerveza no es ni chile, ni grasa.

—Pero irrita.

—Bueno… irrita si está muy caliente, la que tenemos está más fría que una muerta. — Digamos entonces… ¡Salud! —De dos tragos terminé el contenido y él, temeroso, sorbió un poco, después cerró los párpados y se la empujó de un trago, toma resuello y me dijo:

—¡Caray, caray! Médicos como usted… hay pocos, ¡me cai de madre!

Yo no le hacía caso, solo doblaba mis ojitos para decirle a Pancho que me trajera otras dos.

Mensajes encontrados de Rubén García García

Frente al cementerio pusieron una cantina con servicio de media noche, al lado de la puerta con letras fosforescentes se leía: «es mejor estar aquí, que enfrente» pásele. El sepulturero, respondió poniendo un anuncio en la reja del camposanto: «Los que estaban allá. ahora están aquí.»