la gastritis de Rubén García García

Sendero

En tres días no habría luz. La mañana abrió con un sol atormentado. Había terminado la consulta y pronto darían las dos de la tarde y me urgía algo frío. Recordé que el comercio que tenía ese producto era la cervecería de Pancho, pues disponía de un refrigerador de petróleo que aún daba pelea. Pensaba decirle a Filemón que me acompañara, pero en la mañana salió con sus mulas. Así que repasaba qué amigos podrían estar dispuestos, y todos estaban en labores. Poco antes de terminar mi horario de trabajo, llegó un paciente. Sudoroso le comuniqué que tenía una gastritis y que debería de tomar su medicina con apego al horario; que tuviese cuidado de no ingerir irritantes: «nada de chile, nada de grasa, nada de caña y dentro de quince días, viene».

Cerré el consultorio y fui a dar vueltas al centro del pueblito, con la esperanza de encontrar a un conocido, pues me desagrada estar en una mesa en silencio. No hay nada como algo frío en la mano y una buena plática. Encontré lagartijas, señoras comprando a última hora, pero ningún amigo. Estaba enfadado, cuando pasó el enfermo de gastritis. No le dejé decir nada. Lo abracé, y pronto charlé como si no lo hubiese visto en años. Él me miraba sorprendido, no dando crédito.

—Sígueme, aquí hace un calor que no se aguanta. —Y a empujones lo metí en la cantina; ya sentados pedí dos cervezas, venían chorreando de agua helada y le digo: «¡salud!»

—Yo tengo gastritis, no puedo tomar.

—¿Quién dice que no?

—Pues usted.

—Yo no me acuerdo.

— Me lo dijo hace como una hora.

—¡Qué memoria tengo ¿Y qué te dije?

— Que no podía comer ni chile ni grasa.

—¡Ah! pero la cerveza no es ni chile, ni grasa.

—Pero irrita.

—Bueno… irrita si está muy caliente, la que tenemos está más fría que una muerta. — Digamos entonces… ¡Salud! —De dos tragos terminé el contenido y él, temeroso, sorbió un poco, después cerró los párpados y se la empujó de un trago, toma resuello y me dijo:

—¡Caray, caray! Médicos como usted… hay pocos, ¡me cai de madre!

Yo no le hacía caso, solo doblaba mis ojitos para decirle a Pancho que me trajera otras dos.

Anuncio publicitario

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s