Entre sexos de Rubén García Garcia

Sendero

Era vocal, simpático, convenció a un club frecuentado por parejas que él era homosexual, es cierto: uñas bien arregladas, discretos movimientos, su cartera de bolsita. Era administrador de una cadena de servicios de belleza y dietéticos. Servicial y atento, ganó su confianza. Las mujeres, cuando los varones veían hacia la alberca, algunas le cerraban el ojo…

Hermosa Mujer Sentada Junto A La Piscina Y Mirando A Cámara Fotos,  Retratos, Imágenes Y Fotografía De Archivo Libres De Derecho. Image  77929786.

MARIPOSA TIEMPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Dibujo de Tatyana Markovtsev – Rusia Volé tras de las alas de esa luz que cautivame sentí mariposa en los brazos del viento;así perdí la sombra, la angustia y el momentohasta olvidar que el viaje ganaba mi partida. ¿Soñaba? Nunca supe si despierta o dormidaregresé en un suspiro al halo de mi alientoy sentí esa […]

MARIPOSA TIEMPO — Eltiempohabitado’s Weblog

Qué no venga el sanador a joderme de Rubén García García

Sendero

He sido un glotón. Disfruto una buena comida, una buena plática de sobremesa con un coñac y un café en la mano. Cincuenta años departiendo: gordo, hipertenso, diabético, ciática y demás. El placer de la comida está por encima. Y lo que quiero para mí, lo quiero para mis gusanos. Por eso cuando el médico me instó a que diera un cambio privándome del sabor. Hable por mí, pero tambien por ellos. Tendrán el placer de disfrutar una carne aderezada en coñac, grasas, pimienta y sal. Será una satisfacción mirarlos en su comilona. Cómo lo hacía yo con mi buen amigo Nerón.

Mesa Servida Con Platos De Oriente Medio Foto de archivo - Imagen de medio,  tradicional: 160077682

Tarzán uno de Rubén García García

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Pamplinas dijo el más anciano a los jovenes que discutían acerca de Tarzán.  Chita fue la compañera, no fue cónyuge. Él Tampoco llegó como niño extraviado a la selva. No, Tarzán era hijo de una mona que fue criada en un pueblo de hombres. Fue rescatada por un macho alfa que la hizo parte de su harem. Parió cuates, que eran de espermas diferentes, El débil sobrevivió por el cobijo de su madre. Al hacerse mayor no podía competir por una hembra, pero si en destreza. Chita fue mona prematura, y él la protegió. Cómo era imposible que Tarzán ganase en una lucha cuerpo a cuerpo con Kurú, chita muy despierta servía de celestina y le conseguía las mejores monas.

El Videoclub: la trilogía animada de Tarzán de Disney

SOY UN ELECTRÓN ACELERADO — palabras a flor de piel

“Si no vas tarde es porque no estás relajada”, dice Richard con dispendio de belleza mulata. Años noventa. Mi pareja y yo estamos de vacaciones al sur de Jamaica. El tour al Río Negro salía a las 10 am del hotel; llegamos 9:50, ya pasaron veinte minutos y aunque tanto el guía como unas diez […]

SOY UN ELECTRÓN ACELERADO — palabras a flor de piel

A veces me da por ser cursi dos de Rubén garcía García

Sendero

Hoy surjo

como fantasma en tu mirada.

Te veo en los quehaceres,

limpiando el cuadro que un amigo te regaló,

ordenando tu ropa,

cepillando tu pelo.

¡Qué gusto!

cuando me cuelo

en tus pensamientos.

y, escucho:

¡Cómo no desear una noche contigo ¡

Me haces sentir una delicada flama

y en un instante

me convierto en el camino que cruza los hombros de la montaña.

Y, cuando te vuelves frío,

¡soy meteorito que desciende a los desiertos ¡

Te gusta que sea fuego,

flor de luz,

Reír,

y llenar de barcos mi cielo…

Cómo decirte que me gustaría estar una noche contigo

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Interpretación a una leyenda Totonaca de Rubén García*

El leñador se desperezó estirando el cuerpo. Se calzó las botas y fue por sus arreos. Con el dedo pulgar comprobó el filo. Observó a la lejanía y con una leve inclinación de la testa saludó a los cuatro puntos.

Respiró hondo y de a poco fue moviéndose en círculos, iniciando una danza de gratitud por los bienes concedidos.

Con las manos ceñía el mango del hacha y lo giraba, cortando gajos de viento con el borde plateado. Los tacones de sus botas sonaban en el piso como si miles de potros trotaran sobre la estepa.

Avanzaba, se detenía y daba vueltas por encima del piso. Parecía una libélula. El sudor hacía regatos dibujando el perfil muscular de su cuerpo.

Después la mirada caía sobre los grandes árboles y el sonido de caballos se transformaba en golpes certeros sobre los tallos. Provocando el miedo germinal por los estruendos.

El sudor del cuerpo corría por cordones de cristal… .Las gruesas de leña se disponían como tambores acostados.

Del norte y del sur llegaban vientos que revolvían la oscuridad del cielo. Los hatos rodaban. El leñador corría de un lado a otro tratando de contener los atados.

Enojado levantaba el hacha y las luces que caían sobre filo, se convertían en relámpagos. Poseído, disparaba rayos hacia la luna, hacia la tierra.

El sudor incesante formaba arroyos que al resbalar por los promontorios cuajaban en cascadas ahogando las ínsulas. Al volver a danzar, llegaba la calma y daba fin a la furia cuando se dormía ocupando la mitad del cielo.

Tajín o ciudad del trueno.

Todo sobre el Tajín, la ciudad del trueno en Veracruz - Matador Español

Inahata teiko

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Una flor es hermosa, luego cae y muere… La naturaleza nos ofrece la belleza y la emoción por un lado, pero por otro la fealdad y el terror. Cuando tu corazón, tocado por la naturaleza, aprende a pensar, a sentir, a agradar, a lamentarse, a anhelar, a compadecerse, es donde nace el haiku. Las hierbas desconocidas al borde del camino muestran la fuerza de la vida mientras una cáscara vacía de cigarra habla de la maravilla de la vida. La compasión por lo que sucede en cada una de las cuatro estaciones da a luz al haiku

Comida con negros de Rubén García García

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En la cantina había una mesera rodeada siempre de clientes. esa tarde estaba sola y la Invité. Departimos con cervezas y una botana de quesos. Me juntaba cada vez más y por debajo de la mesa, acaricié la pierna. A veces llegaba un cliente, en cuanto se desocupaba venía a mi lado. Sin presionar ella ponía su palma en mi pierna. Más osado subí mis dedos hacia su ingle y me sorprendí al sentirle una dureza; en ese momento pagué la cuenta y salí. Los cuatro maestros, con los que departía, se reían. Un silencio dio paso a una pregunta: ¿le creen a este cabrón? —Besotes que le ha de haber dado —Bien apañada, metiendo mano. — Hasta imagino que la lengua de ella se colaba por el diente que te falta. Otro de ellos, sacó la lengua y la dobló en forma de taco. Reían hasta ahogarse. El profesor era de tez blanca, pero en en ese instante, parecía tener rubeola. Pretextando un compromiso, se fue, llevándose a su mujer que le preguntaba ¿y de qué se reían tanto?

Grupo Multiétnico De Hombres Riendo Y Bebiendo Cerveza Foto de stock y más  banco de imágenes de Amistad masculina - iStock

El concierto de Monterroso

Sendero

]
Dentro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el
piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso
homenaje del público. Su vestido, cubierto de lentejuelas, brillará como
si la luz reflejara sobre él el acelerado aplauso de las ciento diecisiete
personas que llenan esta pequeña y exclusiva sala, en la que mis
amigos aprobarán o rechazarán —no lo sabré nunca— sus intentos de
reproducir la más bella música, según creo, del mundo.
Lo creo, no lo sé. Bach, Mozart, Beethoven. Estoy acostumbrado a
oír que son insuperables y yo mismo he llegado a imaginarlo. Y a decir
que lo son. Particularmente preferiría no encontrarme en tal caso. En
lo íntimo estoy seguro de que no me agradan y sospecho que todos
adivinan mi entusiasmo mentiroso.
Nunca he sido un amante del arte. Si a mi hija no se le hubiera ocurrido ser pianista yo no tendría ahora este problema. Pero soy su padre y sé mi deber y tengo que oírla y apoyarla. Soy un hombre de negocios y sólo me siento feliz cuando manejo las finanzas. Lo repito, no soy artista. Si hay un arte en acumular una fortuna y en ejercer el dominio del mercado mundial y en aplastar a los competidores, reclamo el primer lugar en ese arte.
La música es bella, cierto. Pero ignoro si mi hija es capaz de recrear
esa belleza. Ella misma lo duda. Con frecuencia, después de las audiciones, la he visto llorar, a pesar de los aplausos. Por otra parte, si
alguno aplaude sin fervor, mi hija tiene la facultad de descubrirlo entre
la concurrencia, y esto basta para que sufra y lo odie con ferocidad de
ahí en adelante. Pero es raro que alguien apruebe fríamente. Mis
amigos más cercanos han aprendido en carne propia que la frialdad en
el aplauso es peligrosa y puede arruinarlos. Si ella no hiciera una señal
de que considera suficiente la ovación, seguirían aplaudiendo toda la
noche por el temor que siente cada uno de ser el primero en dejar de
hacerlo. A veces esperan mi cansancio para cesar de aplaudir y entonces los veo cómo vigilan mis manos, temerosos de adelantárseme en
iniciar el silencio. Al principio me engañaron y los creí sinceramente
emocionados: el tiempo no ha pasado en balde y he terminado por
conocerlos. Un odio continuo y creciente se ha apoderado de mí. Pero
yo mismo soy falso y engañoso. Aplaudo sin convicción. Yo no soy un
artista. La música es bella, pero en el fondo no me importa que lo sea y
me aburre. Mis amigos tampoco son artistas. Me gusta mortificarlos,
pero no me preocupan.
Son otros los que me irritan. Se sientan siempre en las primeras
filas y a cada instante anotan [109] algo en sus libretas. Reciben pases
gratis que mi hija escribe con cuidado y les envía personalmente.
También los aborrezco. Son los periodistas, Claro que me temen y con
frecuencia puedo comprarlos. Sin embargo, la insolencia de dos o tres
no tiene límites y en ocasiones se han atrevido a decir que mi hija es
una pésima ejecutante. Mi hija no es una mala pianista. Me lo afirman
sus propios maestros. Ha estudiado desde la infancia y mueve los
dedos con más soltura y agilidad que cualquiera de mis secretarias. Es
verdad que raramente comprendo sus ejecuciones, pero es que yo no
soy un artista y ella lo sabe bien.
La envidia es un pecado detestable. Este vicio de mis enemigos
puede ser el escondido factor de las escasas críticas negativas. No sería
extraño que alguno de los que en este momento sonríen, y que dentro
de unos instantes aplaudirán, propicie esos juicios adversos. Tener un
padre poderoso ha sido favorable y aciago al mismo tiempo para ella.
Me pregunto cuál sería la opinión de la prensa si ella no fuera mi hija.
Pienso con persistencia que nunca debió tener pretensiones artísticas.
Esto no nos ha traído sino incertidumbre e insomnio. Pero nadie iba ni
siquiera a soñar, hace veinte años, que yo llegaría adonde he llegado.
Jamás podemos saber con certeza, ni ella ni yo, lo que en realidad es, lo
que efectivamente vale. Es ridícula, en un hombre como yo, esa preocupación.
Si no fuera porque es mi hija confesaría que la odio. Que cuando la
veo aparecer en el escenario un persistente rencor me hierve en el
pecho, contra ella y contra mí mismo, por haberle permitido seguir un
camino tan equivocado. Es mi hija, claro, pero por lo mismo no tenía
derecho a hacerme eso.
Mañana aparecerá su nombre en los periódicos y los aplausos se
multiplicarán en letras de molde.

Ella se llenará de orgullo y me leerá en voz alta la opinión laudatoria de los críticos. No obstante, a medida que vaya llegando a los
últimos, tal vez a aquellos en que el elogio es más admirativo y exaltado, podré observar cómo sus ojos irán humedeciéndose, y cómo su voz
se apagará hasta convertirse en un débil rumor, y cómo, finalmente,
terminará llorando con un llanto desconsolado e infinito. Y yo me
sentiré, como todo mi poder, incapaz de hacerla pensar que verdaderamente es una buena pianista y que Bach y Mozart y Beethoven
estarían complacidos de la habilidad con que mantiene vivo su mensaje.
Ya se ha hecho ese repentino silencio que presagia su salida. Pronto sus dedos largos y armoniosos se deslizarán sobre el teclado, la sala
se llenará de música, y yo estaré sufriendo una vez más.

Que no venga el sanador a joderme de Rubén García García

Sendero

He sido un glotón. Disfruto una buena comida, una buena plática de sobremesa con un coñac y un café en la mano. Cincuenta años departiendo: gordo, hipertenso, diabético, ciática y demás. El placer de la comida está por encima. Y lo que quiero para mí, lo quiero para mis gusanos. Por eso cuando el médico me instó a que diera un cambio privándome del sabor. Hable por mí, pero tambien por ellos. Tendrán el placer de disfrutar una carne aderezada en coñac, grasas, pimienta y sal. Será una satisfacción mirarlos en su comilona. Cómo lo hacía yo con mi buen amigo Nerón.

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