Una apócrifa historia de Rubén García García

Sendero

Soy el mascarón de proa. En los días del diluvio, Noé no me permitió ir con el resto de los animales, adujo que sería alterar la conducta de los felinos. Recuerdo que su mirada me recorrió como si me ungiera poco a poco mirra y sándalo. Cuando me iba, me detuvo y me convirtió en mascarón, situándome en la proa de la nave.

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