Amigos de Fb,pagina azul, y blogueros que me siguen

No hay plazo que no se venza y el mío se encuentra a la vuelta de la esquina, así que iré a cumplir la cita que mi salud reclama. Nada del otro mundo en términos de mecánica de carros, tendrán que hacerme: ajuste, hojalatería, pintura y cambio si no de aceite, será  -parodiando-  de liquido cefalorraquídeo. El humor,  ese bendito amigo que llega en  momentos críticos no me abandona.  He ocupado el tiempo de la última semana, en preparar un libro sobre prosa poética y en seguir los consejos de nuestro amigo Agustín cadena. A mi edad, setenta cumplidos y en brevedades que el miedo me abriga, me consuela que he hecho mi tarea en la vida. Vivo como quiero y hago lo que amo que es curar y escribir.

 

EL NIÑO DE LAS RAICESDedicado al niño Rubén

Hoy cumplo años -setenta-  Y este es mi regalo para el niño que amo.

1 arbol
Cuando Rubén cumplió seis años, su primo Enrique, por primera vez, lo llevó al monte. Vistió con camisa de manga larga, un sombrero de palma y unas botas que le llegaban por debajo de las rodillas. En el camino vio sembradíos de maíz, y en algunas partes fangosas crecían vainas que bailaban con el viento. En la punta se hacía gruesa, de tal manera que parecían cohetes de los que explotan en el cielo y lo pintan de colores brillantes.
—La almohada que tienes está hecha de esa planta que ves. ¿Recuerdas cuando llevé un manojo de esas vainas a la casa? Mamá Camila las puso al sol y después de tres días, sacó de las bolsitas una pelusa con la que llenó un saco de tela. Así se hacen frescas y suaves las almohadas. Explicó Enrique a Rubén.

A medida que avanzaban, la maleza se hacía tupida. Enrique sacó el machete para abrirse camino pues las enredaderas reptaban por los arbustos y brincaban hacia los árboles, las ramas se tocaban, y de los tallos descendían lianas que se enroscaban como si fuesen serpientes. Lo que más sorprendió a Rubén fue que de los tallos altos salían raíces que parecían barbas verdes y rizadas que llegaban hasta el suelo para perderse entre la hierba.
— ¡Ten cuidado!, gritó Enrique, —fíjate bien donde pones la mano, pues nunca sabes qué está escondido. ¿Qué quieres hacer?
—Tocar.
Enrique tomó el machete lo introdujo entre las barbas y las sacudió.
-Ahora sí, ¡puedes tocarlas!
Eran duras, largas, verde opacas y llenas de retoños, y al estirarlas crecían más que las reglas que usaba en la escuela. Rubén regresó con otros ojos.

Semanas después pasó una muchacha a saludar a mamá Camila y preguntando por Enrique, tomó al niño de la barbilla, rascó su cabeza y le dijo.
—Hoy me enseñaron la raíz cuadrada.
A Rubén le llegó la imagen del monte. Vio tantas raíces, pero nunca una que fuese cuadrada. ¿Cómo sería ésta?

Por la noche, pensó en ella y nunca pudo imaginar una raíz cuadrada. Bueno, si lo hizo, pero no le cabía en la cabeza. La soñó como si fuesen los dados que aventaba en el juego de la escalera y no pudo dejar de reírse en el sueño; tanto, que su madre se levantó y lo cubrió con la frazada pensando que tenía frío.

Por la mañana, le dijo a su mamá.
-¡Quiero conocer la raíz cuadrada!
Su mamá no supo qué decirle, pues ella no sabía lo que era. Así que sólo le contestó que se esperara hasta que llegase su primo Enrique. Por la noche esperó, pero le ganó el sueño y muy en la mañana fue directo al cuarto del primo, pero él ya se había ido. En la noche se prometió estar despierto hasta que llegará.

Cuando el sueño lo zarandeaba, corría al lavabo y se untaba agua fría en los ojos. Escuchó los pasos de Enrique y corrió a su encuentro.
— ¡Quiero conocer la raíz cuadrada!
Quedó su primo perturbado y silencioso. Se sentó en la cama, bostezó y sintiendo los dedos del niño en sus hombros, volvió a escuchar.
— ¡Quiero que me enseñes la raíz cuadrada!
—Estás peque, no la entenderías.
Tanta fue su insistencia que al primo no le quedó otra que buscar un cuaderno y sentarlo en la mesa. Cuando Enrique terminó la explicación.
—Esto no es la raíz cuadrada. Esto es aritmética –dijo Rubén.
La raíz cuadrada debe ser diferente y debe de estar más allá del monte, pensó antes de quedarse dormido.

 

Desnudas de sueños

 

pareja-cafe-blogEllas compran en tianguis mercancías usadas. Hay peluches descoloridos que amontonados sobre el piso o sobre el cofre de un viejo carro, son exhibidos, también hay antiguas películas con actores que fueron ídolos y hoy nadie reconoce. Ellas compran en silencio, perturbadas por el olor intenso de las fritangas.

Hay cerros de ropa usada que la clientela revisa mientras el vendedor grita: “Pásele, pásele, todo de diez pesitos. Pásele…” Escogen, desechan, escogen, la extienden y la pegan a su cuerpo. Los sostenes son revisados prolijamente y miran de un lado a otro, lo llevan al seno para darse una idea y saber si la copa puede contener su abultada y flácida glándula.

Mujeres de treinta y cuarenta años que van y vienen cargando el sobrepeso de su cuerpo que años atrás movían con destreza en los salones de baile y que la vida se los cambió. Llegaron los hijos, pero también arribaron años y penurias. Algunas caminan solas, otras cargan o bien llevan de la mano a sus vástagos. El ceño fruncido, miradas lejanas y chanclas de plástico. En algunas aún quedan huellas que tuvieron un cuerpo esbelto y deseable.

Todas soñaron con un matrimonio bien avenido que les permitiese una mejor vida. Nada de sus sueños llegó, se toparon con la promesa, la mentirosa frase de que conmigo serás feliz, pues traigo un buen negocio entre las manos que si se me hace saldremos de este barrio de mierda. Llegaron, eso sí, hijos, pleitos, infidelidades y un chingo de trabajo para mantener a la prole. Al cuerpo se le colgó la grasa, la inflamación. Las estrías y las manchas amariposadas en la cara. La belleza, los sueños y la promesa de viajar se fueron al caño.

En la televisión, cuando las telenovelas han terminado, después de medianoche, llegan los comerciales, desfilan consejos de la medicina naturista, jabones, pomadas. Con este aparato recobre su figura en un dos por tres, de obsequio incluye un recetario. Adelgace sin sufrir, y si usted llama ahora… ¿Y si así fuese y se diesen los milagros? Piensan ellas. No, no es suficiente, ¿cómo reparamos los sueños adolescentes, y la sonrisa íntima? Ésa que viene desde muy dentro, ¿volverá?

 

 

Sonidos

Aquella tarde noche la cortina de la ventana ondulaba por la brisa, y tu pelo suelto bamboleaba al unísono con tus caderas. Dentro de tus ojos miré los barcos. Por un instante el splash de nuestros cuerpos parecía coincidir con los murmullos del agua. Te decía entre silencios que en mis años sólo estabas tú. Desperté sin ti, te busqué, mas nadie dijo nada. En la lejanía las olas seguían martilleando el risco.mujer-joven-mirando-hacia-fuera-al-mar-6078515

El papayo

CIMG_0797Salió como lo hace un hongo en los días de humedad. Nadie se dio cuenta de su nacimiento. Después, a base de empujones, logró hacerse notar, sin embargo, la penuria de sol, la tierra seca y la competencia criminal lo destinaron a ser enano. El tallo con jorobas doblado a la izquierda, luego, a la derecha por su constante búsqueda del astro. Se quedó sin hojas, pero nunca renunció a trascender. En un parto prolongado, libró los obstáculos y cuajó una papaya petisa, pálida y desnutrida. Con respeto acaricié el fruto y lo abrí y supe que tenía una carne maltratada y sin sabor. Dentro, casi escondidas entre sus pliegues, había cinco semillas oscuras y redondas donde, seguramente, se había escrito su fortaleza y la promesa de mejores tiempos.

Venganza

mujeres—¡No me toque!
La voz suave y delicada dio paso a una enérgica y dura. Julián no esperaba esa reacción de Amalia. Ayer habían caminado por la arboleda tomados de la mano y por la tarde disfrutaron de café con galletas que había horneado su madre. La mirada sonriente de ella se había transformado en punta de lanza, y la boca de él era una mueca por la fuerza con la que apretaba las mandíbulas.

—¿Acaso cree que no me iba a dar cuenta? ¿Qué me embaucaría como seguramente lo ha hecho con otras? ¿Acaso piensa que porque vive lejos de esta ciudad no hay gente que lo conoce? Es cierto que han pasado dos meses que lo trato y que cada vez que le pregunto por su familia me evade. Tarde, pero abrí los ojos. Antes de que lo corra, déjeme decirle que vino a esta casa para vengarse de mi madre. Prometería desposarme y, seguramente, el día de la boda, me dejaría plantada ante el juez. Mi madre no tiene la culpa, la culpa es de mi padre. ¡Ande, aquí tiene una pala, desentiérrelo y exhíbalo en el pueblo! Bastante dolor ha sentido mi madre al saber que mi padre tuvo una primera esposa, y que usted es hijo de su primer matrimonio. ¡Ahora lárguese!

intertextualidad, afliccion de electra, O neil

Ausencia

palomassMe quedé indefenso, turbado, al ver la sonrisa de collar que rompía el día; no me contuve y le grité—espera— Fue una voz astillada de silencio y ella se perdió entre las voces adosadas del viejo muro y el aleteo de las palomas que bullían en el campanario.

El gober

Inserté el anuncio en la sección de «Empleos» donde solicitaba un licenciado en Ciencias Sociales con carácter y capacidad para resolver problemas. Pasé días entrevistando gente en una oficina que no es la mía y que estaba alejada del centro urbano.

Cuando lo tuve en frente, vi que era el hombre que buscaba: frente amplia, cejas robustas, de mediana edad, ojos grandes que despertaban simpatía y un movimiento rápido que reconozco sólo en las personas observadoras. Era alto, recio y con la piel aceitunada seguramente por frecuentes caminatas bajo el sol. Discutimos el sueldo, y acepté su propuesta. Le pagaría de acuerdo a los resultados.

La zona indígena de la región de la montaña andaba alborotada. Él tendría que llevar en una mano el pan y en la otra el fuete. Tenía libertad para decidir. Si una situación escapaba y había difuntos, yo tendría a quien echarle las culpa. ¡Joder! En la actualidad los “ “chivos expiatorios” le salen caros al gobierno.

A quienes sigo y aplaudo y a mis seguidores

Desde hace como quince días deje de recibir en mi correo sus textos, como soy torpe con la informática no sabía como resolver el problema. Una luz se filtró en mi entendimiento y supe por el mismo google que era posible que un extraño haya metido mano en mi correo y haya mandado a spam todos mis contactos. Casi resuelvo, pero me será complicado leerme todo lo que se ha generado en quince días o más.

Ya me he subido al ring del quirófano en varias ocasiones y he salido bien librado, en los próximos por venir, tendré que volver, todo por la rebeldía de una vertebra lumbar que se ha salido del orden establecido y me ha estrechado el canal medular. «puede quedarse así, si lo desea, pero le recuerdo que nunca he visto una columna vertebral que al pasar los años se rejuvenezca» Ante tales sustentos, no me queda mas que decir… «Bien, para cuando, nos comemos el pollito» Recordé a mi madre, cuando nos llevaba  de visita y  estando en casa extraña, hacíamos ruido o corríamos y discretamente me decía «cuando lleguemos a casa nos comeremos un pollito» En mi inocencia, le recordaba «mamá a que horas nos comemos el pollito»

Espero su benevolencia y aunque con irregularidad pero estaré dándome el placer de leerlos.

Abrazos de Sendero.

 

 

 

Shou

tabledance1708513jpg Camino por las enredaderas de tu pelo,
 los entretejes de tu pensamiento
y me acercó a las fuentes de tu deseo.

Te despierto con una caricia,
y  tomo el mejor asiento en algún recodo de tu mente
y a media noche: aplaudo a rabiar el tabledance de tu libido.

La encrucijada

fogataHace frío y la neblina como si tuviese brazos, va y viene enredándose en la cintura de los árboles. Otras veces parece gato y acecha entre los matorrales.

Estas tierras antes fueron selvas, ahora son pastizales en las cuales, en horas de sopor, el ganado se refugia bajo la sombra de los ramones. Hoy llueve menudo.

Van y vienen los caminos, pero hay encrucijadas donde acampa la gente alrededor de la fogata que cruje para que la olla derrame el aroma del café. Unos se dirigen hacia arriba porque la abuela agoniza, otros regresan a la ciudad buscando sustento.

Nada diferente, por estos días, la niebla de la montaña baja por las encrucijadas y la gente sorbe el café para tomar fuerza y seguir hacia arriba o hacia abajo, según se padezca.

La cocina de mamá

cocina-rural-mexicana-vieja-20931899La s gotas frías caen perseverantes sobre la hoja de plátano y el ruido tamborilea en mis oídos.
—Esta silla es mía.
— ¿Quién te la va a quitar, tú?
— ¡Mis hermanos, mamá, mis hermanos!
—Deja de hacerte el chistoso, pues bien sabes que no tienes hermanos
— Bueno, por si las dudas.
Mamá se arrima al fogón, sopla con fuerza para que la lumbre baile alrededor de la sartén y escucho el chirriar del aceite. Al poco rato me llega un rico olor a plátanos fritos y ese aroma que no se ve y que despierta ansias. A mí me lo dan con leche porque los chiquitos no deben tomarlo solo. Me froto las manos para quitarme el frío y mamá me dice cuando sorbo: “Te vas a quemar”. Si supiera mi mamá que cuando ella se descuida me lo tomo bien caliente y negro.
En la cocina de mamá se está re bien; hay plátanos, galletas y café. Ella a cada rato me acaricia y me pregunta — ¿No quieres más?
Afuera, el agua se envuelve con el frío y la hoja de plátano al caerle la gotera parece que tirita…

Eres

Paisaje-sideral-901331Estás llena de asombro: osos que parecen de hielo y retoños de bambú que cubren gacelas. Percibo la vida cuando tus pies  encienden mi espalda. Me gustas en tu grito y callo. ¡Me gustas como la tierra! Tienes agua termal en tu vientre, rosetas en tus volcanes, y viento cuando el maíz se entrega. Me gusta que circules abrazada a mí como gigantesco anillo, y canto enloquecido uniendo mi grito al escándalo de los tordos. Grito sideral que corre tras las cometas, diciéndote que estás en mí, como yo estoy en la tierra.

El camión de la media noche

cabaLa lluvia menuda y fría moja la oscuridad y los pastizales. En la peligrosa curva se oye el pujido asmático del último camión de pasajeros que conduce a la ciudad. El grito de los pájaros anuncia su inminente llegada. Si deseo abordarlo, es preciso salir corriendo de la cabaña hacía la carretera.

Mi mano arqueada se abastece de la curva de su seno. Ella reposa su cabeza en mi brazo. El estremecimiento ha dado paso a la languidez. Mañana muy temprano saldré sin despertarla.

Ajedrez

ajedrez

La sábana color madera se tiende lisa. La luz traspasa los vidrios de la ventana proyectando un tablero sobre la cama. Ella, una reina blanca; él, un alfil ébano. Aún estremecidos, evocan la reciente batalla.