HospitalSale una luz tenue de algún rincón. Me dijo el anestesiólogo: sólo miraras puntitos de colores. Conté tres y después no supe de mí. A dos camillas, la voz de una niña se queja, y la enfermera la protege. Empecé a toser y las nauseas me brincaban bajo la lengua. Ya soy más viejo que mi padre y me duele.
Dolor intimo coagulado de lágrimas y azotes. Hubiese recogido el olor de la tierra si tuvieras mi edad, pero no fue así. En esta camilla, mientras la luz brota de alguna parte y una niña se queja a dos pasos, yo cargo piedras que ruedan a cámara lenta por mi espalda herida. Dolor gigante que se hace bolas en mi corriente, en mi flujo.