Una multitud observa cómo se reparte la última porción de alimento. Entre ellos hay un niño que sobresale: tiene una mirada amarga y cercana al rencor. Llegó al campamento con el deseo de mordisquear un pan y llevarle a su madre enferma otra porción. Se ha quedado sin nada; regresará sin hambre, pero con una fiera recién nacida en el alma.
Mujer de madera
Cerré los ojos, y repetí que sería afortunada, si los hombres dejasen de rondar por mi vida. Ellos tienen más carne que espíritu: fuman, beben, son mujeriegos, torpes y en ocasiones estúpidos. Mi punto de desagrado crecía, si la insistencia llegaba al ruego. ¡No lo soporto! Yo nací para ser libre. Me decía.
Un día dejó de venir y fue la niña que vivía en mí, la que más sufrió con su ausencia. Mi vanidad también lo recordaba. Yo continué con mi vida, me cultivé, atendí mejor a los hijos y después a los nietos, viajé mucho y el tiempo pasó como un respiro.
A esta edad, contemplo que mi saco de recuerdos está repleto de las travesuras de los hijos y mis nietos. Sin duda fui egoísta con mi corazón, o simplemente me negué a vivir… Hoy comprendo que la libertad es plena cuando tienes una persona que rebana el pan, mientras tú sirves el té.
La microleyenda
La sangre que se llevaron del laboratorio de toxicología pertenecía a un enfermo de diabetes que se suicidó con un pesticida. Murieron en su hormiguero.Sólo se salvó una que todo olisqueaba y que encarcelaron por tener una conducta aberrante. Los ladridos que fueron de advertencia, ahora son aullidos de dolor.Así nació la leyenda de la hormiga lobo.
Nudillos
Si bien tienes el cabello desordenado, sé que no estás soñolienta. Te pusiste la bata y cuando te untabas tu crema de noche, cerraste los ojos más para ensoñar que para dormir. Sin embargo, el cansancio, poco a poco, venció. Una muesca en los labios dice que intuyes que él tocará a la puerta. Los nudillos que has mirado a hurtadillas cuando servías la comida, se han dado cuenta de que la luz de tus ojos crecía. Ayer te miraba y por poco derrama…s la sopa. Tocan quedo.Sabes que es él y dudas en abrirle, sin embargo, quieres llenarte de sus manos y sentir que son labios sembradores de saliva. Te has sentado en el borde de la cama y pareciera que es el viento que mueve la puerta de la recamara, pero sabes que no, que es él. Sabes que no será una charla, sino un encuentro donde las pieles buscarán acomodo y las respiraciones serán como dos caballos a trote que se cruzan.El oído se hace íntimo, agudo. Sabes que ha desistido y despacio abres para imaginar sus espaldas de sabana. Te llega un aroma de nardos y fueron sus manos que rozaron la flor.
El ciempiés
la tarde pasa sin pena ni gloria. La noche presiente una luna de lobos; se hinca . Allá va la beata camino a la iglesia, lleva bajo el vestido la acalorada discusión de los pezones y, sobre la espalda, el crespón de la Vía Láctea.
Todo es igual: el mismo rincón, la araña disecada. Tiene días que no llueve y en la azotea está el tinaco que sueña que el agua lo rebalsa. Un bostezo rompe en mi boca. Me digo: la vida no se mueve, pero sigue.
Me aplasta el ruido asmático de la hormiga que carga cien veces su peso, el chapoteo de las lavanderas que tienen, en sus manos, más pantalones que jeans tenga una boutique de Manhattan. Por allá, va un ciempiés que sueña con ser mariposa. Camina con sus juanetes y busca reposo para mitigar su dolencia.
Senryu trapecista
El trapecista
desea ser pájaro;
duerme en la altura.
Rubén García García.
Hay ku
Llueven dagas
frías y penetrantes
en los ríos del mundo.
Incertidumbre

Acostado en el chinchorro,
cuento las veces que llega la ola;
tiemblo
cuando silban las embarcaciones.
Sé que transitan los barcos
y no puedo evitar que mis raíces se desordenen.
¿Tendré la fuga del nómada?
¿La prisa del viento?
O será el miedo a tus amarillos.
En tus ojos miro girasoles que revientan en mis sueños,
y al jugar con los capullos
no sé qué me da por besar tus pezones.
Es la ola mil
y confuso duermo por no saber qué vendrá primero.
Barrunto
Despierto en la madrugada con la boca seca. Voy a la cocina, abro la nevera y saco la jarra, que en vez de agua contiene una cara con la boca abierta por donde sale una lengua polvosa y aplanada. Tengo sed, me dijo con voz aniñada. Con violencia me incorporo de la cama con lumbre en la garganta y mi corazón a galope. Estoy inmóvil y aniquilado esperando la mañana.
La lluvia
Llueve. Una cortina cubre el horizonte. El viento corre, las gallinas corren, y la ropa vuela en los tendederos. Gotas gruesas, pesadas, tamborilean en las láminas de zinc. Al golpear, fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas. El cielo tiene la oscuridad del sexo.
Las chachalacas gritan y van de árbol en árbol buscando cobijo. Yo sigo sentado en la poltrona. Me gusta el relajo que arma la lluvia. Me desatiendo de los gritos que hacen las mujeres y solo me concentro en la danza de las gotas.
Imagino bailar pintado de sombras y caliza entre un grupo de negras. En ese momento exudo calor y soy un macho cabrío que afila las pezuñas en las vetas de la roca.
¡Qué lejos se oyen los gritos de las viejas,de los guajolotes y chachalacas!Con los ojos entrecerrados sigo meciéndome, mientras la lluvia me tira sus cubetas de agua y la danza del vigor me estremece.
RICURA
Estaba convencido de que era un ser diferente, Inicio el ritual de su disfrute.Tomó una porción de él y la degustó en su tinta, las otras las salpicó
de ají, Hasta que sólo quedó su boca y su alma. Lo último que exclamó es: Soy delicioso
A MANUEL VÁZQUEZ MONTEALBÁN
HAY KU
El viento y el frío
desfloran las espigas.
Soledad del árbol.




