No hay plazo que no se venza y el mío se encuentra a la vuelta de la esquina, así que iré a cumplir la cita que mi salud reclama. Nada del otro mundo en términos de mecánica de carros, tendrán que hacerme: ajuste, hojalatería, pintura y cambio si no de aceite, será  -parodiando-  de liquido cefalorraquídeo. El humor,  ese bendito amigo que llega en  momentos críticos no me abandona.  He ocupado el tiempo de la última semana, en preparar un libro sobre prosa poética y en seguir los consejos de nuestro amigo Agustín cadena. A mi edad, setenta cumplidos y en brevedades que el miedo me abriga, me consuela que he hecho mi tarea en la vida. Vivo como quiero y hago lo que amo que es curar y escribir.