Elementos para escribir cuento negro

Dra Adriana Azucena Rodriguez

1. Agrega a los crímenes frecuentes del policiaco (asesinato, robo, desaparición, etc.) los delitos latinoamericanos frecuentes (secuestro, narcotráfico, ejecución, magnicidio, asesinato serial, feminicidio, etcétera). Elige uno para narrarlo: no tiene que haber ocurrido, sino que podría ocurrir. 2. Elige el ambiente (el desastre) social que quieras analizar mediante el relato: la frontera (y la migración, o la frontera y el narcotráfico, o la frontera y las maquiladoras), la ciudad de México (la trata de personas, la prostitución, los enfrentamientos políticos, la industria privada), un país con dictadura, o durante-después de una guerra civil, etcétera. Apégate lo más posible a la realidad (sistemas judiciales, centros comerciales, barrios según las clases sociales, modo de ser de las personas, calles y lugares turísticos…) 3. Perfila a tu asesino: por qué comete el crimen, cómo lo comete, cómo logra ocultarse, si puede corromper a la policía o al sistema de justicia o no, si está al servicio de alguna organización criminal. No olvides su apariencia, profesión y su psicología. También construye a sus personajes cercanos (uno o dos). 4. Perfila a tu detective: nombre propio, profesión, debilidades. 5. Organiza la historia: recuerda que el descubrimiento o la aprehensión del criminal pasa a segundo plano. Durante la investigación, saldrán a la luz nuevos crímenes, incluso el detective cometerá varios delitos durante la investigación. 6. El clímax y el final, como en todos los cuentos, es una revelación, a veces interna, del personaje. 7. Por último, recuerda que aquí nada está prohibido: puedes emplear el humor, lo sobrenatural, los sueños, etcétera (no ha ocurrido que el lector sea el asesino, pero tampoco estaría prohibido).

Tomado de https://uacmtallerdecuentoiazucenar.blogspot.com

Los Asesinatos del Valhalla: el frío de Islandia oculta un macabro asesino

Historia en negro: tomado del libro » o dispara usted o disparo yo «

Lilian Elphick compiladora

Historia en negro


Durante la noche y por largas cuadras, el detective siguió al hombre de negro. Deseaba saber hacia dónde se dirigía. Si el hombre de negro apuraba el paso, el detective hacía lo mismo; si disminuía su andar el detective lo imitaba. La persecución demoró horas por callejas oscuras e intrincadas donde era fácil extraviarse. Cuando el hombre de negro desapareció al doblar una esquina, el detective lo empezó buscar con insistencia. Miró al frente, a los lados e incluso atrás y, por último, al cielo, por si se hubiera transformado en cuervo.

Walter Garib Chomali

es un escritor y periodista chileno.
Nacido en el seno de una familia de descendientes de palestinos, ha publicado alrededor de catorce novelas y varios cuentos. Fuegalardonado en 1989 con el Premio Municipal de Santiago de Chile, en
la categoría Novela.

Callejones de leyenda en México | El Souvenir

EL DIABLO ES BLANCO, PELUDO Y ME MIRA — manologo

Hace un rato, desde mi ventana escuché una señora que hablaba con un niño y le decía “El gato no; el gato es el diablo. No me gustan los gatos y tampoco a ti…” De inmediato pensé que eso era superstición o ignorancia, pero al verla caminando con quien era posiblemente su nieto, reflexioné y […]

EL DIABLO ES BLANCO, PELUDO Y ME MIRA — manologo

CVC. Diccionario de términos clave de ELE. Intertextualidad.

https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/intertextualidad.htm

Paola Tena del Microdecamerón

Compilación de Paola Tena

El espíritu del abuelo


Los lunes Herminia cenaba con su amante bajo el duraznero de
la finca, cuando su marido viajaba a la ciudad para hacer negocios.
Pero ocurrió que uno de estos lunes, se encontró al susodicho
bebiendo un té de gordolobo cuando volvía de disponer bajo el
árbol la mesa con un pollo asado y vino tinto.
–¿Qué hoy no ibas a dormir en la ciudad? –le preguntó
alarmada.
–No me siento bien. Creo que estoy afiebrado.
Se metieron en la cama, y ella, sin poder avisarle del
imprevisto a su amante, se quedó despierta temiendo lo peor. A
eso de medianoche, Herminda escuchó un toque leve en la puerta
de entrada.
–¿Qué es eso? –se levantó asustado el marido.
–Es la fiebre, no hagas caso. Vuelve a dormirte.
–Qué fiebre ni qué nada, alguien toca a la puerta.
–Ay Paco, no te quería decir nada para no asustarte –
respondió Herminda, –pero desde hace varias noches sueño que
el espíritu de tu abuelo viene y toca en la puerta de entrada, se
mete en el cuarto y nos jala los pies a los dos.
–¡Ay nanita! –dijo el marido, cubriéndose con las mantas
hasta la nariz.
Y un segundo golpe en la puerta le sacó otro agudo grito.
–Pero no te preocupes, aprendí un conjuro para
espantarlo, acompáñame.
Los esposos se acercaron a la puerta, y Herminda en voz
alta empezó a recitar:
Espíritu chocarrero que has venido, con la misma te despido,
y para que esta casa se te olvide, pollo y vino por el gaznate recibe.
Su amante se fue, aguantándose la risa. A la mañana
siguiente, Paco casi se muere otra vez del espanto. Mira lo que
hiciste, abuelo, clamó antes de desmayarse junto al cadáver del
amante de su mujer, víctima de un hueso de pollo atorado en el
gaznate.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales

Visita al paraíso

Silvia L. Cuesy

llego de puntillas para no despertarlo, me meto bajo las sábanas con sumo cuidado y acurruco y amoldo mi cuerpo al de él en la certeza cotidiana nocturna, de que envuelva mi cintura con su brazo y en ese breve territorio me haga sentir la criatura más colmada del mundo, porque de su costilla me formo cada noche.

De Silvia L. CuesyTomada de su libro de cuentos «Visita al paraíso»Premio Nacional de cuento Efrén Hernández 2009

Silvia L. cuesy

Historiadora, traductora e investigadora mexicana. Egresada del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras ffyl de la Universidad Nacional Autónoma de México unam.

Autora de nueve libros. Trabaja en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México inehrm y en el Colegio de México colmex.Obra de consulta: Enciclopedia de la literatura en México

Silvia Cuesy - Inicio | Facebook

Último deseo tomado de «O dispara usted o disparo yo»

de Walter Garib


Para suicidarse cuando llegara a viejo, Diógenes del Carrillo, el pintor de tendencia ingenua y cuyas obras se venden en onzas de oro,compró un revólver y lo guardó en el ropero de su pieza. Ahí estuvo el arma largos años a la espera del día y la hora precisa en que fuese a cumplir su determinación. Como es usual en todo hombre, le llegó la senectud. «Ya es tiempo de suicidarme», sentenció, al observar sus manos marchitas y temblorosas que ya no le permitían pintar. Abrió el ropero y se hizo del revólver. El contacto del frío metal, en vez de amilanarlo, le dio coraje. Apoyó enseguida el cañón en su sien, contó hasta tres y oprimió el gatillo. El arma no pudo funcionar. Había envejecido junto con él.

Munch y el Friso de la vida: un canto al amor y a la muerte - líneas sobre  arte
Tomado de la red. Antología armada por Lilian Elphick

El Microdecameron y Karla barajas

Tema la séptima jornada

Máquinas de placer
Karla Barajas
Cuando sentía que su pareja era distante, o que quizá a otras
mujeres, ella le recordaba con tono irónico que era reemplazable.
Luego de divorciarse, llevó a su casa a un nuevo objeto de pasión
que además de hermoso, era trabajador y cuando la escuchaba la
veía a los ojos, respondiendo justo lo que ella quería oír.
La máquina era poseedora de un gozo inagotable, tanto
como su energía. Incluso en las madrugadas, cuando ella se ponía
a llorar la abrazaba y ella colocaba la cabeza en su duro pecho,
donde no había corazón, pero sí latido. Ella ahogaba los suspiros,
porque ni siquiera el autómata más servil del mercado pudo
borrarle el amor por los humanos.

Karla Barajas: voz en tinta de microrrelato

Intercambio*

Por Rubén García García

  • Rehaciendo un chiste

Eran las seis de la mañana cuando la madre superiora salía de su dormitorio. Monjas y novicias le hacían reverencia al cruzarse en los pasillos del convento. Las de más confianza la detenían y la interrogaban acerca de su descanso y ya para retirarse se despedían con un “ me saluda al padre Ramón” Recordó que en quince minutos estaría con él en el confesionario y  la referencia a él, lo atribuyó a este hecho.

Después de haberse confesado el padre le pidió que se acercara y discretamente le dio un pequeño bulto que se sacó de entre la sotana y le dice:

Ahora me da mis sandalias y aquí tiene las suyas.

Yucatán | El Ilustrador: Mérida, pasado y presente: Monjas (6)

Las musas perennes — El Blog de Arena

Detrás de cada gran obra suele existir todo un séquito de modelos que han posado por incontables horas para los artistas. Algunas de estas personas solían ser allegadas y hasta parejas de los artistas, en otros casos, como el de Caravaggio o Toulouse-Lautrec utilizaban a las prostitutas como modelos, o bien familiares. Fuera del tipo […]

Las musas perennes — El Blog de Arena

Robot o no

De Katalina Ramírez



Una de las lunas en que el viajero se ausentó y que ella se cansó de esperarlo, le dijo que era un robot que no entendía de las emociones humanas, él le respondió que ese robot había escuchado y contenido cada una de sus emociones humanas. Desde ese día no volvió a burlarse de su aparente frialdad, porque comprendió que en su pecho había un pájaro encendido que cantaba en silencio.

Los robots tienen ética y moral? - AGENDA 56
Tomado del Microdecamerón y la imágen de la red.

¿EL PERÚ SIN MÁSCARA?

Cualquier parecido con mi país es pura coincidencia

Avatar de manoloprofemanologo

Hay momentos en los que me gustaría ser letón o circasiano. Momentos en los que mi bilis burbujea como espumante. Momentos en los que no puedo creer lo que mis ojos ven y mis oídos escuchan. Momentos en los que la vergüenza se avergüenza.

Un vecino del barrio de Magdalena en Lima, sale con su perro y sin la mascarilla – que es obligatoria- los serenos del distrito le reconvienen y pidiéndole que salga con mascarilla. El vecino los insulta con términos racistas y palabrotas, a pesar de lo cual los serenos le siguen indicando que es necesario el uso de mascarilla o que regrese a su casa. Más insultos del vecino y su negativa a irse… Todo grabado en video.

Me duele mucho decirlo, pero pareciera que así es el Perú sin máscara, “a la hora de los loros” … No se trata de denigrar a mi…

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Aquel hombre y en 30 minutos o le devolvemos su dinero

De Denise Fresard (Santiago, 1965)



Hacía días que seguía a aquel hombre. Era un trabajo para la agencia como apoyo estratégico. Lo esperaba en la mañana afuera de su casa, camino a su trabajo, ida y vuelta. Anotaba minuciosamente
cada detalle de su conducta, llevaba una estadística. Entregaba un reporte semanal de mis observaciones. Ese día, tomó la avenida Recoleta y se detuvo cerca del cementerio. Caminó hasta el pabellón C, subió la escalera. Prendió un cigarrillo. —Me están siguiendo —dijo. Fue lo último que oí y se desvaneció, desapareció entre las tumbas y los nichos. Era la primera vez que le perdía el rastro. Esperé. Caminé por el pasillo hasta el fondo y me devolví leyendo esmeradamente los nombres en la lápidas. Todos los nombres me sonaban conocidos, todos extraños. Por fin me detuve, era una lápida pequeña, de mármol blanco, con una fotografía detrás de un vidrio, era mi propio nombre el que estaba inscrito allí, lo más extraño de todo, con mí fecha de nacimiento. Me apresuré a
corroborar la fecha de muerte y quedé congelado al ver que era la fecha del día, y en la fotografía estaba aquel hombre, sonriendo, casi burlón.

En 30 minutos le devolvemos el dinero

Temprano supe que ese no sería un día fácil. Más tarde lo
recordaría mientras miraba el cielo raso de la sala de guardias. Todavía
guardaba en la retina las imágenes de la tarde y el olor de aquella
habitación pegado a mi nariz: había un cadáver sobre la alfombra, las
manos y los pies atados. Una larga cabellera rubia cubría el rostro y los
hombros. En la semi sombra pululaban moscas y caminaban sobre las
piernas. La piel se veía amoratada y verdosa y el aire era denso e
irrespirable. Había cocaína sobre la mesa y una botella de whisky. Poco
más allá otro cuerpo, en el sillón, con un balazo en la cabeza, en una
mano un fajo de billetes. El rostro estaba desfigurado. En la otra mano,
sostenía un pequeño revolver con silenciador. También le andaban las
moscas. En la oscuridad del pasillo me pareció adivinar otros cuerpos,
pero antes que pudiera dirigirme hacía allí, llegó la policía.
A esa altura la pizza ya estaba fría. Le dije al oficial que llevaba
más de cuarenta minutos buscando la dirección. Tendría que pagar de
mi sueldo y era una doble queso familiar con pepperoni, aceitunas y
anchoas.

Denise Fresard
https://www.letrasdechile.cl/home/index.php/microcuentos/1643-microcuentos-de-denise-fresard.html


Denise Fresard. Escritora microcuentista. Investigadora.
Profesora y tallerista. Libros publicados: El país que huye, Antonio
Quintana 1904-1972, Una re-visión al rostro de Chile. Cuentos traducidos al
alemán, inglés y francés.