Aquel hombre y en 30 minutos o le devolvemos su dinero

De Denise Fresard (Santiago, 1965)



Hacía días que seguía a aquel hombre. Era un trabajo para la agencia como apoyo estratégico. Lo esperaba en la mañana afuera de su casa, camino a su trabajo, ida y vuelta. Anotaba minuciosamente
cada detalle de su conducta, llevaba una estadística. Entregaba un reporte semanal de mis observaciones. Ese día, tomó la avenida Recoleta y se detuvo cerca del cementerio. Caminó hasta el pabellón C, subió la escalera. Prendió un cigarrillo. —Me están siguiendo —dijo. Fue lo último que oí y se desvaneció, desapareció entre las tumbas y los nichos. Era la primera vez que le perdía el rastro. Esperé. Caminé por el pasillo hasta el fondo y me devolví leyendo esmeradamente los nombres en la lápidas. Todos los nombres me sonaban conocidos, todos extraños. Por fin me detuve, era una lápida pequeña, de mármol blanco, con una fotografía detrás de un vidrio, era mi propio nombre el que estaba inscrito allí, lo más extraño de todo, con mí fecha de nacimiento. Me apresuré a
corroborar la fecha de muerte y quedé congelado al ver que era la fecha del día, y en la fotografía estaba aquel hombre, sonriendo, casi burlón.

En 30 minutos le devolvemos el dinero

Temprano supe que ese no sería un día fácil. Más tarde lo
recordaría mientras miraba el cielo raso de la sala de guardias. Todavía
guardaba en la retina las imágenes de la tarde y el olor de aquella
habitación pegado a mi nariz: había un cadáver sobre la alfombra, las
manos y los pies atados. Una larga cabellera rubia cubría el rostro y los
hombros. En la semi sombra pululaban moscas y caminaban sobre las
piernas. La piel se veía amoratada y verdosa y el aire era denso e
irrespirable. Había cocaína sobre la mesa y una botella de whisky. Poco
más allá otro cuerpo, en el sillón, con un balazo en la cabeza, en una
mano un fajo de billetes. El rostro estaba desfigurado. En la otra mano,
sostenía un pequeño revolver con silenciador. También le andaban las
moscas. En la oscuridad del pasillo me pareció adivinar otros cuerpos,
pero antes que pudiera dirigirme hacía allí, llegó la policía.
A esa altura la pizza ya estaba fría. Le dije al oficial que llevaba
más de cuarenta minutos buscando la dirección. Tendría que pagar de
mi sueldo y era una doble queso familiar con pepperoni, aceitunas y
anchoas.

Denise Fresard
https://www.letrasdechile.cl/home/index.php/microcuentos/1643-microcuentos-de-denise-fresard.html


Denise Fresard. Escritora microcuentista. Investigadora.
Profesora y tallerista. Libros publicados: El país que huye, Antonio
Quintana 1904-1972, Una re-visión al rostro de Chile. Cuentos traducidos al
alemán, inglés y francés.

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