Las rosas de Heliogábalo — El Blog de Arena

(Nota bene antes de comenzar la lectura: para ver las imágenes en mayor tamaño –cosa que modestamente me atrevo a aconsejar– pueden hacer clic sobre cada una de ellas y se abrirá en una nueva pestaña para poder ser apreciada con mayor detalle. Además allí podrán, a su vez, magnificarlas aún más). . Heliogábalo fue […]

Las rosas de Heliogábalo — El Blog de Arena

El hada helada

Rubén García García

Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega y acariciando su cabeza le pregunta:

—¿Qué te sucede?

—Cuando cierro los ojos, sale un león.

El Hada sonríe.

—Acuéstate y duerme. Yo haré lo mismo.

La niña se relaja y cuando ya abría la puerta del sueño, le pregunta el hada.

—¿El león es de melena negra?

—Si. -Dice la niña—a quién se le cierran los ojos.

La madrina se retira, sonríe cuando la mira dormir. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana, cierra los ojos, divisa la floración de las azaleas y entre los tallos se asoma una melena de color negro…

Pin by Maria Fernanda García Bustos on Animal Kingdom | Animals beautiful,  Cute animals, Wild cats

Hobby de Rubén Pesquera Roa

Ficticiano y amigo

Es aficionado a los mechones de mujeres hermosas: bucles castaños y negros, rizos de oro, sortijas delicadas y cucardas de cabellos lacios. Dispone de ellos en preciosos guardapelos de oro, plata, platino, nácar y marfil.

Hoy a conseguido la guedeja perfumada de una actriz famosa, la acomoda en forma de anillo y la coloca en su estuche. Arroja la cabeza decapitada a la basura y sigue admirando su colección.

Entretiens Lectures d'ailleurs: Rubén Pesquera Roa (Mexique)
«No sé qué es lo que me impulsa. Siempre he escrito, pero de todo, y siempre de manera marginal —no porque no sea importante, sino porque dedico demasiado tiempo a otras cosas». 

Triángulo de Camilo Montecinos Guerra

de: » o dispara usted o disparo yo» coordinadora Lilian Elphick


En estricto rigor no eran amantes, porque la relación con su esposo ya había terminado hace un buen tiempo; vivían en la misma casa, es cierto, y compartían la misma habitación, pero ambos se encontraban en mundos totalmente lejanos; en estricto rigor, no lo engañaba, porque más de una ocasión le insinuó que veía a otro, que salía con alguien, que enviaba mensajes, pero él no le hizo caso, no la creyó capaz, y más de algún golpe le dio como respuesta; en estricto rigor, no había culpables y no había víctimas, no había sangre en esa casa oscura y vacía, no había gritos ni disparos, no había crimen, nunca hubo un triángulo amoroso…

Detalles
Como pudo el lobo borró toda evidencia, pero una gota de sangre había traspasado la página.

Camilo Montecinos Guerra. Poeta y microcuentista.
Sus textos han sido publicados en la Antología de escritores del norte (2012), Sech filial Arica y en la antología Trinacional Borrando fronteras (2014), colectivo Ergo Sum. Obtuvo el segundo lugar en el concurso
Hazla cortita años 2012, 2013 y 2014; primer lugar en el concurso Déjalo ahora, el año 2015; tercer lugar en el concurso Historias secretas de nuestra tierra, el año 2016 y Beca a la creación literaria 2017.

Camilo Montecinos G. (@cmontecinos10) | Twitter

Accidente casero

Lola Sanabria


Ahora, todos los días lo saco al sol de la terraza en su silla de ruedas, me siento frente a él, con el plato sobre el regazo, y le doy cucharadas de sopa mientras le digo: «Una para ti, otra para la puta con la que pensabas marcharte».

Lola Sanabria nació en Villanueva del  Rey  (Córdoba), «en una casa grande, llena de gente. Años de infancia y adolescencia donde germinaron las primeras historias». Trabaja como Técnico Auxiliar en Centros Ocupacionales con personas con discapacidad intelectual, y en Centros de Menores. Ha ganado algunos premios literarios (las ediciones 2012 y 2013 del Premio de Relato Policíaco de la Semana Negra de Gijón, o el segundo premio del 58 Concurso de Cuentos Gabriel Miró, por citar algunos). Relatos y microrrelatos suyos han sido publicados en De Antología (la logia del microrrelato), antologada por Rosana Alonso y Manu Espada,  editada por Talentura; en la revista Confluencia de la Universidad del Norte de Colorado y en otras antologías. En el 2013 publicó un libro en solitario, editado por Talentura, titulado «Partículas en suspensión».

Magia al ralenti

Elisa de Armas


Cuando lo conocí era apuesto como un príncipe, pero en seguida empezó a redondeársele el vientre. Más tarde, mientras encogía poco a poco, los ojos se volvieron saltones, el cuello fue desapareciendo y un buche enorme creció bajo su mandíbula. De un tiempo a esta parte se le ha cubierto la piel de verrugas. Lo peor es la sospecha de que soy yo quien tiene la culpa, por no haber dejado de besarlo en los últimos treinta y cinco años.

Elisa de Armas

Profesora de Lengua y Literatura en un instituto de enseñanza secundaria. Como escritora aficionada cultiva el microrrelato y mantiene el blog Pativanesca (http://pativanesca.blogspot.com/). Algunos de sus textos han sido publicados en antologías del género, entre las que se encuentran Historias de las historias (Ediciones del Ermitaño, 2011), Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia (Ficticia, 2012) y De antología. La logia del microrrelato (Talentura, 2013). Es asidua participante de la Marina, taller de minificciones de Ficticia, donde ejerce como tallerista el día uno de cada mes.

Las paredes oyen y hablan

Del libro: Baraja de minificiones de Rubén García

–¿Qué sucedió?

Hay soledad, bosques petrificados y solo un hombre enfermo de Covid 19.

Al resto, ¿los mató el virus? No. Se mataron entre ellos.

El bosque petrificado de Dead Vlei y otros bosques petrificados

Café americano: tomado del microdecamerón

Karla Barajas


Aquí todo es ácido, como el humor de la pareja que forman Norah y Juanjo, quienes beben café americano con Lysol mientras se dicen que verse el día entero es insoportable y prefieren beber
de una botella de cloro sin diluir que pasar la cuarentena juntos. Guardan silencio, fingen fortaleza, pero el insomnio abraza su noche.
Cada uno en su lado de la cama repasa las frases que se dijeron entre bromas y que los hizo sentir insuficientes. Pero más ácida y corrosiva es la recomendación del presidente diciendo que beban o se inyecten desinfectante para evitar contagiarse de un virus, y es surrealista que la gente siga el consejo, como ese par de crédulos e intoxicados habitantes de Estados Unidos que arden por dentro
.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales

Cae la lluvia — Reve Cossue – Encadenado a mis palabras

Cae la lluvia y nosotros no podemos entenderla, frágil y transparente como el pasar del tiempo, cae la lluvia y con ella un poco de viento, tan raro y suave como tan duro y fuerte, cae la lluvia y los recuerdos vuelven con cada gota, tan lentamente como si los reviviésemos. Cae la lluvia tan […]

Cae la lluvia — Reve Cossue – Encadenado a mis palabras

Ana María Montalva con el silencio de mi tío Sam

Del libro O dispara usted o disparo yo, antología de minificciones organizada por Lilian Elphick

Aunque sólo tenía siete años, sabía interpretar el odio en la mirada de Maribel. Mi abuela, aseverando que todas las empleadas eran ladronas, la obligaba a contar varias veces la ropa recién planchada. Yo conocía también el dolor de esas ofensas. Solía hablarme mal de mi madre y avergonzarme por el color oscuro de mi piel. Era distinta con su perro Sam, lo llamaba “mi hijo menor”. Mimándolo por cualquier
motivo besaba su boca. Maribel debía limpiarlo con papel higiénico cuando regresaba del patio. Los ojos de la mujer volvían a irradiar odio.
Durante un viaje de mis padres viví en esa casa. Nos hicimos amigas con la joven. Ella preparaba mis comidas preferidas y reíamos cuando caminaba como mi abuela con las piernas tiesas y dando órdenes. Imitando su voz me pedía respetar a su hijo Sam, porque al ser hermano de mi papá, era mi tío. Una calurosa tarde, Maribel barría el jardín, yo la ayudaba afirmando la pala. Mi abuela lanzó al perro una pelota que se desvió hasta llegar al centro de la piscina. Sam saltó a buscarla y asustado tragó agua. La anciana, con gran dificultad, caminó a rescatarlo. Arrodillada cerca del borde de esa piscina, suplicándole al perro nadar, le estiró sus brazos. Él comenzó a acercarse. Se detuvo con el impacto del cuerpo de su “madre” en el agua, empujada por dos manos grandes, a las que se unieron otras dos más pequeñas. Sam logró salvarse. Nos miró. Supimos que guardaría silencio.

Pasionaria

Finaliza la misa dominical. Alarmantes gritos detienen el himno de alabanza: “¡Sangre!” “¡La Pasionaria está llena de sangre!” Los feligreses se apresuran a rodear la enredadera. Varios se paralizan suponiendo un milagro. Los incrédulos prefieren marcharse. Algunos más osados, con manos temblorosas, tocan la sangre y se arrodillan mirando al cielo en busca de explicaciones. El párroco se une al grupo que hace silencio para oír su juiciosa opinión. Una
cuidadora de autos se adelanta para hablar: “Padre, las pasionarias lloran sangre cuando Dios está triste”. El sacerdote observa aquella planta. Advierte que se eleva hasta la ventana de su dormitorio. Viene a su mente una imagen del día anterior, cuando minutos antes de comenzar la catequesis, al salir de ese dormitorio con el tímido Ignacio, lo tomó de los hombros, levantó su mentón y mirándolo a los ojos le dijo: “Recuerda, vienes a este lugar porque eres un buen niño. Por eso Dios te quiere mucho. Los tres, guardaremos el secreto: Dios, tú y yo. Nunca lo cuentes, porque… ¿tú no quieres poner triste a Dios, verdad?”.


Ana María Montalva Campos.

Nace y vive en Santiago, ciudad que recorre observando y jugando a inventar cuentos. Ha sido
publicada en antologías e invitada a encuentros de escritores en Chile, Perú y Venezuela. Cada año se compromete a lanzar su primer libro, deseos que sus rasgos obsesivos se encargan de frenar. Asiste al tallerde cuento dirigido por Lilian Elphick.

Que Trepadoras podemos plantar a pleno sol. | Eco y Ambiente
Ana María Montalva Campos, latinoamericana,  escribe sobre las historias que los personajes de sus cuentos le piden contar, las historias declaradas y las silenciadas. Ha participado en festivales y encuentros de escritores sudamericanos y sus textos han sido publicados en antologías.  Sus maestros literarios son: Poli Délano, Edmundo Herrera y Lilian Elphick.ría Montalva


Laurens y los tríos — Montucanahualt

Un delicioso texto escrito con imaginación y picardía.

El día que aquel sujeto charlatan y lengua larga llegó a sugerirme que debería tener un novio virtual, me pareció una estupidez de su parte. Siendo yo una profesional de la virtualidad sabía que esto solo funcionaba si se respetaban determinadas reglas y la primera era tener una identidad confiable. Creo que subestimé y caí […]

Laurens y los tríos — Montucanahualt
Lo que nadie te dice de hacer un trío sexual | Veintitantos

La diferencia social

Compilación de Paola Tena

Patricia Nasello


—El hidalgo y la aldeana de la Mancha —grita un tipo en dirección nuestra.
Papá se enoja y creo que va a enfrentarlo. A mí me da miedo porque el tipo es un gigante. Mamá lo toma del brazo y le dice unas palabras cariñosas para apaciguarlo. La veo preocupada.
Y también la veo parecida a mí cuando tengo vergüenza por algo que hice. ¿Vergüenza de qué tiene ella? Papá sigue enojado y mamá está triste.

MicroDecamerón – Quarks Ediciones Digitales

Ildiko Nassr en el Microdecamerón

Compiladora Paola Tena

Diez



Eran diez. Éramos diez. Cinco mujeres. Cinco hombres. A ninguno le importaba el género ni el romance. Estábamos concentrados en un objetivo. Ninguno sobrevivió. Queríamos burlar al destino burlándonos de él y de nosotros mismos. Y nos arrasó la desgracia del amor, en una tormenta de la que ninguno pudo rescatar más que unos pocos objetos rotos. Queríamos reír. Y no sobrevivimos.

Comienza #Boccaccio2018: 101 días para leer el “Decamerón” – Postdata —  Prodavinci

De «O dispara usted o disparo yo»

Víctor Hugo López Salas (Santiago, 1955 – Bankok, enero 2017)


Rehabilitación
Contiguo a la cárcel había un polígono de tiros, pertenecía a la
fábrica de armamentos militares. De lunes a viernes después de las seis
de la tarde y los sábados en la mañana, practicaban con revólveres y
pistolas de todos los calibres. Me entretenía identificar las armas, según
el sonido de los disparos. En la celda a la hora de sus prácticas,
tomábamos té con canela, fumábamos tabaco negro, releía libros de
espionaje, escuchábamos discos compactos con una selección de rock
sinfónicos, que nos habías enviado. En las mañanas se oían
ametralladoras, subametralladoras, fusiles automáticos. Se apreciaba la
calidad de los tiradores. Los fusiles automáticos son muy sensibles, al
pulsar el gatillo algunos disparan veintiún balas, que se escuchan como
si fuesen una. Un buen tirador logra disparos de tres en tres. Lo mejor
que logré fueron tiros de a siete, muy efectivos por lo demás. Con uno
de esos me fundieron el intestino. No alcanzaste a dar aviso que nos
estaban esperando dentro del banco, en los cubículos de los ejecutivos
de cuenta. Habían interferido por meses las llamadas telefónicas, así
supieron del día que haríamos «la recuperación».
Me condenaron a cuarenta años; a los doce, por un indulto
presidencial, salí del recinto penitenciario. Fui visitarte al servicio de
rehabilitación traumatológica. Enmudecí al saber que una semana
antes, mientras dejabas sobre la cama el uniforme de cajera, tu esposo
te disparó en la pelvis. Por mucho tiempo había estado leyendo los
mensajes de texto, en tu teléfono móvil
.

Víctor Hugo López S.
Poeta, narrador e ingeniero informático. Reconocimientos: Primer lugar Concurso «Palabras para el Hombre», Agrupación Cultural Universitaria (ACU), Universidad de Chile, 1982; Mención honrosa
Concurso «Vicente Huidobro», Universidad de Santiago, 1985; Mención honrosa Concurso «La Usach tiene cuento», Universidad de Santiago, 2014. Incluido en la antología Árbol de los libres. Poetas de la
Generación NN en Chile, Guadalajara, México, 2010.

Nota de la E.:
Víctor Hugo me envió su texto vía correo electrónico el 8 de diciembre de 2016. Estaba en Italia. En enero de 2017 falleció esperando un vuelo a Camboya, en el aeropuerto de Bankok, Tailandia.
Sigues viajando, esta vez sin ataduras, querido Víctor Hugo. Que las estrellas iluminen tus caminos.
Mis más profundos respetos a su familia y amigos/as.