Se van los pájaros
como la juventud,
amor de otoño.
Vuelan hojas y flores
que ya nunca veré.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios


La yegua tenía asma y sudaba copiosamente. Encharcado el lomo. La silla se movía de un lado a otro. Íbamos pegados a la montaña. Al pasar sobre una peña, la silla resbaló a un lado, y mi cabeza quedó hacía abajo, y los pies arriba.

El río corre dando golpes y revuelca remolinos. Bajo el chapoteo del agua, anima el canto intermitente de las ranas. La noche se da por instantes al silencio; y al sopor, le crecen olores de flores trituradas. Nada perturba. Los gusanos dejan de roer; y el sopor, el silencio y las sepias se tensan cuando el monte pare el silbido profundo de la serpiente. El sol ha muerto.
La luz del faro aluza al viento que persigue a la red, a las sirenas y a las olas. Tiemblan los peces. En la memoria de la noche se oyen pasos de viejos naufragios. El mar contempla a las almas que abrazadas al viejo tablón sucumben al ojo espumoso del remolino.
El médico ordenó que dejara café, cigarro y tequila; que no comiera asados, ni fritangas. No seguiré sus consejos. ¡Quiero tener buena sazón y ser la delicia de mis gusanos!
Este sol vende unas alas.
Son frágiles,
que no asustan
el diapasón de una guitarra.
¿Quién quiere unas alas?
el soñador, el capitán
o el niño
que quiere ser cosmonauta.
El sol, el sol, el sol.
Vende, vende unas alas.
Grita un voceador de la Vía Láctea.



Poco antes de cumplir los cincuenta años, numeró las veces que la muerte había estado cerca de él. Fueron varias. Concluyó: “estoy predestinado a un fin grandioso”.Antes de morir, tuvo un último hijo, cuya vida fue paralela a la de él y al igual que su padre, presentía que la vida le tenía reservada una gran proeza. Murió viejo.
Se van los pájaros