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Me parece verla por las mañanas, sorbíamos café. Ella sentada en mis piernas; pendiente de la taza.

—¿No quiere más? yo sonreía, mientras mi mano jugaba con el rulo, me extasiaba el olor de su pelo.

Todo está igual: los libros, el viejo ventilador, las flores. A mí me falta ella, tal vez a ella le sobre yo.