La hechura de una casa

Lo vi un sábado por la tarde en la cantera, llevaba la carretilla llena de piedra que amontonaba frente a su casa de tarro. El domingo, día en que la gente bajaba de las rancherías hacia el pueblo, dejaban a su cuidado las bestias para que les cambiase el herraje. 
-El domingo gano dinero, estoy haciendo un ahorro para comprar cal y cemento. Va a ver, en menos de un año, si Dios quiere, haré mi casa.
En la vivienda de tarros y laminas de cartón vivía con su esposa, tres hijos, el padre senil, un hermano con su mujer y prole. En esa casa había crecido.
A las cinco de la mañana salía, y regresaba cuando los tordos buscaban el cobijo de las ceibas. Por la noche platicaba con sus vecinos o bien jugaban a la pelota donde incluían a los niños mayores.
Medio año después ya había levantado las paredes. Una casa de laja. Faltaban ventanas, puertas.
-Está chimuela. Ahorraré para comprar madera. Poco a poco iré armando.
Un día pasó el presidente municipal y le decía a su secretario.
-Mira este cabrón a quién se chingaría para hacer esta casa, ya casi está mejor que la mía. Anotalo para subirle el impuesto.
Días después supe que salió a media noche con el sargento, responsable de la partida militar, discutieron y el militar le tronó un balazo cerca del oído. “Conmigo y mis amigos, no se meta presidente, porque el otro disparo no será para que lo escuche”
Tres meses después me invitó a comer mole de guajolote para celebrar, por supuesto también estaba el sargento y su esposa.

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Viernes de bohemia

Visitaba a un buen amigo que tenía habilidad para tocar el piano. Nos reuníamos no más de cuatro. Los viernes eran para disfrutar con algo helado en la mano. ¡Qué fría cerveza!, y escuchar a Rachmaninoff y ya con dos litros de la amargosa venían episodios románticos con Agustín Lara. A la media noche parábamos y él decía “muchachos no hagan ruido, por favor más respeto para los cadáveres de vidrio”.

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Las lavanderas del río

Llegaron al río las lavanderas con su chorcha de hijos. Ellas cargan la maleta de ropa más pesada y las crías, lo que pueden. Cada una tiene su lugar, piedras que el tiempo modeló como bateas y se sirven de ellas para tallar. Algunos varones, se fueron a su milpa y el resto a servirle al patrón para cuidar el ganado. La chamacada disfruta del agua que baja presurosa de la montaña. Los grandes cuidan a los chicos que se distraen viendo el ir y venir de los peces y gusarapos. Todo parece igual, los zopilotes dan vueltas en círculo, esperan el momento para caer sobre la carroña. una parvada de cotorros cruza el cielo gritando y posándose en  la arboleda que crece cerca de la cañada. La corriente corre sin prisa y su murmullo parece un rezo. Un sujeto con ropa de mezclilla y camiseta blanca es arrastrado por la fuerza del agua con la panza hacia arriba. Una de las mujeres se da cuenta, avisa a las demás, la joven nada hacia el cuerpo y regresa. No tienen porque preocuparse, el muerto no es del lugar, sino del algún pueblo de la serranía. Saben que más abajo el ahogado quedará varado entre las piedras, como es un paso obligado, otros lo sacarán y darán parte a la autoridad; que en este momento ya estará en la cantina de Don Julio, vacunándose contra el sopor de la tarde. Se despacha bien con una cerveza fría en la mano.

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El regalo

Hoy encontré en el mercado: cazuelas, jarros en miniatura y pregunté si tenía metates, que eran las licuadoras de antes, los arrieros iban de un pueblo a otro vendiendolos. Metates enanos, de juguete que regalaban a las niñas, para que supieran como molían las abuelas.  Me han dicho que no tienen, les he pedido que busquen por algún rincón de México. Vi en sus ojos, una promesa seria, así que esperaré, Prometí darle a una amiga niña ese obsequio. Han pasado meses y nada. Ahora en los mercados no encuentras el regalo hecho con la habilidad manual, sino fabricado en automático y con la monotonía del plástico.

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Metate

 

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Varones

 

Él Oía el parloteo de las mujeres.

  • Se deben de casar con un hombre mayor, ellos son maduros y saben como tratar a una mujer.
  • Jajaja Sarita estás en otro siglo, “los hombres nunca maduran”, cásate, júntate con el que te de la gana.

-¡¿Qué los hombres no maduramos Bah?! Estoy a punto de caer del árbol de la vida y no por estar verde, sino por ser un post maduro.

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La Gata

Es la única gata cuyo nombre es Gata. Así entiende. Por la mañana me sigue hacia la cocina, mientras tomo el café se enrosca en mi pierna y maúlla seco y breve. Como diciéndome » ¡A qué horas, me sirves! Al retornar a la casa, me espera en el portón, – ella reconoce el ronroneo del carro y corre a recibirme- En realidad no es que sea muy afectuosa, sucede que tiene hambre. Así que maúlla suave y prolongado, como expresando » ¡Joder, pero que tarde llegas!»
La gata tiene una historia de vida y muerte, tal vez en eso se parezca a mí, pues mi vida ha sido eso. No, no soy proclive a las armas. Sucede. Pasa porque la vida tiene sus misterios, y la verdad es un misterio que esté con vida; y lo mismo ha sucedido con ella.

gato.

Los tiempos han cambiado

Los tiempos han cambiado para mal; ayer jugábamos en la calle. Hoy no dejo salir a mi nieto . Carros a velocidad, cazadores de niños y, ofrecedores de droga. Él se enoja y me dice que ya es grande y yo, muevo la cabeza.
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El recuerdo de la primera novia

¿Quién no recuerda a la primera novia? ¿Qué se habrá hecho? ¿Estará feliz? ¿Me recordará? Mañana celebraríamos el día en que nos dimos el sí. Son cosas de chamaco, pero de vez en cuando me da por la fuga. Me despedí de ella hace tantos años, pero la memoria no entierra ni lo que besa, ni lo que muerde.
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La aridez

La palmera se dobla por los vientos silbantes. De aquella primera caricia queda un latido torpe. Del asombro de los primeros meses es más ceniza que braza. La cotidianidad es un muro que cada día escala a lo profundo. Hay una mariposa dentro del pensamiento, tal vez renazca si deseas; ventanas que se abren en algunas noches y piden a la luna que vuelva.

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Frente al espejo

Esta mañana frente al espejo vi que en el fondo de mis ojos había gotas de colores que daban la impresión de ser estrellas.
Me sorprendí con temor. Después sonreí y recordé que la noche anterior mi piel fue rodeada por tu boca. ¿Qué habría de raro si mis ojos estuviesen soñandote?

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El faro

Pensé que había sido tuyo. En lo vasto de la mirada, bajo el sol, bajo las olas, En la siesta. Pensé en el silencio que hay bajo los puentes. ¡Nada es cierto! El silencio líquido se convirtió chillido de pájaros y alas en desbandada. Mis palabras navegan sin control, buscando el faro del puerto.

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Dolor de guitarra

Calló la guitarra-nadie escuchó el lamento- fue un golpe sordo a la garganta. Nadie lo imaginó; ni la suavidad de la madera, ni la tensión de las cuerdas.Nadie dijo nada, sólo la tristeza que salió cantando.

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ManeuelaRamiro López

La palabra

Camino sobre el precipicio. Entiendo mis pasos lerdos. Abrí ventanas y deje al vuelo mis pensamientos para que tengan oportunidad de salir y ser. «Mis ojos arden y las letras se escabullen”. Encontré razón y vida en la palabra. Ella es corazón latiendo. Me hace lanzarla y me embelesa hacerla flor, cielo o mar.

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