El ayer lejano. Duele porque ya no estoy en tus pensamientos. Hay días que tus manos acarician mi cara, y tus piernas rodean mi cintura. Los labios gritando hacia dentro y después el silencio cómplice. Hoy nos encontramos en el cinema, tú fingiendo una plática con tu pareja, yo, simulando no verte. Solo los aromas se mezclaron, viejos conocidos.
La pelota hace una parábola y va rumbo al ángulo de la portería. El portero, pasmado la sigue con la mirada. El esférico rebotó en la fina malla tejida por una araña. Satisfecha de la resistencia, ahora espera algo más sustancioso.
Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega y acariciando su cabeza le pregunta:
—¿Qué te sucede?
—Cuando cierro los ojos, sale un león.
El Hada sonríe.
—Acuéstate y duerme. Yo haré lo mismo.
La niña se relaja y cuando ya abría la puerta del sueño, le pregunta el hada.
—¿El león es de melena negra?
—Si. -Dice la niña—a quién se le cierran los ojos.
La madrina se retira, sonríe cuando la mira dormir. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana, cierra los ojos, divisa la floración de las azaleas y entre los tallos se asoma una melena de color negro…
Me duele pensarte. El ayer cómplice es sombra. Duele porque estoy fuera de tus pensamientos. Rumeo Los falsos de la vida, la promesa enterrada. Es cierto, nada nos debemos. Hay días inevitables, inconfundibles, tus manos en mis mejillas; con mis piernas rodeando tu cintura. nuestras bocas mudas, ahogadas, gritando hacia dentro y después… el silencio.
Soy una mujer juiciosa, socialmente discreta, compañera y hasta tierna. Veo la grama húmeda y lleva a imaginarme una yegua fina retozando. Me estremezco. Y me posee la hembra en la hierba, De la nada salen remolinos de lumbre y me incendio. Trompos que solo pueden ser calmados por dedos hábiles, una lengua ávida y un falo sublime que acaricie y frote. Mis labios exigen besar hasta tener en mi boca el recipiente exacto de tus germinales. Ser insaciable y ver de lejos a la mujer impoluta que por cualquier cosa se persigna.
Del Pintor expresionismo;Andrew Atroshenko Nació en 1965 en Pokrovsk, Rusia En 1994 ya, colgó su obra en importantes exposiciones como la de San Petersburgo Reutlingen, Alemania… Tras graduarse de San Petersburgo, en la «Academia de Arte en 1999», fue invitado a participar en el Grupo «Arte de la Bahía» de Nueva Inglaterra. Si bien el trabajo de Andrew se vendía con éxito en galerías de toda la Florida, California, Ohio y Arizona, el artista participaba en un gran número de exposiciones colectivas y subastas en Francia, lo que dio lugar a que su obra se venda a en todo el mundo.
Eran las seis de la mañana cuando la madre superiora salía de su dormitorio. Monjas y novicias le hacían reverencia al cruzarse en los pasillos del convento. Las de más confianza la detenían y la interrogaban acerca de su descanso y ya para retirarse se despedían con un “ me saluda al padre Ramón” Recordó que en quince minutos estaría con él en el confesionario y la referencia a él, lo atribuyó a este hecho.
Después de haberse confesado el padre le pidió que se acercara y discretamente le dio un pequeño bulto que se sacó de entre la sotana y le dice:
Cerraron el bar y se quedaron con ganas. Siguieron las vías del tren y encontraron una cantina abierta. Pidieron cerveza. Tarros, espumosa, fría y oscura.
—No escuchas como si el bar estuviese lleno de gente y todos en la plática.
—Apenas distingo las mesas. Mejor digamos salud.
—Se oyen muchas voces le dice al cantinero.
—No se preocupe. Debajo de la construcción pasa un río subterráneo y afuera los trenes van y vienen.
Salieron con el tanque lleno, zigzagueando y cada quien cantando a su manera. Al cruzar la vía, de la nada, se encontraron con el expreso de medianoche… Se levantaron con sed y regresaron a la cantina. A la misma, solo con la diferencia que ahora si se apreciaba el ambiente: pláticas, algunas discusiones, una guitarra, un trovador y el olor a tabaco.
Abajo, un barquero cobrando por subir al bote y llevarlos a la otra orilla del río Aquaronte.
Caronte no tenía problemas con las almas, sólo lo había si no le pagabas. Tampoco las aceptaba si éstas provenían de un cuerpo colmado de virus. En la entrada al inframundo custodiaba la puerta Cancerbero, un monstruo con tres cabezas de perro, que poseía olfato para escrutar aromas virulentos. Si lo distinguía, ipso facto, los situaba en cuarentena*. Caronte sabía de tamañas cualidades. En este dato se basó Dominique Grandjean de la Escuela Nacional de Veterinaria de Alfort de Francia para entrenar perros, que sale más económico y rápido que estar haciendo pruebas en las terminales por un personal altamente capacitado**.
Rubén García García jubilado mexicano que gusta escribir historias breves que llaman minificción. Tiene 74 años y padece de curiosidad .
La cuarentena posiblemente consistía en vagar por la rivera del río Aquaronte, junto con las almas que no pagaban.
Me gusta dormir boca abajo para relajar el cuello. Debí soñar que ella me daba masaje, tenía arte para hacerlo. últimamente me ofrecía una aspirina. Solo sentí un piquete y las luces se apagaron. Me enterraron en el sótano. Cosa graciosa, en este lugar yo me hacía el muerto para no ser descubierto en el juego de las escondidas. Salí del encierro a nuestra recámara. Dormía de espaldas a su amante, la desperté acariciando su frente. Abrió los ojos. espantada de ver mi cara llena de gusanos, los suficientes para ocasionarle un infarto en un corazón ingrato, pero ya dañado por una fiebre que tuvo en su juventud. El sujeto dormía boca abajo muy parecido a como yo lo hacía. Encontré la aguja de raquea y entró sin resistencia, profundamente en su médula espinal. Le di la vuelta y lo reconocí. Siempre supuse que mi otro yo me envidiaba.
Alguna vez Rubén García, el administrador, tuvo deseos de hacer deporte y encontró en el trote un placer que guarda cariñosamente. La carrera de resistencia le dio la oportunidad de ponerse en contacto con la naturaleza. Paisajes muy bellos que están cerca del habitad. Fotos que como buen anciano las conserva, como para decirle a los nietos que el abuelo un día también fue joven.
Regresé a casa con más copas que las debidas. Recordaba haberme despedido de mi esposa con un luego vengo. Por la noche llegó mi suegra, viuda que se la pasa viajando en competencias deportivas. Mi mujer le dio la habitación nuestra. En la madrugada que llegue no prendí la luz y en la oscuridad total le cumplí con fogosidad. Salí al baño e instantes después llegó mi esposa. Me quedé con la palabra en la boca, cuando dijo, “llegó mi mama y está durmiendo en nuestra recámara…, regresa al cuarto y saca tu ropa. Veo que ya traes el piyama puesta. Se me bajó toda la borrachera. En la mañana me despertaron los gritos de mi esposa diciendo que su madre no se despertaba, que llamaría un médico. Estuvo ocho días hospitalizada con diagnóstico de estado de coma. Una mañana se despertó buscando los tenis ya que tenía competencia. La suegra no recordaba nada y yo me sentía aliviado por su desmemoria. Días después cuando tomaba el avión me dijo en un momento en que mi esposa nos dejó solos “ aún tengo la huella de tu boca en el interior de mi muslo. Eres un tigre…
Tomado de la red
Rubén García García administrador del blog. Jubilado y aprendiz de escritor
Todas las noches en el sueño terminaba una historia, ya para pasarla en limpio, Morfeo le ordenaba que la dejase sobre la mesa, que él la revisaría. Todas las mañanas trata de recordar la historia que soñó y por más vueltas que da, solamente se le aparece la media sonrisa del dios.
En la planicie del mesenterio abdominal se jugaba la final entre los nematelmintos contra los platelmintos. La estridencia de los gritos se debía a lo aguerrido del partido y a la levadura de cerveza que rolaba por las tribunas.
Rio Tecolutla, lugar de tecolotes. Mirando el ocaso, con algo frío en las manos.
Olía a pez el viento. Se retiraron las aguas saladas y apareció uno, luego otro y fueron muchos. Declararon que estaban aburridos de tanta soledad húmeda y decidieron mudarse al panteón del pueblo.