sendero
Narraba el escritor la muerte del primer actor de su novela, cuando la amante del sujeto protagónico disparó, no permitiría que la dejara a medias como el insípido de su esposo.

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Narraba el escritor la muerte del primer actor de su novela, cuando la amante del sujeto protagónico disparó, no permitiría que la dejara a medias como el insípido de su esposo.

Sendero
Me sorprendí al no percibir el olor del café. Que el cuadro familiar fuese solo una mancha y los pormenores de su visita a mi departamento se hayan trastocado. Recordé súbitamente que ella al mencionar nuestras vivencias las refería en pasado. Miré el algodón de la camiseta que me obsequió y había manchas de un rojo óxido. La sentí y noté que la tela ya no respondía a mis manos. Caminé de un lado a otro muy ligero. Salía de la ventana un rayo de luz y enmedio danzaban finos corpúsculos. Salté una, dos y tres veces hasta que conseguí atraparlos y tenerlos entre mis manos. Curiosamente después de mi esfuerzo, me perdí entre ellos…

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El peso de la nieve dobla la rama, Entre las hojas la pájara se abriga. Cada copo es un miligramo más, que de continuar caerá su nido. En el nido hay dos polluelos que sueñan con volar y jugar con la nieve que se amontona entre el bosque. Es un bosque que disfruta del ruido y ahora esta lleno de una gruesa capa fría y alba. Solo el oso duerme el sueño de los justos. Aunque la cueva es tibia y mucho más la osa que lo acompaña. No puede evitar la inquietud de que llegue su compañera y lo agarre infraganti. Otra espina salta, ¿su esposa estará durmiendo sola?

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Subí al urbano. El tufo del cigarro, el olor a ropa sucia hizo que doblara el brazo dándole un escudo a mi olfato. Me senté frente a una mujer que tenía la mirada en no sé qué parte del mundo, la mitad de la cara recargada sobre la ventana con las mejillas húmedas. Parecía chupetearse el labio o quiza lo mordía. Se tronaba los dedos una y otra vez. A la blusa de lana le faltaba el primer botón. Cada que abría la puerta el conductor se colaban chiflones húmedos y fríos. En el empeine de la bota blanca había una mancha rojiza. Cruzaba y descruzaba los pies, parecía tener frío. Afuera las luces se prendían y se apagaban y el trineo de papá Noel parecía saltar de un edificio a otro. Lejos se escuchaban las campanas del ding-dong -dang. Pronto atravesaríamos por el barrio de las Setas, y nada raro sería que algún pelafustán se subiese y nos quitase las pertenencias. Ella apretó sus puños y con un resorte de atleta salto del asiento y apretó el botón para apearse. Moví la cabeza y me dije, “que mala decisión” poco después, dos sujetos al caminar por el pasillo me preguntaron que si no había visto a una mujer con las características de ella. Les contesté que recién se había bajado. Antes de apearse uno de ellos dijo: se me hace increíble que una mujer le haya roto el hocico al gorila de su esposo. Estaba borracho y armado, cayó sobre el filo de un escalón, rompiéndose la cabeza. Era un fichita y la mujer posiblemente piensa que ella lo mató, no sabe…Hay que encontrarla, y decirle. Una cabeza así, no se sabes que puede hacer.

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Le comunicó al administrador del circo de pulgas, que era el mismo demonio, y su padre también. Sin temblarle la voz le reclamó que estaba harto de ser la pulga trapecista y que era la última vez que lo vería en el trapecio. Sin esperar respuesta se fue brincando con un libro de ecuaciones de dos incógnitas bajo el brazo. Desde entonces se le conoce como la pulga negra de la familia.

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Infierno
Se quedó ciego y siempre tuvo fobia a la oscuridad.
Killer
Tumbado en la hamaca, entornando los ojos y rascándome las lonjas de la panza, espero pacientemente al tiempo para matarlo.
La Dinosauria de Monterroso
La institución no me lo permite, pero que bien estaría decirle: ¡Qué hermosa cola tiene usted!
Me siento increíble
Hoy troté apoyándome con el bastón.
Adolescencia
¡ Ha de estar agotadísima! Toda la noche soñé con ella.

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Fue sustituido el hombre bala por el payaso » Risitas». Se brindó al respetable y entró a la cámara del cañón. Salió disparado con la melena al viento, los ojos al cielo. Cayó la bola roja, la peluca dorada, los zapatos enormes y se perdió en el firmamento. El público de píe lo despidió con atronador y prologado aplauso.
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Tenía tantas faltas de ortografía que cuando hablaba con los ojos… parpadeaba.

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Mentira que Drácula haya muerto por una daga de plata certera al corazón. Asi lo hizo creer la asociación que él presidía. Se sabe, por fuentes privadas, que se infartó cuando le informaron que el primogénito había donado sangre.

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Es opresivo sentir que no respiras y en la oscuridad del silencio el roer del gusano, espantándote el sueño.
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Ayer, El “compa”, un hombre de palabra, pasada la media noche regresó a su casa. En la jugada perdió el usufructo de su trabajo. Tuvo la corazonada de que la siguiente partida ganaría, y no teniendo efectivo apostó los cilindros de gas de la estufa. Fiel a su palabra fue por ellos a su casa y pagó su deuda. Por la mañana sacó de su escondite unos billetes y antes de que se levantara su esposa, le dijo “vístete, iremos a la barbacoa” Cuando regresaron, la mujer se percató que no estaban los cilindros y llorando le contó a su esposo. “la delincuencia no descansa” contestó y se quedó profundamente dormido soñando en la rueda de la fortuna

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Hace seis años fui al lugar donde bautizaban a los niños. La ausencia de sacerdotes hacía que las personas del pueblo en grupo fueran al mar. Tenían que cruzar el estero, para llegar a la playa. Sucedía que alguna de las lanchas volcará y había uno que otro ahogado. Quizá con más tristeza que alegría, pero el mole, las tortillas calientes y la cerveza nunca se desperdiciaba. Playa de Cazones. fuente: mi mamá.

Playa Barra de cazones.
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Me quedé quieto, en silencio. Respiré apenas. Ayer caminaba sin preocupaciones. Por la noche me despertó el llanto de mi vecina. Alfredo, su esposo, había muerto. Una semana antes, el velador del vecindario fue cruelmente asesinado. Mi esposa que parece que nunca duerme, me platicó que los perros no han parado de aullar, incluidos los míos. el colmo fue cuando lo hicieron en pleno día. Ya se llevan el féretro, mi mujer que estaba a punto de partir con el cortejo, la paré. Te quedas en casa, ya habrá oportunidad de darles el pésame. Se han ido y ha quedado en el aire un aroma de flores deshojadas. Tomando café en la cocina, vi pasar a mi hija. Llegó mi esposa, me dijo: «no sé cual es tu ansiedad, al final tu y yo tenemos un año, ¿un año de qué?, del accidente en la curva del diablo.

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Después que se fue el Covid sonreí, me puse serio, muy serio cuando me dijo » luego regreso»

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Divisé la cara de asombro de un niño que veía un pájaro verde limón. El ave se había posado sobre los hilos retorcidos de la protección del ventanal. Tomé la cámara, puse el zoom y pude ver en los ojos del niño el cuerpo del alado. Parecía el pájaro tener una mirada suplicante, o quizá veía lo que no era. En el reflejo del cristal había otra toma que daba la impresión de ver a dos amigos que charlaban del sol cotidiano y de las flores que se desprenden del limonero. Los minutos tan largos como las horas se sucedían y ellos seguían, el pájaro brincoteando y el niño con los brazos a veces arriba, otras abajo. Si decía, no lo escuchaba, pero el tono de aquella reunión marcaba el inicio de una amistad que dejaba la impresión que los limites no existen, que las barreras son vanas y egoístas formas que el adulto ha manipulado para su beneficio.