Se fue la lluvia. Las hojas del naranjo dejan pasar al viento. Los azahares del limón se macularon de amarillo pálido. La perra duerme enroscada y, a veces, saca su ojo y mueve la oreja. El cielo parece tablero de ajedrez. Este lunes, como todos los lunes, las gallinas no ponen. El obrero salió en la madrugada a trabajar en la compañía que jode al subsuelo. El sol amodorrado deja ver la luz entre un moteado de nubes. La flor se despertó y me ha mandado su promesa. Camino silbando y en el camino saludo a los vecinos.
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Volver al amor
La palmera es doblada por los vientos. De la caricia quedan latidos en bradicardia. El asombro coagulado. La cotidianidad guarda lo sembrado en la época del vino, del fuego y la ternura. Hay una mariposa dentro del pensamiento. tal vez renazca si hay esfuerzo. La ventana pide a la luna que vuelva.
Si hubieras sido como Esteban
Esteban es un señor que deja saber que le gusto. Cuando voy a una reunión, él trata de ofrecerme su compañía. Me mira como si yo fuese un sueño. En mis ausencias de atención, pregunta » En que piensa»; ¡si supiera que pienso en ti; deseando que llegue la hora para mirarte en el café!
Al entrar a la iglesia me sonríe, fija sus ojos en los míos, cambio la mirada para otra parte. En algún momento, cuando menos espero se acerca ofreciéndome algún piropo. Suspira, saluda con un beso en la mejilla.Cuenta algún chiste y no puede evitar que lo perturbo. Se retira en silencio al percibir indiferencia.
Si tú fueras como esteban, jamás hubiese conocido la zozobra y este deseo que cada día se convierte en leña dispuesta para vos.
Tumbas de olvido
México es un gran cementerio
Hay miles de tumbas en tierras de olvido. Cubiertas de lodo, arena, frío. Arriba crecen flores como recuerdo de que las gentes tuvieron esposa, hijos, padres. Quizá haya una madre que con pico y pala busque muestras para secuenciar el ADN y otros, mezquinos obtener algo de valor y venderlo.
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Los brotes en los ojos.
Descubrí frente al espejo que en el fondo de mis ojos habían brotado margaritas. Tuve pavor, después sonreí, ¿Dónde está lo raro? Recordé que la noche anterior mi piel fue surcada por tu boca.
Durmiendo con esposa delgada

Eran las cuatro de la mañana de una madrugada fría. Cerré los ojos, escuché mi pulso acelerado al recostar de lado mi cabeza. Respiré hondo,Volvió mi sueño: corría con todo mi aliento. Una grieta abierta en la tierra me perseguía. En la lejanía un coro cantaba. Cuando desperté, la cabeza de mi esposa y la mía rodaban por la pendiente hacia la fisura. Me incorporé, tomé a mi mujer y corrí; segundos después el temblor desmoronó la construcción. Dos cachetadas me volvieron a la realidad. La voz aguda resonó: «Deja dormir, con una chingada, ya van dos veces que me traes a la sala».
Micromini
Hoy troté apoyándome con el bastón.
Olvidos
Hace dos días, manejando sin prisa me di cuenta de que iba en sentido contrario. Un grito me detuvo a tiempo, pues a unos cien metros venía un camión de carga . Me orillé. Comprendí el riesgo y moví la cabeza, un escalofrío recorrió el cuerpo. Un mes atrás el médico recetó medicinas para controlar mi presión que alta, pensé que eso sería la causa. Fui a verlo y no encontró mi expediente. Recordé enseguida que cerca hay otro facultativo. Entraba a la sala de espera, me saludó efusivo, me preguntó ¿Ya se encuentra bien su señora? Mecánicamente le dije que sí que solo pasaba a saludarlo y a decirle el estado de mi esposa. Le mentí y regresé al auto.
Un día con la mujer
Escucho el aleteo de los murciélagos; hoy la noche ha sido fría y húmeda. ¡será difícil hacer fuego!; Hago café, más agua que café. Despierto al marido, busco un pedazo de pan. Qué se vaya con algo a la milpa.
Se levantan los chiquillos y piden, no saben si hay, pero piden. A las ocho de la mañana, voy corriendo a llevarle el almuerzo. Son tortillas untadas con frijoles y un poco de chile. Comemos, quitamos la hierba. Él se queda trabajando, yo me regreso a preparar un caldo de chayotes. Me llevo a los niños a la cañada para que ayuden a cargar el agua que servirá para cocer los , limpiar los platos. ¡Hay que hacerla rendir!, el doctorcito quiere que nos bañemos diario. No es malo lo que dice. pero el agua casi nunca alcanza.
Hace mucho que no tengo un hato seco de leña y los que la traen a vender casi no se arriman por aquí, con eso de que el dinero está escaso y los chamacos piden, —ellos no saben si hay— pero piden.
La partida
Tu silencio era el prólogo. Intuí tu partida, tu paso inexorable. Lo sabía y dejé la puerta entreabierta
Lo prohibido

Cada beso era para nosotros el último. Disfrutábamos. Recogíamos las prendas tiradas sobre la pelusa de la alfombra del motel. Vestido, recomponiendo la corbata y tomando tus hombros, y con voz fatigada decía: «esto ya no sucederá», al mismo tiempo que te ofrecía un beso tierno en la redondez de tu pómulo; era uno, dos, pero bastaba para encendernos y terminábamos con las ropas desperdigadas. ¡Todo se resolvió por fin! Fue el día que decapitamos el arrepentimiento.
Una consulta diferente
El camino es monótono, crecen yuyos que duermen. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. La luz de la luna alumbra un árbol deshojado, un pájaro de ojos brillantes, canta:
¡Chipiripi! ¡Chipiripi!
En la madrugada, la vieja cubre mi cuerpo con hojas y raíces y el humo de aromas adormece. Cuando despierto mi cara tiene pellejos y en la mejilla nacieron hirsutos vellos. Ella me toma de la mano y juntos caminamos. El sol es intenso, pero mi alma está tan fresca como la menta.
Depresión
La La encontraron muerta. Bajo de ella; un charco de lágrimas. El médico forense anotó: deshidratación severa por tristeza esencial.
El médico

fue autopsiado el médico anciano, salieron del corazón parvadas de secretos; unos volaron, otros reptaron hasta diluirse en las aguas del inframundo.
El gusano






El gusano abrió los ojos. Frente a él había una rosa, rodeada de brillantes hojas. Se arrastró y mirándola le dijo: