Desde muy joven la literatura me suscitó gran interés. Recuerdo con rabia una clase de literatura en la que interpretábamos los símbolos que aparecían en libros de Federico García Lorca o Miguel Hernández. Unos señores, muchas veces ni si quiera era el propio autor, decían: el caballo representa la virilidad masculina, el buey como elemento […]
El significado es de quien lo lea — Georgius’ Blog
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Dorling Lopez Rivera, Nic. Natalia Madrueño, Mex. Leo Mercado en Pequeficciones.
Tomado de la antología «Pequeficciones» organizada por Chris Morales y Jose Luis Ortiz Soto
Roca amiga
Dorling López Rivera
Yo tengo una roca. Su forma es bastante rara. Si las rocas tuvieran
cara, les diría que ésta tiene nariz de lombriz, sonrisa de banana y ojos
saltones como los de las ranas. Además, les quiero contar que ella es
mi amiga secreta, siempre la llevo en la bolsa de la camiseta.
Dorling López Rivera (Nicaragua). Licenciada en comunicación
social, teatrista, narradora oral y gestora comunitaria.
La niña que solo comía espagueti
Natalia Madrueño
Elizabeth amaba el espagueti, siempre que su mamá le daba la opción
de elegir qué comer, ella sin dudarlo, decía: espagueti. Espagueti a la
boloñesa, espagueti con crema y jamón, espagueti con especias o
simplemente espagueti.
Una mañana que parecía común, Elizabeth se miró al espejo y
vio que su enorme melena enroscada, ahora era de espagueti. Se
emocionó tanto, que de inmediato fue por un tenedor para comenzar a
comer su propio cabello. ¡Era delicioso, jamás había probado un
espagueti como el de su cabeza!, lleno de sabores, colores, de ideas;
lo malo, es que éste no crecía como su cabello natural, así que en poco
rato además de ganar una enorme barriga, se había quedado calva
como su abuelito Pancho.
Natalia Madrueño (México). Licenciada en Letras Hispánicas y
máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e
Hispanoamericana expedida por la Universitat de Barcelona. Escribe
ensayo, cuento y minificción. Pertenece al jurado del Programa de
Fomento a la Lectura y Expresión Escrita (PFLEE) de la Universidad
de Guadalajara y la revista Vaivén. En Diciembre del 2018 recibió a la
poeta uruguaya Ida Vitale Premio Cervantes 2018 y Premio FIL2018,
con un ensayo dedicado a su obra narrativa.
Humedad de Leo Mercado
La pared es blanca. La mancha de humedad es un hilo oscuro,
continuo. Si lo miro fijamente la vista se centra en él y desaparece,
poco a poco; pero si pestañeo, el hilo es en realidad un feroz león que
se me abalanza y me devo…
Leo Mercado (Argentina, 1982). En poesía publicó Viento norte (Color
Pastel, 2005; 2009 intervenido por artistas plásticos), Bocanada
(plaquette, Viento Norte ediciones de alambre, 2008), mil200 (Viento
Norte ediciones de alambre, 2011) y 39 (Viento Norte ediciones de
alambre, 2012) y Jauría (Halley, 2019). En prosa, formó parte de varias
antologías. Publicó, junto a Caro Fernández, Hacer el cuento,
microcrónicas (Macedonia, 2012) y Volver a hacer el cuento,
microcrónicas (Ediciones Sherezade, 2015)

Cómo inventar y contar grandes cuentos que hagan disfrutar a los niños (o a los adultos)
«Cómo inventar y contar grandes cuentos que hagan disfrutar a los niños (o a los adultos)» https://www.lavanguardia.com/vivo/lifestyle/20201213/6105565/contar-cuento-familia.html
Dos cuentos de las metámorfosis de Diana de José Luis Ortiz Soto
Crucero
Para Beto Gómez, mimo
Era maestro en el arte de comunicarse sin palabras. En noventa segundos, los automovilistas veían transcurrir ante ellos escenas tomadas de la vida misma. La actuación terminaba cuando el mimo recogía del piso una mochila inexistente, decía adiós al público imaginario y echaba a andar por un camino que iba construyendo a cada paso, seguido por la verde mirada del semáforo.
Vacaciones de verano
—No hace mucho, yo era un niño que jugaba en el atrio de la iglesia del pueblo. Las amplias jardineras servían de campos de futbol o de coliseo donde dirimíamos nuestras diferencias a golpes. De las imágenes que mi mente conserva, destacan unas donde estoy sentado en la horqueta de un fresno. Abajo, junto a la calzada, mis amigos patean una pelota. De pronto, alguien señala a una lagartija que sube a toda velocidad por el tronco del árbol. Antes de que yo pueda hacer nada por apartarme, el reptil entra en una manga de mi pantalón. Mezcla de horror y repugnancia, chillo y me contorsiono hasta que el bicho cae al piso. «¡Te ha mordido un nahual!», me dice una mujer vestida de luto al pie del fresno; en su voz tortuosa advierto una sentencia. Creo que así fue como me convertí en lagartija. —Ay, mi amor, en realidad eres una vieja cámara fotográfica en desuso. Las imágenes que me describes se quedaron grabadas entre tu juego de espejos y el obturador.

Los nombres de Clarice Lispector Por Antonio Maura
Tomado de la revista » Quimera»
Los nombres de Clarice Lispector
En los últimos años se han multiplicado las publicaciones –libros, artículos, tesis doctorales– sobre la obra de Clarice Lispector. La escritora brasileña cuenta con tres biografías, cada una de ellas ahondando más y más en sus orígenes, en su carácter, en la relación de sus libros con su periplo vital, en las anécdotas que cuentan de ella sus amigos, familiares y conocidos. Los lectores españoles que tengan interés en la vida de la escritora pueden consultar también el libro Ladrona de rosas, de Laura Freixas, que resume inteligentemente las tres biografías y apunta sensatos comentarios acerca de su personalidad, de la forma cómo abordó su feminidad, de su obra.
En lo que se refiere a los trabajos críticos, hay tal variedad que se hace difícil clasificarlos. Desde los primeros estudios existencialistas o de la llamada «escritura femenina», tradición que inauguró la escritora Hélène Cixous, hasta los propios de la mística hebraica, cristiana e incluso zen, desde análisis psicoanalistas a trabajos de literatura comparada, la obra de Clarice Lispector ha sido susceptible de diferentes lecturas. Sus libros –novelas, cuentos, artículos y fragmentos– han sido interpretados siguiendo las coordenadas filosóficas de Nietzsche o de Benjamin, y se han comparado a los de escritoras y pensadoras como Teresa de Jesús o María Zambrano, como defiende en su libro Myriam Jiménez Quenguan, o a la luz del existencialismo sartriano, como expone Carolina Hernández Terrazas en su libro Clarice Lispector. La náusea literaria.
¿A qué se debe tal proliferación de textos, comentarios, análisis semánticos o académicos? ¿Cuál es el secreto de su obra? ¿Qué misterios encierra? El poeta Drummond de Andrade comentaba en su poema dedicado a la escritora que:
Clarice
vino de un misterio, partió para otro.
Quedamos sin saber la esencia del misterio.
O el misterio no era esencial,
era Clarice viajando en él.
Esta era, por lo general, la imagen de la escritora entre sus contemporáneos. Como fue también, según contaba Ángel Crespo, el comentario de la escritora Rosa Chacel tras su visita a la escritora en la década del sesenta del siglo pasado: «No se trata de una mujer», dijo, «es una pantera». Su misterio de felino, su belleza eslava, su atractivo personal son recordados por todos los que la conocieron. Luego se supo de sus orígenes judíos, de los pogromos que su familia sufrió antes de su nacimiento, de la parálisis de su madre, de la muerte prematura de sus padres y de su infancia pobre y oscura en la que se vio obligada a ser feliz, aunque esa felicidad fuera simulada como una dura máscara.
Aquella infancia, aquel pasado remoto que ella no conoció y del que tuvo conocimiento a través de sus hermanas y de los comentarios de su padre, se reflejan en una obra que hace de lo oculto, del secreto y del silencio un edificio literario y, posiblemente, un templo. En ese pasado remoto estaba escondido su nombre originario, que no era Clarice, sino Haia o Chaya, según se quieran transcribir los caracteres hebraicos. Chaya, en yidddish, significa vida, aunque también tenga la connotación de animal. Y ciertamente las reflexiones más profundas, más intensas de su obra, versan sobre la vida, Un soplo de vida es el título de su última y póstuma narración, así como la materia sobre la que reflexionan las protagonistas de Agua Viva, de La pasión según G.H., de tantos cuentos y fragmentos de su obra. También hallaremos en sus libros numerosas referencias a los animales: «A veces me electrizo al ver a un bicho. Ahora estoy oyendo el grito ancestral dentro de mí: parece que no sé quien es más criatura, si yo o el animal. Y me confundo completamente», escribe en Agua viva.
Pero, según el Levítico, no todos los animales son similares, pues hay que distinguir los puros de los impuros, y ambas clases de bichos están descritos con intenso apasionamiento en la obra de la escritora brasileña. Los caballos con su fuerza salvaje, su ímpetu, su orgullo vital, se encuentran en novelas como La ciudad sitiada, en su cuento «Seco estudio de caballos», de su libro Felicidad clandestina, así como en otros muchos escritos literarios o periodísticos. Lo mismo puede decirse de las gallinas, de las que Clarice decía conocer su vida interior, cuyas historias se cuentan en diversos relatos y en cuentos infantiles como «La vida íntima de Laura» hasta desembocar en un texto, ¿ficción o ensayo?, como «El huevo y la gallina», reproducido en su libro La legión extranjera.Curiosamente escogería este texto para ser leído en el Congreso de Brujería en Bogotá al que fue invitada en agosto de 1975. Lo mismo podría decirse de los conejos, del búfalo y hasta de su propia mascota, el perro Ulises, que aparecerá retratado en sus últimas obras. De los animales impuros quizás el más significativo sea la cucaracha, que adquiere un protagonismo inquietante en La pasión según G.H. El interior blanco, insaboro, nauseabundo de este insecto será ingerido por la protagonista de la novela transgrediendo así tanto la tradición cristiana como la judía.
En el cristianismo la comunión es un sacramento en el que se ingiere el cuerpo de Cristo, simbolizado por una forma de pan ácimo, que por su color, densidad y sabor se asemeja a la pasta «fofa y blanca» de la entraña de la cucaracha, tal como la describe la narradora y protagonista de la novela, y que supone su forma de entrada al núcleo neutro de la vida. Pero también, como explica el personaje que se identifica con las iniciales G.H., «hice el acto prohibido de tocar lo que es inmundo», citando la Biblia que prohíbe comer los bichos abominables que andan sobre cuatro patas y son alados. En esta novela, que su autora consideraba la más importante de las que había escrito, también se aborda el significado de la vida, su sentido más profundo, aquel que se remonta al origen de los orígenes, que representa el insecto, pues es anterior a lo humano y, posiblemente, sobrevivirá al hombre con sus capas y capas sólidas, finas como las de una cebolla, que pudieran ser alas endurecidas, que ya no sirven para volar, sino para encerrarlo en una coraza dura e impenetrable. La entraña de la cucaracha es blanca como el semen, «en lo neutro del semen está inherente el ritual de la vida», no tiene sabor y es nauseabundo, pero integrarlo en nuestro organismo supone un acto de humildad y de celebración religiosa, que la narradora expresa en la última frase del libro: «la vida se me es, y no entiendo lo que digo. Y entonces adoro».
A la preocupación por lo trascendente se une en la obra de Lispector una sensibilidad plenamente femenina: la mayoría de los personajes de sus cuentos y novelas son mujeres, que lidian con sus maridos y sus amantes, con las limitaciones de la vida cotidiana, con su condición de amas de casa, madres o esposas en su intento de conseguir una autonomía personal que no siempre pueden alcanzar. De alguna forma, esta actitud entre beligerante y sumisa se puede encontrar en algunos cuentos del libro Lazos de familia y, concretamente, en el relato que lleva ese mismo título. Por su parte, la propia escritora demostró esta lucha por la independencia de la mujer y por su desarrollo intelectual al separarse de su marido e irse a Río de Janeiro con sus hijos. En Brasil, a finales de los años cincuenta, cuando esto ocurrió, esta conducta se consideraba una insensatez: las mujeres podían, en todo caso, irse con otro hombre, pero nunca abandonaban a su marido por cuestiones profesionales y optaban por vivir solas.
A la rebeldía personal de Clarice se une su reivindicación de una temática en sus novelas y cuentos ajena a los patrones y coordenadas literarias de su tiempo. Lispector es contemporánea de Jorge Amado y de João Guimarães Rosa, tan distintos en sus planteamientos narrativos como en sus estilos, pero ambos epígonos de la novela regionalista con historias con principio, desarrollo y final. Ningún otro escritor o escritora de su generación se había atrevido a escribir novelas o ficciones que no tuvieran argumento, o que éste fuera tan enclenque como el de una mujer que come una cucaracha, o una pintora que intenta atrapar el instante en sus cuadros y con su voz, tal como cuenta en primera persona la protagonista de Agua viva. Sus novelas y cuentos están hechos de impresiones, de sensaciones, de sentimientos, que cualquier anécdota de la vida cotidiana puede provocar. La escritora, que residió en diferentes ciudades europeas y en Washington, cuando fue la mujer de un diplomático, no nos ofrece novelas de viajes, ni historias mejor o peor armadas que hubiese podido conocer como ciudadana del mundo. Se tratan de anécdotas como las descritas o de historias aparentemente intrascendentes: una mujer que se encuentra con un mendigo que mastica chicle, una esposa que aguarda a su marido y queda atrapada por el encanto de unas rosas silvestres, un huevo en la mesa de la cocina, el encuentro de dos mujeres en un tren. Cualquiera de estos temas le sirve como asunto de un cuento como las simples impresiones le servían para organizar obras de ficción como Agua viva o Un soplo de vida.
Sus cuentos describen, dentro de su variedad, una anécdota vital que muchas veces puede quedar inconclusa, pues a una sensación sucede otra como ondas en la inmensidad de una vida humana. Sin embargo, sus novelas se podrían dividir no temática, pero si formalmente en dos grandes bloques narrativos que coinciden además con su peripecia vital. El primero iría desde su primera novela, Cerca del corazón salvaje, que se publicó cuando acababa de casarse, hasta La manzana en la oscuridad, que sería editada poco después de su separación. El segundo bloque se iniciaría con La pasión según G.H. y concluiría con su novela póstuma Un soplo de vida. Estas dos etapas lo son en función a los esfuerzos por dar una coherencia a sus narraciones como sucede en sus primeras novelas o en el abandono definitivo de semejante pretensión en las últimas.
De todos modos, esta división, como suele suceder con las clasificaciones literarias, no es totalmente exacta, pues ninguna de las novelas de la primera etapa es realmente coherente, ya que no es susceptible de ser leída como una narración habitual. Tal vez la que más se acerque a esta concepción narrativa decimonónica sea La manzana en la oscuridad, pero es tan endeble su argumento –un hombre que, al parecer, ha asesinado a su mujer, debe asumir su culpa y es, poco antes de concluirse la narración, detenido por la policía, aunque, finalmente, se descubra que tal crimen nunca se ha producido– que no justifica las más de trescientas páginas del texto. No son por tanto novelas propiamente dichas, sino narraciones que, ya en su segunda etapa, se desvinculan de todo tratamiento habitual de una novela con principio y final. G.H. cuenta su experiencia de comer la entraña de una cucaracha, pero lo que realmente quiere describir es su desorganización psicológica y mental, su caída en lo neutro del ser, su extraña forma de religiosidad, de adoración a una divinidad desconocida. No es tampoco una novela propiamente dicha.
Sin embargo, en la novela que se publicó poco antes de su muerte, La hora de la estrella, vuelve a insistir en la creación de una historia narrativa. La escritora brasileña quiere contar la vida de una emigrante que llega de Recife, una ciudad del noreste brasileño, a la cosmopolita Río de Janeiro. Para urdir la historia de Macabea, la protagonista, se inventa un autor, Rodrigo S.M., de modo que su real autora –Clarice Lispector– pueda desdoblarse en su papel de escritor y personaje. Macabea tiene mucho que ver con Clarice: ambas emigraron a la gran ciudad que era Río desde la provinciana Recife, las dos llegaron sin medios económicos y comenzaron a trabajar como dactilógrafas. Clarice Lispector rápidamente se hizo un nombre como periodista, autora de relatos y sorprendió a la crítica con su primera novela. Macabea se queda en dactilógrafa sin otro oficio ni ambición. Pero el personaje del narrador también tiene que lidiar, como la novelista, con la escritura y sus dificultades, sus riesgos, sus extraños hallazgos. Al final, los personajes parecen ser reflejos de un mismo cuerpo en espejos opuestos. La infinitud de imágenes vuelve a representar la continuidad de una vida que, como sucedía con el relato de G.H., nunca acaba y es inútil, sin sabor, como un vacío imposible de llenar. En cierto momento Macabea, en cuyo nombre resuena la heroica lucha de los judíos palestinos contra los seleúcidas recogida en la Biblia, trata de explicar a su novio que no sabe bien quien es, a lo que éste le pregunta:
–Pero sabes que te llamas Macabea, ¿al menos eso?
–Es verdad. Pero no sé lo que está dentro de mi nombre.
Nuevamente nos encontramos con el nombre. En el caso de este personaje, reflejo de su autora, sabemos que tiene un nombre, pero sin nada dentro, si no es a una mujer que se desconoce a sí misma: es una máscara vacía. Como el nombre oculto de la escritora brasileña –Haia o Chaya– que no puede decirse, pues ha sido transformado en otro que será el que use para vivir e integrarse en el mundo, para pertenecer a un grupo, a un país, a una literatura. Cuenta su biógrafo Benjamin Moser que a lo largo de su vida Clarice fantaseó acerca del significado de su apellido Lispector. Decía que podría ser latino y derivar de los términos lis, lirio,flor de lis, y pector, pecho. Sólo así tendría sentido una de las últimas anotaciones de la escritora poco antes de morir:
Soy un objeto querido por Dios. Y eso hace que me nazcan flores en el pecho. Él me creó igual que lo que escribí ahora: «Soy un objeto querido por Dios» y a él le gustó haberme creado como a mí me gustó haber creado la frase. Y cuanto más espíritu tenga el objeto humano más se satisface Dios.
Lirios blancos recostados en el pecho desnudo. Lirios que ofrezco a lo que está doliendo en ti.
Posiblemente habría asumido en ese momento su vida con todos sus secretos de una niña judía, con todo el peso de las persecuciones, de la oculta sabiduría que sólo puede encontrarse en el corazón humano. Un corazón que es también un templo, como enseñan los hasídim, que vivieron en las tierras en las que nació la escritora más misteriosa de las letras brasileñas y autora de una de las obras más abiertas de toda su literatura.
_____________________
Antonio Maura (Bilbao, 1953), licenciado en Filosofía y en Periodismo, es doctor en Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis El discurso narrativo de Clarice Lispector. Entre 2005 y 2009 ha sido director de la Cátedra de Estudios Brasileños en dicha Universidad. Ha coordinado diversas revistas sobre cultura brasileña como El Paseante, El Urogallo y Revista de Cultura Brasileña. Es el único miembro español de la Academia Brasileña de Letras y ha recibido la medalla de la Ordem do Rio Branco (1997) concedida por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil, el premio Os Melhores de 1996, de la Associação de Críticos de Arte de São Paulo a la mejor divulgación en el exterior de la literatura brasileña, y el premio Machado de Assis (1993) por su labor en favor de la cultura brasileña. Ha publicado cerca de un centenar de artículos y trabajos de investigación sobre temas brasileños, y libros de creación como Piedra y cenizas, Voz de humo (Premio Castilla-La Mancha de Novela Corta en 1989), Ayno y Semilla de eternidad.
Ilustración: Miquel Rof (http://etapagroga.blogspot.com.es/)
(Artículo publicado en el número de diciembre de 2013 en Quimera. Revista de Literatura).0

Significado y uso de «Ojala»
Tomado de «Redacción sin dolor» de Sandro Cohen ( qepd 2020)
La voz «ojalá» proviene del árabe «law šá lláh», y significa “y quiera Dios” (según Joan Corominas), o “si Dios quiere” (según el DRAE). Aunque su pronunciación varía entre [ójala] y [ójalá], siempre se escribe como palabra aguda: «ojalá».El verbo que indica lo deseado debe ir en modo subjuntivo: “Ojalá salga el sol”; “Ojalá nos veamos de nuevo”; “Ojalá hubieras llegado a tiempo”…Entre ojalá y lo deseado, a veces media el relativo «que»: “Ojalá QUE fuera más larga la noche”. Esta construcción es tan correcta como “Ojalá fuera más larga la noche”.Lo que sale de la norma culta es la práctica de sustituir el «que» con la conjunción «y»:ⓧOjalá y cancelen el programa.ⓧOjalá y vengan los Rolling Stones el próximo año.☞ A pesar de que este giro goza de popularidad en México y algunos otros países, resulta mejor usar «ojalá» solo u «ojalá que» en escritos formales y, en el lenguaje oral, en contextos sociales donde impera la formalidad.• Ojalá cancelen el programa.• Ojalá que vengan los Rolling Stones el próximo año.

Diana R. Hernández, Eduar Herrera, Maritza Iriarte, Marti Lelis,Susana López Malo
Pequeficciones: antología de cuentos para niños construido por Chris Morales y José Luis Ortiz Soto
Estrellas fugaces
Diana Raquel Hernández Meza
La maestra escribió en la pizarra la tarea del próximo lunes:
Representar nuestra futura profesión. Durante el fin de semana
perseguí a mamá por todos lados preguntándole qué podría ser y
cómo fabricar el atuendo. Se limitó a decirme: Busca en el cobertizo a
ver qué encuentras. Hallé unas cajas de cartón, pinturas y pegamento.
Pasé la noche dando vueltas en la cama, pensando que podía hacer
con eso.
Mi mejor amigo, se presentó como biólogo y para no dejar duda
de ello, nos mostró una jaula pequeña con una ranita saltarina que no
paraba de croar. Otros compañeros fueron doctores, constructores,
maestras, deportistas, vaqueros…
Cuando llegó mi turno, con un poco de temor a las burlas de mis
compañeros, tomé mi nave XF-Aquarium 2075 y la coloqué frente a la
clase. Expliqué cada uno de sus componentes y lo importante que
serán los viajes que haga en ella, los universos que me esperan por
descubrir.
Al terminar la clase, la maestra se acercó a mi lugar y me
explicó que no es bueno que los padres hagan la tarea por nosotros.
Consternado, al llegar a casa le conté a mamá lo sucedido. “No te
preocupes, Ian, a veces los sueños pueden ser más grandes que
nosotros mismos”.
Esa noche, una estrella fugaz cruzó frente a mi ventana y
¡quise alcanzarla! Rápidamente subí a mi nave y despegué. Las luces
de la ciudad se hacen cada vez más pequeñitas y la luna,
aproximándose, me sonríe.
Diana Raquel Hernández Meza (México, 1985).
Médica cirujana por
la UNAM. Sus escritos están en El libro de los seres no imaginarios.
Minibichario (Ficticia Editorial, 2012), Alebrije de palabras. Escritores
mexicanos en breve (BUAP, 2013), Eros y Afrodita (Ficticia Editorial,
2016), Las musas perpetúan lo efímero. Antología de microrrelatistas
mexicanas (Micrópolis, 2017), en la revista Pleiosaurio en el volumen:
Ochenteros. Miniantología de minificción mexicana (Abismo Editores,
2017).
Mi amiga la tortuga
Eduar Herrera
Un buen día aprendí de mi mascota, la tortuga, que no todos somos
rápidos; aunque seas pesado y te sientas como una roca, siempre
puedes avanzar, de manera distinta a los demás. Aprendí que todos
tenemos caparazones y nos escondemos ahí de vez en cuando, al
sentirnos amenazados, y eso no es ser cobarde, sino guardar
distancia. Aprendí que ser paciente y lento no te hace tonto, sino un
poco más sabio. Aprendí a disfrutar de los días haciéndolos más
largos.
Un buen día estaba la tortuga observando el horizonte, la rana
pasó dando brincos, se detuvo y le preguntó:
—¿Perdiendo el tiempo como siempre tortuga? Yo hago mil
cosas a la vez, no tengo tiempo que perder, ya viene la noche y no
quiero que me atrape.
—No estoy perdiendo el tiempo, sapo amigo, lo tengo justo
enfrente y solamente lo estoy disfrutando.
Eduar Herrera (Honduras).
Es un poeta y narrador cuyos trabajos han
sido publicados en: Diario El Heraldo (Honduras), Diario Tres mil (El
Salvador), Casa de las Americas (Habana, Cuba), Revista Prometeo
(UNAH, Honduras), Revista La Gaceta (Guatemala).
Juego de letras
Maritza Iriarte
Cuando Robin cumplió nueve años, la abuela le regaló una caja
dorada. La abrió. Volcó la caja repleta de fichas sobre la mesa. “Un
juego de mesa y todas las fichas tienen una letra dorada”, gritó Robin
entusiasmado. Buscó dentro de la caja el manual de instrucciones y
solo encontró un papel que decía: “Cuidado, las letras son mágicas”. El
niño empezó a juntar consonantes y vocales formando palabras.
Casa, árbol, flores, canasta, niña, manzana, abuela, comer, lobo,
cazador. Los ojos del niño se agrandaron de asombro al verlas
desaparecer. En ese instante y con rapidez, el niño hurgó entre las
letras que quedaban y formó otras palabras. Arco, flecha, héroe,
puntería, camino. Las palabras se alinearon solas, mientras Robin se
adentraba en ese bosque de letras lleno de aventuras y desafíos hasta
desaparecer.
Maritza Iriarte B. (Perú, 1954).
Escritora microficcionista. Publicó en
el 2013 Aztirm, un mundo de brevedades. Algunos de sus textos
integran distintas antologías: Basta 100 mujeres contra la Violencia de
género, Borrando Fronteras, Eros y Afrodita en la Minificción,
Resonancias, Apuerta Cerrada, 1byte de horror, Brevirus; y en revistas
literarias: FIX100, Plesiosaurio.
Bolita de pelo
Marti Lelis
Así me llaman. Llega una hora del día en que lamo mi pelaje con el
cepillo de mi lengua. Lamo mis patas y con ellas me froto la cara.
Limpio bien entre los dedos y también otras partes, todas las que
alcanzo. La cosa es estar presentable, bien peinado. Si el humano me
toca: me lamo; si el viento me despeina o la lluvia me moja: me lamo; si
termino de comer, también me lamo. Cualquiera diría que es la vanidad
la que me mueve. Y si fuera así, tiene su precio.
No es lindo que, por tanto lamer, dentro de la panza se me
formen bolas de pelo. Por eso, de vez en vez, como hierbitas, de
preferencia pasto. Entonces vienen las arcadas. Me transformo en el
monstruo vomitapelos, y hay que ver el horror y el asco en la cara del
humano cuando la bola sale: se le olvida que lo salvo de los ratones, de
las arañas, se le olvida que cazo moscas y cucarachas, se le olvida que
de noche protejo a sus niñas y niños para evitar duendes y malos
sueños. Pero, monstruo, duro menos de un minuto. Los humanos
grandes me acarician de nuevo; niñas y niños, ellos siempre me aman,
ellos se bañan con jabón y agua.
Me subo a tomar el sol en la ventana. Ahí, me lamo y me
relamo. Somos felices en esta casa. Hasta la próxima bola de pelos,
hay que estar lindos, limpios y bien peinados.
Marti Lelis (México, 1968).
Escritor para niños grandes y pequeños,
cuentos cortos o largos y, de vez en vez, poemas. Publicó en 2016 el
libro A propósito de San Juan y otras miniaturas, Premio Estatal
“Beatriz Espejo” en 2015 en Tlaxcala, México. También obtuvo el
Premio “Dolores Castro” por su libro de poemas Salvar caracoles con
palabras en 2016 (Tlaxcala, México). Comparte sus escritos en su
página de ceremoniadepalabras.com.mx
Dulce jardín
Susana López Malo
Cuando le dijeron que las flores eran dulces, se comió el jardín.
Susana López Malo (México).
Ha publicado en diversas antologías de
narrativa breve. Obtuvo el primer lugar del concurso de cuento sobre
alebrijes del MAPen el 2016. Su cuento “Arturo” fue seleccionado para
integrar la antología de la escuela de Escritura del IMACP, que destacó
a diez escritores poblanos. Fomento Editorial BUAP publicó su primer
libro para público infantil: Si vienes, te cuento.

Clarice Lispector


Del muro de miguel ángel, «La segunda calle» de Alba Sabina Pérez
Las minis que me gustaron
LA SEGUNDA CALLE
Ayer te vi cruzar por la segunda calle. La que queda a la derecha, al final de la glorieta. ¿Puede una glorieta tener final? Para nosotros hasta los círculos tuvieron un comienzo. Ayer entré en la heladería de la segunda calle, donde, si miras por la puerta de atrás encuentras un patio con una bicicleta pintada con acuarela que cuando llueve pierde sus colores, pero sigue siendo de la niña italiana que ha crecido bajo nuestras miradas, subiéndose día sí, día no. A veces la veo. Hace tiempo que se cortó la trenza, y no creció demasiado. Su madre me sirvió ayer un helado de vainilla con sirope de fresa y la vi tender la ropa.
¿Recuerdas cuando fuimos a la heladería por primera vez? Reímos, porque la niña cogió un sapo que le salto a la cara. “En la segunda calle de la rotonda acaban de abrir una heladería”, dijiste el día que nos conocimos. “Las rotondas no tienen primeras o segundas calles.” “Sí, te la enseñaré”. Y me llevaste de la mano.
¿Qué soy yo para ti? Me pregunto hoy, cuando te veo con la niña italiana que ya no es una niña y que ya no lleva trenza, cruzar por la segunda calle y pasar por delante de mi casa. Hace tanto que ya no nos conocemos.
Tomado del fb

De Alba Sabina Pérez
Roberto Jusmet C. (San Sebastián, 1938) La checa y el ladron honrrado
Tomado de » O dispara usted o disparo yo» Ant. Lilian Elphick
En la checa había dos torturadores. El uno torturaba con las
uñas, el otro lo hacía con los dientes. «¡Qué horror!», balbuceó el
preso. «Si vuelves a quejarte —amenazó el torturador— te pasaré a
mi compañero. Es más contundente que yo». El preso falleció sin
proferir lamento alguno.
El ladrón honrado
Ocurrió a primera hora de una mañana nublada de otoño,
cuando todavía pasaba poca gente por la calle. Tras empujar
violentamente la puerta, un hombre encapuchado entró en un
establecimiento comercial y, amenazando con una pistola al
dependiente, le gritó: «Dame el dinero o te mato». El dependiente,
blanco como el papel blanco, vació sobre el mostrador todo el dinero
que había en la caja. En un abrir y cerrar de ojos, el caco desapareció
con el botín. Ya en su morada, el malhechor se cambió de ropa y, por
la tarde, naturalmente ya sin capucha, volvió al establecimiento y
compró varios objetos hasta completar el importe sustraído por la
mañana. Aquella noche durmió de maravilla. Los objetos que compró,
los compró con dinero legal, y el importe que sustrajo estaba ya, de
nuevo, en poder de su propietario.
Roberto Jusmet nació en San Sebastián (España) en
1938, aunque siempre ha residido en Barcelona. Ejerció como
Graduado Social hasta 2006, año en el que se jubiló. Ha publicado
relatos en las revistas Literata, el Noticiero Universal, Agricultura y
Economía, Piedra y nido. Además de, entre otras, en las antologías:
Narrativa social del Ateneo Libertario al Margen, Un cúmulo de circunstancias,
Historias de la vida, Cada loco con su tema, La grieta. También fue ganador
del concurso E-POEMAS, de La Vanguardia.

Floración de José Manuel Ortiz Soto
Floración
Despertó sobresaltada. Soñó que iba desnuda por la calle, seguida por una turba de chicos, colibríes e insectos. «¡Qué locura!», se dijo ante lo inverosímil de la historia y entró a la ducha. Mientras el agua removía los últimos remanentes del sueño, vio como al contacto de sus manos jabonosas, los minúsculos botones de sus senos comenzaban a abrirse. Esa mañana, camino a la escuela, Diana exhibía orgullosa sus fragantes alcatraces.

Responsabilidades de Ángeles Hernández
Pequeficiones antología organizada por Chris Morales y José Manuel Ortiz Soto
Responsabilidades
Bobby, por favor, no te subas a la cama cuando no esté, no juegues en
el lodo, come tus croquetas, por favor no hagas travesuras con los
zapatos de papá, ni te pelees con el gato. Eres un perro mayor y debes
comportarte, es lo que dice mamá, te encargo la casa. Creo que ser un
perro no debe ser tan difícil después de todo. Casi lo olvido; recuerda tu
enfermedad, debes ser valiente con el veterinario antes de tu última
inyección.
Ángeles Hernández (México, 1999). Es docente de educación
básica, con especialidad en lenguaje y comunicación. A lo largo de su
vida ha mostrado gran admiración por la literatura, por lo que escribe
cuento, poesía y minificción, participando en antologías impresas y
digitales.

Principios de Caro Fernández
Tomado de » Historias mínimas» Microficción 2020
Los loros no me dejaban dormir. Centenares invadieron los árboles de mi barrio y cada madrugada empezaba el batifondo, interrumpiendo mis horas de sueño. Organicé una reunión de consorcio y elevamos la queja a la intendencia.
El intendente envió una cuadrilla de empleados para matar a los loros, pero la «Sociedad Protectora de la Cacatúa» lo impidió con una masiva manifestación. La fuerza pública llegó a reprimir a los manifestantes, quienes, lejos de marcharse, decidieron instalarse en carpas como acto de rebeldía. Pronto se sumaron activistas de otras ciudades y aparecieron los medios de comunicación para cubrir el evento. Se montaron puestos de comidas típicas y de artesanías. Los loros cobraron fama nacional y llegaban turistas de todas partes para verlos, pero ya no están, se marcharon hace rato porque el ruido de centenares de personas no los dejaban dormir.

Ascensión de José Manuel Ortiz Soto
De su libro «La metamorfosis de Diana»
Ascensión
El anciano hechicero acaba de morir. Los aprendices de la tribu reclaman la vacante. Según milenaria tradición, el elegido será aquel que devuelva al cuerpo carcomido del difunto la juventud perdida. En cada intento fallido, el aspirante es sacrificado. Ungido el cadáver con la sangre joven derramada en la hecatombe, un nuevo y apuesto hechicero resucita.

Solo una vez de Luisa Hurtado
Tomado de » O dispara usted o disparo yo». Antología de Lilian Elphick
Sólo una vez
—Abre los ojos –—y un golpe en la cara me incitó a obedecer.
Desde que me habían secuestrado, atado, amordazado y tapado
los ojos, había entrado en un estado cercano al sueño, en una
monotonía que no tenía fin pero que parecía que tenía horarios: los
marcados por las palabras que llegaban a mis oídos. Come, ve al baño,
hueles mal, bebe ahora, duerme, ahora no,…
—Abre los ojos —y me cruzó la cara de nuevo.
Mi mirada se posó entonces sobre el rostro que durante días se
me había estado ocultando.
—Hola, guapo —dijo—. He pensado que te gustaría estar
consciente, que me agradecerías poder vivir este momento tan
importante en tu vida.
Aquello no me gustó. Los discursos nunca son una buena señal,
nunca en mi trabajo.
—Vas a morir, amigo, pero… como sólo se muere una vez, no
puedes perdértelo. ¿No crees?
180
La frase era buena y el compañero sabía representar su papel.
Aunque ya la hubiese repetido muchas veces a lo largo de su vida, tuve
que admitir que le ponía sentimiento. Un bonito detalle por su parte;
siempre es mejor morir en manos de un profesional, porque si es
realmente bueno puede que lo último que hagas en esta vida sea
admirarlo.
Por otra parte, mi papel era bastante más simple. Sólo tenía que
quedarme con las ganas de escupirle a la cara y darle una patada en los
huevos.
Luisa Hurtado González.
He publicado relatos y
microrrelatos en varias antologías en papel: La presión y Los meteoros
(AEMET), PervertiDos (Ed. Traspiés) y DeAntología, la logia del
microrrelato (Ed. Talentura) o en soporte digital: Grandes Microrrelatos
2011 y Destellos en el cristal (IM); Eros Gourmet, Tratado de Grimminología y
Triple Ceis (666) (Triple C); así como en otros blogs: miNatura, Periplo,
Esfera Cultural, Químicamente impuro. Soy autora y responsable de
Microrrelatos al por mayor.


