Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.
Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado con sangre de leopardo.
A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.
Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.
Ahora que el género breve de la narrativa despierta sin haber dormido, el periodista, divulgador de la ciencia y “escribidor” mexicano, Juan Manuel Valero nos propone estas 18 microcuriosidades.
18 Minificciones de Juan Manuel Valero
Juan Manuel Valero
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Fuera del agua *
Se soñó pez y murió ahogado.
* Fue publicado en la antología Minificcionistas del Cuento.
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Bajo los influjos del café exprés sí
La vida es una sucesión de puntos suspensivos, donde tarde o temprano te alcanza el punto final.
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Desenlace súbito
Este cuento se acabó.
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Confesión
Sí, lo lamento de todo corazón, ¿pero qué se gana el muerto con tanto arrepentimiento y compasión?
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En el insomnio sí
Antes soñaba con ella, ahora sueña con poder dormir.
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Desamores rancheros
No quiero hacer de esta ruptura una canción de José Alfredo Jiménez, pero por Dios que me partiste el alma.
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El viudo*
Uno quisiera ponerse triste y agarrarse a este sentimiento como una suerte de expiación. Pero todo es inútil: soy presa de la felicidad y temo echarme a reír con cada nuevo abrazo de pésame por la muerte de mi esposa.
* Aparece en el libro La rata de La Merced y otras pequeñas atrocidades.
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La casa embrujada
Crucé la puerta de la entrada y me invadió el terror: mi suegra, mis cuñadas y mi esposa platicaban animadamente en el comedor.
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Parece mentira
De un solo grito mi mujer destruyó mis sueños de escritor: –¡Vete con tus cuentos a otra parte!
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Fiesta sorpresa *
Ayer mi casa era una fiesta. Mis papás invitaron a todo mundo: llegaron parientes, amigos y vecinos, todos muy bien disfrazados. Hubo abrazos, café y coca colas. Mi tía Lola recitó algunos versos de Horacio Quiroga, una prima lejana fingió un desmayo, yo estrené pantalón largo y nadie me mandó a la cama temprano. Todo, gracias a la muerte repentina de mi hermanita.
* Aparece en el libro La rata de La Merced y otras pequeñas atrocidades.
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La fatídica realidad
Nuestro amor parecía de novela y se convirtió en un cuento corto.
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Pedal y fibra *
Quiso darle un giro a su vida y cambió el cigarrillo por la bicicleta. Un microbús echó a perder sus planes.
* Fue publicado en la antología Minificcionistas del Cuento.
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La mujer infiel
Azucena perdió la compostura, empezó a engañar al amante con el marido.
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Llegó la paz
Terminó la guerra porque ya no había ni buenos ni malos, todos estaban muertos.
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Monomanía
Desde tu partida, la hoja en blanco se convirtió en una sábana donde te sigo haciendo el amor.
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Ahogo
Lloró toda la noche, hasta convertir a la habitación en una alberca. El amante se cayó de la cama y no sabía nadar.
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Sin duda…
No hay mayor placer que encontrar a una mujer perdida.
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Un grito desesperado
Su último recurso fue sumirse en el silencio, pero nadie escuchó nada.
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Semblanza de Juan Manuel Valero Charvel.
Nació en la Ciudad de México, el 24 de abril de 1949. Periodista, divulgador de la ciencia y escribidor. Estudió sociología en la Facultad de Ciencias Políticas, UNAM (1968-1972). Profesor de historia y ciencias políticas en el Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Sur, UNAM (1972-1975 y 1977-1989). Se hizo divulgador de la ciencia en la revista Información Científica y Tecnológica, la cual dirigió entre 1984 y 1989. Esa publicación ganó en 1986 el Premio Nacional de Periodismo Científico. Es socio fundador de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la técnica (Somedicyt, A.C.) Fue subdirector de Información de Radio UNAM y coordinador de los noticiarios de esa emisora (1995-1996). Fue Subdirector de Información de la UNAM, entre marzo de 1997 y junio de 1999. Fundador y conductor de la serie radiofónica semanal de divulgación del conocimiento Por pura curiosidad, de marzo de 1996 a junio de 2001. Es autor del libro de cuentos “La rata de la Merced y otras pequeñas atrocidades”, ADN Editores, 1993. El libro obtuvo mención en el premio Casa de las Américas, Cuba, 1984. Es coautor del libro «Voces y ecos del 68», Editorial Porrúa, 2009. Es coautor de la antología “Minificcionistas de El Cuento”, Ficticia, 2014. Conduce desde hace diez años la serie radiofónica “Intermedios”, que se transmite todos los jueves en vivo, a través de Radio UNAM. Actualmente dirige la serie radiofónica semanal grabada de divulgación de la ciencia La araña patona, que se transmite en la estaciones del Instituto Morelense de Radio y Televisión y aparece en la página en Internet de la Somedicyt. Y produce la serie radiofónica semanal de literatura, donde los escritores son más sabrosos En su tinta, que también se transmite en la estaciones del Instituto Morelense de Radio y Televisión y aparece en la página en Internet de la Somedicyt.
La ropa le quedaba ajustada o muy grande. Ni probársela. Comprar, era un suplicio porque de antemano sabía que no iba a encontrar nada, por lo menos que le gustara y que lo que le parecía horrible… ¡Tampoco le quedaba! Tienda tras tienda, entre la ropa hecha que vendían, por más que buscó y rebuscó, […]
Ninguna persona ha logrado, nunca, poner la pasta de dientes dentro del tubo del dentífrico, eso lo hacen los extraterrestres. Aunque grandes como cualquier papá o mamá, estos extraterrestres tienen el tamaño de una hormiga colorada. Llegaron acá en barco, remando por el universo. Como fue un viaje largo se cansaron mucho, entonces decidieron quedarse a vivir acá. Y como acá teníamos el problema de los tubos y la pasta, enseguida consiguieron en qué ocuparse. Toman los tubos, luego los apoyan inclinados contra la pared, trepan hasta el borde con unas zapatillas con pinches para ir sosteniéndose y, con cucharas especiales que consiguieron en el cielo mientras remaban, de a poco los van llenando. Cuando se hace de noche se vuelve cada cual a su luciérnaga. Porque el lomo de esos bichitos es la casa ideal para ellos. Cualquiera sabe que las luciérnagas son las mejores amigas de los extraterrestres.
Patricia Nasello (Argentina, 1959).
Es magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca (USAL). Publicó Está rugiendo otra vez (Quarks, antología personal), como así también Acabemos con ellos de una vez (Alción, micronovela), y los libros de microrrelatos Qué buen disfraz de leona (Micrópolis), Una mujer vuelta al revés (Macedonia), y Nosotros somos eternos (Macedonia).
Diana es una planta sexual que inunda con su aroma la atmósfera oscura del jardín. Hurto una de sus flores, pero el gruñido de la pantera que acecha entre la espesura me obliga retroceder. Con el corazón en un hilo, me agazapo a la espera del zarpazo definitivo, de la dolorosa y fatal dentellada. Un viento azul de muerte estremece mi carne. «Tómame», susurra una voz vidriosa sobre la cama. Lleno con su imagen mi cabeza y caigo en el abismo de su cuerpo abierto.
«O dispara usted o disparo yo» Antología de Lilian Elphick
Cuervos ¡Odiaba los cuervos! En Guatemala no había visto aves tan antipáticas. Llegó a una granja muy bien cuidada. Quizás el trabajo era tan bueno como decía aviso. Estaba cansado de empleos ocasionales, amores ocasionales y comida ocasional. Desde el granero apareció un hombre fornido. Vestía ropa pestilente, aunque lo peor era el hacha que cargaba. Le preguntó si venía por el empleo. «Oh, sorry, Míster… estoy equivocado». El motor no funcionó. Los gritos y el hachazo hicieron volar a los cuervos.
María del Pilar Clemente Briones
es periodista y máster en Comunicación Política de la Universidad de Chile. Ha publicado los libros Pérsonal Estéreo y los Gusano Stars (Editorial Universitaria, 1987) y Tropa Urbana (Norma, 2007). Desde el 2008 reside en Richmond, Virginia, donde ha colaborado en el diario Richmond Times Dispatch y uno de sus relatos acaba de ser publicado en la antología Al Norte de la Cordillera: Antología de voces andinas en los Estados Unidos (SonicerJ.com).
De niño siempre veraneábamos en septiembre, un mes, como solían explicarnos cada año, sin muchedumbres ni calor. Mis padres trabajaban todo el verano y el día uno salíamos a disfrutar nuestra esperada quincena de playa. Éramos muchos hijos y resultaba necesario buscar lugares tranquilos donde gozar del sol y del mar. Les encantaba plantar la sombrilla muy cerca de la orilla, cuando la marea estaba baja, y esperar a que subiera. En ocasiones, el agua comenzaba a cubrir nuestros pies y a anegar esterillas y bolsos. Mi padre detestaba tener que modificar nuestra posición y, un par de horas después, el agua nos llegaba al ombligo. Según la época y la fase del ciclo lunar, al final de la mañana o de la tarde, nos llegaba al cuello o incluso nos cubría la cabeza. Perdimos a Juanito en el noventa y tres y a Lucía y Miguel en el noventa y cinco y noventa y seis, respectivamente. Éramos muchos hermanos y ya estábamos acostumbrados. Lo que nos cogió por sorpresa fue que, en el noventa y ocho, tras bajar una marea crecida, el mar nos devolvió a Lucía, sana y salva. Apareció sentada en su sillita rosa, toda sonriente y cubierta de algas. Tengo hambre, dijo. Y mi madre le dio un bocadillo.
Se refería a esa juguetona comparación quehabía hecho entre un arquitecto y un escritor. “Desdeel punto de vista de la creatividad, el diseño de unacasa-habitación se encuentra invariablemente en elespacio de lo ficticio; cuando los albañiles empiezana construirla, estamos ya ante la realización de loficticio. Una vez terminada, el propietario habitará sucasa y la ficción del arquitecto. Ampliando mi razonamiento, podemos afirmar que las ciudades son ficcionesde la arquitectura; a ello se debe que a ésta la consideren un arte. El arquitecto que habita una casa queproyectó y edificó es uno de los pocos hombres quetienen la posibilidad de habitar su fantasía. Por sulado, el escritor es artífice de la palabra, diseña historias y frases, para que el lector habite el texto. Unacasa y un cuento deben ser sólidos, funcionales, necesarios, perdurables. En un relato, la movilidad necesita fluidez, por decirlo así, de la sala a la cocina, o delas recámaras al baño. Nada de columnas ni paredesinútiles. Las distintas secciones del cuento o de lacasa deben ser indispensables y creadas con precisión. Se escribe literatura y se construyen hogarespara que el hombre los habite sin dificultades.”Guillermo Samperio… Frag.
Nació en la Ciudad de México, el 22 de octubre de 1948; falleció el 14 de diciembre de 2017 en la misma ciudad. Narrador. Guionista y productor de los programas “La Literatura Hoy” de Radio Educación, y “Noticiero Cultural” del INBA; asesor y redactor literario de la Enciclopedia Infantil Colibrí de la SEP; editor en El Tucán de Virginia; subdirector de la Comisión de Publicaciones del Consejo del Sistema Nacional de Educación Tecnológica de la SEP; director de Literatura del INBA; vicepresidente de la Asociación de Escritores de México; miembro de la Comisión Consultiva del FONCA; director del Departamento de Difusión Cultural de la UDLA; redactor de Educación; asesor de Revista A; editor de Boletín Enlace. Su obra ha sido traducida al francés, inglés, rumano y vietnamita; y antologada en múltiples ediciones nacionales e internacionales. Colaborador de Alero, Bicephale, Boletín Enlace, El Financiero, El Gallo Ilustrado, El Heraldo Cultural, El Rehilete, Educación, Hispamérica, Juego de Palabras, La Jornada Cultural, La Semana de Bellas Artes, Novedades, Punto de Partida, Punto Rojo, Revista A, Revista Centroamericana de Literatura, Revista de Bellas Artes, Revista de la Universidad de México, Sábado, Sin Embargo, Textos, Tierra Adentro y Vanguardia. Becario del INBA, en narrativa, 1973. Miembro del SNCA desde 1994. Miembro del Pen Club México desde 2005. Premio de Cuento El Museo del Chopo 1976 por Bodegón. Premio de Cuento de La Palabra y El Hombre 1977 por Desnuda. Premio Casa de las Américas 1977 por Miedo ambiente. Premio Nacional de Periodismo Literario 1988 al mejor libro de cuentos por Cuaderno imaginario, Comitán de Domínguez, Chiapas. Premio Instituto Cervantes 2000 otorgado por Radio Francia Internacional por Mentirme (La mujer de la gabardina roja). Obra de consulta: Catálogo biobibliográfico de la literatura en México
Nos suele suceder: las escaleras que nos parecían inmensas cuando niños, ahora son eso: unos escalones que llevan a alguna parte; el monumento que se nos antojaba grandioso resulta ahora ser un adorno de parque; las semanas son siete días apretados y no tiempo futuro. Nuestro recuerdo generalmente es distinto. Las circunstancias del momento y […]
Tomado de la antología de «Pequeficciones» de Chris Morales y José Manuel Ortiz Soto
Almohada Especie de nana que sirve para hacerle cosquillitas al sueño. Amanecer Pañuelo húmedo con el que el mundo se limpia su carita sucia de noche. Araña Obsesión patona que camina por el techo y las paredes y, cuando apagamos la luz, corre a metérsenos bajo las cobijas del sueño. Arcoíris Cinta que el cielo se pone en la cabeza los días que le toca lavarse el pelo. Barriga Lugar en que la mamá guarda a la cigüeña que trae a los niños. Calcetín Infeliz que soporta el mal genio de nuestros pies. Memoria Árbol generoso que da recuerdos todo el año.
Agustín Monsreal
(México, 1941). Premio Nacional de Cuento 1970, patrocinado por el INJM. Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 1978 por Los ángeles enfermos. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida 1980. Premio Nacional de Periodismo 1982. Premio “Antonio Mediz Bolio” 1987 por La banda de los enanos calvos; y por su trayectoria en 1996. Desde 1995 la ciudad de Mérida instituyó el Premio de Cuento que ostenta su nombre.
Nació en Mérida, Yucatán, el 25 de septiembre de 1941. Poeta y narrador. Ha sido cofundador y codirector (con Ricardo Díazmuñoz) de las ediciones La Bolsa y La Vida; editor de Escénica; miembro del consejo de redacción de El Cuento; coordinador de talleres de cuento y novela. Colaborador de El Cuento, Escénica, Excélsior, Revista de Revistas y Tierra Adentro. Becario del CME, 1971. Miembro del SNCA de 1994 a 2000. Tutor en el Programa de Apoyo a Jóvenes Creadores del FONCA, de 1996 a 2000. Premio Nacional de Cuento 1970, patrocinado por el INJM. Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 1978 por Los ángeles enfermos. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida 1980. Premio Nacional de Periodismo 1982 por su columna Tachas en Excélsior. Premio Antonio Mediz Bolio 1987 por La banda de los enanos calvos; y por su trayectoria en 1996. Medalla de Yucatán 1999. Desde 1995 la ciudad de Mérida instituyó el Premio de Cuento que ostenta su nombre. En 2014, el Gobierno del Estado de Yucatán le otorgó la Medalla a la Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco. En 2016, la revista La Otra creó el Premio Internacional de Minificciones Mínimas (Pigmeísmos) Agustín Monsreal. III Premio Iberoamericano de Minificción Juan José Arreola (2018) por Minificciones. Antología personal. Obra de consulta: Catálogo biobibliográfico de la literatura en México
A sus pies, el mundo era una mierda por el lado que lo viera. ¿Tenía sentido hacerlo redondo nuevamente? El escarabajo dijo que sí y continuó empujando el pedazo de excremento.
Tomado de la antología » O dispara usted o disparo yo»- Lilian Elphick
En el primer capítulo, el escritor hizo una descripción del despacho del protagonista. Dominaba habitación un gran escritorio. Había una pistola escondida en el fondo del último cajón. En el segundo capítulo, el protagonista era abandonado por su mujer. El escritor no dejaba de pensar en la pistola. ¿Por qué estaba allí? En el quinto capítulo, el protagonista sufría un accidente y era hospitalizado. En el séptimo capítulo, se casaba con la enfermera que le había cuidado. El escritor seguía obsesionado con la pistola. ¿Qué hacer con ella? Cuando estaba escribiendo el capítulo once, no aguantó más: el escritor sacó la pistola del cajón y se descerrajó un tiro en la cabeza.
Plácido Romero.
Ha ganado el IV Certamen de Microrrelatos La Risa de Bilbao (2013), el IV Concurso de Microrrelatos La Calle de Todos (2014) y el II Concurso Ávila Me Mata (2015). Ha publicado relatos en los periódicos Ideal y La Razón. Algunos cuentos suyos han sido leídos en los programas La Rosa de los Vientos, de Onda Cero y El Público, de Canal Sur.