Una pesadilla en la pecera de Rubén García García

Sendero

En la pecera vive un pez gato que se sueña atrapando ratones de río. Anoche tuvo, en su parte de pez, una pesadilla, donde su contraparte lo devoraba.

Ilusión de Rubén García García

Sendero

En la platica por la red, ella era hábil y osada. Capaz de mantener un diálogo en las mismas barbas de sus cercanos. Me hacía viajar por su ciudad. Me mostraba cada lugar de su casa y picara me decía: «por si vienes en la noche ya sabes como entrar a la casa». Era una residencia antigua y enorme. Me llevó por rincones que solo ella conocía. A veces quedaba en pausa, sabía que si eso pasaba era porque algún intruso se había acercado peligrosamente por su espalda y rápidamente aparecía «no te vayas, luego vengo» palabras clave. Después otro recado: «ve a la cocina y prepárate algún bocadillo, a un lado están las gaseosas» Eso quería decir que tardaría más tiempo. Muchas intimidades conocí de ella y ella de mí. Se hizo costumbre saludarnos e identificar el mejor horario para no sufrir interrupciones en la plática. Cuando no aparecía me preguntaba si le había sucedido algo y lo mismo se decía ella. Un día nos acostamos virtualmente. «cuando te leo, siento que tus palabras me recorren y me estremezco. Nunca había experimentado la piel de gallina, contigo supe lo que era»

Era irreal amarnos sobre las hojas de hierba. Y a buen tiempo lo comprendimos.

PESADILLA — Escribir sobre la punta de la i

Cae la noche. Con el frío que hace ni siquiera las estrellas se atreven a salir. En la habitación de un cuarto piso sin ascensor intenta quedarse dormida una mujer que trabaja de camarera en un bar donde esa misma tarde ha servido un café negro a un joven con tantas pecas que apenas se…

PESADILLA — Escribir sobre la punta de la i

Poesía japonesa de Rubén García García

Sendero

Migran los pájaros.

la mañana es lluviosa;

chiflan los vientos,

tras el tren que se va.

Mi oreja fría,

carga la ventanilla.

Salta mi pulso;

ciega verte lejana

y cerca a mi ausencia

Conchita de Rubén García García

Sendero

Sonó el timbre. Al ir rumbo a la puerta me detuve. ¿Y si fuese la mamá de Conchita? Ya rumbo a mi casa. Afuera de la escuela primaria vi que varias niñas jaloneaban de los cabellos a una más pequeña. Era mi vecina y la defendí. Ahora, cada vez que me ve, toma impulso y se cuelga de mí. Le dije que no fuese tan efusiva. Sucedió frente a su casa. Creí ver a su mamá observándonos tras la ventana.

Abrí la puerta, era Conchita que me traía un recado de su mamá, me invitaba a comer. Al ir hacia su casa pasaron por mi mente desde un «gracias ya Conchi me contó» hasta la advertencia de no acercarme a la niña.

Al entrar, fue la niña quien me recibió con el estilo de aventarse y sujetarse a mi cuello. «Es mi héroe». le dice a su mamá. La evité lo más que pude y si permitía su elocuencia la tomaba por sus axilas y la levantaba. Con el tiempo se hizo moderada y solo me abrazaba efusivamente y sentía su beso en la mejilla…

Terminé mi carrera de contador y abrí mi despacho. Para mi fortuna con mucho trabajo.

Mi secretaria me comunicó que una una señorita deseaba verme. En mi libreta no tenía agendada ninguna cita.

Era conchita que, al verme y fiel a su estilo infantil, corrió hacía mí, abrió sus piernas, me abrazó por el cuello y me dio un efusivo beso a la mejilla, no aflojó sus piernas, y su boca me dijo al oído. Sabes, ya soy mayor de edad…

Mujer musical de Rubén García García

Sendero

Es una mujer musical. Si la muevo se estremece y escucho una avalancha de semillas por sus paredes.

De su espalda llegan suaves vientos que me llevan a sentir los oboes al caer la tarde.

Oculto mi perfil en su cuello, y vibra el tam tam de un baile remoto en la prehistórica sabana.

La dejé ir. Mi corazón exhausto, azuzado por el azogue de su ombligo no puede seguir su ritmo.

Mis ojos la vieron correr, justo cuando el ocaso se hacía crepúsculo.

El señor x de Rubén García García

Sendero

Antiguamente en los cines hubo un personaje que se ganaba la vida con una lámpara de mano. Si llegabas tarde a la función, él con su luz te guiaba a dónde hubiese asientos desocupados. Pienso que el señor X tiene también una lámpara que cuando entras a la oscuridad alumbra, te dice: «mire, allá hay varios asientos desocupados, tome el que le agrade y disfrute la función» o bien: «cuanto lo siento señor, pero ya no hay asientos »

El señor X trabaja en algunos pasillos de la vida.

Entre purgatorios te veas de Rubén García García

Sendero

Te acuestas con tu hermano. Es una noche fría. En la madrugada, adormilado, escuchas murmullos y flota un olor a flores machacadas. Miras el velatorio y con horror te das cuenta que tienes el papel principal.

«No estoy muerto, no estoy muerto» repites, pero de tu garganta no sale un quejido. Con esfuerzo sales del ataúd, los dolientes corren buscando cualquier puerta.

Caminas torpe en la silenciosa oscuridad, a lo lejos sobresale un anuncio luminoso. Pasan a tu lado sombras y gimes como las almas en pena de las que nombra el padre Ramón. Llegas a la Cruz Roja y una enfermera tosca te obliga a ingerir una pócima asquerosa. «es por tu bien» te dice, y te sujeta del cuello. Corres y corres, con una náusea y un dolor abdominal creciente, tratando de evitar lo que es inevitable.

Los gritos de tu hermano te vuelven a la realidad «ya me cagaste cabrón». La familia se levanta y tu madre te lleva al baño donde te avienta una cubeta de agua fría.

En silencio, piensas qué pudo haber pasado. El sermón del padre Ramon que habló sobre las almas que vagan entre la oscuridad con gritos de dolor. «pinche padre, él fue quien metió en mi cabeza eso del purgatorio». Anoche cenaste huevos con epazote y chile seco, que aceleró tus tripas.

Despues se volvió a cagar, pero esta vez fue de risa. No antes de mandar al diablo al padre Ramón. Ya le invitaría unos huevitos con chile seco y harto epazote.

La novia de Rubén García García

Sendero

La novia de Rubén García García

—¡Ya no aguanto! No puedo ser estudiante, cuidar a mi hermano, y hacer las tareas de la casa. Y luego…mi papá … ya no aguanto.

Iba a decirle que tuviese paciencia cuando entró la enfermera.

—Se terminó la visita.

A la salida me topé con su padre. Serio. Me miró inflando los cachetes.

—¿Le dijo algo?

— Qué tendría que decirme.

— ¿le contó por qué tomó tantas pastillas?

No le contesté. Se dio cuenta que no le contestaría, si supiese.

Le tembló el bigote y volvió.

—Solo quise saber el porqué. El trabajo me exige estar las veinticuatro horas en servicio. La dejo sola en el departamento y le doy más responsabilidades de las que puede soportar. Como padre tengo la obligación de saberlo todo. Entienda…

—No sé porque habrá tomado esa decisión.

—Yo también fui joven. Soy amigo de usted, puede tenerme confianza.

—No entiendo. le dije. «como putas madres no iba entender, este cerdo me estaba diciendo que si ella no estaba embarazada».

—Creo que si me entiende. Confió que no sea así. —¿tiene algún teléfono donde llamarle?

—No.

Llegué a la capital por la madrugada y por la mañana estaba en la clase de anatomía. En la noche me entretuve dando de golpes a la cabecera de la cama para que el compañero de cuarto dejara de roncar. No recuerdo a que horas concilié el sueño.

Después ya no hubo cartas.

Nada es para siempre de Rubén García García

Sendero

Estás en el corredor. A esa hora coincides con el viento de la tarde y disfrutas. La residencia susurra silencio que se rompe cada vez que tu cuerpo se balancea sobre el sillón de mimbre. Te gusta enredarte en el recuerdo de tus logros, pero ahora en tu parpadeo tambien han llegado los atributos oscuros de tu manera de ser. El “silencio cómplice”, la vez que tu líder te ordenó como un capataz a su criado; y aquella en que el gobernador le acarició las nalgas a tu mujer y te hiciste de la vista gorda. ¡Ah que no has soportado! Ahora tu eres el que lleva la batuta. Siempre te dices que “nada es para siempre”, pero llevas años y es que el poder es como una chiche que no se quiere dejar. Ayer por una distracción del jardinero, tu enredadera preferida fue mutilada y enojado lo corriste y te negaste a pagarle los días que había trabajado y te quedaste con su machete. La inmensidad de tu cuerpo se balancea con regocijo en la poltrona. Has notado que tus olvidos se han hecho frecuentes, ¿dónde dejaste el machete? Cierras los ojos, te impulsas con el pie y el mueble se balancea al extremo y se rompe el silencio con un crak. La poltrona cae, tu cuerpo cae y algo frío entra con profundidad por un costado de tu cuerpo. Ahora ya sabes donde dejaste el machete. Es cierto que tu lo recargaste con la empuñadura hacia arriba, ¿quién lo volteo? Ya entre sueños te llega la voz de la hija del campesino que vino a suplicarle a tu mujer que le volviera a dar trabajo a su papá. Las campanas están llamando a misa…

Minipoema de Rubén García García

Sendero

Eres tierra de asombros

con flores de nieve sobre las montañas;

osos que parecen pedazos de hielo

y arboledas que cubren elefantes y gacelas.

¡Me gustas toda como la tierra!

El cuento breve y la figura del maestro – hoyesarte.com

https://www.hoyesarte.com/literatura/premio-de-cuentos-breves/el-cuento-breve-y-la-figura-del-maestro_310127/

minipoema

Sendero

Busco otro beso,

un beso sin espinas,

sin que sea flama,

sin que sea cielo,

un beso que más que amante

venga de una boca compañera.