Sendero
Vendrá algún día, un día inevitable en el que te digan que te has muerto como todos los muertos que abonamos la tierra.
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Sendero
Vendrá algún día, un día inevitable en el que te digan que te has muerto como todos los muertos que abonamos la tierra.
Sendero
Mandó por “guasap” un recado a sus sobrinos: «aprovechen al tío, ayer cumplí noventa años. Aprovechen a sacarse la foto antes de que la calaca venga por mí» Los parientes enfrascados en el devenir de la vida no fueron; y cuando se murió todos estaban en el velatorio. El rumor se hizo exclamación y de común acuerdo sacaron al tío del féretro y lo sentaron en el sofá. Se acomodaron para la foto. Poco después, el tío se levantó y gritó «¡no que no venían cabrones!». Dos de ellos se infartaron y al que menos, le agarró una diarrea por el susto. Cinco de ellos posteriormente les diagnosticarían diabetes.

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El viento juega
con las hojas caídas,
las hace ágiles,
y dan vueltas y vueltas;
junto a la polvareda.
Rubén García García
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«La niña que se paró delante de mi casa para acariciar a mi gato no tiene más de tres años. Cuando le haces una pregunta, te mira directamente a los ojos y responde. Es totalmente como un alga que se dobla de un lado a otro a voluntad de las corrientes, sin pensamientos ni deseos propios. Es bella en su totalidad, pero tiene algo más que belleza: la forma en que pone sus dedos, de una manera que nunca verás en un adulto: cada uno parece mirar en una dirección distinta, como cuernos de caracol palpando delicadamente el aire. Es una despreocupación, un abandono, un olvido de sí misma que podría llamarse gracia o belleza, pero mejor llamarlo poesía.
La esencia de la poesía es el olvido de uno mismo. La abolición de la voluntad propia, del autocontrol, del yo mezquino y egoísta, en favor de una gratuidad sublime. La poesía no requiere esfuerzo, porque no hay que esforzarse; es flexible y fluye no como tu espíritu, sino como el espíritu de todas las cosas. Siempre que lo que haces no tiene ni motivación ni finalidad (como cuando, en medio de pensamientos banales, te viene a la mente la sonrisa de una ex novia y le devuelves la sonrisa sin querer, en el autobús o en algún estacionamiento subterráneo). Siempre que lo que haces surge espontáneamente y sin lógica, puedes decir que has traído poesía al mundo. No necesitas escribirlo, ya existe y nadie te lo puede quitar.
La poesía no es el arte del verso, sino el poder de ver la belleza. No puedes verla ni sentirla si corres por la vida persiguiendo objetivos y planes, porque la belleza es espontánea, brilla de repente donde no esperas que lo haga, como un parabrisas o un retrovisor que de repente arden al sol, como de repente te das cuenta de la imagen de un plátano con todas sus hojas felices a la luz. La poesía es del momento, gratuito e inexplicable. No se puede comprar ni vender, porque no tiene precio, como el aire. No forma parte de ningún circuito de valores. No tiene nada que ver con la brutalidad y el mercantilismo de la vida moderna. Odia el egoísmo, el arribismo y la mentira. Es tan natural como los glaciares y el muérdago. Por eso es siempre revolucionaria y antisistema, siempre temible por dictaduras y extremismos de todo tipo.
Uno no se convierte en poeta escribiendo poesía. Tienes que haberlo sido desde antes. Muy pocos poemas escritos en papel contienen realmente poesía. Un poeta que publica un volumen tras otro, aspirando a la posteridad y a la gloria, no es un verdadero poeta. Un verdadero poeta aspira a la alegría libre, a olvidarse por un momento del propio yo; busca la poesía y la encuentra donde a nadie se le habría ocurrido. Cada vez que escribes un poema, eres por un momento pura poesía, desligada de lo social, político, económico, motivacional, psicoanalítico y lo que quieras de todo eso que ahoga nuestra vida.
La poesía va mucho más allá del arte del verso. Se encuentra en la ciencia y las matemáticas, en el misticismo y la filosofía, en el alcohol y el sexo, en todos los caminos del conocimiento. La poesía, como estado de gracia, es el punto diamantino de todo conocimiento humano. Ningún mundo humano puede imaginarse al margen de la belleza pura, de la gracia pura, de la poesía pura. Igual que ningún mundo puede prescindir del aire. Todos nos asfixiaríamos momento a momento en ausencia de poesía.
Todos los hombres fueron poetas alguna vez, antes de adquirir un ego. Todos tuvieron una vez los dedos entrelazados, como los cuernos de un caracol. Todos han visto los colores diez veces más intensamente de lo que los ve un hombre adulto. Es el estado de gracia y asombro al que todos deseamos volver, por el bien del confuso mundo en que vivimos.»
Mircea Cartarescu
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Allá en Tlen,
en la hora del bochorno,
las plataneras
se recogen en silencio
y duermen a hoja suelta.
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Una historia de amor lejana Rubén García García
Un día nos encontramos donde los ríos se unen y el puente en la lejanía parecía una grulla dispuesta al vuelo. Ese instante lo vivimos alguna vez y hoy vuelve a suceder. Un cielo en ocres, y las nubes simulaban olas sepias sonde el cobre licuado se derramaba. Llegaron los estruendos y luego una lluvia fría y oleosa. Al sentirnos, anudados del cuerpo, supimos que ese momento lo habíamos vivido, tambien sabíamos que después de consumirnos seríamos un miligramo de oscuridad. A veces me llega el aroma de tu cabello.
Sendero
Caían las hojas, el barco en el horizonte y un punto luminoso. Desde la cocina revoloteaba el olor del café y el aroma de unos plátanos fritos. Ella no tardaría en sacar la mesita y traer una bandeja colmada. Era nuestra rutina: divisar la caída del sol y sentir la hora del crepúsculo, el momento mágico en que las puertas se abren. Era mi primera vez como fantasma y me sentí complacido de que no hubiese olvidado nuestra rutina de mirar el ocaso. Un instante después la mujer entrecana estaba sentada en la mesa y a su lado un hombre menor que ella, a quien le daba pedacitos de manjar en su boca. me diluí como un punto que se retrae. El barco hizo lo mismo.

Sendero celebra y canta
Cumplir setenta y siete años y tener la alegría de disfrutar con las palabras, armarlas, desarmarlas es la ocupación de los pequeños dioses. Siempre critique a mi tía por estar sacándole brillo a sus figuras de porcelana y me acuso de tener el mismo pecado. Hay una diferencia, los monitos siempre serán monitos y las palabras con sus signos son seres vivos que cambian de forma, color y de significado. Alfarero de historias es el quehacer que me complace. Gracias por sus muestras de afecto que valoro por cada año que la vida me dispensa.

Sendero
Al abrir la puerta del hotelucho percibió el olor a sangre. Se acercó con precaución al “Chalupa”; lo identificó por el arete. La risa sardónica desembocó en una gran carcajada que dispersó a las moscas. «¡Hasta que te vi muerto, cabrón hijo de puta!».
Escuchó el aleteo de un suspiro. Luego, un dolor punzante en la nuca. Antes de sumirse en el vacío del pozo, la voz en eco de su odiado enemigo: «Hoy se te quitará lo pendejo».
Y le dio la razón.
Bajó en silencio, detrás del camaleón, que se quitaba la seudosangre y el arete. Fue hacia la administración. El empleado, supo por sus ojos helados que el trabajo se había hecho. Dócil, se dejó amarrar, al tiempo que apretaba los párpados. Sabía que la cacha de la escuadra caería sobre su cabeza.
«tres mil dolares por un chingadazo no es mala paga» dijo el camaleón.
Clareaba el día.

Sendero
Mis aguas ya no tienen el brío de la gacela; los árboles florean por la magia de la vida. Tienes en tu mano un espejismo, tan quebradizo que el vuelo de un pájaro lo fragmentaría. Mi árbol carente ha tirado la hoja y los retoños tardan. Causa más dolor lo que llega tarde, que lo que nunca llega.
Sendero
Abrí la cortina, y hubo luz y brisa. La cortina se movía al parejo del rechinido de la cama. Por tu aroma de manzana sabía que estábamos en el paraíso. Sí, también la mirada furiosa de Dios que volvió a expulsarnos. Me desperté solo, con un dolor intenso en mis costillas.

Sendero
La seña del murmullo es un conjunto de textos que le da la palabra a las voces marginadas. El viajero que tarda en llegar a su destino bajo un sol quemante. Las familias que han visto irse a sus seres queridos en busca de recursos. El matrimonio que vive en la sierra y baja en la madrugada con el niño porque se ha puesto grave. Aquel que llega tarde al entierro de la hermana y escucha ruidos en la fosa. La madre que va de pueblo en pueblo buscando a su hijo que está desaparecido y momentos de risa como el del médico que no encuentra compañero para tomarse una cerveza, o bien el paciente que se ve obligado a comer tlacuache (zarigüeya) para recuperar la salud. El médico tiene que atravesar el cementerio para poder tomar el transporte y siente que lo siguen. El libro contiene treinta textos donde los personajes dejan su quehacer.
por Rubén García García (Autor), Beatriz Giovanna Ramírez (Editor) Formato: Edición Kindle
Libro 14 de 19: Colección Digital de Microficción Iberoamericana
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Sendero
Era un adolescente y pregunté al subdirector de la secundaria si la institución me apoyaba si yo escribiese un libro. El profesor Cobos se ajustó los lentes y exclamó: «¡Claro Rubén! sería un honor para la instiución. La bondad del maestro para no romper el sueño de un adolescente que armaba versos de «yo, un joven que te ama y te adora» Llegó la vida con prisa y casi sesenta años después y veinte de estar «picando piedra» se hizo realidad el sueño. Gracias mil a la editora y al maestro Homero Carvallo por ser causa de mi agradecimiento y mi alegría. El adolescente Rubén y el viejo también.

La presentación del libro esta programada para el 3 de febrero del 2023. Estará en Amazon.
Sendero
Estaban hechos el uno para el otro. Ella sádica, él masoquista. Por negocios ella salió de la ciudad. Él, ansioso, esperaba su regreso. Cuando llegó, pretextó jaquecas, cólicos y él sentía que el aire respirado era insuficiente. Ella indiferente escaneaba su sufrimiento. «hay demasiado aire, pero si deseas te llevo al bosque» en el cielo de su interior había una lluvia de estrellas. Tanto era la insistencia de él, que de vez en cuando lo azotaba con desgano y suplicaba: más duro, más, pero fiel a su sadismo, siempre lo dejaba a la mitad.
