La novia de Rubén García García

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La novia de Rubén García García

—¡Ya no aguanto! No puedo ser estudiante, cuidar a mi hermano, y hacer las tareas de la casa. Y luego…mi papá … ya no aguanto.

Iba a decirle que tuviese paciencia cuando entró la enfermera.

—Se terminó la visita.

A la salida me topé con su padre. Serio. Me miró inflando los cachetes.

—¿Le dijo algo?

— Qué tendría que decirme.

— ¿le contó por qué tomó tantas pastillas?

No le contesté. Se dio cuenta que no le contestaría, si supiese.

Le tembló el bigote y volvió.

—Solo quise saber el porqué. El trabajo me exige estar las veinticuatro horas en servicio. La dejo sola en el departamento y le doy más responsabilidades de las que puede soportar. Como padre tengo la obligación de saberlo todo. Entienda…

—No sé porque habrá tomado esa decisión.

—Yo también fui joven. Soy amigo de usted, puede tenerme confianza.

—No entiendo. le dije. «como putas madres no iba entender, este cerdo me estaba diciendo que si ella no estaba embarazada».

—Creo que si me entiende. Confió que no sea así. —¿tiene algún teléfono donde llamarle?

—No.

Llegué a la capital por la madrugada y por la mañana estaba en la clase de anatomía. En la noche me entretuve dando de golpes a la cabecera de la cama para que el compañero de cuarto dejara de roncar. No recuerdo a que horas concilié el sueño.

Después ya no hubo cartas.

Nada es para siempre de Rubén García García

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Estás en el corredor. A esa hora coincides con el viento de la tarde y disfrutas. La residencia susurra silencio que se rompe cada vez que tu cuerpo se balancea sobre el sillón de mimbre. Te gusta enredarte en el recuerdo de tus logros, pero ahora en tu parpadeo tambien han llegado los atributos oscuros de tu manera de ser. El “silencio cómplice”, la vez que tu líder te ordenó como un capataz a su criado; y aquella en que el gobernador le acarició las nalgas a tu mujer y te hiciste de la vista gorda. ¡Ah que no has soportado! Ahora tu eres el que lleva la batuta. Siempre te dices que “nada es para siempre”, pero llevas años y es que el poder es como una chiche que no se quiere dejar. Ayer por una distracción del jardinero, tu enredadera preferida fue mutilada y enojado lo corriste y te negaste a pagarle los días que había trabajado y te quedaste con su machete. La inmensidad de tu cuerpo se balancea con regocijo en la poltrona. Has notado que tus olvidos se han hecho frecuentes, ¿dónde dejaste el machete? Cierras los ojos, te impulsas con el pie y el mueble se balancea al extremo y se rompe el silencio con un crak. La poltrona cae, tu cuerpo cae y algo frío entra con profundidad por un costado de tu cuerpo. Ahora ya sabes donde dejaste el machete. Es cierto que tu lo recargaste con la empuñadura hacia arriba, ¿quién lo volteo? Ya entre sueños te llega la voz de la hija del campesino que vino a suplicarle a tu mujer que le volviera a dar trabajo a su papá. Las campanas están llamando a misa…

Minipoema de Rubén García García

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Eres tierra de asombros

con flores de nieve sobre las montañas;

osos que parecen pedazos de hielo

y arboledas que cubren elefantes y gacelas.

¡Me gustas toda como la tierra!

El cuento breve y la figura del maestro – hoyesarte.com

https://www.hoyesarte.com/literatura/premio-de-cuentos-breves/el-cuento-breve-y-la-figura-del-maestro_310127/

minipoema

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Busco otro beso,

un beso sin espinas,

sin que sea flama,

sin que sea cielo,

un beso que más que amante

venga de una boca compañera.

Difuso — Tiempo de Cenizas

Noto cómo me voy volviendo más difusa, menos clara. Me estoy difuminando como el grafito en la obra del artista. Me estoy deshilachando y de lo que era no quedan ya más que jirones. Lo comprendo. La vida no es mansa. Y vivir tiene un precio. Estoy dispuesta a pagarlo. Aquí están mis cicatrices. Pero […]

Difuso — Tiempo de Cenizas

Palomitas de Rubén García García

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Rasgó el sobre y leyó el resultado: «El ochenta por ciento del personal a su cargo tuvo prácticas de corrupción». Llamó al superior.

—Haga lo que crea conveniente.

Arrojadas desde la ventana, los pedacitos de papel parecían en el cielo palomitas avergonzadas.

La Sirenita de Rubén García García.

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Lo tildan de mal amigo. Es pescador. Hace dos años la vida lo arponeo. Perdió un hijo que emigró y fue abandonado por los polleros en el desierto. Meses después murió su esposa. Él, con su soledad. En el amanecer atrapó con la red a una sirenita. Una púber que nada decía, pero imploraba con su mirada y la devolvió al mar. Desde ese día la pesca fue generosa. El cree que no es la suerte, sino que es la familia de ella quien dirige la barca hacia los bancos y regresa colmado. Ayer encontró dos perlas. Los demás pescadores le piden y algunos exigen que les diga su secreto. Él prefiere callar. Mañana será un buen día. No saldrá a pescar; le han invitado mar adentro.

CALLE DEL ORCO BLOG DE LITERATURA

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Virginia Woolf era un fuego de artificio, Victoria Ocampo

Virginia Woolf, por Gisèle Freund,1939

Conocí a la señora Woolf en 1934, en una exposición del gran fotógrafo Man Ray, en Londres. Aldous Huxley me pasó a buscar con la vaga esperanza de que nos encontráramos allí con Virginia Woolf, a quien me presentaría. Ella salía muy poco y era difícil verla. Sin embargo tuve suerte. Llegó esa tarde a la exposición, con un gran sombrero adornado con plumas. Yo la miré con admiración. Ella me miró con curiosidad. Tanta curiosidad por una parte, y admiración por otra, que enseguida me invitó a su casa (que las bombas nazis iban a destruir pronto; yo la vi transformada en escombros en 1946, cuando Virginia ya se había suicidado). Lo primero que me llamó la atención en esta mujer fue su belleza. La belleza en ella empezaba, como diré… por el andamiaje, los huesos del rostro, las arcadas superciliares, la frente, la nariz, el mentón dibujados con una firmeza desmentida por la boca, dolorosamente vulnerable. La boca contradecía inocultablemente todo el resto de la cara, menos la mirada, cuando parecía perderse, desconsolada, en la lejanía. Esa mirada fue captada por una de las fotos de Gisèle Freund (esas fotos que me costaron un disgusto). A Vita Sackville-West, su amiga de siempre, la obsesionaba esa imagen, después de la muerte de Virginia. ¿Por qué no nos hemos dado cuenta de que estaba al borde del suicidio, ya?, me decía. Pero si bien es cierto que de pronto la mirada fija de esos ojos se anegaba en una marea de melancolía que la alejaba de cuanto la rodeaba (esto lo descubrí al conocerla), ella era también lo contrario de la melancolía: un fuego de artificio. Los seres y las cosas le interesaban demasiado para perder contacto con ellos. Los observaba con pasión. Los describía. Su palabra hablada, briosa, imprevista, galopada, como su palabra escrita, surgía espontánea, sin el menor dejo libresco, al parecer. Esta escritora que tan bien conocía su oficio hablaba menos de lo escrito que de lo vivido. Por lo menos así ocurrió conmigo. Era lo opuesto a un Borges, a quien le cuesta salir del radio de la literatura, y que si se desvía de ella no la pierde jamás de vista.

El papayo de Rubén García García

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Brotó en días de lluvia. La penuria de sol, la tierra escasa y la hierba aledaña, lo destinaron a ser enano. Creció con dobleces, por su necesidad de encontrar un poco de sol. Se quedó sin hojas. Pudo al fin cuajar una papaya petisa y pálida. Con respeto la acaricié. Sabía que su fruto tenía una carne maltratada e insípida. En su vientre encontré cinco semillas, donde estaba escrito el código de su fortaleza y perseverancia.

Al día siguiente me despedí de mi madre y fui a buscar el sol.

AL DOBLAR CUALQUIER ESQUINA — ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO… ESCRIBO

Imagen tomada de Pinterest Acuno tus palabras en la noche. Llego a ti mientras duermes y soplo sobre tu frente para quitarte ese frunce de ansiedad. Apoyo mis manos en tu pecho para que tu respiración se apacigüe y se acompase. Deseo pintar tu despertar de amaneceres cálidos y ser el hada todolopuede que haga realidad […]

AL DOBLAR CUALQUIER ESQUINA — ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO… ESCRIBO

Día del niño perdido por Rubén García García

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Hoy 7 de diciembre en mi tierra se celebra el día del niño perdido. Se ponen velas de cera que iluminan las calles. Salí y encontré una avenida esplendorosa, cientos de bujias aluzando. Escuché la voz de mi madre «este día empezaste a caminar, te soltaste de mi mano y solo caminaste atraido por la luz de la vela» La luz de mi madre se apagó hace medio año, sin embargo me sigue iluminado.

Hemos cambiado — El Blog de Joaquín Sarabia

Hemos cambiado. La vida Cambia………… Las circunstancias Cambian………… Por eso La vida se mueve………… Ahora No somos los mismos……….. Nosotros lo vemos Vemos que hemos cambiado………. Tu y yo Hemos cambiado Ya no somos los mismos Ni en edad Ni en forma de ser………… Mi memoria Te recuerda Tu me recuerdas como era………. Pero ya […]

Hemos cambiado — El Blog de Joaquín Sarabia

La mano de Rubén García García

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La mano era fría, y se sentía pesada sobre su cadera. No era una mano humana, seguro que no. Era una pesadilla, eso era todo. Pero la mano no se movió, y ella no podía despertar. Intentó gritar, pero estaba bloqueada. Estaba atrapada en su sueño. La mano subió hasta llegar a su pecho. Forcejeo en su mente, pero estaba paralizada. La mano se cerró sobre su cuello, y empezó a apretar. Ella sabía que estaba siendo asfixiada. El mundo se fue oscureciendo a medida que la mano la violentaba… intentó salirse de la pesadilla y lo logró: recordó en una brevedad su vida y como si subiera escalones llegó a la cima. Los aplausos de la sociedad, los abrazos de la familia y luego el disparo certero y fatal; solamente así regresaba a la paz de su muerte.