El ayer de los adultos mayores

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Ayer jugábamos en el campo, en la calle, alumbrados por los quemadores de gas o la luna. Hoy no dejo salir a mi nieto ni a la esquina. Carros a velocidad, cazadores de niños y, ofrecedores de droga. Él se enoja y me dice que ya es grande y poderoso.

Pregunta

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Recostada sobre mi pecho, mira tímida. Su cabello destella. Me pregunto: ¿cómo puede tener esa luz de turbación en sus ojos, si ella fue la que me llevó al cielo? En su boca, fui flauta y gacela

Leonardo da vinci

La noche

rayo

En noches de tormenta
las gotas caen insistentes sobre el techo
El ruido monótono golpea las hojas
y ese roer roer
que talla el almidón de la madera
Sobreviene un ruidoso silencio
desgarrador
Claros que tapizan mi ventana.
Y el rayo espada que cae
se oye el estrépito
Un  cuerpo
La rama cargada de mangos
sobre la arcilla
Y los transeúntes del patio
El loro, el perro y las ardillas
enmiedecen.

Brevedad

Hay días periféricos,

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brotan por el camino sin que lo esperes. En el desconcierto camino indiferente, pero la memoria retrocede y la hierba vuelve a florecer entre tu cabello. Fuiste lluvia que bañó mi pecho mientras aupaba tus glúteos. Tu tórax sibilante, la quilla de tu barco que desprendía aromas de ola derramada. Aún te siento; vuelves a la memoria.

La hermana de Makiu

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Soy una cuerda que desafina. Hermana de Makiu. Una noche entraron a mi cama, -que es la misma de ella-: un gorila, un gato y un fantasma. Brinqué del susto y grité tan fuerte que los tres salieron corriendo. Yo no sabia que eran parte del sueño de ella y que ellos llegaban a protegerla para que no tuviese pesadillas. Si lo hubiese sabido, mis otras hermanas, no se hubieran asustado por mi grito.
Ahora, ellas me miran con recelo… y se llenan de miedo por la noche. En la mañana cuando tengo que irme a la escuela, me dicen:
-vete con cuidado… pasa las esquinas con atención, respeta los semáforos, siempre escoge calles transitadas…no te embobes con revistas, y se recatada y juiciosa, nada de balancearse como si tuvieses una muelle en cada pierna y en cada cadera una flor.
No saben que siempre camino pegada a la pared y la que marcha de ese modo es la bella Makiu.

Tejos en el río

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Solo silencio.

Agua fría de la montaña

Y grandes peñascos

Que esconden pequeños camarones de río.

Bajo el agua los peces se comen

Y en el fondo yacen los tejos

De finitos colores y formas,

Tienen vida como el pez o el camarón,

Tejos de un arroyo

Piedras de otro.

Ruedan más que las ruedas de un viejo molino.

Húmedas, con su corazón de piedra.

Esperan quizá siglos

Para encontrar la que rueda y pulsa como ella.

Y se encuentran en un recodo de la corriente

Se tallan

 Se miman, se regodean

 Se acicalan

Y a las diez de la mañana

Llega un niño   toma una de ellas y la tira viendo como hace giros entre las ondas de agua.

 

El dios del Trueno

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Leyenda Totonaca

El leñador despertó estirando el cuerpo. Se calzó las botas y tomó sus arreos, comprobó el filo. Observó la lejanía inclinando la testa a los cuatro puntos. Se movió en círculos e inició una danza de gratitud por los bienes recibidos. Ceñía el mango del hacha, lo giraba, cortaba el viento. Los tacones de sus botas en el piso parecían miles de búfalos trotando sobre la estepa. Avanzaba, se detenía y daba vueltas por encima del piso. El sudor hacía regatos que escurrían por el perfil muscular de su cuerpo; después la mirada caía sobre los grandes árboles y se oía el estruendo por los golpes certeros del hacha. El sudor del enorme cuerpo fluía. Los leños se disponían en gruesas. Del norte y del sur llegaban vientos que revolvían la oscuridad del cielo. Los hatos rodaban. El leñador corría de un lado a otro tratando de detenerlos. Enojado levantaba el hacha y las luces que caían sobre el acero se convertían en relámpagos. Poseído por el enojo disparaba rayos hacia la luna, hacia la tierra. El sudor incesante formaba arroyos que al resbalar por los promontorios cuajaban en cascadas saltando hacia la tierra. Danzaba, danzaba y al danzar llegaba el cansancio y la calma; daba fin a la furia y dormía ocupando la mitad del cielo.

Leyenda

 

Ser lluvia

beso despues de la lluvia de jorge blanco

Siento venir la lluviabeso despues de la lluvia de jorge blanco
La veo en el desierto,

Emplumada 
Late, rompe.
Me siento tejado 
Enmudezco, corre, tintinea. 
Me percute.
Mi espalda florea en diminutos que festejan dando vueltas.
Me siento tallo. Entregado a ella exhalo aroma.
Si me pienso mujer, corro desnudo y percibo el oleaje debajo de mi vientre.
al ser hombre busco el tam tam que hacen los pechos, y al encontrar tu sexo bailo contorsionando mis caderas; 
húmedos de gemidos nos volvemos estrella.

El enano

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En días de hastío, se acostaba en la playa, e imaginaba que de un mar de olas pequeñas, llegaban cientos de hombrecillos y lo sujetaban.

Nadando hacia el horizonte

horizonte

Ajado, desfalleciente, libro mi batalla por escribir. Miro a la montaña, al viento que mueve la arboleda y al horizonte donde nado persiguiendo al sol. Vuelvo la cabeza y te observo jugando con la pandilla. Deseo recorrer a pie las grandes avenidas y percibir el frío helado que adormece.

Los hijos ya son hombres, nadie me acompaña; y el eco de mis tacones solo suena para mí. A veces llegan olores de jazmines y me deleito, de alegre vainilla que golpea, del intenso café que me hace latir. Caricias olvidadas, mujeres que sombrean la pared. Sigo en el camino apretando contra mi pecho la esperanza.

Llueve, y el horizonte cada vez más cerca. Nadar cerca del sol será bello.

 

 

 

 

 

La palabra

niña mirando el mar.Antonieta VralloCaminé sobre el principio del final. Reflexioné que lo mejor está dentro. Abrí ventanas y azucé pensamientos; que vuelen y vuelen para que lleguen a ser.He vivido entre párrafos. «Mis ojos ardían y las letras danzaban”. Encontré camino en la palabra. Ella es corazón. Me hace lanzarla y embelesa hacerla flor, cielo o mar.

Gea

20170306_161501Es tarde

inminencia nocturna

la bellota del plátano cercana a la tierra

Punta que te harás mata. No tardara la lluvia

y la hoja sera una percusión

tambor que fabrica la nube.

Tambor de mi corazón

Oh Gea cuanto nos amas.

 

 

Soledad y desigualdad

mujeres lavando

El árbol extiende su sombra
es refrescante para las rocas.
¡tanta lejanía!

 Cuando el ave planea en el desfiladero

Se oyen voces que parece vienen de un velorio de hace años,
pero no
son las mujeres que cuchichean
mientras sus manos callosas tallan la ropa en el vientre de las lozas
Cerca de ahí los hombres platican,
mientras la espuma de la cerveza resbala por la boca.

Los niños grandes cuidan a los chicos
y las mujeres parece que rezan.
Pero no, es el río que murmura cuando arrastra las piedras

Los hombres  salen
las mujeres en fila cargan la ropa

El ave se ha ido,
dejando soledad en la boca del desfiladero

Soñar es peligroso

 

sala

Estoy entresoñando. Te mueves en la oscuridad con la destreza de un ciego en su casa. Dejé la puerta del dormitorio entreabierta y a través de la rendija tu sombra me estremece. Desapareces.
En la mañana que sorbo el café y muerdo el pan, siento la insistencia de tus ojos. Tienen fuerza. Levanto la cara y desvías la mirada. Tal vez piensas que me molestaría si me vieses comer. Para nada, pues seguiría haciéndolo y sonreiría.

Estoy en tu casa como un invitado extraordinario, pues sé que no introduces a nadie que no sea de tu familia y yo no lo soy. Soy tu invitado que llegó del norte. Es complicado definirme, pero diré que soy un amigo íntimo al que no conocías en persona. Los niños se han ido a la escuela, y pronto iras al laburo. El carro de la compañía ha llegado y alcanzo a escuchar el ronroneo del motor.

El tiempo se ha echado encima. El taconeo de tus botas en la duela del piso, es fiel reflejo de tu prisa. Miro a través de la ventana, las buganvilias ofrecen nuevos ramos y la perra retoza en la grama. Sé que observas mis espaldas. Tienes la mirada pesada y tersa como es el mercurio. Pero en este momento, en que la perra persigue a la libélula, le agregas el deseo de no ir al trabajo y quedarte conmigo a contemplar el jardín. Sé que sacudiste la cabeza e hincaste tu tacón en las vetas de la madera. No tanto para que me diera cuenta, sino para decirte que volar es peligroso.

El beso que me dejas en la mejilla tiene humedad, presión y, un grito contenido. Todo lo transformas. Sudo. Tengo caballos en el corazón y en el bajo vientre una caricia no concretada. Cierras la puerta, pero alcanzo a escuchar tu respiración entrecortada y, luego el ruido del motor que se aleja.