RICARDO BENET CINEASTA

La foto corresponde al largometraje Noticias Lejanas

noticias

El filme, «Noticias lejanas»(2004) del realizador mexicano Ricardo Benet, ha obtenido numerosas distinciones, entre las que destaca el premio al Mejor Largometraje en el V Festival Internacional del Cine Pobre, realizado en Cuba, en abril de este año. Noticias lejanas narra la historia de un joven idealista de 17 años que ha nacido en un caserío miserable del altiplano mexicano, y ha crecido con la noción de que se puede cambiar la fatalidad, por lo que decide emprender un viaje iniciático a la ciudad de México. El director de esta premiada película estará presente en la función y conversará con el público asistente sobre su obra. Ricardo Benet se encuentra en Venezuela escribiendo el guión de una historia íntima, pero que tendrá de fondo la realidad política y social de Venezuela. Noticias lejanas es el proyecto ganador del concurso Opera Prima del Centro de Capacitación Cinematográfica. El rodaje se realizó durante cinco semanas (noviembre-diciembre, 2003) en los estados de Puebla, Veracruz y la Ciudad de México. La película fue estrenada en el Festival de Cine de Guadalajara en marzo del 2005. De ese mes a noviembre de 2006 ha participado en festivales como el Tribeca, el Mercado del film de Cannes, el Nuevo Festival de Montreal, en Biarritz, La Habana, Mar del Plata y el Festival Internacional de Miami, entre otros. Nacido en México, Ricardo Benet (1961) estudió arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y se graduó en Historia del Arte en Florencia, Italia. Se formó en Fotografía en el Centro Pompidou de París, y en Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Actualmente, trabaja como director y fotógrafo cinematográfico, y enseña Historia del Arte, Estética y Cine en varios institutos. Entre sus trabajos de dirección, se encuentran los cortometrajes en 35mm Antes meridiano (2000), Fin de etapa (2002) y En cualquier lugar (2005). Noticias lejanas es su primer largometraje. NOTICIAS LEJANAS (México, 2004, 120 min.) Director: Ricardo Benet. Producción: Julio Bárcenas. Fotografía: Martín Boege. Edición: Lucrecia Gutiérrez. Sonido directo: Isabel Muñóz. Dirección artística: Lizette Ponce. Intépretes: David Aarón Estrada, Mayahuel Del Monte, Martín Palomares, Gina Moret, Lucía Muñóz, Fernando Pérez Castro, Paco Beverido. Color / B&N.

Brevedades con métrica

mujer.PinodaeniTardes de invierno
me agobian con su píe
al recordarte.
El flash de mi memoria
no sabe y me perturba.

 

Deben de estar locos

—¡Tienes que estar loco para pensar así! ¿Cómo se te ocurre decirle a esa muchacha que la quieres y, sobretodo, que te vas a casar con ella? ¡Pues qué! ¿Tienes la cabeza en las patas? ¿Con qué la vas a mantener? ¿Dónde vas a vivir? No tienes ahorrado nada, ¡ni para comprarte un par de calzones! Me dices que ella te dijo que sí. ¡Pero si la pobre está que se troza de flaca! No creo que pueda llevar una casa, ¡te lo juro! Antes de que pase una semana huye de ti. Nada más que te vea tirado en la cama, soñando en no sé cuántas cosas, se irá. ¿Qué me dices?— y lo miró fijamente.
—Nada, ya está decidido.
— ¿Decidido qué?
—Que nos vamos a casar.
—Y los papás de ella, ¿ya lo saben?
—En este momento debe de estar diciéndoles.
— ¡Por favor! ¡Vuelve en ti!
Se escuchan pasos por el corredor, tocan a la puerta; la madre, abre bruscamente. El matrimonio da las buenas tardes, y detrás, viene la hija, tan delgada como su sombra. Jorge, el padre de ella, se dirige directamente a la madre.
—Señora Josefa, perdone usted que venga a interrumpir sus quehaceres, el asunto que nos trae por aquí es delicado. Nuestra hija nos acaba de decir que se quiere casar con su hijo, Virgilio. Ya su mamá y yo le hemos hecho ver que su hijo no puede ofrecerle nada y, a pesar de todo, ella insiste.
—Lo mismo le he dicho a mi muchacho, ¡pero no hace caso! Está necio.
—Por eso venimos y ¡qué bueno que usted piensa igual que nosotros! ¡A ver si entran en razón! ¡Y que entiendan que la vida no es un instante!
Los muchachos, a pasos cortos, fueron acercándose uno al otro y, mientras los padres discutían los avatares de una vida en pareja, ellos buscaron la sombra del patio, cuchichean y se reían.
Cuando los buscaron iban rumbo a otro pueblo.

pareja en azul de alejandro Ramos martinez

#DíaBueno

Es una alegría compartir lo que conozco. Siempre a tus ordenes y mi blog siempre será casa de letra y flor y tendrá las puertas abiertas.Gracias Ana por tu distinción.

Avatar de Ana CarranzaDiario de una Dama

Buenos días a todos… Acá emocionada con la dinámica súper bonita que creo El Mundo Shibi, acá les dejo el post por si no lo han leído #DíaBueno.

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El siguiente post se lo dedico a Rubén Garcia García, quien es una persona realmente que inspira a seguir adelante con lo que deseamos, sus escritos son maravillosos y te transportan mágicamente a otro tiempo, a otro lugar. Ya tiene algún tiempo acá y sigue dándonos lo mejor de él día a día. Quiero agradecerle porque de él siempre he recibido apoyo con mis posts, gracias por cada minuto que se ha tomado para leerme y comentarme, y siempre dejarme sus cálidos abrazos y sus rosas hermosas. Espero que pase unas fiestas increíbles y maravillosas, y que todo lo que anhela se cumpla.

Esto ha sido todo y no quiero nominar a nadie porque según lo que entendí todos podemos…

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Lupita y las Guayabas

A Lupita se le antojaron las guayabas. Las vio en el puesto de doña Jesusa, a unos cien metros de su casa.
—Mamá cómprame unas.
— ¿No te llenaste con el pan?
—Sí, pero tengo ganas de comer guayabas.
—No hay dinero, apenas alcanza para frijoles y masa. Tu papá fue en busca de trabajo. Espérate a que regrese.
—Mamá quiero unas guayabas…
— ¡Llévate la moneda de diez pesos y cuidado con andar de boba!
La niña tomó el dinero y se fue. Al regresar, traía la fruta en el hueco que se hace cuando juntas las manos. La mujer del puesto no le había dado bolsa.
— ¿Y el cambio de la moneda? —preguntó la madre.
La niña con las manos ocupadas susurró:
—No sé…
—¡Lo primero que te digo, y lo primero que haces!
La mujer furiosa con una vara azotó la espalda de Lupita. La niña oprimió el tesoro contra su pecho y corrió; corrió por solares vacíos, después por pastizales hasta llegar a un potrero. Al dolor del espinazo se le agregó el de las pantorrillas que sangraban por las heridas que se hizo mientras corría.
Allí la encontró su padre, con la mirada perdida y apretando la fruta contra su pecho. La tarde se iba.
Su papá la llevó en brazos hasta la casa, donde la madre lavaba la ropa.
—Allá la hubieras dejado, para que se le quite lo bruta. ¡Perder el cambio, con la necesidad de dinero que tenemos!
El hombre la situó sobre una poltrona y revisó las heridas. Le quitó la tierra con agua limpia, sin evitar que su enojo creciera.
—No ha de estar tan mal, mira, todavía tiene agarradas las guayabas.
Con violencia, le abrió las manos. Las frutas saltaron y detrás de ellas, rodaban las monedas del cambio que le habían dado a la niña.

niña maggie lp

La esposa del violinista

Al violinista le conocía porque habitaba cerca del consultorio. Nunca había tratado con él. De calzón blanco, con un pañuelo rojo en el cuello. nariz de cotorro que se acentuaba al tocar el violín. Su esposa no podía dar a Luz. El día había sido intenso. Dormía cuando escuché que tocaban la puerta. — ¡Qué sucede! — Médico, mi esposa no puede aliviarse. Rumbo a su casa, comentaba que había dado a luz a un niño, pero había otro que no podía nacer. Cuando llegué a la vivienda, divisé a la parturienta en el suelo, acostada sobre un tapiz de palma. La luz de los candiles ilumibaba de cobre la pieza, la palidez de la señora incrementaba. Sobre ella, una manta. Sus manos parecían cargar su vientre y gemía. Al verme, las comadronas se apartaron cuchicheando en su dialecto. Les dije que no se fueran;el esposo se los repitió en totonaco.
El cuarto estaba dividido en dos, por un lienzo. En una, dormía la prole; y en la otra, su mamá daría a luz. Las cosas habían cambiado, no imaginaban que el ser que amaban, pedía ayuda. En las viviendas nunca falta una mesa fuerte y amplia donde sitúan las imágenes y veladoras. También están las fotos; es una manera de tenerlos presentes.
Me incliné aluzando con una lámpara de mano. El cansancio reflejado en su cara, dibujaba con exactitud que la fuerza que le quedaba era breve. Contraía los músculos de las mejillas,  de la frente, cada vez que el dolor se presentaba. Al tocar la piel de su cara, resbaló por mis yemas un sudor frío, pedí a las señoras que sostuvieran las piernas para hacerle un tacto y darme cuenta de lo que había dentro.
Me calcé el guante de látex, lo bañé de agua para quitarle los restos de talco e introduje mis dedos, a lo lejos la voz del maestro: -Recuerden las erres: si es redonda, regular y resistente, el chamaco viene de cabeza. Si es redonda y blanda, viene de nalgas; si no encuentran nada de eso, busquen los pies, los brazos del producto y, después, las manos y traten de saludarlo. Si su mano encaja bien en la de ustedes, entonces, tendrán una idea de cómo está situado el niño en el útero.
No había dudas, el bebé estaba atravesado y la cara estaba del lado derecho de la mamá. También, sabía que estaba vivo, pues ella percibía los movimientos y el corazón latía al auscultarlo. De nuevo, la voz: «todo producto atravesado debe de ser resuelto haciendo una cesárea».
Hablé con el músico. Lejos se escuchaba el trote de un caballo sobre las calles empedradas y el viento fresco sacudía el pelo.
— Tu mujer está muy mal, el niño está atravesado. Requiere ser operada y hay que llevarla a un hospital.
—No tengo dinero doctor. Usted sabe lo que ganamos y lo caro que sería una operación. Además, ¿cómo la llevamos? A pie nos haríamos como cinco horas a la carretera; y de allí, no sé cuantas horas más. Luego en la ciudad, usted sabe como tratan a la indiada.
Me quedé callado. A lo lejos, el cielo resplandecía presagiando lluvia.
— Dígame doctor ¿podemos hacer algo? Tardé en contestar. La mañana tenía prisa por abrir. Oía cada vez más cerca el canto de los gallos.
— Corremos el riesgo de que se muera. Me dejó helado su respuesta.
—Como quiera se va a morir, doctor. Mire, si decido irme con ella, mientras buscamos gente que ayude, y nos ponemos en marcha, tendremos como escollo el río. Después, a esperar a que pase algún vehículo que nos lleve a la ciudad. Para ese tiempo, ¿podrá resistir? Y luego, ¿cómo la traemos? ¡Usted debe de saber cómo! Se la encomiendo doctorcito.
Olía el viento y sabía que los panaderos ya se habían levantado. Antes de contestarle, escuché el ulular de los búhos.
— Lo intentaré. Sólo te pido que lo qué ordene, se haga, y que Dios nos ayude. Respiré profundo y volví al cuarto con miedo en el corazón..
La mesa de los santitos fue desalojada,  De las vigas, se amarraron unos lazos que servirían para colgar los sueros. Se pasó a la señora al centro de la mesa, canalicé su vena e instalé suero. Hablé con la parturienta, diciéndole que pronto estaría bien. Ella entendía el español. Conseguimos más lámparas, y las comadronas ayudarían a mantener abiertas y dobladas sus piernas. Por fortuna, ella no había probado alimento desde hacía muchas horas. Mi arsenal estaba bien provisto. Apliqué antibióticos, un relajante muscular, un analgésico y dejaría un sedante para el momento más difícil. No tendría mucho tiempo, la luz de la lámpara retrataba mi silueta en la sábana blanca. A un lado, los niños parecían dormir.
Cuando terminé de poner el sedante, escuché las palabras de mi maestro: «antes de la cesárea, los médicos intentaban sacar al bebé, pero en el intento, la matriz podía desgarrarse; sobreviene, entonces, hemorragia y muerte. Ellos palpaban y palpaban hasta reconocer los pies. Con los dedos medio e índice, los sujetaban y poco a poco, situaban al niño perpendicular a la madre. Luego, había que llevar los pies a la parte superior de la matriz, como si el bebé diese una maroma; y muy suave, sacaban, primero, los pies; y por último, la cabeza. -Dios, guíame! Supliqué. Metí mis dedos, mi mano. La señora dormía artificialmente, volví a saludar al niño y palmo a palmo movía las yemas como si estuviese tocando un piano, logré allegarme a sus pies y sujetarlos. Lo demás, lo hizo Dios, yo fui el instrumento de Él. ¡Salió el bebé! Montado en mi brazo lo despojé de las flemas que le obstruían la respiración y lloró, débilmente, pero lo hizo. Se lo di a la partera para que lo aseara y lo mantuviera cerca de las botellas que contenían agua caliente. Puse toda mi atención en la madre. Otra señora sostenía la cabeza de la mamá. Con la luz de dos lámparas, revisé con cuidado, deseando que no hubiese desgarros, por fortuna el sangrado no era abundante. Esperé pacientemente, sólo tensaba el cordón, pero sin aplicar fuerza. Cuando se vino el alumbramiento de la placenta, respiré aliviado y apliqué una sustancia para contraer el útero y evitar la posibilidad de una hemorragia.
Revisé a los bebés, ambos parecían estar bien. A uno de ellos, ya le habían amarrado el cordón, yo traía listón estéril. Lo sujeté como lo hacíamos en el hospital. Puse gotitas de antibiótico en los ojos de los niños y volví con la madre que dormía. Percibí en su cara otro tipo de sueño y le guiñé un ojo. Llegué al día siguiente, y la evolución era satisfactoria para los bebés y la mamá. Dos días después, estaba entregado al diagnóstico de otros pacientes. Me ausenté el fin de semana para visitar a mi familia y cuando llegué me dieron la noticia que uno de los niños había muerto. Fui a verlo y el padre me dijo:
— Se murió el que tú atendiste.
Lo miré directo a los ojos y después lo lleve a un rincón de la vivienda.
—No seas mentiroso —lo enfrenté—. El que murió fue el que nació primero.
— ¿Y cómo lo sabes? — Por la forma que tengo de hacer mis nudos en el ombligo. Sólo por eso. Me di la vuelta y le dije a la mamá: cuídalo. Te costó mucho trabajo.

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Frío en la sabana

los caminos
por donde pasan las mujeres.
el crucero
donde los hombres esperan.
La fogata rebosante de crujidos,
el café se derrama y vuela perfumando.
No es gran cosa,
solo es el frío y el vaho de la gente que pasa
que da otra definición a la sabana,
Ayer, las vacas buscaban la sombra y la siesta dormía en mis ojos.

Franz Marc

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Puente

Si hubiera vientos y montañas en formación, este puente sería un ave dispuesta al vuelo. Sus rodillas tocan la tierra de los mares y sus ojos siempre despiertan al sol. Es un puente de niños, que juega con la voz alta y le grita al mar. Veo tus deseos de revuelo, cuando pasan por tus muros los peces en procesión.

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Efectos secundarios

A las moscas les valió madre que no hubiese letreros en el arca dándoles la bienvenida. Se posaron sobre la mierda y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que su asedio se volvió intolerable.
Noé habló implorando al cielo; días después un viento gélido envolvió la nave y casi las exterminó. Otras especies valiosas y bellas murieron.

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El café y la mujer

Llegó con la piel vestida de latidos, sometida al escarceo en el café. En el baño, las burbujas se llevaban las caricias, los suspiros entrecortados. ¡Cuánto daría por irse tras ellas! Mas el agua fría la fue calmando.
Vestida con bata, mecía su cuerpo de mujer madura en la poltrona. Reflexionaba lo sucedido en las últimas semanas. ¡Todo fue tan rápido! Había sido un día aburrido, compró un libro en el bazar; a la vuelta había un café. entró  por una puerta diminuta, caminó por el pasillo con piso de madera, sombras, luces que salían de lámparas de juguete. Se sentó en un lugar apartado.
Las pasta del libro le provocaba escozor en la yema y sin pensarlo los llevó a la boca. Respiró profundo, empezó la lectura. Un hilillo de palabras fue removiendo el tedio de los días. Las imágenes corrían nítidas,  poco a poco  participó de ellas. Acudía por las tardes y por instinto acariciaba el lomo terso y rosado del libro; su corazón daba un salto, la imaginación prendía al leer el desfile de pasiones. Siempre iniciaba la lectura después de que el mesero llevaba café con leche y licor de vainilla.
las luces se tornaban diminutas, en otras aumentaba la intensidad; ella seguía con la piel, la piel de la protagonista. No se inmutó cuando percibió unas manos que rozaban sus  hombros, la suave respiración cerca de su cuello, el rechinido de la silla cuando es ocupada. Leía sobre las pasiones intensas que se reproducían  con nitidez en su cuerpo. Tuvo miedo que pudiera ser observada. Para su tranquilidad, la ausencia de luz, la convertía en sombra. Oía el crujir de la silla. Ella, días después escribiría en una libreta la experiencia.
…Sin pedir permiso te sentaste, ofreciste una plática deliciosa. Fue la primera de varias, ¡me habitaste! Me pregunto ¿qué ha sucedido conmigo? Jamás hubiese imaginado hacer todo lo que he hecho. Es como si no fuera yo; una transformación que se da en mi vida cuando estoy a tu lado. Eres un deseo que no he podido controlar. ¡Ni quiero! Yo misma he sido mi diablo. Me mata la curiosidad de saber lo que estás pensando al atreverme a tanto. Te comparo con Esteban; es un señor que deja saber que le gusto. Pienso que si te hubiese conocido como a él, todo sería distinto. Cuando estoy sola con  él me ofrece  su compañía. Me ve con la mirada lejana, ausente. Desea interpretar mi ensimismamiento; suspira y me saluda con un abrazo y un beso en la mejilla. Hace preguntas o me cuenta algún chiste y no puede ocultar que las palabras tiemblan en sus labios.
Otra parte sobre lo mismo la redactó en la computadora personal, en un archivo que hablaba sobre lingüística, palabras que estaban al final del texto.
…Aquella vez, tu olor de varón y el contacto de tu piel con mi oído me estremecieron. Mis pechos gritaban ingurgitados y el filo de la tela se plegaba a mi pezón produciéndo un placer doloroso. No pude más, fui al baño, me quité la braga y regresé. Había una mesa lejana donde jugaban un partido de ajedrez. Un saxofón se escuchaba en el centro y los bajos  dejaban caer su cuota de intensidad. Mi vestido amplio, oscuro y la poca luz ocultaron lo que hacía contigo. No fue difícil sentarme entre tus piernas. Cuando me atreví, el mesero hizo una seña, como interrogando si deseaba algo y con un ademán le di a entender que no. ¡Nadie podría quitarme ese orgasmo tan soñado! ¡Siento la carga en mi pecho! Es culpa, miedo y algo más que no defino. ¡Me insulto! tal vez sólo trato de defenderme de lo que creía imposible hacer, Me maldigo porque quizá un día no me importen los veinte años de matrimonio ¡Se irán por el desagüe! Si te hubiese conocido como a Esteban, nada habría pasado.
El aire fresco de la terraza revolvía su pelo y respiraba dilatando las alas de la nariz como si éstas fuesen a volar de un momento a otro. El esposo, con su corpulencia, hundía sus pisadas en los escalones, haciendo ruido con el propósito de que fuese notada su presencia. Carraspeó cuando la vio en el sillón con los ojos entrecerrados y una mano sobre su vientre y la otra sobre el pecho derecho.
— ¿En qué piensas? —le dijo.
— ¡Me asustas!
— ¡Estás sudando mujer! Tal parece que tienes fiebre. Deberías ver a un médico. Deja de tomar tanto café, dale descanso a tus ojos. Quita esa cara de preocupación. ¡Un cambio de rutina vendrá bien a tu alma! Por cierto, el viejo libro que lees, se ve interesante. ¿Me lo prestas cuando termines?
El día que lo termine, haré una hoguera y lo quemaré. Antes de que el sol llegue lo veré renacer y al hojearlo encontraré que tiene retoños en las palabras.
—Por supuesto que te lo prestaré cuando lo termine.

LA ESPERA toulus lautrec

 

La nieta y la luna

Ven.

Acercate a la puerta,

escucha el canto de los grillos.

el vuelo del murciélago.

No seas floja. Ven…

Hay aroma de geranios,

¡Apura! las nubes emboscan a la luna.

El abuelo sostiene a la nieta;

su cabello danza y contrasta con la quietud del pecho.

Antes de perderse la luna

le siembra flores en la palidez de su frente.

Mañana la llevaran.

abuelo nieta

 

Un tango para los dos

Dejamos ropa, bailamos, llevo las manos por tu cintura, hasta  la media luz que cubre tu  espalda. Seré barco en tu mar y bajo tu vientre náufrago. Tu ombligo redondo, profundo, curvado. Mi aliento, carruaje de ola que vuelca hacía fondos de coral y vida.

paisaje coral