La lógica del amor por Ernesto Ortega Garrido

Empezó a pensar en un nuevo teorema que demostrase que la quería, porque ella siempre le insistía en que el amor había que demostrarlo. Asignó variables al tiempo que llevaban juntos, al olor de su pelo al salir de la ducha, a los absurdos silencios que a veces se interponían entre ellos. Estimó el índice la aceleración que sufría su corazón cada vez que ella se desnudaba y cuantificó los celos que sentía cuando le veía tonteando con otro, para después de horas y horas de trabajo acabar concluyendo que en realidad esto del amor no tenía ninguna lógica.
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Tomado de Fb

La pareja actual y las matemáticas

Querida esposa: Comprenderás que ahora que tienes 54 años, yo tengo ciertas necesidades que tú ya no puedes satisfacer. Soy muy feliz contigo, te considero una esposa maravillosa y sinceramente, espero que no te sientas herida u ofendida al saber que cuando recibas este fax, voy a estar teniendo sexo en el Hotel Camino Real con Vanessa, mi secretaria, que tiene 18 años. No obstante, llegaré a casa antes de la medianoche”.
Cuando el hombre vuelve a su casa, se encuentra una nota sobre la mesa del salón que dice:
Querido esposo: He recibido tu fax y no puedo evitar darte las gracias por el aviso. Aprovecho la oportunidad para recordarte que tú también tienes 54 años. Al mismo tiempo, te comunico que para cuando leas este mensaje, estaré dándome un revolcón en el Gran Hotel Fiesta con Miguel, mi profesor de tenis que, al igual que tu secretaria también tiene 18 años.
Como además de ser un empresario de éxito, eres licenciado en Matemáticas, podrás comprender fácilmente que estamos en las mismas circunstancias, pero… con una pequeña diferencia:

“18 entra más veces en 54, que 54 en 18″. Por lo tanto, no me esperes esta noche, llegaré mañana.»

-edgar-degas-frente al espejo

Tomado del Fb

Choka a las mujeres olvidadas

Es mediodía
y las mujeres lavan,
mientras el río
parece que murmura.
En la hondonada
duerme la lejanía.
Cerca, los hombres
beben cerveza y ríen.
La tarde es sepia.
Y las manos callosas
cogen la ropa,
levantan su cansancio
y marchan con sus crías.

mujer desnuda

La isla

En una isla sólo había dos náufragos, una mujer muy bella y un hombre en extremo feo. La soledad los hizo convivir y ella a diario se negaba a las pretensiones de él. Dos meses después estaban unidos por primera vez carne a carne. Él sudaba y atropellaba las palabras en la carrera final que lleva al quejido profundo.
¿Ya no que te parezco tan feo?
Ella con la visión borrosa logró decirle.
Si eres feo, pero solo del ombligo para arriba.

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Camélidos de Juan José Arreola

El pelo de la llama es de impalpable suavidad, pero sus tenues guedejas están cinceladas por el duro viento de las montañas, donde ellas se pasea con arrogancia, levantando el cuello esbelto para que sus ojos se llenen de lejanía, para que su fina nariz absorba todavía más alto la destilación suprema del aire enrarecido.
Al nivel del mar, apegado a una superficie ardorosa, el camello parece una pequeña góndola de asbesto que rema lentamente y a cuatro patas el oleaje de la arena, mientras el viento desértico golpea el macizo velamen de sus jorobas.
Para el que tiene sed, el camello guarda en sus entrañas rocosas la ultima veta de humedad; para solitario, la llama afelpada, redonda y femenina finge los andares y la gracia de una mujer ilusoria.

camelido

Destino

Los colores del sapo fulgían. Salía de su escondite cuando fue atrapado.
Ramona, moza regordeta y soñadora percibía el temblor en la palma de sus manos.
—¡Eres el sapo más hermoso que he visto! como brillas. ¡Qué ojos tan vivos!, tienes olor a vainilla. ¿Serás un príncipe?
— Croac croac.
Lo besó una, dos y tres veces, quedando prendada del olor, lo recorrió con su lengua. El batracio sintiéndose asfixiado buscaba escapar y ella al abrir la boca, lo tragó.
El batracio no se transformó en un príncipe. Aterrado, da un salto inmenso para salir de la pesadilla y caé en las fauces de una serpiente que bostezaba soñolienta.

sapo de colores

 

 

Choka al camino

Esta tristeza
se parece al bostezo:
llega y se adosa.
Largo será el camino;
veo la orilla
de una profunda noche.
cabizbaja, e insólita.

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La muerte

   Antes morías en tu casa rodeado de tus familiares. Ahora mueres entre sonidos de ambulancia, luces intensas y batas blancas. Antes los viejos tenían la alegría de mirar el paisaje y sus recuerdos. Ahora los achaques lo platicas con otros ancianos en el asilo. No hay tiempo. todos los hijos están insertos en el pan de cada día. Hemos cambiado. Les decía a los alumnos: ” Los bebes de ahora desde los tres meses están guardados, porque papá y mamá trabajan. Que no les extrañe que estos bebes, el día de mañana estén firmando el convenio para que los padres sean enviados al asilo. ¿Será una reacción a lo que ellos sufrieron cuando eran bebes?.

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Tardes de lluvia

Camino con indiferencia. ¿Llueve o es un sereno? la tarde gris. Tengo cientos de gotas en mi cabeza y algunos hilos de agua corren por la mejilla. Recuerdo. Tu cabello abundante, suelto, que se mueve al vaivén del viento. Me acerco, el aroma se esparce y vuelan saliendo de tus risos sabores de hierba y manzanilla. El día que te diría las emociones que me causabas, no llegaste. Han pasado muchos años y de vez en cuando la tarde gris, lluviosa se convierte en añoranza. No puedo reprimir un suspiro y la pregunta de ¿cómo estarás?
Tarde de lluvia
de recuerdos añejos;
que me perturban.

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El hijo es el padre del hombre Carlos fuentes

hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido, es cuando el hijo se convierte en el padre de su pa­dre. Es cuando el padre se ha­ce mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla; lento, lento, impreciso. Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño, ya no quiere estar solo. Es cuando el padre, una vez fir­me e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar. Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y or­denado, hoy sólo suspira, sólo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana, todo co­rredor ahora está muy lejos. Es cuando uno de los padres, antes dispuesto y trabajador, fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda tomar sus medicamentos. Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa, sino aceptar que somos responsables de esa vida.
“Aquella vida que nos en­gendró depende de nuestra vida para morir en paz. Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curio­samente el último embarazo. Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devol­ver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas. Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres. La pri­mera transformación ocurre en el cuarto de baño. Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en la regadera. La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inau­gurar el “destemplamiento de las aguas”. Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores. No podemos dejarlos ningún momento. La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extende­rán en forma de barandillas.
“Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir es­caleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia ca­sa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimien­to, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseña­dores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nues­tros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros? Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de ca­racol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra. Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día.“Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos. En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuan­do Joe gritó desde su asiento: Deja que te ayude. Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en su regazo. Colocó la cara de su padre contra su pecho. Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso. Se quedó abra­zándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su in­fancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo intermi­nable. Meciendo a su padre de un lado al otro. Acariciando a su padre. Calmando él a su padre. Y decía en voz baja: — Estoy aquí, estoy aquí, papá! ¡Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí!. Largo… hondo… reflexivo. Ojala puedan compartirlo a sus familias.
Importante la memoria, la gratitud y el amor
Hombre en la playa. Cecilio Pla y Gallardo.