La culta dama
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado
“El dinosaurio”.
Ah, es una delicia – me respondió – ya estoy leyéndolo.
El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
La culta dama
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado
“El dinosaurio”.
Ah, es una delicia – me respondió – ya estoy leyéndolo.

Los mejores 1001 poemas de la Historia: «No te detengas», de Walt Whitman



Hilos y héroes, ángeles y demonios, monstruos y pesadillas, todos provienen de nuestro inconsciente colectivo. La parapsicología, la alquimia y los conceptos religiosos ocultos pueden contribuir a nuestra comprensión del inconsciente colectivo. Estas ideas aparentemente marginales son la piedra angular de los modelos científicos de Carl Gustav Jung (1875-1961), el psiquiatra suizo que fundó la […]
a través de MECANICA Y MITOLOGIA DE LA MENTE 10 de agosto de 2017 POR ASHLEY COWIE — Concordia1945
Imperdible
La gran familia de Homo se divertía en África mucho más que otros animales y no se movía de allá aunque la migración de otras especies fue bastante exitosa. Pero como mínimo hace un millón ochocientos mil años atrás … mejor con el número — hace 1800000 años … esos ceros impresionan y permiten apreciar la grandeza de nuestra prehistoria. Entonces, hace todos estos miles de años, en Europa, en el Cáucaso, vivía el Homo habilis. Entendemos todos, que era nuestro pariente, el primer Homo, que lucía aproximadamente así como pueden ver en la imagen.

Tenía más diferencias que las similitudes con nosotros, los Homo sapiens, pero se desplazaba con dos piernas, elaboraba las herramientas primitivas de trabajo y era un devoto omnívoro. Desde este Homo, nuestro cerebro empezó a crecer a costo de la disminución de la mandíbula. Los cráneos de los primeros Homo habilis europeos encontraron…
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tomado de ficticia.com


Tomado de narrativabreve.com

Veníamos caminando tomados de la mano cuando mi novia se soltó de mi mano y fue hacia una banca. Cruzó la pierna y veía al horizonte. Sonreí por la gracia que tuvo para imitar a una estatua. Nunca supe más de ella y su figura venía a mi recuerdo al transitar por las alamedas.
Me llené de años y percibía al caminar por un parque arbolado, que una efigie me miraba insistente. Un día, cansado de la persistencia la enfrenté cara a cara, ojo a ojo y reconocí en su frente la historia de mi fugacidad. Me quedé a su lado y dejé que mi cuerpo se perdiera entre los edificios de la ciudad.

Las diferencias cerebrales entre los géneros. Parte 2. Implicaciones
pedagógicas.
***
Las hormonas forman nuestros cerebros, y, posteriormente, influyen sobre èl
durante toda la vida, de una u otra manera. Los niños y niñas con el desarrollo
normal, nacen con cerebros ya diferentes y esto se observa desde primeros días
de la vida. Desde la cuna, las niñas están más interesadas en las personas: al
comparar con los niños, tienen la capacidad de fijarse en las caras de las
personas en su entorno y lo hacen dos veces más tiempo que los niños, reconocer
las caras en la edad muy temprana, estar atentas a las manifestaciones de la
presencia humana lo cual aparece en los niños más tarde y nunca llega al nivel
que alcanzan las niñas. Las niñas son más sensibles al tacto desde el momento
del nacimiento, se irritan más fácilmente al exponerse a los sonidos fuertes,
pero…
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Segunda persona
Julio Cortázar (1914-1984)
El río
Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de p

lena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo.Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.
Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.
Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.
(
Pronuncio despacio tu nombre.
¡Qué escuche el golpe de mi lengua!
como el agua que golpea en las lajas
y humedece las estrellas.
¿Eres catarata,
o el toc toc del pájaro carpintero?
¡nada!
Solo
fuiste ala,
que besa y se va.
