Pénelope y Aracna deRene Avilés Fabila

Nada más falso que Ulises, luego de su penosa y complicada travesía de retorno a Ítaca, haya sido recibido por su fiel esposa. Había muerto. A fuerza de tejer y destejer, de bordar y desbordar, en espera de su amado, Penélope se convirtió en una suprema artista. De sus manos brotaban prendas que se ajustaban a los cuerpos de modo mágico y tapices con las más bellas escenas sobre las deidades griegas. Tejió en lana y seda, en finos linos y suaves telas, ropajes hasta para sus pretendientes. Ello desató el odio de Aracne, quien valiéndose de su figura de araña pudo llegar hasta las habitaciones de Penélope y picarla mortalmente en un brazo. Al parecer, todos han olvidado que Atenea, en su justificada ira para castigar a la irreverente muchacha, la convirtió con jugo de acónito en araña y al hacerlo no consideró que también le daba un mortal veneno y dejaba intactos su egoísmo y envidia
Ulises lloró la muerte de su esposa, pero de inmediato, para hallar consuelo, hizo traer a Circe, la hechicera que había amado durante su ruta de regreso a casa y cuya belleza aún lo subyugaba. Habrá que añadir que Circe detestaba tejer y bordar. Era sumamente sensual y su especialidad era la cocina.

Penelopemitologia

Zoologico cerebral. Parte 2. Caballos y peces

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Los caballos eran animales favoritos de mi abuela. Agraciados, un poco locos, alegres y sensibles. Yo, particularmente, les tengo miedo. En sí, pienso que la mejor mascota es un grupo de peces en un acuario: son bonitos, callados, y si les come el gato, no será difícil reemplazarlos.

Entre los peces resalta uno muy inusual: el caballito del mar. Tiene nombre cientifico que hoy nos llevará al zoológico cerebral de nuevo. Les presento al hipocampo.

El hipocampo, el caballito del mar cerebral, se encuentra en el sistema límbico. Su nombre recibió en las épocas cuando los cerebros se estudiaban en estado ya disfuncional, es decir, muerto. Al cortar el cerebro, al curioso anatomista del siglo 16  Giulio Cesare Aranzio le pareció que esta parte del cerebro lucía igualita que un caballito del mar. Creo que a los caballitos del mar él también vio solo muertos y, por…

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Clotilde

Corría por una vereda que no conocía. La tierra suelta recién raspada. Cerca el ganado pastaba y de lejos venía un gruñido que se hacía intenso. Después de traspasar la loma vi que se trataba de un Bulldozer. Cuando me acerqué a la máquina, ésta detuvo su marcha y quedamos en silencio. Le dije mi nombre.
—Soy Rubén.
—Soy Clotilde. —El nombre saltó como un chapulín en mi memoria.
—¿Eres del pueblo de Contreras?
—De Allá mero.
—¿Fuiste agente municipal en tu comunidad?
—Hace diez años tuve el honor.
—Entonces tu esposa es doña Lorenza que es auxiliar médico.
—Pues cómo me conoce tanto, yo por mas memoria que hago no me acuerdo.
Platicábamos en el campo a kilómetros del conglomerado urbano. Él montado en el asiento del Bulldozer y yo en short, con tenis y sudado de pies a cabeza. Las voces podrían haberse escuchado con claridad en aquel espacio. El sol empezaba a ponerse bravo y los animales buscaban la sombra de los mangos, dispersos en el potrero.
—No me reconoces porque ya han pasado cerca de diez años que nos vimos, Imagínate estuvimos en la misma mesa y esa vez tu señora hizo un mole de guajolote con tortillas recién hechas. —Se bajó de la máquina y se acercó a saludarme.
—¿Pues quien es usted?  —se rascaba la cabeza, hasta que se hizo la luz en su memoria. — Ya recuerdo tú eres el médico
y esa vez fue para darle medicinas a mi esposa.
—Así es Clotilde, pero dime, si no es cierto el dicho que dice que más vale llegar a tiempo que ser invitado.
Nos despedimos con un abrazo en un paisaje verde, ausente de brisa y saturada de silencio y soledad.

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¿QUIÉN HA DE ASCENDER A LA COLINA DEL SEÑOR? AMOS ZOS

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http://www.sisabianovenia.com/LoLeido/Ficcion/IndiceFiccion.html

En el que se dan por concluidas las negociaciones, se firma un contrato y se discute buena cantidad de planes, así como se habla de lejanas tierras en las que el hombre blanco no ha puesto el pie.

En la penúltima casa de la calle Sofonías vivía mi amigo, Aldo Castelnuovo, cuyo padre era famoso por los trucos que sabía hacer con tren-del-fin-del-mundonaipes y fósforos; además, tenía en propiedad una agencia de viajes, El Orient Express. Yo sabía que, de todas las personas del mundo, Aldo tenía que ver mi bicicleta. Era lo único que sus padres no le habían comprado, pues le habían regalado ya casi todo lo demás. No le dejaban andar en bicicleta por los diversos peligros que lleva consigo y, en concreto, porque podía entorpecer el progreso que Aldo llevaba hecho en el violín. Por esta razón le pegué un silbido, furtivamente, desde fuera de su casa. Cuando apareció, Aldo se…

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Zoológico cerebral. Parte 1.

Enterese del zoológico que llevamos dentro

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Seguro que más de una vez han escuchado a las personas hablar sobre el cerebro reptiliano, el cerebro mamífero, el cerebro neomamífero u humano dentro de nuestro cráneo. Una mejor versión es el cerebro reptiliano, el sistema límbico y el neocórtex. No sé si lo cuestionaron o lo aceptaron como un hecho, pero me gustaría aclarar de què se trata y qué tan lejos de la verdad está la idea.  

Esta división, que en su momento ha sido un gran avance en la neurociencia ante todo para entender los principios de la estructuración cerebral, puede confundirnos si la tomemos de manera literal.

Nos hace entender que tenemos tres diferentes cerebros, y tres diferentes memorias, y también tres inteligencias. Así como las vacas y liebres tienen más de un estómago — bueno, es uno, pero dividido en 4 partes, así los humanos gozamos de 3 cerebros.

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La cadena de Álvaro B.G.

El enfermero empujaba la camilla sobre la que Tobías, atado con correas, miraba a los ojos de Elisa que, sonriendo, saludaba con la mano a Camila mientras ésta acariciaba el pelo del pequeño Román que silbaba una canción para Jeremías, quien, con su cigarrillo siempre apagado en la boca, levantaba las faldas de Rosario mientras reía porque Basilio tocaba las palmas a Maruxa que tejía y destejía calcetines para Zacarías, su gato.
Y así, unidos por su locura, formaban una cadena en la que el eslabón más débil era el enfermero.

cadena

Tomado del Fb

CON AMOR ELENA DE STELLA MANTRANA — SENDERO blog

Originalmente publicado en PUROCUENTO: Cuando la señora Adela atendió el llamado de la puerta, un cadete le entregó un ramo de flores, y le dijo que era para ella. Le hizo firmar un recibo, y comenzó esta pequeña historia. Cerró, la puerta, con un gran ramo de flores, envuelto, en plástico, que asemejaba a un…

a través de CON AMOR ELENA DE STELLA MANTRANA — SENDERO blog

Mi amigo autista

Dentro, tengo un vecino
que amenazado por las noches nubladas
en mi sueño siempre sale a la calle con un paraguas.
camina solitario entre las pisadas de la gente y distraído se tropieza
con las melodías de un imaginario saxofón.

caminado bajo paraguas

La culta dama de josé de la Colina

La culta dama

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado
“El dinosaurio”.
Ah, es una delicia – me respondió – ya estoy leyéndolo.

No te detengas Walt Witman un dia como estos…

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

walt-whitman

Versión de: Leandro Wolfso

Los mejores 1001 poemas de la Historia: «No te detengas», de Walt Whitman

La niña y el «pirata»

Bajo la sombra, Cecilia, de diez años mira hacia el caserío. Imagina que su perro yace con el lomo quebrado en alguna callejuela. Su mirada va y viene. Suspira. Sus parpados no le arden, no le pican, pero los talla. Varias amigas la saludan, van acompañadas por su mascota. La tarde envejece y Ceci está por regresar a su vivienda, cuando siente un roce peludo entre sus piernas. Sabe que es “Pirata”. Se hace la indiferente y alzando la voz lo regaña.  “Dos días sin saber de ti es demasiado”. El can mueve la cola. Percibe que en un futuro no regresará. ¡De muy dentro sale un grito “No has sido buen amigo”! “¡Eres libertino, andariego!” El can lame sus manos, chilla. Ella solloza, cierra sus ojos, ya inundados de lágrimas. busca tejos, tira a no darle. ¡Vete!, ¡vete! camina dándole la espalda, a pasos cortos recuerda a su padre que la abandonó sin motivo. Después corre hasta ser un punto.

PIRATA

Desolación

Los cascos de la yegua resonaron con eco en el empedrado del pueblo. Parecía que sus habitantes dormían la siesta. Observé señales de un pasado afortunado: construcciones sólidas, cuyas ventanas armadas de cedro, decoloradas por el tiempo, aún mantenían el vidrio cenizo y astillado. La opulencia de sus años pródigos se negaba a desaparecer. La maleza crecía en los jardines, las enredaderas trepadoras indomables subían por las paredes de piedra. En los tejados, como tordos centinelas, se balanceaba uno que otro helecho. Las puertas cerradas. La iglesia mantenía su majestuosidad. El lugar fue paso obligado de los arrieros, centro comercial de la vainilla. Cuando los precios internacionales bajaron, llegó la penuria. Los pudientes se alzaron de hombros, se llevaron su dinero, dejaron sus casas y se fueron a la capital. La gente que se quedó fue por amor al terruño, vejez, enfermedad; los hombres huyen, unos porque tienen fuga en la sangre y la mayoría para no morir de hambre.

desolación