Cada noche se reunían para diseñar un final del mundo distinto. El gordo, los siameses y el tendero proponían remates apocalípticos y con rayos. Dulce, Anaïs y la Veleta abogaban, sin embargo, por un desenlace más sobrio, algo así como la retirada imprevista del crepúsculo de una bahía.
Yo me aficioné a ese juego y en mi entusiasmo arrastré a alguno de mis amigos, que a su vez vinieron acompañados.
Llegamos a ser tantos y tan perfectas nuestras visiones, que creímos inminente el fatal desenlace. Todos abandonamos rutinas y servidumbres diarias, para dedicarnos de lleno al goce de los últimos momentos.
Pasaron muchos años, el club fue disuelto, y cada uno de nosotros sigue disfrutando del fin de nuestro anterior mundo.

apocalipsis jhon martintomado de ficticia.com